sábado, 27 de septiembre de 2008

Silbar mi melodía




...Ya el campo estará verde
debe ser primavera...

Como quien viaja a bordo
de un barco enloquecido
que viene de la noche
y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta
de tu olvido,
fatigados de tanto
andar si encontrarte.

Luego, de vuelta a casa
enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles,
resuelvo un crucigrama,
me enfado con las sombras
que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia
que dejas en mi cama.

Trepo , trepo,
por tu recuerdo,
como una enredadera
que no encuentra ventana
donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia
que sufren las aceras.
Si quieres encontrarme
ya sabes dónde estoy...


Yo he sentido un nudo en la garganta, con estas palabras y el temblor de estas notas, desde el mismo corazón de la Calle Melancolía. Eran días helados y solitarios de un invierno luminoso lleno de blancos, que olía punzantemente a final y a derrota aunque yo no quería. Y a pesar de que un día pude pillar, por pura e improbable casualidad, el tranvía para mudarme de barrio, si cierro los ojos, todavía siento el mismo nudo, aquí, aquí mismo, en la garganta, casi casi igual, por algo así como el reencuentro o el recuerdo o la vuelta a la normalidad..

Porque los melancólicos somos una raza oscura y discreta, e incluso cuando creemos ser felices, llevamos la huella dormida de la melancolía de siempre flotando en algún rincón esquinero de todo lo que nos pasa. Y se despierta a veces.

Sobre todo, si suena la canción apropiada.


viernes, 26 de septiembre de 2008

Mío




Mi gente
mis noches
mis cenas
mi casa
mis pasos
mi cochiño
mis charlas
mis canciones
mis libros
mis cervecitas
mis risas
mis pérdidas
mis desencuentros
mis encuentros
mis reencuentros
mis despedidas
mis nostalgias
mis idas
mis venidas
mis vueltas
mis bobadas
mis abrazos
mis pelis
mis niños
mis manos
mi sitio
mis ratos
mis besos
mi chico
mi gente.

Mi gente.

Lo mío.
Los míos.

Minha galera

En gallego, decirle a alguien "meu" (el pronombre posesivo, en castellano "mío"), usado como vocativo, simplemente, sin nada, tiene un valor profundamente afectivo.

Posesión no es lo mismo que pertenencia. Y hay veces que los posesivos expresan pertenencia, afecto, amor. Aunque el amor no sea en realidad posesión, por más que a veces parezcamos empeñarnos en que sí, convirtiendo todo en un gran ,y a menudo fatal, malentendido.

Lo mío no es lo que me pertenece, sino aquello a lo que yo pertenezco. Lo que quiero. Y los que quiero. Y los que quiero que me quieran.

Es que hay veces que el lenguaje no llega. Pero con él tenemos que apañarnos.

Feliz fin de semana.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Escribir


"Lo cierto es que, con esta letra deformada por haber tomado tantos apuntes y tan de prisa en la universidad,no escribo para nada en concreto; no escribo para nadie, ni para mí siquiera. No intentan estas páginas,que no se dirigen a ningunas manos ni en particular ni en general, que nadie me ame más, ni que alguien me perdone, si es que necesito perdón, ni que un imposible lector me comprenda. No trato de poner en claro mis sentimientos, ni los sucesos que a ellos me llevaron, para conocerme mejor yo misma. Lo que escribo no me compensa de nada; no suple pérdida ninguna; no multiplica, por expresarla y dejar constancia de ella, ninguna ganancia; no procura, a conciencia o sin consciencia, sublimar ningún estado de ánimo. Sencillamente no sé por qué escribo, si es que el escribir necesita un porqué..."
Antonio Gala: La pasión turca
.

"Clara trajo la idea salvadora de escribir con el pensamiento, sin lápiz ni papel, para mantenerse la mente ocupada, evadirse de la perrera y vivir. Le sugirió, además, que escribiera un testimonio que algún día podría servir para sacar a luz el terrible secreto que estaba viviendo, para que el mundo se enterara del horror que ocurría paralelamente a la existencia apacible y ordenada.de los que podían tener la ilusión de una vida normal, de los que podían negar que iban a flote en una balsa sobre un mar de lamentos, ignorando, a pesar de todas las evidencias, que a pocas cuadras de su mundo felizestaban los otros, los que sobreviven o mueren en el lado oscuro."
Isabel Allende: La casa de los espíritus

No eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado y hasta asqueado. Te alegrará saber que no estás solo en eso. Son muchos los hombres que han sufrido espiritualmente como tú. Por suerte, algunos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si quieres. Del mismo modo que alguien aprenderá de ti, si sabes dejar una huella. Se trata de un intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía."
J.D. Salinger: El guardián entre el centeno


"Si uso tantas palabras, se debe a que no puedo tocarte. Si pudiera dormir abrazado a ti, la tinta se quedaría en el tintero".
D.H. Lawrence: El amante de lady Chatterley

"Las palabras pueden muy bien ser lo que emplea el hombre cuando le falta todo lo demás."
??????



