viernes, 28 de marzo de 2008

Quédate a la primavera


Led Zeppelin: D'yer maker

Feliz finde, aunque nos roben una hora del sábado y el lunes los que madruguemos, madruguemos muchísimo más. Con lo que duele eso. Que lunes más lunes nos espera. Claro que es el precio que hay que pagar para que se note eso que dice el Corte Inglés, que es su patrocinador principal, de que ya es primavera.

Vuelven los días de tardes largas, sol, vientos, alergias y clima juguetón, travieso e imprevisible. Vuelve la pereza para quedarse en cara y para trabajar. Vuelven los heladitos, los paseos sin el peso del abrigo, las terrazas y el alivio de la sombra.

En Galicia estarán ya, seguro, casi secas y sorpendidas por la nieve de la semana pasada, las acacias, y el monte y la hierba se irán llenando de verde y dejándose salpicar por margaritillas y otras flores humildes y pequeñas, blancas, fucsias y amarillas.

Id preparando las mangas cortas, las gafas de sol, las ganas de comer cerezas y el calzado que se pone sin medias. Que vuelve, un año más, otro más, cuántos van ya, la primavera, Con sus cosas.

Y para preparar también el buen humor, que no es obligatorio, pero sí un poco inevitable, un grupo genuinamente setentoide cuya música ha aguantado mucho mejor el paso del tiempo que su estética -qué pintas, por dior-, en una canción de amor, original en la música pero lo de siempre en la letra, que con ritmo y energía pide que no te vayas.

Quédate, que ya viene la primavera. La mejor época, dicen, para robar rosas.

martes, 25 de marzo de 2008

La senda del tiempo



El tiempo pasa siempre imperceptible y silencioso, siempre al acecho de nuestra consciencia y nuestras nostalgias, que nos asaltan siempre de pronto y por la espalda.

El tiempo pasa siempre imperceptible y silencioso, salvo en algunas ocasiones, en que se deja notar, se impone y se pone ruidoso, para decirnos..." estoy aquí... mira lo que he hecho... mira qué lejos está todo aquello... mira adónde has llegado... mira adonde no pudiste llegar... mira cómo ha cambiado el horizonte... mira qué grande se ha hecho tu ayer... mira qué lejos has dejado lo que soñabas tan cerca... mira qué cerca está lo que creías tan lejos... míralo, mírame y mírate."

El tiempo pasa siempre imperceptible y silencioso, salvo algunos dias dedicados inevitablemente a él. Y así, yo hoy he pasado de mis 35 a mis 36.

En días como este se dibuja y desdibuja la senda que nunca se ha de volver a pisar. Se hace nítido el presente y sus contornos, y desaparece por un instante el fantasma del futuro y su tiranìa. Son días de palabras dulces y besos a distancia, de felicitaciones y ausencias, de miradas y consciencias. De reencuentros, despedidas, deseos y esperanzas.

Porque aquel pasado que creía yo pasado, cerrado y anécdota de la nostalgia, aquel pasado de pinceles torpes y colores raros, me ha reencontrado de pronto, tomando la forma de una preciosa -y carísima- caja de acuarelas que me ha regalado Dei, digna de la artista que me temo que no soy. Ni seguramente seré.

Pero tengo que volver a pintar, porque Dei me ha emocionado con una caja de pinturas. Y hoy me dado cuenta de que hace ya más de veinte años que no pinto.

domingo, 23 de marzo de 2008

Esperar


Lenny Kravitz: I'll be waiting


Decía una presentación cursi de aquellas que mandaban por correo hace algún tiempo, que la mayoría de los seres humanos nos pasamos la vida esperando: hacerte mayor, encontrar ese trabajo, a esa persona, tener esa casa, ir a ese lugar, cumplir aquel deseo, hacer aquella locura. Y que en esas esperanzas invertimos el presente para descubrir que no es inversión sino pérdida. Porque el tiempo presente se convierte inexorablemente en pasado y se hace irrecuperable, y es muy tonto vivir la vida haciendo que la sombra de algo mejor, inexistente y por llegar, no permita que el presente sea nunca lo suficientemente bueno, y que incluso se desee que se convierta en pasado cuanto antes, a la sombra implacable de esa otra cosa que creemos será mejor, y pocas veces llega a serlo en realidad.

Porque esto de esperar es como lo de la felicidad, el éxito, el comer y el rascar: que nunca es bastante y siempre se quiere -o se necesita- algo más. O más allá.

Esperar, por tanto, es una hipoteca absurda y sin fin, y el que espera desespera.

Es malgastar el sentimiento, la energía y el tiempo presente en lo futuro, que como todo el futuro es mentira todavía y puede que siempre.

Es perseguir la zanahoria con la esperanza a modo de orejeras que no permiten contemplar ni el camino ni el paisaje, ni dejar de perseguir afanosamente algo que quizás te lleve adonde no quieres estar.

Es vivir en una sala de espera con la mirada en un horizonte que no existe.

Es llorar por el sol y perderse las estrellas.

Es invertir el viaje en llegar, para descubrir justo al llegar -dicen- que el viaje era todo lo que había. Y nada más.

Así que supongo que el carpe diem tenia razón, y que es mejor arrojar toda esperanza y decidirse a entrar, aunque en esto, como en toda la filosofía moral que promete enseñar a encontrar la felicidad y dejar de esperarla, sea mucho más clarita y fácil la teoría que la práctica.

Esperar es un error: debes dejar de esperar y concentrarte en vivir. Aquí y ahora. Dejar de preocuparte por tener lo que quieres, y dedicarte a querer lo que tienes. Porque seguro que has pasado mucho tiempo esperando por esto de ahora, y ahora, ¿vas a dejarlo pasar esperando otra cosa más?

Aunque a lo mejor tenía razón Dante y al arrojar toda esperanza se entra en el infierno. Tal vez sin esperanza se pierda el interés por caminar. Quizás sin esperanza sea insoportable abandonar el presente. Y vivir es siempre abandonar el presente. Y puede que sea mejor tener una esperanza que sirva de bálsamo para dejar que el hoy sea ayer, por la promesa de algo, etéreo, inexistente y todavía mentira, en el mañana por llegar.

El que espera desespera.
Pero quizás el que no espera, desespera más.

Y creo que eran los celtas los que decían que pobre del hombre al que se le cumplen todos los sueños, y tiene que vivir, por tanto, sin esperanzas.

Yo confieso que algo espero todavía. Y no sé si yerro.

