viernes, 30 de mayo de 2008

Será tu voz


"...como Nicolas Cage en Living las Vegas
no tengo planes más allá de esta cena..."




Son días raros, estos. El final de Mayo me pilla, por primera vez que yo recuerde, con medias, el paragua en guardia y dos mangas por la mañana ¡¡y en Zaragoza!! (dicen por aquí que no llovía así desde hace más de treinta años). Se viene Junio encima, con su final de curso y su ilusión de las vacaciones, y así no hay quién pueda estar preparado.

Son días raros, estos. Por fuera, pero también por dentro. Estoy yo tambíen entre rara, tonta y lluviosa, y algo tendré que hacer para distraerme, en estos días raros. Y de cansancio. De profundo cansancio y hastío de tanto egocentrismo estéril, de tanto darme vueltas, de tanto preguntarme por qué y de tanto preguntarme hasta cuándo, de tanto síndrome del ángel exterminador, de tanto culparme y castigarme y querer perdonarme, y tanto contemplar cómo me culpo, me castigo y me quiero perdonar. De profundo y sincero cansancio de tanta complicación y tanta complejidad cansina, solipsista, retroalimentada y eterna, entre cuya maraña intuyo que todo tiene que ser mucho más sencillo, que la vida debe de estar en otra parte y en otras cosas, y que yo lo sabía, y que no entiendo cuándo y cómo demonios se me olvidó.

Algo grita basta ya en estos días de cansancio. De cansancio y quizás de cambios. Que dicen algunos que para cambiar a veces basta con un gesto, que lo de cambiar, como lo de comer y lo de rascar, puede ser sólo y todo empezar. Ojalá.

Son días raros, estos. Y dicen por todas partes que Amaral ha sacado nuevo disco. Una excusa tan buena como otra cualquiera para desearos fin de semana con esta canción, y recordarme que de todo su repertorio es mi preferida. Y dudo mucho que eso pueda cambiarlo el nuevo disco.

Aunque quién sabe. Quizás lo mejor, por increíble e ingenuo que parezca, esté todavía por llegar.

Ojalá.

Feliz fin de semana

martes, 27 de mayo de 2008

"Un siempre en el jamás"

"La señora Michel tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes."


"Quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás.

Sí, eso es, un siempre en el jamás.

(...) a partir de ahora buscaré los siempres en los jamases.

La belleza en este mundo."



En este libro encontrarás las viejas piezas de siempre, pero movidas tan sencilla y maravillosamente que el movimiento parece nuevo y logra despertar sigilosamente la emoción dormida. Desgrana como sin querer, sin pretensiones ni estridencias, contándolo muy bien y llegando con naturalidad y sin artificio al alma de los hechos, los grandes clásicos universales del pensar y el sentir: el yo y los otros: sus encuentros y desencuentros; el tener que crecer, y no querer, y no saber cómo, porque al crecer se van cerrando (o nos van cerrando) posibilidades; el temor a lo que llegaremos a ser y que puede que no sea lo que ahora queremos; el amor poderoso, inesperado, transmutador y salvador; la belleza, la autenticidad y la esperanza que sólo creemos poder encontrar siempre allá lejos, en lo extranjero, en lo exótico, en lo desconocido; las corazas y la máscaras que nos esconden o tras las que nos escondemos, y que a veces podemos, a veces sabemos, destapar; el mundo moderno con sus diferencias de clases y sus absurdos y sus hipocresías y sus esquizofrenias; los momentos mágicos de belleza absoluta que a veces nos sorprentden en lo cotidiano; la necesidad de compañía y la soledad, la soledad íntima y profunda que te puede atacar rodeado de gente; el lenguaje con el que se piensa, se disimula, se miente, y a veces se comunica....

La vida, el tiempo, la muerte. El sentido de todo esto y de que estén indisolublemente mezclados.

El buscar un siempre en el jamás. El intentar encontrar los destellos de belleza en este mundo, que puede estar agazapada y pasar desapercibida entre tantas cosas absurdas, y hay que aprender a mirar para verla. Y para querer verla. Como la elegancia del erizo.

O lo que es casi lo mismo, el robar rosas en las avenidas de la muerte ,que dijo un día y para siempre Bukowski, robándole un siempre al jamás.

Y encontrar un siempre en un jamás puede ser también encontrar una joyita entre los libros más vendidos.