"Otros, que también lo advirtieron, instaron a Abulcásim a referir alguna maravilla. Entonces como ahora, el mundo era atroz; los audaces podían recorrerlo, pero también los miserables, los que se allanaban a todo. La memoria de Abulcásim era un espejo de íntimas cobardías. ¿Qué podía referir? Además, le exigían maravillas y la maravilla es acaso incomunicable: la luna de Bengala no es igual a la luna del Yemen, pero se deja describir con las mismas voces. "
Jorge Luis Borges: La busca de Averroes

"Se negó con una determinación suicida a percibir el deterioro de la realidad, empeñada en embellecer cada instante con palabras, ante la imposibilidad de hacerlo de otro modo".
Isabel Allende: Cuentos de Eva Luna

"Al fantasma se le mata con su nombre "
Juan Ramón Jiménez

"La magia y el ensueño liman los barrotes"

Vicente Huidobro

"...cuando volví a este pueblo olvidado tratando de recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria"
Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada

...cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota

cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta

cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.
Mario Benedetti


"Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles"

Mario Benedetti, otra vez


Yo escribo, ¿tú escribes?, él escribe... ¿Y para qué? ¿O para quién? ¿O por qué?

¿Por necesidad de desahogo? ¿Por exhibicionismo sentimental? ¿Por narcisismo estético? ¿Para encontrar un lector y saber que no se está solo? ¿Para poder escucharse, y conocerse, y comprenderse, y tal vez perdonarse? ¿Para sublimar una carencia? ¿Para intentar inútilmente expresar la maravilla que es siempre incomunicable? ¿Para embellecer con palabras un mundo deteriorado que no se puede embellecer de otro modo? ¿Para huir? ¿Para compensar lo que la vida nos niega? ¿Para hablar de lo que nadie habla y de lo que alguien tiene que hablar? ¿Para protestar, rebelarse y no callar? ¿Para acercarse a la verdad a fuerza de contar mentiras y echarlas al descarte?¿Para que sea más alto el rebote de la caída que es vivir, y más larga nuestra duración en la memoria de la piedra, limando los barrotes a fuerza de magia y ensueño forjados con palabras? ¿Para que nos quieran más? ¿Para querernos más? ¿Para recomponer con astillas el espejo de la memoria? ¿Para poner nombre a fantasmas?¿Por obligación? ¿Por deformación profesional? ¿Por militancia de la vida? ¿Para no dejar que la palabra se haga ceniza? ¿Para lanzar una botella al mar?¿O simplemente por pura necesidad?

Pero necesidad.. ¿de qué?

Había un escritor (no recuerdo ahora cuál, y el Google no me ayuda... ¿Cortázar? ¿Kafka? Si alguien lo sabe, le agradecería que me lo dijera, que me ponen muy nerviosa estos lapsus que se convierten en obsesivos y te hacen vivir dándoles vueltas) que decía que él escribía porque si no lo hiciera, se volvería loco. Y se puede llegar, como sugiere García Márquez en el título de sus memorias, no a escribir porque se vive, sino a vivir para contarlo (y datos hay de aquellos que se metieron en vivencias sólo para poder luego escribirlas en un libro).

Yo he escrito por casi todos estos motivos, pero desde que tengo el blog me he dado cuenta de que escribo para atrapar mis pensamientos. Porque los pensamientos son como pájaros fugaces que sólo se pueden atrapar al vuelo, guardándolos- en palabras, en el mismo instante en que pasan. No hay otra forma, y si no se hace así, probablemente se pierden para siempre. Porque mis pensamientos son fugaces y pocas veces vuelven. Y tengo una edad en que ya he dejado escaparse demasiados pensamientos que sé que pasaron por aquí, pero no volverán a mí jamás.

Eso sí: para mí, escribir, comer y rascar, todo es empezar (y así me salen los post que me salen, poco apropiados para un blog, lo reconozco, pero no lo puedo evitar).

Pero el verbo escribir necesita, para tener sentido, el verbo leer, y todo escritor necesita un lector. Todos tenemos un lector al que queremos contar lo que tenemos que contar.