Supongo que el secreto, de haberlo, sería algo tan simple como no esperar sentada. Que yo sé lo que es, porque alguna vez lo he hecho. Y si vivir sin esperanza puede ser muy parecido a la muerte, vivir sólo esperando, también. Porque vivir no es sólo esperar, aunque pueda ser que necesitemos esperar para vivir.

martes, 18 de marzo de 2008

El alma de los hechos



“Un hombre cuenta tantas veces sus historias, que, al final, él mismo se convierte en esas historias. Ellas le sobreviven, y siguen viviendo cuando él ya no está, y de este modo, el hombre se hace inmortal”
Big Fish


Tengo que rectificar. No son tres las películas que me gustan de Tim Burton: son cuatro. Porque hoy he visto Big Fish, y aunque hubo momentos por el medio en que me cansó un poco la sucesión de historias, me dejé atrapar por la mayoría, me emocioné con el final y me reencontré con el tema que refleja con sencillez y poesía: la importancia de la fantasía. Los límites borrosos entre ficción y realidad. La importancia de la imaginación en la vida contada y recordada. La complicada cuestión de la verdad y la mentira. Y volví a escuchar los ecos de Valle ("Las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos", pero el recuerdo es un espejo trucado que miente y deforma, a veces sin querer, que es la mentira más peligrosa de todas) y, por supuesto, de Cervantes, el primero en universalizar el choque entre el mundo y la mente que lo percibe e intenta hacer con él lo que quiere, en el mejor de los casos, y lo que puede, por lo general.

No sé si la película es una explicación personal de Tim Burton de su predilección por la fantasía. No sé si quizás es un homenaje a su padre o figura similar (pero os aseguro que si has tenido un padre... "excéntrico"... y has tenido una relación difícil y llena de contradicciones con él, soñando siempre con una especie reconciliación final, con él, o contigo mismo... esta película te va a emocionar). No lo sé, pero logra plasmar de forma directa, ligera y sonriente la importancia de la mentira que es la ficción, la fantasía, y su relación con lo "realmente ocurrido". La fantasía es importante para recordar lo ocurrido, e importante también para contarlo. Por extraño que parezca, así es.


Porque la subjetividad no es más una forma de fantasía, y sin subjetividad es imposible que el suceso se convierta en vivencia, y sin vivencia no hay biografía, ni literatura, ni cine, ni arte, ni poesía. Por eso para recordar y para contar es inevitable, indispensable y fundamental la subjetividad, que es siempre fantasía, sea en el grado que sea.

La verdad nunca está en la realidad, sino en nosotros, y en nosotros está con ella, inherente e ineludible, la fantasía. Juan Carlos Onetti dijo muy bien que "hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipiente que tomarán la forma del sentimiento que los llene." Y el alma de los hechos está siempre en la subjetividad para la que esos hechos significan algo. O sea, en la fantasía que los recrea y los transforma. Y el sentimiento es también y siempre, inevitablemente, una forma de fantasía con que nos enfrentamos o nos acercamos a la realidad (y ahí tenemos al enamoramiento y sus "mentiras" como caso extremo y evidente).

La película deja claro que la fantasía es también necesaria para transformar y hacer soportable lo que “objetivamente” sería una gris existencia. Y tenerla en grado extremo, como el Quijote, o como el Edward Bloom de Big Fish, es en realidad un don extraordinario pero que no siempre es bien comprendido (como le pasa en principio al hijo).


La fantasía (o sea, la ficción, o sea, la "mentira") es importante, pues, para recordar, para contar, pero también para vivir. Y para morir, que es parte fundamental, quizás la parte fundamental, de la vida. Y para sobrevivir a la muerte. Y a la escena final y a las palabras finales de Big Fish me remito.

Hay quien dice que la fantasía es mentira, porque no habla de la realidad. Y no habla de la realidad, sino de nosotros mismos, y nosotros mismos somos, al final, la realidad que importa y la única verdad que merece la pena ser descubierta. Y contada.

Sin fantasía, por tanto, no hay verdad. Solo hechos sin alma.



domingo, 16 de marzo de 2008

Frikis



Es muy difícil elegir una película para premiar a los alumnos de 1º de ESO de Compensatoria, modalidad de la enseñanza que, como su propio nombre indica, está destinado a críos que necesitan que se "compense" la desventaja que llevan por su inadaptación escolar, generalmente debida a sus circunstancias socioculturales. Es muy difícil, pero alguien tiene que hacerlo.

La mayoría de los alumnos actuales, aunque sean lo que se conoce como "analfabetos funcionales", es decir, que saben leer mecánica pero no comprensivamente, sí están alfabetizados audiovisualmente, y suelen controlar sin problemas el lenguaje del cine y, sobre todo, la televisión. Pero mis alumnos de Compensatoria tienen graves deficiencias incluso en ese aspecto. No sé si es un problema de atención, comprensión, referentes o sobredosis de programación de nuestras televisiones generalistas en horas de máxima audiencia, pero los problemas a la hora de ponerles una película son básicamente dos (a la hora de darles clase, por supuesto, la cifra de problemas se multiplica y extiende como los granos de varicela):

1.- Les cuesta mantenerse quietos, callados y atentos si no hay acción o escenas visualmente impactantes, o si hay demasiado diálogo o escenas con un mínimo de contenido "intelectual" o "abstracto" (pero hablo de mìnimos muy mínimos, eh).

2.- No entienden cosas que a mí me cuesta entender que no puedan entenderlas.

Antes de las vacaciones de Navidad les puse "Quiero ser como Beckam", película estrella y protottipo en casi todos los proyectos de cine y escuela porque es ideal, tanto por el tema que trata (una niña india que vive en Londres y quiere jugar al fútbol, cosa que su familia, aunque integrada y económicamente occidentalizada, no está dispuesta a permitir por el apego a las tradiciones y concepciones indias) como por la sencillez del tratamiento. Pero hete aquí que los míos de Compensatoria no tenían muy claro dónde está la indida ni en qué se diferencia su cultura y no entendían muchos de los diálogos, y además yo tenía que parar intermitentemente la proyección para pedir a fulanito y menganito que no se pelearan, que se sentaran bien o que se callaran, comprobar que seguían mínimamente el argumento, y ponerles al día cuando no era así, que era cada dos por tres.

De modo que para esta segunda evaluación, estuve bastante tiempo dándole vueltas a si ponía película o no.... y si ponía.... ¿¿¿¿¿cuál???? Porque de las que tenemos en el Departamento (Crash, Un lugar en el mundo, El club de los poetas muertos y clásicos educativos por el estilo) no me parecía mínimamente adecuada ni una. Pero vamos, ni por lo más remoto.

Y de repente, a modo de iluminación, me llegó la idea de ponerles Beetlejuice. Yo no soy especialmente fan de Tim Burton, ni siquiera de lo fantástico e imaginativo en general. De hecho, de él solo me encantan tres películas: Sleepy Hollow, Eduardo Manostijeras y esta, Beetlejuice. Pero Beetlejuice me encanta en parte porque creo que la vi en el momento adecuado para atraparme y que se quedara conmigo para siempre. O quizás no, quizás es que es sencillamente genial. Porque lo es.