Creo que yo difícilmente me hubiera decidido a comprar este libro (o al menos, no tan pronto), situado en primera línea en Cortes Ingleses, tiendas Vips y Carrefouress, de no ser por las opiniones sobre él que leí en algunos blogs, a los que nunca podré estar lo suficientemente agradecida.

Bendita internet, otra vez y siempre, que nos permite deshacernos de prejuicios justificados pero injustos, y clarificar con la magia del ahora inmenso y poderoso boca a boca la maraña comercial que nos envuelve, para poder encontrar maravillosas agujas entre tanta paja antes de que el tiempo haga su criba inexorable, con su particular forma de conceder siempres en los jamases literarios (y también cinematográficos, y musicales, y artísiticos en general).


"Es la primera vez que conozco a alguien que busca a la gente y ve más allá de las apariencias. Puede parecer trivial, pero yo creo sin embargo que es profundo. Nunca vemos más allá de nuestras certezas y, lo que es más grave todavía, hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes. Si nos diéramos cuenta, si tomáramos conciencia del hecho de que no hacemos sino mirarnos a nosotros mismos en el otro, que estamos solos en el desierto, enloqueceríamos.

(...) Yo suplico al destino que me dé la oportunidad de ver más allá de mí misma y de conocer a la gente."



"Siempre está la vía de la facilidad, aunque me repugne seguirla .No tengo hijos, no veo la televisión y no creo en Dios, todas estas sendas que recorren los hombres para que la vida les sea más fácil. Los hijos ayudan a diferir la dolorosa tarea de hacerse frente a uno mismo y los nietos toman después del relevo. La televisión distrae de la extenuante necesidad de construir proyectos a partir de la nada de nuestras existencias frívolas; al embaucar a los ojos, libera al espíritu de la gran obra del sentido. Dios, por último, aplaca nuestros temores de mamíferos y la perspectiva intolerable de que nuestros placeres un día se terminan. Por ello, sin porvenir ni descendencia, sin píxeles para embrutecer la cósmica conciencia del absurdo, en la certeza del final y la anticipación del vacío, creo poder decir que no he elegido la vía de la facilidad.

Sin embargo, cuán tentada me siento ahora de hacerlo."




"(...) un adolescente que juega a dárselas de adulto no deja de ser un adolescente. Imaginar que colocarse los fines de semana y andar acostándose con unos y con otros va a hacer de ti un adulto es como creer que un disfraz hace de ti un indio. (...) no deja de ser una concepción de la vida un poco extraña querer hacerse adulto imitando los aspectos más catastróficos de la edad adulta... A mí, haber visto a mi madre chutarse antidepresivos y somníferos me ha vacunado de por vida contra ese tipo de sustancias. Al final, los adolescentes creen hacerse adultos imitando como monos a los adultos que no han pasado de ser niños y que huyen ante la vida. "



"¿Cuándo he experimentado yo por primera vez este abandono exquisito que sólo es posible entre dos personas? La quietud que sentimos cuando estamos solos, esa certeza de nosotros mismos en la serenidad de la soledad no son nada comparadas con este dejarse llevar, este dejarse llegar y dejarse hablar que se vive con otro, en cómplice compañía... ¿Cuándo he experimentado por primera vez esta relajación feliz en presencia de un hombre?
Hoy es la primera vez."


"Pero ya nunca volveré a ver a los que quiero, y si morir es eso, desde luego es la tragedia que dicen que es."



No os lo perdáis. Porque además de entrañable, es un libro muy, muy divertido.

viernes, 23 de mayo de 2008

A quien conmigo va


Alanis Morissette: Head over feet

No tuve más opción que escucharte
hablabas de lo que te pasaba
una y otra vez.
Yo pensaba sobre ello.

Me tratas como si fuera una princesa
y yo no estoy acostumbrada a que eso me guste
Me preguntas que tal fue mi día.

Me has conquistado en contra de mi voluntad
no te extrañes si me enamoro locamente.
No te sorprendas si te quiero por todo lo que eres.
No puedo evitarlo.
Es todo culpa tuya.

Tu amor es denso y me arrastró.
Eres mucho más valiente de lo que yo pensaba
y no lo digo por decir.

Me traes cosas incondicionales
contienes la respiración y la puerta
por mí
Gracias por tu paciencia.