¿Y a quién se lo quiero contar yo?

A mí. A la que seré, que mirará a esta que soy ahora con indulgencia, algo de cariño y nostalgia. Siempre y mucha nostalgia.

Porque yo soy la senda que ella nunda ha de volver a pisar. Pero sé que a ella, como a mí, le gustará de vez en cuando, volver la vista atrás.

Escribir es un paracaídas. Eso me lo enseñó Huidobro.


Y para escribir, por suerte, no es necesario ser escritor.

Y tú, que lees, ¿escribes? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para quién?

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Mi rosa robada de hoy, una frase maravillosa de Huidobro, poeta del imposible:

"Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas".

domingo, 21 de septiembre de 2008

La Expo que me perdí


No me compré el pase de temporada para la Expo de la que Zaragoza hace ahora balance. Y lo lamento mucho. Porque a pesar de que yo no soy nada aficionada a eventos multitudinarios y a esas modas, que se convierten sigilosamente en imposiciones latentes cayéndonos encima no sé bien de dónde y no sé bien cómo (te tiene que interesar esto, o apetecer esto, o gustar esto, tienes que hacer esto ahora, visitar este lugar), a mí me gustó la Expo. Sobre todo, la que me perdí.

Como Julio lo tuve tan complicado y ajetreado, no empecé a gastar mi pase de tres días hasta bien entrado el mes de Agosto. Concretamente, esperamos hasta el día 8, viernes, porque era el día de Cuba. Y allá fuimos, Dei y yo, teniendo clara una cosa: nos negábamos rotundamente a hacer colas, (salvo la de la entrada a las 9, que esa era inevitable), lo cual en otras circunstancias nos hubiera condenado a no ver nada, tal y como estaban las cosas a aquellas alturas de esta Exposición en teoría sobre agua y desarrollo sostenible. Pero como teníamos “enchufe” (la hermana de Dei trabajaba en la Expo como intérprete y nos consiguió las entradas para algunas de las cosas más demandadas) pudimos ver sin problemas, por ejemplo, el Acuario Fluvial, muy bien pensado y organizado para ofrecer la representación de las principales cuencas hidrográficas del mundo y su idiosincrasia (la del Amazonas, la del Nilo, etc., etc.), pero que cometía el fallo, para mí imperdonable, de tener solo paneles explicativos generales de cada zona, pero no carteles que te explicaran qué especie en concreto era cada una. Luego me contaron que esto fue premeditado, para que la gente no se parara y agilizar las visitas. Qué manía, como siempre, de darle más importancia a la cantidad que a la calidad. En fin, habrá que volver, porque es de las cosas que se quedan.

Luego, vimos la espectacular Cabalgata de la Serpiente del Circo del Sol, llena de sonidos, movimientos y colores, que discurre entre los pabellones dándole ese aire de fiesta insólita y sorprendente que era una de las cosas que más me gustaba de lo que sucedió durante tres meses en el meandro de Ranillas. Nos metimos en El Faro (pabellón de iniciativas ciudadanas, el espacio más “solidario” y alternativo de toda la Expo) a ver un cuentacuentos internacional bastante flojo y cerca de la una, corrimos a la salida del palacio de congresos para ver salir a los representantes de Cuba.

La comitiva de protocolo y seguridad que estaba dispuesta en la puerta debió de considerar extraño y tal vez sospechoso el vernos allí, a Dei, su hermana, su cuñado, su niña de cuatro años y a mí, plantificados bajo un sol de justicia (me quemé la espalda y todo), esperando un largo -y aburrido- cuarto de hora hasta que salieron los emisarios de la isla caribeña. No era el admirado Pérez Roque, que a Dei le hubiera hecho mucha más ilusión, pero sí estaba el ministro de Comercio. Yo creía que Dei se arrancaría con un "Viva Cuba!", o "Revolushion o muerte" o "Viva la revolushion!" a pleno pulmón, pero curiosamente se limitó a decirme (y bajito) “hazle una foto”. Y se la hice. Y esa fue toda nuestra aventura en el día de Cuba en la Expo, por el que habíamos estado esperando para ir.

La mañana dio para mucho, porque aún nos dio tiempo de ir a la Torre del Agua, uno de los emblemas arquitectónicos de la Expo, junto con el Pabellón Puente, que arquitectónicamente estará muy bien y por fuera es bonito, pero a mí me decepcionó lo desaprovechadísimo que estaba por dentro (daba la impresión de que lo rellenaron con cualquier cosa porque había que rellenarlo y punto).