La idea de la que parte no es excesivamente original. De hecho, es la misma que utilizó ya en el XIX, cuando todavía el género fantástico estaba en tacatá (pero haciendo piruetas geniales que han sido insuperables e insuperadas, la verdad), Oscar Wilde: la de darle la vuelta a los elementos del género fantástico o de terror. En El fantasma de Canterville, el pobre Simon Canterville, fantasma tradicional inglés, intentaba asustar a la familia del embajador americano que había comprado su mansión, chocando con su imperturbable espíritu pragmático, escéptico y comercial (le recomiendan un gran quitamanchas para una mancha indeleble de sangre ancestral o un engrasador buenísimo para los chirridos de las cadenas, o piensan en hacer negocido con lo que pagarían muchas familias americanas por tener antepasados en la familia, y ya no digamos un fantasma... Wilde y su ironía fina, ligera y punzante), y terminaba desesperado por lo vano de sus intentos primero y atemorizado por las crueles travesuras de los hijos pequeños después. En la películita de Tim Burton, es un ingenuo matrimonio de muertos novatos (Alec Baldwin y Geena Davis mucho antes de Telma y Louise), atrapados en la casita en la que vivieron, situada en un pequeño pueblecito, los que se desesperan en vano por echar a sustos a la familia que la ha comprado, urbanita, snob y devota del arte moderno, lo fashion, lo cool y lo in.

En El fantasma de Canterville era la hija pequeña, Virginia (la más -o única- dulce, ingenua y sentimental de los nuevos inquilinos) la que se hace amiga del fantasma y le ayudará a descansar en paz, por fin y para siempre, a base de amor. Es que Wilde era muuuuy sentimental, iba a decir en el fondo, pero en la forma también. En Beetlejuice es también la hija pequeña de la familia compradora, una friki incomprendida que viste de negro, vive en la depresión y se quiere morir (Winona Rider), la que ayuda a los pobres fantasmas a librarse de sus padres. Y en ambos, se combina la fantasía con el humor y el fondo de sentimentalismo simple y dulce. El de toda la vida, vamos. Que sorprendentemente, no suele fallar cuando se utiliza por verdad y no por pose.

Pero lo mejor de la película de Tim Burton es el derroche de la fantasía más naíf, sonriente y colorista que utiliza al recrear los detalles de la realidad fantasmal: los numeritos y encantamientos que hacen los pobres muertos novatos e ingenuos para intentar asustar a los vivos (como la canción de Harry Belafonte del vídeo), el "Manual para difuntos recientes", la recreación del otro mundo, donde los funcionarios son los suicidas y hay colas de espera "millonarias", el desfile de difuntos que se encuentran en la sala de espera (el explorador con la cabeza reducida por el indio, la prostituta partida por la mitad, los jugadores de rugby muertos en un accidente de autobús que no se se enteran de su nuevo estado y siguen llamando a la consejera de muertos "entrenador"), y, sobre todo y desde el título, la figura del peligroso "bioexorcista" Beetlejuice, que en el fondo se sigue moviendo por las mismas reglas que cualquier vivo un poco jeta: mujeriego, tramposo, guarro, caradura, enredador, sarcástico, cruel y sin escrúpulos, y que permite a Michael Keaton y sus maquilladores lucirse dando rienda suelta a la imaginación y el histrionismo.

Ser capaz de darse cuenta de que a veces los terroríficos son los vivos, los "normales" (tremenda palabra esta), los triunfadores, los que siguen las normas y roles establecidos, los que nadie se cuestiona y no se cuestionan nada, los que todos aceptan e incluso admiran, ver sus actitudes como rídiculas, extrañas o amenazadoras, y ser capaz de pensar que tal vez los monstruos, los fantasmas, los muertos o los niños raros con los que nadie quiere jugar (es decir, los frikis) se pueden sentir incomodados y amenazados por ellos, solo se le puede ocurrir a un friki, claro.

Oscar Wilde era sin duda un gran friki en la sociedad victoriana de la Inglaterra de finales del XIX. De hecho, en su obra se nota que él era muy consciente de su frikismo, de ser un raro, un outsider que ve el mundo construido en el que le tocó vivir desde el margen y tras la coraza impresciniible para las críticas, los dedos acusadores y las piedras de la lapidación colectiva y popular, coraza que él se fabricó con la ironía, el sarcasmo y el pseudocinismo descarnado. De hecho, de la incomprensión y el frikismo tratan la mayoría de sus relatos, no solo El fantasma: también El ruiseñor y la rosa habla del artista incomprendido y despreciado, e incomprendidos y condenados por una fría e implacable sociedad materialista son también El gigante egoísta o la estatua de El príncipe feliz . Son historias de seres temidos o despreciados por la mayoría, que no saben de la grandeza y profundidad de los sentimientos que se esconden tras su extraña apariencia. Y El retrato de Dorian Gray habla del terrible friki que se esconde ´tras la deslumbrante máscara de los triunfadores, y el precio de fealdad interior que hay que pagar para someterse a las normas, exigencias y patrones de esa sociedad horrible. Wilde era friki por ser homosexual en aquella Inglaterra victoriana, por ser un artista esteta y sentimental en un mundo pragmático y utilitario, por ser rebelde, sincero y auténtico, en el imperio de la moral oficial, hipócrita y tirana, y por seguir creyendo en el amor y la fuerza de los sentimientos en medio de los primeros rugidos del capitalismo descreído y cínico que llegaría un siglo después a atroz.

Y sin duda, Tim Burton también ha sido un friki, por su reivindicación adulta del mundo de la fantasía en el escéptico fin de siglo que nos tocó vivir, y por reivindicar la figura de los monstruos, los raros, los diferentes, en el imperio de la moda, la estética prefabricada y su tiranía homogeneizadora e implacable, que tantas esquizofrenias y males ha provocado, como vaticinara Wilde en el Retrato de Dorian Gray.

Pero Burton solo pudo ser un friki hasta que triunfó, y hasta que el sistema en el que él parecía no encajar y que le definía como friki lo hizo oficial, al descubrir el filón que había en esa cultura y esa estética que sobrevivía a su pesar y contra sus vientos y sus mareas, y la asimiló quitándole su esencia originaria para convertirla en otra cosa. Porque esta es la fórmula infalible que tiene el capitalismo de vencer y neutralizar aquello que surge en principio al margen o contra él: convertirlo en negocio. Pasó con el jazz, pasó con el movimiento hippy, pasó con el hiphop y es lo que está pasando con el frikismo. Y para muestra y botón, ya veréis lo que pasará con el festival de Eurovisión (si hasta Corazón corazón reivindica a Chiquilicuatre!!!!).