Eres la persona que mejor sabe escuchar
de todas las que he conocido.
Eres mimejor amigo
mejor amigo con "beneficios"
¿Por qué tardé tanto?
Nunca me he sentido tan sana.
Nunca había querido algo racional.

Ahora me doy cuenta.
Ahora me doy cuenta.

Me has conquistado en contra de mi voluntad
no te extrañes si me enamoro locamente.
No te sorprendas si te quiero por todo lo que eres.
No puedo evitarlo.
Es todo culpa tuya.

Yo sigo confiando en que algún día Alanis saque otro disco que sepa hablar tanto y tan bien de nosotros como a3quel Jagged Little Pill, con el que sorprendió al mundo con sus letras directas y con sus diecinueve años. Yo lo escuchaba obsesivamente en mi walk-man (sí, de aquellos de cassette, tengo una edad, qué pasa) mientras iba y venía de Madrid a Villagarcía y de Villagarcía a Madrid tanteando qué era eso de las oposiciones, destino inexorable de la mayoría de los filólogos. Habia canciones que hablaban de mí entonces, pero yo no lo sabía, porque sabía muy poquito inglés, y había canciones, qué curioso, que hace más de diez años hablaban de mí ahora, y ahora que he aprendido algo más de inglés puedo darme cuenta.



Allí estaban canciones tan imprescindibles, tan redondas y tan de antología como Ironic, (It's meeting the man of my dreams, and then meeting his beautiful wife... ¿Puede haber algo más universal)), Hand in my pocket (viva la contradicción, la supervivencia y el entrenamiento del optimismo) o, por supuesto, You've oughta know (te vas a enterar por irte con otra como si nada y como si no me hubieras prometido amor eterno... dejémonos de chorradas: que viva el despecho, las ansias de venganza y las posibilidades de vengarse, que si en el amor y en la guerra vale todo, en el desamor no digamos).

Alanis sigue estando entre mis preferidas, y muchas de sus canciones siguen estando entre las que conmigo van, incondicionalmente y pase lo que pase, aunque su segundo disco me decepcionara (prácticamente, sólo me quedo con el maravillosísimo That I would be good ) y que luego me reconciliara un poco con ella con el Under rug swept, por el Hands clean , y sobre todo, el That particular time, que me emociona cada vez que la escucho, y la he escuchado cientos de veces. Pero últimamente , yo no sé qué le pasa a esta chica.

Estos días he vuelto a escucharla en el bus, entre la pereza y el sueño de estas mañanas en que ya es de día pero mayo nos ha salido rebelde y protesta (o nos bendice, tal vez) con esta lluvia que nos salvará, quizás, de trasvases.

¿Cómo afrontar un fin de semana de mayo en el que los hombres del tiempo nos han condenado a chubascos moderados? Con películas de DVD, citas para comer, paraguas, pereza, blogs y ganas de cocinar. Y buena compañía, claro. De esa que te hace llevar la cabeza hasta los pies, y sonreír por tu buena fortuna, y que la lluvia no te haga olvidarla. Y tarareando a Alanis. Y escuchando canciones del pasado que hablaban entonces de los que somos ahora, sin que nosotros lo supiéramos.

Feliz fin de semana. Apurad mayo, que se acaba. Decidle que ponga una bonita pose y saque su mejor sonrisa, que estamos a punto de enmarcarlo para el recuerdo.

Que eso es, al fin y al cabo, por lo que merece la pena esto de ahora: porque algún día lo recordaremos.


Y en el lote que hacemos para recordar nos llevamos siempre a los (y lo) que ahora nos acompañan. Que aunque ya dije una vez que hay canciones que son como cajitas de recuerdos, hay otras que son premoniciones, deseos, o tal vez, sortilegios.

sábado, 17 de mayo de 2008

Al revés



Ricky López, "cantahumor" anónimo hasta que la selección de baloncesto coreó esta canción tras un triunfo en alguna final (¿se nota que no tengo ni idea de baloncesto?). La red la puso al alcance de todos y todas, y las discográficas, supongo que antes tan inaccesibles, empezaron a llamarle. Tuvo entonces que correr a registrar la canción, que ni siquiera estaba grabada. Ahora empieza a escuchársele, y él aprovecha para decir cosas tan sabias como que no practica deporte, porque es muy malo para el tabaco.