La Torre del Agua es un edificio peculiar, de efectos extraños y sorprendentes , en cuyo corazón hay una especie de escultura extraña que se ve primero desde abajo, y según se va subiendo por las pasarelas en forma de espiral que ascienden por sus muros, se termina viendo desde muy arriba. Todo un reto para mi vértigo.






Sus principales fallos son dos. Uno, señalado por Dei, que tiene razón: no deberían de haber cerrado tanto las vistas del exterior. Aunque eso para mi vértigo es muy tranquilizador, reconozco que le quita encanto y deja sin aprovechar su principal ventaja: ofrecer una vista espectacular de la gran llanura de Zaragoza, que queda como “fragmentada” por lo compacto de la red de cemento que recubre los cristales de la torre. Y dos: que en lo alto pusieran un chiringuito turístico, con bar, tienda de recuerdos y, por supuesto, su Fluvi.

Nos fuimos a comer fuera, pero con nuestros pases para la tarde: para el Pabellón de España (cuyas colas eran ya y justamente míticas), para un espectáculo denominado “Agua extrema” y para el espectáculo acuático musical “El hombre vertiente”. El Pabellón de España.... bueno, psche, está bien, pero no entiendo el entusiasmo general con que me lo describían otros visitantes. Al entrar proyectaban una audivisual bastamte vistoso en la bóveda del primer sector del pabellón, y a continuación se accedía a la exposición, muy parecida a cualquier sala de un museo de las ciencias.

De ahí nos fuimos corriendo a lo del Agua Extrema, y descubrimos que se trataba de la (supuesta) recreación de un tsunami, para la cual fue inevitable una cola de más de media hora (ays, nuestros firmes propósitos) bajo el sol, tras la cual accedimos a otra cola más breve bajo techo, en la que nos distribuían por puertas, nos daban una especie de bolsa de la basura azul muy grande que debía hacer las veces de chubasquero y que, reconozcámoslo, nos daba a todos, jóvenes y viejos, grandes y pequeños, rubios y morenos, un aspecto objetivamente ridículo, mientras unas pantallitas avisaban con signos iconográficos que si padecías del corazón no entraras, que cuidado con tus objetos personales y cosas por el estilo, que la verdad, podrían generar cierta inquietud pero que en realidad yo creo que deslucían bastante lo que vendría después e incrementaban el chasco. Porque el espectáculo consiste en que sientan al público, conveniemente preparado con su bolsa de la basura azul a modo de chubasquero con capucha, en unas gradas metálicas frente a una gran pantalla, y proyectan un documental sobre el tsunami, en que se ven los momentos previos, y cuando se supone que se produce la gran ola, salpican un poquito a los espectadores e incluso se dan un par de leves meneos (a nosotros ni eso, porque el pase que nos consiguió la hermana de Dei solo pudo ser de los destinados a embarazadas, niños pequeños y minusválidos), con lo cual sales con cara de tonto y pensando “para esto, tanta historia".

Menos mal que luego el espectáculo de El hombre Vertiente, a pesar de pillarnos ya con ocho horas de Expo encima, un par de colas a regañadientes, y mucha caminata (que el recinto de Ranillas, a lo tonto a lo tonto es muy grande y te obliga a moverte), nos devolvió la fe en la capacidad organizativa de eventos del ser humano.

El espectáculo habla sobre la relación entre el hombre y el agua, y lo hace utilizando todos los recursos escénicos posibles (coreografía, música, decorados, iluminación, manejo del agua) para que el resultado sea sencillamente impactante. Hay muchos vídeos en el Youtube, pero yo os aseguro que verlo en vivo y en directo hacía que mereciera la pena visitar la Expo.

Al salir, en un esfuerzo insólito en Dei (que es mucho menos de eventos multitudinarios que yo, y se cansa mucho antes, y llevábamos ya once horitas de nada en uno), nos fuimos a la Tribuna del Agua, espacio donde tenían lugar entrevistas, mesas redondas y conferencias, y que sería el principal motivo por el que a mí me hubiera encantado tener un pase de temporada. Es más, creo que deberían de haber articulado alguna manera para que se pudiera acceder directamente, sin tener que pagar los cuarenta euros de entrada, si sólo te interesaba ver esto. Yo solo pude ver tres, pero hubo todo un ciclo de presencias literarias, y por allí pasaron Antonio Gala, Ana Mª Matute, Luis Alberto de Cuenca o Ian Gibson. Tan lejos y tan cerca. Ays. En fin.