A todo esto: como yo sabía, aunque los primeros diez minutos les costó un poquito darse cuenta de lo que pasaba en la película, mis niños de Compensatoria quedaron atrapados por la fantasía colorista de Beetlejuice, se sorprendieron con las piruetas visuales, se emocionaron con los momentos de suspense y tensión, y se rieron con las gracias más simples. Y eso que ellos no saben que son frikis pero sin capacidad de elección...

Y es que por suerte, hay cosas que intuyes que no pueden fallar, y no fallan.


Como los finales felices, muy felices, que aunque sean los más simples y puedan resultar poco verosímiles -o quizás por eso-, son los que más suelen gustar. Incluso a los frikis y al friki que casi todos llevamos dentro, a pesar de que a veces no queramos, no sepamos o no podamos reconocerlo, y al que todos deberíamos cuidar antes de que nos lo neutralicen:






sábado, 15 de marzo de 2008

Mejor


Ocean Colour Scene: Better day

Feliz findesemana de preparativos, amigos, viajes, copas, cenas, familia, paseos, tranquilidad, ajetreo, clausura, sol, viento o lo que sea.

Que sea como sea, con quien sea o donde sea, sepamos hacer que sea mejor. Que la primavera acecha, aunque parezca indecisa todavía.





jueves, 13 de marzo de 2008

... y tres



Mi regalo es mi canción
y esta es para ti.
Puedes decirle a todo el mundo
que esta es tu canción
Puede parecer muy simple
pero ahora que ya está acabada
Espero que no te importe
Espero que no te importe
que haya puesto en palabras
Qué maravillosa es la vida
ahora que tú estás en el mundo.

Me senté en el tejado,
y arranqué el musgo
algunos de estos versos
me costaron mucho
pero el sol era agradable
mientras escribía esta canción
Es para gente como tú
que le da sentido.

Perdona que a veces me olvide
pero me suele pasar
¿Ves? Hee olvidado
si son verdes o azules
pero bueno, solo quiero decir
que los tuyos son los ojos mas dulces
que he visto jamás.

Y puedes contarle a todo el mundo
que esta es tu canción
Puede parecer muy simple
pero ahora que está acabada
Espero que no te importe
Espero que no te importe
que lo haya puesto en palabras
Qué maravillosa es la vida
ahora que estás en el mundo...


El ahora en el que tú estás en el mundo haciendo maravillosa la vida empezó por azar, -un azar tan difícil e improbable que aún hoy me asusta cuando lo pienso- hace hoy tres años.

Gracias por ellos, y por todo lo demás,aunque a veces yo sea tan torpe y no sepa recordarte que mi vida es así, sonriente, luminosa, rebatiendo tozuda mi natural pesimismo, escepticismo e incredulidad, porque tú estás en el mundo, en mi mundo, haciendo que se vuelvan verdad todos los tópicos de las canciones cursis,y haciendo que no pueda ser ya nunca más protagonista de las canciones tristes.

Que la vida es maravillosa ahora que tú estás en el mundo. Y que nuestro ahora cumpla muchos màs.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Sensibilidad y encrucijadas

No soy aficionada a la música clásica, y no tengo ningún tipo de formación al respecto, a pesar de aquella asignatura de 1º deBUP, que siempre daba un profesor de otra cosa con bastante desgana y escasos resultados, y a pesar de que que papá intentó empaparnos un poco de ella, y por él y con él de niña recorrí horas de coche escuchando sinfonías de Mozart, Beethoven o Brahms. De ellas, sólo me he quedado con fragmentos. La Sinfonía de los Juguetes de Mozart (claro, cómo no quedarme con esa, si era una niña). La Sinfonía nº 9 de Beethoven (claro, porque estaba la letra de Miguel Ríos). Fragmentos de la Sexta de Beethoven o Pastoral (porque era la banda sonora de una serie de dibujos animados sobre una foca blanca que trataba de concienciar sobre el maltrato a los animales y la crueldad de lo que se hace con las focas para conseguir las pieles, con efectividad, porque se me quedaron grabadas hasta hoy serie y música). Las Cuatro Estaciones de Vivaldi (me encantan las cuatro, enteritas... si es que hasta para la música clásica soy barroca inconsciente). El fragmento típico y tópico de El lago de los cisnes de Tchaikovski (el de la muerte del cisne). El Aria de Bach, tan presente en publicidad e incluso sampleada por grupos de hip-hop... Y poco más.

Pero mi pieza favorita, como la de tantos incultos en música clásica (y en todo lo demás), es el Canon de Pachelbel, que me emociona, me encanta, me chifla y nunca, jamás, me canso de escuchar. A pesar de que de él se use y casi se abuse. Versionadísimo (por algo será). Aquí os dejo una de sus interpretaciones más clásicas y "ortodoxas" (y conste que incluso dentro del estilo clásico, las versiones de la pieza varían un montón; mi preferida, la de Karajan). Aunque os suene el principio a sobado y tópico, escuchadlo entero y con los ojos cerrados. Merece la pena, de verdad.



Con la música clásica me pasa lo que con otras muchas cosas de esas que todo el mundo, sobre todo los "cultos", "intelectuales" y /o "entendidos", dicen que son buenas, pero a las que yo no consigo llegar (salvo excepciones sueltas y casi anecdóticas, como el Canon). Mi sensibilidad está, de momento, en otra parte y a otras cosas. Y esto mismo me pasa con la ópera, el jazz, y con muchas novelas, cuadros, películas, oficialmente "buenas", pero que yo no consigo acabar, o me dejan indiferente, pero con la duda y la desconfianza de que si tanta gente dice que son buenos, algo tiene que haber en ellos que quizás me esté perdiendo por vete a saber tú qué discapacidad.

El arte tiene que conectar con alguna de las fibras de lo que llevas dentro, comunicarte algo en lo más profundo, conmoverte, hacerte chocar algo que tú sientes, o recordártelo, o descubrírtelo, o devolvértelo por un instante haciendo que te sientas entregado, acompañado, tocado. Descubierto. Si no, no funciona. Aunque quizás sea solo cuestion de llegar. O de aprender a llegar. De darle tiempo, porque uno va sintiendo cosas diferentes y de manera distinta a lo largo de la vida, y la sensibilidad crece, y cambia, y supongo que se educa. Y supongo que entonces, por lógica, su educación también podrá ser dirigida. Mi sensiblidad, sin embargo, se ha educado sin querer, de forma anárquica y silvestre: yo he llegado a lo que me gusta y lo que me emociona espontáneamente y sin seguir un camino trazado, al menos conscientemente. Incluso en literatura, que es donde mi educación ha estado más dirigida, me encuentro con cosas oficialmente "buenas" que no me dicen nada, mientras me atrapan lo que muchos estudiosos o entendidos consideran "morralla".