La red sigue revolviendo y volviendo del revés el cómo creíamos que tenían que suceder las cosas. La red, esta red, donde los prodigios y los milagros, que otros buscan por otros lados, suceden sin querer.

Feliz finde Mayo, de un Mayo que antes se soñaba "florido y hermoso", y en el que ahora la lluvia se ha convertido forzosamente en buen tiempo.

Definitivamente, el mundo al revés ha llegado por donde menos lo esperábamos.

viernes, 16 de mayo de 2008

Que no canten por cantar.



Si alguna vez canto, si alguna vez cantara, tampoco sería por tener buena voz, debería ser siempre, porque la guitarra tuviera sentido y razón.

Si la poesía debe ser un martillo, como dijera Aresti, la canción debiera ser un fusil, y nunca ser concebida como un lujo cultural por los neutrales, como dijera Celaya.

viernes, 9 de mayo de 2008

Un 10 de mayo....



"No sé ni quién ha sido, sí, creo que fue Nayim...La pegó desde Cuenca y se la trago Seaman" Así narraba la radio el gol de Mohammed Alí Amar (Nayim) para el Zaragoza, mañana hace ya 13 años. Tuvo que ser un jugador árabe, quizás para recordar el esplendido pasado árabe de la ciudad milenaria, la vieja "Madinat Albaida", el que convirtiera al Real Zaragoza, hace ya muchos años, en el dueño de Europa por un día.

Recuerdo como si fuera hoy esas sensaciones al entrar al campo (el viejo y desaparecido Parque de los Príncipes), recuerdo los más de 18.000 aragoneses en París, recuerdo las banderas aragonesas colgadas de la Tour Eiffel, recuerdo la sensación que me producía volver de nuevo a París (la ciudad más maravillosa que conozco). Y recuerdo la emoción del triunfo, las sonrisas. Y tenía que ser en París, la ciudad de los sueños. El Real Zaragoza se reivindicaba a sí mismo y la propia ciudad parecía hacerlo. Parecía que tanto el uno como la otra se quitaban el polvo del olvido y rememoraban sus años de gloria.

El Real Zaragoza sabía que estaba ante su noche, ante su oportunidad. Nosotros, también lo sabíamos. Pasaban ya casi 30 años desde el último triunfo europeo y sabíamos que pasarían casi otros tantos hasta el siguiente. La conclusión era clara: esta noche era nuestra noche. El Arsenal, equipo rico y acostumbrado a finales, seguramente podría esperar la siguiente oportunidad; nosotros no.

A mí no me gusta el futbol, siempre lo digo: me gusta el Zaragoza. Y ese sentimiento es absolutamente irracional. Claro que sé que el fútbol es negocio y dinero, y que lo que tenía de deporte, está enterrado en el fútbol regional o categorías inferiores. Por eso digo que ese sentimiento es absolutamente visceral.

Quizás, como decía Voltaire con la religión, el fútbol, hoy en día, viene a cumplir el papel de ésta. Me da lo mismo, sólo sé lo que yo sentí, como maño, como aragonés, aquel 10 de mayo de 1995, en el que París ardía.

A nosotros, como A Bogart y Bergman, siempre nos quedará París. No lo teníamos, lo habíamos perdido. Pero lo recuperamos aquella noche.


martes, 6 de mayo de 2008

Para olvidar



Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.



Jaime Sabines

Nadie nos enseña a olvidar, y cuando tenemos que hacerlo, cada uno lo intenta como puede. Te pueden dar consejos, mantras y trucos, y mil razones que suelen ser sensatas y ante las que es fácil asentir. Pero nada más. Porque no hay receta infalible para olvidar, porque olvidar no es fácil y quien lo probó (o lo intentó probar), lo sabe.

Como ocurre con el amor, no estoy segura de que sea un acto que dependa de la voluntad. Si no dependiera, para olvidar no podríamos hacer nada: tendríamos simplemente que esperar a que el olvido suceda por sí mismo y procurar, como mucho, pasar el tiempo mientras tanto ocupándonos en otras cosas, hasta que un día nos diéramos cuenta de que hemos llegado ya a ese lugar ignoto, lejano y añorado en donde habita el olvido.

Unos dicen que es cuestión de tiempo. O de distancia. O de que una mora limpie la mancha de otra y un clavo saque otro clavo. Yo he visto muchos casos en que sí, y algunos otros en que no. Y como casi siempre, lo interesante de las reglas, las leyes y las normas son precisamente las excepciones.