Aquel día, estaban Rosa Regás y Rosa Mª Sardá, comprometida hasta la emoción con el injusto y cínico reparto desigual del agua (y del todo) en el mundo. Yo estaba muy emocionada por tenerla allí, tan cerca, porque siempre me ha gustado mucho esta mujer, pero como soy tímida, no me atreví a ir ni a pedirle un autógrafo, ni a saludarla ni nada. Dei sí, y como le dabamos pena mi timidez y yo, se acercó ya fuera, con la sana intención de hacer de intermediario, y le pidió un autógrafo, mientras yo miraba desde lejos y de reojo. Y así estuve viéndolos hablar, un buen rato. Luego me contó que ella le dijo que nunca daba autógrafos, porque no le gustaba, así que le dio dos besos, y Dei se puso a hablarle de pesimismo e injusticia, y ahí se entusiasmaron los dos. Mientras yo miraba, desde lejos y de reojo. Mecagüenlatimidez.

Terminamos el día en los Pabellones de las Comunidades Autónomas, que tenían chiringuitos típicos de cada comunidad abarrotados de gente, claro, para terminar subiendo a la azotea y ver a Zaragoza vestida de noche y de gala para la perspectiva que sólo la Expo le pudo dar.


Yo pude acudir tres días más, porque Dei me cedió uno de los suyos. Fueron días de colas multitudinarias, todos, por lo cual (mantuve a rajatabla mi propósito de no hacer ni una cola más) no vi ninguno de los pabellones que la gente dice merecían la pena: no vi el de Alemania, ni el de Corea, ni el Kuwait, ni el de Japón, ni el de Aragón, ni el de Polonia –cuyo principal reclamo parece ser unas rubias espectaculares que ofrecían cerveza-. Y claro, los que pude ver me gustaron más bien poco, porque o bien eran simples stans turísticos del país en cuestión, o bien meros mercadillos que debían vender poco porque florecían los carteles de precios con sucesivas rebajas (algunas de escándalo). Algunos buscaban complacer al visitante con galletitas (como el de Bélgica) o con lugares para el descanso (como Turquía, que tenía toda una zona de hierba)que la verdad, funcionaban y el visitante agradecía.

Los de los países caribeños y los africanos estaban reunidos en sendos megapabellones, donde sí se veían, aparte de bares y mercadillos, todo tipo de objetos típicos y curiosidades como una cigarrera cubana haciendo su labor allí mismo:


Sí me gustó, contra todo pronóstico, el Pabellón de Galicia, aunque reconozco que quizás me endulce la mirada la morriña. En él había un panel, hecho con tapers llenos de agua de muchísimos lugares gallegos, en el que iban apareciendo distintas imágenes de mi tierra.

Busqué rauda el de mi pueblo natal, y miré la información que sobre él se ofrecía, que si algo tiene de bueno y que lo hiciera otrora famoso son sus aguas minerales, y lo encontré, aunque luego le reproché al chico que explicaba que no aparciera en el panel donde se señalaban los lugares más importantes de Galicia vinculados al agua (y me dijo que no fui ni la primera ni la única. Verineses del mundo, uníos y reclamad vuestros derechos como villa termal, aunque esté olvidada de la mano de su ayuntamiento, de la xunta y del turismo en general).




Lo mejor de la Expo, sin duda, lo que la hacía un evento especial, era ese aire de fiesta abigarrada donde tan pronto te encontrabas la cabalgata del Circo del Sol, como animaciones teatrales callejeras, como un grupo de tambores africanos, como un teatrillo de títeres, como payasos, o un grupo de música folclórica austríaco.



Lo mejor, también, las conferencias de la Tribuna del Agua, tanto de grandes presencias esperadas como inesperadas y a descubrir. Así, por ejemplo , yo me metí, porque era lo que había ese día, en la proyección de un corto titulado The end, de un tal Eduardo Chapero Jackson, tras el cual hubo un coloquio, moderado por Olga Viza, sobre el papel de la publicidad y los medios de comunicación en el problema del agua, y en el que aparecían representada la opinión de publicistas, instituciones, semiólogos, ecologistas, empresas privadas, la del propio director de film y la del público en general, a través de las preguntas de los asistentes, que fueron muchas, la verdad.