Pero el caso es que según vamos creciendo, o madurando, o evolucionando, dejan de gustarnos cosas (que el tiempo nos hará recordar a veces con rubor: seguro que a ti también te pasa), mientras otras van llegando a nuestra sensibilidad y otras, tal vez, nos esperan. Y puede que la sensibilidad se pueda educar adrede en una dirección determinada. Yo reconozco que nunca lo he intentado. Porque lo de bueno y malo, lo de la calidad artística, me sigue pareciendo relativo y, en todo caso y en el fondo, cuestión de estadística: bueno es lo que muchos han considerado bueno, malo lo que muchos han considerado malo.

Me he sentido conmovida por música de todo tipo a lo largo de mi vida, sin prejuicios ni falsos pudores de buen gusto, calidad o comercialidad. Y ya digo que me gustan cositas sueltas de la música clásica, aquellas cuatro cositas sueltas que le gustan a todos los que no tienen ni idea. Pero quizás vayan llegando algunas más, porque cada vez me siento más a gusto escuchando música de este tipo. Mis instrumentos preferidos, los de cuerda y arco. El violín, pero sobre todo los de sonidos más graves, como chelos y bajos. Melodías sueltas que atrapo por cualquier lado, y que hacen que quiera indagar... El problema: que no tengo demasiada idea de por dónde empezar, y me da pereza enfrentarme al pajar de tooooda la música clásica para ir encontrando las agujitas que me puedan gustar, y que tal vez sean solo el comienzo. Admitiría recomendaciones de otros que hayan recorrido este mismo camino, aunque ya sé que no será en este blog silencioso y solitario donde las encuentre.

Pero aunque los estilos y corrientes musicales parezcan caminos paralelos, de recorrido propio y diáfano, casi de distinta dimensión (lo clásico, lo culto y lo perdurable por allí arriba, lo popular, lo moderno y lo efímero por acá abajo), en realidad son recorridos laberínticos cuyas intersecciones pueden hacer que nuestra sensibilidad cambie el rumbo. Y una versión moderna de una sinfonía clásica nos puede hacer llegar a buscar la melodía original, y de ahí otra similar, y de ahí adentrarnos en otros clásicos (y si poneis canon en el youtube aflorarán como champiñones las versiones guitarreras del de Pachelbel, sobre todo interpretadas por aficionados amateurs japoneses).

Y hablando de versiones, hace ya algún tiempo que se hizo muy popular por estos laberintos de internet este monólogo sobre el canon de Pachelbel, que habla también de las encrucijadas musicales, aunque sea en otro tono:



Hay muchas más encrucijadas posibles, por ejemplo, las versiones clásicas de una canción moderna. Como la que os dejo aquí, que es bastante graciosa.

Porque creo que mi sensibilidad está ahora mismo en un cruce de caminos. Y no sé adónde me llevará. Eso sí, yo no pienso ponerle ni freno ni cortapisas. Aunque repito que creo que me vendría bien alguna recomendación a modo de navegador, más que nada, para no perderme.

viernes, 7 de marzo de 2008

Danzad malditos!



La descubrí el otro día por casualidad en un video que acababa en la tele (creo que era en Fly, una cadena de música). La verdad es que no suelo estar muy al tanto de modas musicales, ni sé lo que es ahora lo más "in". Por no saber, hasta ahora no sabía lo que era el "Britpop", y la mayoría de los grupos musicales que han surgido desde el 2000 hasta aquí, ni los conozco. Me quedé anclado hace 15 años.

Lo dicho, simplemente oí por pura casualidad el final de la canción y me gustó. Esos tintes de soul con un toque pop, me resultaron agradables.

Quizás, si me lee alguien, pueda pensar: joder y éste se entera ahora. Pues sí, me entero ahora. Se llama o se hace llamar Duffy y es de Gales. Creo que no tiene disco publicado en España. Ahí os la dejo, a ella y a su enlace:

Buen finde.

jueves, 6 de marzo de 2008

La buena educación


Sé que no soy nada original al hablar de esto, pero es que no entiendo la polémica en torno a la Educación para la Ciudadanía, la verdad. Me parece absurda y por ello, seguramente será oportunista. Me cuesta comprender la protesta de los padres, las manos en la cabeza y las denuncias en los tribunales. Por tantos motivos que mi habitual pensamiento caótico, que no sabe avanzar sin ahogarse en paréntesis y rodeos, es incapaz de ordenarlos. Así que allá van, como quiera que vengan:

  • No entiendo a esos padres que para atacarla dicen “a mis hijos los educo yo”. Claro que los educas tú. Y como buenamente puedas, a ver si te crees que es tan fácil. Y claro que tú eres la primera, y a veces tristemente definitiva, influencia (menuda responsabilidad, yo no sé cómo la asumen tnm alegremente y la reivindican además con tanta energía). Pero procura no olvidar que sobre tus hijos va a haber muchas influencias más. Y contra muchas de ellas, las más peligrosas, no vas a poder protestar, ni quizás actuar, porque son sutiles, sibilinas, camufladas, subliminales, imperceptibles. Y por tanto, imbatibles. Y muchas de esas influencias incontroladas quizás emanen de ti sin que tú puedas darte cuenta, ni ser consciente de su efecto positivo o negativo, ni potenciarlas o evitarlas. Pero sobre la influencia de esta asignatura, si tanto te disgusta, puedes poner a tu hijjo en guardia, y hacer que contribuya a su sentido crítico y a pensar por sí mismo. ¿Qué más quieres? Si hasta te puede ayudar a educar a tu hijo tal y como tú quieres, ya que tan claro lo tienes, a modo de ejemplo negativo o compendio de lo que no hay que pensar.