Pero si fuera un acto de voluntad, y realmente querer es poder, y quien realmente quiere olvidar y se lo propone, olvida, entonces, lo verdaderamente difícil de lograr es querer olvidar.

Porque como decía una canción, y no recuerdo cuál, y no recuerdo si en español o en inglés (puede que hasta haya una en cada lengua), es muy fácil olvidar recordar que queremos olvidar. I forgot to remember to forget... Sí, creo que era así y creo que era en inglés. Pero sigo sin acordarme de quién.

Si olvidar parece no depender de la voluntad, recordar a veces tampoco; a menudo, cuando más lo necesitas.

Porque olvido y recuerdo son, como todos los contrarios, las dos caras de la misma moneda que tal vez se rijan por la misma mecánica implacable y secreta que el hombre sufre sin poder controlar. Por que olvido y recuerdo son un don, y como todos los dones, ambos tienen dos caras: una dulce y otra terrible.

Porque el lugar donde habite el olvido puede ser una tumba o puede ser el paraíso, igual que el lugar donde habite el recuerdo, que puede ser un refugio o un infierno.

Olvidar, no olvidar, recordar, no recordar. Ser o no ser...

Y tanto darle vueltas, al final, para nada.

Sólo para olvidar el silencio.



domingo, 4 de mayo de 2008

¿Quién puede alegrar un lunes?




...Ella es como una chica nueva cada día
y todas las demás ya no me importan
Estoy demasiado ocupado queriéndola.

Ya nunca estaré solo ahora que la conozco
Ella me llena el corazón de alegría
Ella me alegra el día
Ella sólo tiene que sonreir para hacer que mis preocupaciones se desvanezcan
Ella sólo tiene que tocarme la mano para hacer que me quede

Ella es todo lo bueno de amar a la vez...


El Robert Palmer más conocido (y eso que me parece que ya no lo es demasiado, que el tiempo en la música pop puede ser injustamente devastador si no te sitúa entre los pocos elegidos para la inmortalidad mítica y universal, sin medias tintas) es el gentleman inglés con aire impasible, que aparecía casi siempre con micrófono de los de palo, traje con corbata y peinado con raya al lado indiscutiblemente retro - y lo de retro se aplica a todo: micro, traje y pelo, y más en plenos ochentas, cuando él hacia esto mientras los modernos llevaban melenas, moldeados, cardados, crestas, pelo pincho, guardapolvos, tirantes, pantalones de tiro bajo, hombreras XXXL y otras ocurrencias, hoy vergonzantes, por el estilo.


Este gentleman, además, aparecía en vídeos y actuaciones rodeado de unas chicas cañón, con minifaldas ajustadísimas y peinado tirante que dejaba completamente despejado unos rostros perfectos muy maquillados, y que tocaban las guitarras rockeras de sus canciones más duras con una expresión muy seria, impasible e imperturbable, mientras bailaban perfecta y profesionalmente sincronizadas. Casi daba la impresión de que la cabeza estaba a una cosa, y el cuerpo a otra.

Este era el Robert Palmer de Simply Irresistible o Addicted to love, que además se vieron universalizadas por el mecanismo universalizador por excelencia: la publicidad de una conocida marca de refrescos . Hace algunos añitos ya (cómo corren, los muy cabrones, y cómo pasan haciendo lo nuestro pasar) Shania Twain homenajeó todo esto en un vídeo en el que daba la vuelta a la situación.

Yo me quedo, sin embargo, con el Robert Palmer más suave, melódico, pero igual de gentleman y de sentimental: el de la balada John & Mary, el de Some guys have all the luck y, sobre todo, el esta joyita de vídeo en blanco y negro, músicos sentados y un sólo plano que contribuye al tono de confesión suave que tiene She makes my day, susurrando entre la alegría y el asombro que hay una persona que hace mis días alegres. Pase lo que pase.

Idea a la que yo quiero aferrarme más que nunca, para prepararme con fuerzas para mañana, que será un lunes muy lunes, , porque me toca volver de un puente suuuuupertranquilo, en el que cuerpo y mente se me han adaptado demasiado bien al relax y al descanso, y se resisten tozudos a la vuelta a la tiranía del reloj y sus carreras, y al ajetreo de las clases, viajes, cursos, sombra de oposiciones y esfuerzo para solucionar rollos del coche en el taller, que no tengo ni idea de cómo ni cuánto serán de graves, y cruzo los dedos, toco madera, rehúyo gatos negros y escaleras, me encomiendo a San Cristóbal y lo que haga falta...¿Por qué todo lo que tiene que ver con el coche me agobia tanto, a ver? ¿Algún psicólogo en la sala que me lo explique?