Y al día siguiente, mi último día, me metí en una conferencia-entrevista a un tal Javier Sierra, que aparecía en los papeles como un exitosísimo escritor turolense que había vendido miles de ejemplares incluso en Estados Unidos. Cuando lo vi sentarse, lo reconocí enseguida, por sus colaboraciones en Crónicas Marcianas en debates sobre temas “paranormales”, cuando yo no sabía lo que era madrugar aunque creía que madrugaba a veces, y podía ver la tele más allá de las 12. Y contra todo pronóstico, también resultó interesantísimo lo que dijo. Habló de lo que haba en sus libros: de la figura de Leonardo y lo que esconden algunos cuadros suyos, como La última Cena, de Napoleón y su experiencia egipcia, de relaciones insólitas entre culturas alejadas espacial y temporalmente, como la cristiana o la egipcia. Y ahí me acordé yo de lo insólito de los tres monos que hay en un capitel de una columna de la entrada al castillo de Loarre, y cuyo origen es claramente japonés, así que al final de la entrevista, y como no estaba Dei para sacarme las castañas del fuego, me sacudí la timidez, me acerqué, y le pregunté si sabía algo sobre eso. Me dijo que no, pero que le parecía muy interesante el tema, y que ya intentaría averiguar algo. Seguramente me lo dijo porque no podía decirme otra cosa, pero bueno, si por un casual Javier Sierra saca algo ahora sobre los tres monos con los ojos, los oídos y la boca tapados, ya sabéis quién le dio una idea.



De lo mejor también, los conciertos y espectáculos. Los que me perdí, claro. Mi adorada Alanis por poner solo un ejemplo. Yo me limité a los que la coincidencia me permitió, y eso que se lo puse difícil, porque los mejores espectaculos eran por la noche y yo solo estuve por el día. Fueron solo dos y completamente desconocidos para mí. Uno, el concierto de un grupo zaragozano llamado B Vocal, que hace versiones a capella de canciones más conocidas y salpica su espectáculo de humor, y dos, el último día, que me metí en el Faro , donde había una improvisación de un grupo denominado Jamming que fue absolutamente genial. Sólo participaban tres actores (luego, por su página web, descubrí que en realidad son cuatro), pero a cual mejor (Por cierto, estoy casi segura de que uno de ellos es el Jerón de Impares). Improvisan pequeñas escenas llenas de humor e ingenio a partir de casi cualquier cosa, pero especialmente, de las sugerencias que el público les hace a través de tarjetas, de viva voz o contándoles algún detalle de su vida (hicieron una a partir de los datos que les dio una pareja sobre cómo se habían conocido y lo que más y lo que menos les gustaba a uno del otro, realmente desternillante). Se hizo cortísima y les aplaudimos a rabiar. Os recomiendo que si tenéis oportunidad, ni se os ocurra perdéroslos.

El último día me fui ya de noche, dejándola abarrotada y llena de luces, gente, músicas, murmullos y ruido, mientras le contaba a mamá por teléfono que seguramente dentro de poco tendrá boda, y sabiendo que lo mejor de aquella Expo, que estaba a punto de apagarse para dejarnos en una resaca en la que ya no estaría ella en el horizonte, como excusa, promesa y asidero hasta para la crisis, había sido, sin duda, todo lo que me perdí. Sobre todo, porque eso lo puedo imaginar a mi antojo, y ya sabemos que la imaginación, e incluso el recuerdo, en estos casos suelen ser mucho más ocurrentes que la realidad.














jueves, 18 de septiembre de 2008

Ética periodística.

Hace tiempo, en otro blog de una periodista, ella se hacía eco de un congreso de periodistas y hablaba de que los periodistas debían de luchar por el respeto de los derechos humanos y que podían y debían ser motor de cambio en ciertos países y hablaba acerca de su papel en la lucha por ese respeto a los derechos humanos en ciertos países del globo. Puede ser verdad que esa labor deba ser en parte encabezada por el mundo periodístico, es más, seguramente lo es.

Ahora bien, los periodistas también deberían mirarse el ombligo y asegurarse de que ellos mismos respetan el primer deber al que deben hacer frente (y que se convierte en un derecho para el resto de los mortales) y que no es otro que el derecho a una información veraz, fuera de intereses espúreos. Podrían, por ejemplo, censurar a organizaciones como R.S.F (Reporteros sin Fronteras -cada vez más un lobby-), que recibe grandes subvenciones de los USA y del Gobierno de Francia y que lleva ya tiempo con una campaña contra Cuba o Venezuela, y otras muchas a lo largo de su dilatada historia. ¿Qué pasaría si las numerosas muertes de periodistas a manos del ejercito israelí, ocurrieran en Cuba o Venezuela?. Creo que todos lo sabemos.
También deberían reflexionar el resto de periodistas, sobre las actividades del grupo Prisa o el grupo Antena 3, entidades llenas de periodistas que no son más que siervos del amo que les paga. Periodistas a sueldo del sistema.