  • En educación importa más, pero mucho mucho más, la práctica que la teoría. Y esta asignatura es, por desgracia, teoría pura. A un niño se le educa cuando se le dice “no hay que ser machistas: hombres y mujeres debemos ser iguales en derechos y obligaciones”, vale. Pero también se le educa cuando se le imponen a hombres y mujeres roles, patrones de conducta y valoraciones diferentes en la práctica. A un niño se le educa cuando se le dice “no hay que ser racista ni xenófobo, porque todos tenemos los mismos derechos sea cual sera nuestra raza, etnia u origen”, pero también se le educa al hacerle crecer en un mundo en que los inmigrantes viven en peores zonas, en peores condiciones, con los trabajos peor pagados y cuando todo el mundo se queja de que nos quiten médicos, guarderías y colegios. Y el niño (y sobre todo la niña, la de Rajoy o cualquiera) sabrá que si se lía o se enamora de un negro, un gitano, un marroquí o un rumano, sus padres se llevarán un susto o un disgusto. Y eso, sin que se lo enseñen en ninguna asignatura. A un niño se le educa cuando se le dice “lo importante de una persona no es el físico, es el interior”, pero también cuando se hacen comentarios crueles o despectivos, en serio o en broma, en la calle o en la tele (ah, la telepoderosa tele, esa sí que educa), por sutiles que sean, sobre los gordos, a los bajitos, a los feos o los viejos. O cuando ve que a los famosos o admirados no se les permite ser gordos, bajitos, feos o viejos. Y eso es lo que se ve, ¿o no? Yo sé que educo mucho más a mis alumnos cuando premio su esfuerzo y penalizo la falta de trabajo que cuando les explico cualquier tema de historia o les hablo en teoría sobre la justicia y la importancia del trabajo. De verdad. Sé que el tema de historia o las teorías sobre la justicia y el trabajo quizás se les olvide. Que se les premió o se les castigó, es más probable que no.

  • Que sí, que es verdad, que incluso aunque no quieras o quisieras echarle la culpa a otros, a tus hijos los educas tú, y ten muy claro que tú serás la primera influencia, tan tan decisiva que yo vivo y sufro cómo el sistema educativo, por mucha buena intención que ponga, por muchos objetivos preciosos que se plantee, por mucha medida teórica maravillosa que piense, no puede contrarrestar esa educación que tú le das, queriendo o sin querer (y en muchos casos, yo preferiría aferrarme a pensar esto último, porque si algunos los educan así queriendo, es para aterrarse). Tus valoraciones, tu apoyo, tus referentes, pueden marcarles de por vida. Y te aseguro que si todo un sistema educativo difícilmente puede contrarrestar eso, menos lo va a hacer una asignatura de una hora semanal.

  • Aún así, a pesar de que los padres educan, en los centros educativos, por pura necesidad práctica y de supervivencia, tenemos que intentar enseñar valores y normas de convivencia y disciplina. Y repito que no siempre con éxito. Tenemos que educar, y muchas veces intentar contrarrestar (la mayoría de las veces infructuosamente) la falta de buena educación (en el sentido más tradicional y elocuente del término) con la que nuestros niños vienen de sus casas. Pero son muy pocos los casos de niños que vienen maleducados de casa y salen bien educados del centro escolar. Generalmente, los que terminan siendo personas bien educadas, es porque vienen educaditos de casa y en casa colaboran a que nosotros les ayudemos a mejorar.

  • Te repatea la subjetividad, el contenido moral de la asignatura. Pero toda enseñanza, cuando la imparte una persona, es subjetiva. Y eso es lo que el que enseña tiene que dejar cuanto más claro mejor. Lo peligroso es presentar esa enseñanza subjetiva como verdad objetiva. Cuando yo explico temas complicados que afectan a la literatura (como por ejemplo, los principios del liberalismo, la literatura social, la Reconquista, los inicios de España con los Reyes Católicos, los cimientos del Imperio, la conquista de América, la Guerra Civil o el franquismo) dejo claro que muchas cosas de las que digo, porque tengo que decirlas, son cosas que yo pienso pero que no tienen que ser universalmente aceptadas. E intento que mis alumnos reflexionen sobre ellas, busquen sus propios argumentos y lleguen (si quieren o pueden) a sus propias conclusiones. O no. Porque lo importante del proceso no es la conclusión. Lo importante es el planteamiento. Y los argumentos. Y la reflexión. Repito que la subjetividad expuesta (y más si es expuesta para que sea discutida y consensuada) como tal no es peligrosa. La peligrosa es la camuflada.
  • Los contenidos de esta asignatura son obviedades y lugares comunes que sirven de base al ideario de nuestra democracia. Respeto, igualdad, participación ciudadana, lucha contra la desigualdad o la discriminación, tolerancia (con todos los peligros del término) y etc. etc. etc. Y a ellos me remito, que yo los he leído con mucha curiosidad, y que se pueden consultar, por ejemplo, aquí . Y después de leerlos y releerlos, no entiendo qué es lo que les asusta a estos padres que inculquen a sus hijos o cuál de los contenidos es el que consideran moralmente inaceptable y cuál el que ven como peculiar de una determinada ideología e incompatible con la suya. ¿Quizás "el respeto al otro aunque mantenga opiniones y creencias distintas a las propias"? ¿El tratar "la diversidad y los derechos de las personas"? ¿Tal vez "la igualdad de hombres y mujeres en la familia y en el mundo laboral"? ¿O el de "identificar y rechazar situaciones de marginación, discriminación e injusticia social"? ¿"El conocimiento y la valoración de los servicios públicos y de los bienes comunes"? Porque "el conocimiento de las normas y principios de convivencia establecidos por la Constitución" no será, ¿verdad? Que los sectores objetores y con las vestiduras rasgadas por esta asignatura son los que esgrimen el carácter sagrado de la Constitución cuando se abordan otras cuestiones. De verdad que me gustaría que me dijeran exactamente cuál o cuáles son. Por pura curiosidad. Y en todo caso, ¿por qué no piden que se quite ese contenido en concreto? ¿ Por qué rechazan tooooda la asignatura? ¿Son toooodos estos contenidos los que no quieren que contaminen a sus hijos? Alucinada me dejarían si fuera así, de verdad. Y entonces sí que me gustaria preguntarles qué principios y qué educación quieren darle ellos. Con la misma curiosidad, pero ya con cierto miedo.



  • Pero lo más gracioso o irónico, es que el tipo de contenidos que plantea esta asignatura (que podemos considerar valores que rozan la moral o la ética) han estado SIEMPRE Y DESDE SIEMPRE presentes en los contenidos que se imparten en la enseñanza formal, inevitablemente, de forma implícita o explícita. Y repito que yo prefiero la segunda. Primero, estaban presentes a modo de “currículum oculto” (siempre que se enseñan contenidos, se enseñan implícitos, de forma inevitable, unos valores, una visión del mundo, del hombre, de la vida). Cuando yo preparé la oposición y empecé a formarme como docente, los valores que debían impregnar nuestra enseñanza se hicieron explícitos y se les denominaba “temas transversales” (educación para la paz, para la salud, para la igualdad de sexos, para la democracia, etc.) porque debian recorrer "transversalmente” todas nuestras enseñanzas. Se insistía en la importancia de que se hicieran explícitos precisamente para eso: para que pudieran ser consensuados, criticados, contrastados, modificados. Y curiosamente, nadie protestó ni esgrimió su derecho a educar a tus propios hijos y a que la moral la impongo yo y etc. Ahora, simplemente, se han convertido en asignatura. ¿Y por esto tanto follón? ¿Y que pasaba antes con la asignatura de Ética, que era el sustituto de la religión? ¿No había miedo a lo que podían enseñarle ahí a los críos? ¿Todos los padres sabían lo que se les enseñaba y cómo? ¿Entonces el problema es saberlo?