Así que yo voy a necesitar más que nunca que alguien me "alegre el día", que a veces una sola no puede, y más en lunes tan afilados. Pero eso sí, sin olvidarme de que yo también debo alegrar el de alguien. Que muy a menudo (demasiado, ¿verdad, Dei?) se me olvida.

Por cierto, Robert Palmer murió hace ya algunos años, con cincuenta y pocos, de un infarto, pero esto no sirivió para hacer de él un mito como sí ha ocurrido con otros muertos prematuros de la música pop. Quizás porque para lograr el premio de la inmortalidad universal haya que darle a la muerte prematura el preludio de una vida conocida, agitada y contradictoria, para la que no bastaba con ser un gentleman inglés que cantaba canciones con guitarras rockeras, impasible entre bellas maniquíes que bailan impasibles, y que a veces se ponía suave y sentimental.

jueves, 1 de mayo de 2008

¿1º de qué?




Hoy se conmemora el 1º de Mayo, fecha que recuerda la huelga y asesinato de trabajadores en Chicago en 1886, como consecuencia de la reivindicación de la jornada de 8 horas en los puestos de trabajo.

Aún recuerdo cuando iba con unos colegas a la maniestación del 1º de Mayo con la CNT. Sencillamente nos parecía la más auténtica.

¿Qué queda de las primeras manifestaciones? Apenas nada. En un país capitalista, donde la clase obrera ha perdido su conciencia de clase explotada en el mejor de los casos y en el peor de ellos, se encuentra absolutamene domesticada, en un país donde abundan los "obreros de derechas" y donde el PP se nutre fundamentalmene de "clase obrera", con una "izquierda" absolutamente absorbida por el sistema y contenta de ello, y otra (la que no se domestica) considerada como "radical", en un país, donde los sindicatos se encuentran subvencionados y son un instrumento más del Estado Burgués, estas manifestaciones no son más que algo folklórico, gracioso, que el sistema capitalista mira con cierta complacencia, cuando no con sorna.

Hoy, el que más puede gritar "viva este 1º de Mayo", es el propio sistema.

Hoy, se ha covertido pura y llanamente, ya, ni siquiera en el derecho al pataleo, sino en la propia conciencia de lo que un día fue y hoy se asume y se siente como perdido.

Hoy, este 1º de Mayo es la asunción absoluta de la derrota y el triunfo de la desesperanza.

Llorar en mayo






Cuando yo era pequeño
Y los árboles de Navidad eran altos
Nosotros amábamos mientras otros jugaban

No me preguntes por qué
Pero el tiempo se nos fue
Alguien más se acercó desde muy lejos.

Ahora nosotros somos altos
Y los árboles de navidad son pequeños
Y tú no preguntas la hora

Pero entre tú y yo
Nuestro amor nunca morirá
Aunque supongo que lloraremos
Cuando llegue el primero de mayo.

Del manzano que creció para ti y para mí
He visto caer las manzanas una por una

Y recuerdo el momento de cada una,
El día que te besé en la mejilla
Y te fuiste.

No me preguntes por qué
Pero el tiempo nos ha pasado sin sentirlo
Alguien más se acercó desde muy lejos.

Ahora nosotros somos altos
Y los árboles de navidad son pequeños
Y tú no preguntas la hora

Pero entre tú y yo
Nuestro amor nunca morirá
Aunque supongo que lloraremos
Cuando llegue el primero de mayo.


Vi esta película en el momento justo, con diez u once años. A pesar del tiempo, mucho tiempo, que también se me fue casi sin sentir desde entonces, recuerdo perfectamente que era una tarde soleada, en el piso pequeño donde fui niña, y que mamá estaba a mi lado, viéndola conmigo y haciendo comentarios desengañados sobre el contenido de la película, que que contaba de forma sencilla, entrañable y emotiva (o al menos, así me lo pareció) un amor infantil entre dos niños asombrosamente inteligentes. Recuerdo que me puso un nudo en la garganta, y una pena dulce en algún momento, y que en ella oí por primera vez una referencia a Humprey (Bogart) y Lauren (Bacall) como símbolo de la complicidad entre dos. Mamá, mientras tanto, decía cosas como que la gente inteligente nunca es tan romántica, y que el primer amor siempre termina en desengaño.