Como muestra, unas interesantes fotografías acerca de la crisis en Bolivia, tomadas con permiso de Pascual Serrano en Rebelión. Hay que comentar que la crisis que vive el país andino, puede resumirse brevemente en una lucha de poder, entre los que quieren alcanzarlo (la mayoría indígena, marginada siempre) y los que simpre lo poseyeron (minoría criolla de las regiones más prosperas, apoyadas por los U.S.A.).

Fotografía 1. Partidarios indígenas de Evo frente a la casa de gobierno.
Fotografía 2. Manifestantes autonomistas en contra de Evo.
Esa es la realidad. Veamos ahora la publicación de El País con su particular versión. Fotografía 3. Partidarios indígenas de Evo se convierten en...
Fotografía 4. Manifestantes autonomistas en contra de Evo se convierten en...

Conclusión subliminal: indígenas=violencia=Evo; criollos y blancos, opositores a Evo=paz.

Si queréis interesaros en las hemerotecas, por el trato que El País ha dado al refrendo por parte del pueblo boliviano de Evo Morales, con más del 67% de los votos,;os digo que es un buen ejercicio para los estómagos con capacidad de aguante.

Como dijo alguien: cuando leemos un periódico y elegimos éste en vez de aquel, solo estamos eligiendo, quien queremos que nos engañe.

Buenas noches y buena suerte.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Los últimos extraterrestres


El otro día vi en la tele a un abuelo en la playa, en bañador. Hay muchos hoy en día (abuelos) que van a la moda, bailan y ligan con abuelas. La modernidad es un halo del que uno debe revestirse. De hecho, hoy en día, no ser moderno es casi como llevar la letra escarlata que te señala allá por donde pasas. El abuelo del que hablo estaba en Benidorm, llevado en las alas del Inserso. Estaba con otros abuelos y abuelas, bailando, tomando el sol y seguramente, por la noche, bebería algún cubatilla que otro.

Mi abuelo no era así. Mi abuelo iba siempre de traje, y tenía dos. Uno para el trabajo, de Lunes a Sábado, y otro para los Domingos (eran iguales, pero uno estaba más limpio). También tenía dos boinas, que usaba de igual manera. Iba siempre de negro y llevaba la camisa abotonada hasta el cuello. En verano y en invierno, siempre llevaba la camisa de manga larga y la americana, y jamás le vi sudar ni tener frío. Sólo estaba moreno por el cuello y por las manos, y llevaba siempre calzoncillos largos.

Mi abuelo no tenía bañador, porque sólo se bañaba en la bañera, los sábados. Mi abuelo jamás miró a una mujer que no fuera mi abuela. Cuando mi abuela murió, mi abuelo también lo hizo. Mi abuelo no tenía amigos en ninguna otra parte que no fuera su pueblo, así que no escribía cartas, ni las esperaba. Mi abuelo, siempre iba a misa los domingos, y luego a la partida, y se levantaba siempre a la misma hora (sobre las 6.30).

Cuidaba muy bien de sus vacas. Era muy profesional en su trabajo. No se esforzaba nunca por ser amigo de sus nietos, y se sentía raro, perdido, cuando mis hermanos y yo le escondíamos la boina, o le hacíamos cualquier tipo de broma, o le hacíamos rabiar. Mi abuelo no sabía tratar a los niños. Eso sí, cuando mis hermanas le daban besos, yo notaba en su cara, seca y dura, absolutamente marcada por las arrugas, un gesto de infinita ternura, casi de rubor.

Nunca bebió Coca-Cola, ni Kas, ni nada que no fuera agua, vino o leche (algo de mosto, quizás), y siempre desayunaba sopas de pan, y las cenaba. Nunca estuvo malo ni fue operado de nada. Mi abuelo nunca nos dio una propina y no por eso le queríamos menos. Eso sí, un día perdí un balón de fútbol por la noche y a la mañana siguiente, él se levantó antes que nadie para encontrarlo. Cuando me desperté, el balón estaba ahí.

Era un tipo serio y nunca decía cosas que no fueran necesarias; no era muy hablador, pero era absolutamente honesto y de vez en cuando se reía a mandíbula abierta. De la tele le interesaba el “parte”, y poco más; lo demás le dejaba indiferente. No leía, ni le gustaba viajar. Ordeñaba las vacas, araba, quitaba las hierbas, partía leña... En mis veranos, siempre le recuerdo trabajando hasta casi los 80 años. Sólo salió de su pueblo con el carro de la yunta, de joven, para ir a vender leña por León. Después, cuando no necesitó viajar, ya no lo hizo.