  • Una cosa es conocer y otra aceptar, asumir, creer. Yo opuedo conocer el islamismo, el protestantismo, el judaísmo, el budismo y no decantarme por ninguna religión. Eso sí, cuanto más conozca, más capacidad tendré para decidir. En todo caso, repito, si la asignatura consiguiera adoctrinar (que repito, tengo mis recelos), adoctrinaría en lo que son las bases ideológicas de nuestro sistema, que implica no la imposición de la diferencia, sino la aceptación de una pluralidad entre la que cada uno va a tener la capacidad de elegir. Por ejemplo, en el tan manido tema del tratamiento de la homosexualidad: que tú aceptes que hay personas homosexuales ni te impone ni te incita a serlo, ¿no? Es más, a casi todos los homosexuales reconocidos actuales se les educó para ser heterosexuales. Y ahí están, contra viento y marea y a pesar de los pesares. ¿Qué peligro hay en que tu hijo no los desprecie, desde la heterosexualidad que tú tanto deseas (porque que te salga homosexual ni nos lo planteamos, ¿no?) De verdad que dudo que ningún hijo de nadie vaya a salir homosexual por estudiar esta asignatura. Y si te sale tolerante, intenta comprenderle o, al menos, no despreciarle. Y ya de paso, a ver si se te pega algo...

  • Esta asignatura, si es efectiva, servirá sobre todo para plantear temas de reflexión a los alumnos. Y por supuesto, conocerán una postura sobre ellos, o mejor dicho, varias: las de los distintos profesores que la impartan a lo largo de su vida escolar, que no siempre van a tener la misma ideología concreta. Pero repito que yo dudo que esos profesores adoctrinen más que lo que otros pueden hacerlo desde otras asignaturas.

  • Y asumido que esta ley simplemente enseña el funcionamiento y los principios y valores que sostienen el sistema ideológico oficial de nuestra democracia, que es, en todo caso, un sistema ideal que, por desgracia en muchos aspectos, está lejos de funcionar en la práctica, y que todos deberíamos como mínimo conocerlos (¿¿no?? aunque sólo sea por una cuestión práctica), llegados al punto de la libertad en educación, nos adentraríamos en un terreno peliagudo... Rizando el rizo y recurriendo a la elocuencia de los extremos, si un padre es racista, por ejemplo, ¿debemos permitir que a su hijo no se le intente educar en la tolerancia o la lucha contra el racismo? ¿Un padre violento tendría derecho a exigir que a su hijo no se le explicaran ideas pacifistas? ¿Un padre maltratador podría reclamar que a su hijo no se le hiciera recharzar la "violencia de género"?


  • La democracia, que se basa en la decisión de todos, necesita para tener sentido y funcionar lo mejor posible, de la educación de todos. De que todos tengamos la mejor y más completa educación posible. Para la democracia, para la buena democracia, es vital la buena educación. Y parte fundamental de esa educación es conocer el funcionamiento y las bases del sistema democrático. Por pura lógica. Y quizás esto hace necesaria esta asignatura, aunque yo creo que eso se aprende cuando se aprende a leer, a observar lo que te rodea, cuando se aprende historia, geografía, filosofía, literatura, ciencias. Pero lo fundamental es aprender a pensar, a juzgar, a discernir, incluso a desconfiar (y en esta sociedad de la información y la manipulación que estamos -o nos están- construyendo, la desconfianza se está convirtiendo en imprescindible, aunque no se fomente demasiado porque al poder no le interesa). Es decir: a tener espíritu crítico. Y eso no lo va a enseñar una triste asignatura. Por eso, y aunque entiendo su justificación y fundamentación teórica, yo soy escéptica con ella, y por eso me sigue resultando ridícula, estéril, absurda, tapadera y seguramente interesada, toda esta polémica.

Porque los verdaderos problemas de la educación, de la buena educación, en el sentido más amplio y profundo del término y en toda su importancia, son otros, son mucho más complejos, y están en otras partes a las que quizás todo esto no nos deja mirar. Porque quizas esa mirada no interesa. Y que no interesen los verdaderos problemas de la educación, de la buena educación, es lo que me preocupa. Porque repito que la buena educación es fundamental para la buena democracia. Y si no interesa que la educación sea buena, es porque, en el fondo, no interesa que la democracia lo sea.

Qué miedo. O qué pena.

lunes, 3 de marzo de 2008

Dieciocho cosas que me encantan de Zaragoza


1.- Es la ciudad con más tiendas de chuches que yo conozca: en todas las calles hay una, dos, tres (o incluso más, si la calle es muy grande o muy concurrida) de las dos grandes cadenas de este tipo de tiendas ("Frutos secos El Rincón", con sus inconfundibles letreros amarillos y negros; "Martín Martín, un mundo de aperitivos", con sus inconfundibles letreros verdes y blancos)

2.- Es la ciudad donde se ven más parejas , sobre todo mayores e incluso muy mayores, cogiditas de la mano por la calle. Me encanta.

3.- A pesar del clima espantoso (congelante en invierno, abrasante en verano, con un viento además, el cierzo, que puede llegar a ser molesto, irritante, difícil y hasta yo diría que peligroso con frío o con calor), la gente se echa siempre a la calle y las calles, que tienen prácticamente a cualquier hora un ambiente bullicioso que a veces puede resultar molesto (porque en ocasiones hace difícil hasta el caminar... preguntadle a Dei, que a veces parece un misántropo gruñón) pero que a mí, qué queréis, me encanta.

4.- El mudéjar y la piedra ocre, porosa, ligera, que brota de pronto donde menos te lo esperas (en una iglesia perdida, en una torre en medio del asfalto, en un muro recóndito de la Seo camuflado en una callejuela que da a una esquina de la inmensa plaza del Pilar). Una piedra de aspecto efímero pero alegre. Llena de adornitos, y detalles, y recovecos. Es una arquitectura muy distinta de Galicia (más románico, algo de gótico, piedra gris, solemne, sólida, seria). Quizás por eso me resulta tan llamativa. No sé.

5.- El carácter de los maños. Abierto, alegre, llano, sencillo, cariñoso, espontáneo, sin recovecos ni dobleces. No sé si todos los tópicos tienen algo de verdad. Este sí. Las dependientas te llaman "cariño" y "maña" a la primera de cambio, cualquiera te hace una broma, hasta esperando el autobús, y los críos te preguntan sin pudor por tu vida. Los maños lo riegan todo con un sentido del humor franco y cómplice, que surge a la mínima ocasión, riéndose sin maldad de todo y de todos. Lo primero, de ellos mismos. Signo inconfundible no sé si de inteligencia o de la sabiduría sencilla del sentido común. Y todo ello, sin pretensiones y sin darse importancia, oiga. Que tiene mérito, eh. Por eso quizás el lema que han elegido para promocionar turísticamente la ciudad me parece especialmente acertado, e incluso informativo de lo que el visitante se va a encontrar: sonrisas ("Sonríe: estás en Zaragoza").