A pesar de que yo por aquel entonces sabía más del amor imaginado que del amor vivido, y a pesar de que lo imaginaba más a imagen y semejanza de los libros que leía, y de lo que veía por televisión, que de lo que la realidad me podía dejar intuir, recuerdo también vívidamente que me rebelaba, en silencio y sólo por dentro, ante aquellas sentencias -quizás augurios, quizás lamentos – de mamá. O tal vez esa rebelión fuese posterior y el recuerdo, siempre tan tramposo e interesado, es el que los mezcla.

Y me sigo rebelando. Porque sí, puede que últimamente mamá llore cuando llega el primero de mayo, y algunos días más. Pero yo no. Y hoy es siempre todavía.


He recordado la película todos estos años casi sin ser consciente. Por muchas cosas de las que me doy cuenta, y tal vez también por otras de las que no.

En ella descubrí a los Bee gees pre-disco-fiebre-del-sábado-noche, que aún sonaban a sesentas y que tenían un repertorio de canciones preciosas, que luego quedarían en parte e injustamente enterradas por los prejuicios que las horteradas y excesos setentoides asociarían a este grupo australiano. Sin embargo, muchas de ellas serían versionadas constante y profusamente, hasta prácticamente la actualidad, y muchos se quedan con sus melodías y sus letras(que repito e insisto: son preciosas)sin saber que son de los Bee gees.

Por ejemplo, su To love somebody debe ser de los temas más versionados de la historia, y además en versiones tan dispares e incluso curiosas como:

Pero creo que recordé siempre esta película, que vi entonces y solo entonces, porque ya desde pequeñita me gustaban las historias de amor, y aquella historia me acercaba de repente el amor, que solía contarse siempre como cosa de y entre mayores: en ella el amor era cosa de dos niños. Como niña era entonces yo, que ya había amado, claro, como suelen amar los niños, al menos los niños como yo: de lejos y en silencio. Tal vez porque siempre me habían contado el amor como cosa de mayores. Hasta aquella tarde de sol.

Y sí, yo también vería caer algunos años después, una a una, las manzanas de un amor nacido para ser eterno, como había sentenciado fatídicamente mamá. Pero aprendí que hasta a eso se sobrevive, y que siempre hay un después, y que un amor eterno se acabe, curiosamente, no impide que los amores que nazcan después sean también eternos. Supongo que en cada miseria de la vida hay agazapada una grandeza. Y menos mal.

El caso es que hace unos meses, gracias a Youtube, di con el título de la película, que yo no recordaba. Melody. El nombre de la niña. Y gracias al milagro este de Internet (bendito esto entre todos los inventos) descubrí alguna que otra curiosidad sobre ella como que el guión es de un supongo primerizo, o al menos novato, Alan Parker, y que no soy la única que la recuerda.

En el Emule me resultó imposible conseguirla, pero nada más ponerme el Ares fue de lo primero que busqué. Et voilà. Hace tiempo que la tengo en el ordenador. Pero me produce una especie de temor extraño que no sabría definir la idea de volver a verla (tal vez, miedo a la decepción, o a descubrir como brecha insalvable la distancia del recuerdo) . Aunque quiero volver a verla.




Y conste que no fueron los Bee Gees ni los primeros ni los únicos a los que en mayo les daba por llorar... que ya en la Edad Media se cantaba:

Que por mayo era por mayo,
cuando hace el calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuando es de día
ni cuando las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero
déle Dios mal galardon

y siglos después, en mayo sigue habiendo prisioneros que saben que la vida transcurre, tal vez bella, allá fuera, y a los que les han matado hasta la avecilla que les cantaba al albor, y ya ni saben cuando es de día ni cuando las noches son. Aunque se les llame de otra forma, estén presos en otras cárceles y a veces por los barrotes les metan terapias de grupo o pastillas.



Pero esta es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

Que siempre me pasa lo mismo, y se me van los post de las manos. Que yo había empezado hablando, simplemente, de que hoy es primero de mayo. (Y eso que ni he mencionado lo de la fiesta del trabajador...)

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