6.- Es una ciudad abierta, no sólo metafóricamente hablando, sino también física o geográficamente. En medio de una gran llanura, con montañas que se divisan lejos, muy lejos, y que hace que el horizonte sea también muy lejano, y que parezca que todo puede llegar hasta aquí, y que desde aquí puedas llegar a cualquier parte. Quizás también contribuya a esa sensación el viento. No hay protección, y uno termina teniendo la sensación de que no hace falta. Hay luz, y cielo azul, y aire que corre, y amplitud. De nuevo, muy distinto del valle en que nací, que hacía que yo de pequeña concibiera el mundo rodeado de montañas. Por eso es ciudad de paso, ciudad donde se cruzan los caminos sin metáforas, y quizás por eso, me encanta.

7.- El clima. Ya, ya sé que el gran tópico que pesa sobre Zaragoza, lo que todo el mundo dice, es que es una ciudad agradable con un gran pero: su clima continental extremo. Pero a mí me gusta porque apenas llueve y son muchos los dìas de sol, en verano y en invierno, con o sin viento. Y para mí el sol es sonrisa, y mitiga la maldad de los días malos por malos que sean. Me encanta.

8.- Las tapas. Las hay caras y menos caras. Pero buenísimas, variadas, típicas. Y cómo no, rodeadas siempre de gente de buen humor.

9.- El amor a lo propio sin agresividad por lo ajeno. Exhiben y miman su Pilarica, sus frutas de Aragón, su cachirulo, sus cantos, sus bailes, sus migas, su ternasco, sus tambores de Calanda, sus cebollas de Fuentes, con naturalidad, la naturalidad del corazón, sin imposiciones, ni reivindicaciones excesivas, excluyentes o afectadas. Hasta el Corte Inglés, tan globalizador siempre, se ve obligado a tener apartados en casi todas las secciones para las cosas propias de Aragón, Una especie de nacionalismo sentimental y resignado (Aragón no es ni sombra de lo que fue, y los maños son conscientes, muy conscientes y realistas, de sus posibilidades y limitaciones, de sus potencias y sus actos, de sus recuerdos y de su realidad) que cuida y se regocija en lo peculiar y autóctono, pero sin que ello implique un rechazo ni un recelo a nada. Ni cultural ni político. Sencillo, y simple, porque viéndolos a ellos parece tan fácil que una se olvida de por qué en otros sitios no lo es.

10.- El Ebro. Ese río valiente y discreto, que puede parecer olvidado en su cauce agreste apenas urbanizado, pero que es orgullo y estandarte al que se aferra este pueblo consciente del desierto que lo acecha. No tan caudaloso como proclama su fama, no tan aprovechado como reivindican sus posibilidades y su historia, pero muy querido de verdad.

11.- Las jotas coñeras y graciosas. Sobre todo si las cantan Dei y Fer.

12.- Los parques, los paseos y el Canal. Está el Parque Grande, claro, con sus fuentes y su jardín botánico, sus niños con patines, sus bancos, sus corredores de footing, su grandeza, su nombre y su esplendor, pero hay parquecillos mas pequeños, paseos flanqueados por árboles que invitan a pasar la tarde caminando por caminar, y el Canal, ruta y referente para desorientados y peculiaridad artificial que contribuye a que sí, a que como proclama la Expo, Zaragoza sea la cuidad del agua. Y que sabe lo que vale el agua precisamente por estar al borde del desierto.

13.- Lo limpia que es. De verdad. Apenas se tiran cosas al suelo, y en las fiestas del Pilar, a mí me resultaba muy llamativo ver la cantidad ingente de gente, y las calles asombrosamente limpias.

13.- El barrio de la Paz. Un pueblecito en una esquina de Zaragoza, con calles estrechas, apenas semáforos, casas de una, dos y tres plantas con banquito para sentarse a la puerta, parquecillos llenos de niños, tiendas de barrio y el aire de la gente de pueblo. Y como promete y cumple su nombre, paz, mucha paz.

14.- Que está llena de Historia aunque haya pocos restos materiales, en parte por su estructura en palimpsesto (los romanos borraron un floreciente esplendor prerromano, los árabes sepuntaron la ciudad romana, los cristianos enterraron la ciudad árabe), en parte por que la Guerra de la Independencia la arrasó. Cada vez que excavan, surge un resto arqueológico, que no siempre se puede aprovechar como debiera debido a las exigencias de la urbanización. Zaragoza fue Salduye en la Iberia prerromana (que además tomaba su nombre de su río, el Íberus), fue Caesar Augusta para el gran imperio latino, fue Medina Albaida -"ciudad blanca"- para los musulmanes que la mitificaron y la supieron aroñar. Hasta el Cid tuvo que hacerse amigo del rey moro de Zaragoza (a ver si ya entonces tenían ese carácter campechano...) Y Zaragoza es muy consciente de esa riqueza histórica, aunque no siempre se traduzca en piedras, y le saca un partido extraordinario, bien en la memoria de sus gentes, bien en sus historiadores divulgativos (como José Luis Corral), o bien en los museos maravillosos levantados sobre apenas tres o cuatro restos (el del Foro o el del Teatro bastarían como prueba irrefutable de lo que digo).


15.- Su localización: al lado del Ebro, como un oasis que se deja soñar, evocar y esperar, cerca del Pirineo, de Cataluña, del Levante, de Euskadi. Incluso de Madrid. Imposible no pasar. Lástima que esté tan lejos de Galicia.

16.- El acento. Hay muchos que dicen que el acento maño es, como el de los gallegos, de los menos elegantes de la geografía española. A mí me resulta cálido, simpático y tremendamente enfático. También me encantan las palabras y expresiones que les son propias y características. La que más me gusta, "pillar capazo", que se usa para designar cuando vas por la calle, o a un recado, o a lo que sea, y te encuentras con alguien por la calle, y te enrollas a hablar. Muy elocuente que justo el aragonés tenga una expresión para nombrar esto, ¿no?


17.- Mi casa. Que hoy por hoy, está aquí. Aunque tenga algún cajón reservado a la morriña y a la nostalgia...


18.- Bueno, y Amaral, claro (los Héroes del Silencio nunca me han emocionado, lo reconozco). Y su Rosita, que a mí, no sé bien por qué, siempre me hace pensar en Zaragoza.
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