Mi abuelo era esencialmente feliz y, a veces, hasta cantaba. Nunca le faltó de comer ni a él ni a los suyos. Nunca firmó contratos para vender o comprar vacas, le bastaba la mano. Al final, se fiaba de sus hijos: él no leía nada de lo que firmaba. No sabía lo que era una tarjeta de crédito, ni la usó jamás. El dinero que necesitaba, lo llevaba en el bolsillo. No tuvo miedo nunca. Jamás cerró la puerta de casa.

Mi abuelo luchó en una guerra que no entendía muy bien, y luchó en el bando que le tocó. Paso ciertas calamidades, y luego dureza en el pueblo, en la postguerra; pero yo todo eso no lo sé por mi abuelo, lo sé por mi madre. Mi abuelo nunca hablaba de eso. No sabía dónde estaba USA o Petra o Madagascar (sitios tan interesantes para los turistas de hoy), pero se conocía cada palmo de su pueblo. No sabía utilizar el teléfono, ni conducía. A mi abuelo no le hubieran gustado estos tiempos.

A mi abuelo no le hubiera gustado Benidorm.

Mi abuelo no era un hombre moderno. Creo que hoy sería un extraterrestre que estaría fuera de sitio en casi todos los lados.

Mi abuelo siempre iba despacio.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Pobre país rico I. Interesante concurso.



He leído en una de las páginas que suelo frecuentar, la realización de un concurso interesante. Lo organizaba IU en Andalucía. El concurso era el siguiente y tenía dos apartados: "concurso a la hipoteca más inhumana" y "el concurso al contrato más precario".

El primero de ellos lo ganó un joven de veintipocos que finalizará el pago de su hipoteca con 72 años (pagando la hipoteca con nietos -como la mayoría de mis amigos o incluso ex-amigos, que haberlos haylos-). Además sacó ventaja sobre sus competidores, al poder demostrar que destinaba el 65% del salario al pago de la misma.

El segundo de ellos fue ganado por una fémina, que pudo demostrar que en 2 meses y medio (75 días) firmó 10 contratos con la misma empresa (el sueldo podemos imaginarlo).

No sé si se sentían orgullosos los ganadores; sentido del humor, tenían. Seguro. Para los lectores que puedan leerme de otros países: ambas prácticas (perpetradas por bancos y empresas) son legales en mí país. Solo un dato: se estima que los datos de pobreza (según los standares relativos de la misma para cada zona) aquí se ven enmascarados por la cantidad ingente de jóvenes que no pueden independizarse y conviven con sus progenitores. Por cierto, este es mi post nº 50. No sé si son demasiados, pocos o suficientes.

lunes, 8 de septiembre de 2008

¿Belleza o utilidad?

El artista es el creador de cosas bellas. Revelar la Belleza y ocultar al artista es la finalidad del arte.

El crítico es el que puede traducir de un modo distinto o con un nuevo procedimiento su impresión ante las cosas bellas.

La más elevada, así como la más baja de las formas de crítica, son una manera de autobiografía. Los que encuentran intenciones feas en cosas bellas están corrompidos sin ser encantadores. Esto es un defecto.

Los que encuentran bellas intenciones en cosas bellas son cultos. A estos les queda la esperanza.

Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan únicamente belleza.

Un libro no es en modo alguno moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo.

La aversión del siglo XIX por el Realismo es la rabia de Calibán viendo su cara en un espejo. La aversión del siglo XIX por el Romanticismo es la rabia de Calibán no viendo su propia cara en un espejo.

La vida moral del hombre forma parte del tema para el artista; pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Hasta las cosas ciertas pueden ser probadas.

Ningún artista tiene simpatías éticas.
Una simpatía ética en un artista constituye un amaneramiento imperdonable de estilo.

Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo.

Pensamiento y lenguaje son para el artista instrumentos de un arte.


Vicio y virtud son para el artista materiales de un arte.

Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el músico. Desde el punto de vista del sentimiento, la profesión de actor.

Todo arte es, a la vez, superficie y símbolo.

Los que buscan bajo la superficie, lo hacen a su propio riesgo. Los que intentan descifrar el símbolo, lo hacen también a su propio riesgo.

Es al espectador, y no a la vida, a quien refleja realmente el arte.

La diversidad de opiniones sobre una obra de arte indica que la obra es nueva, compleja y vital. Cuando los críticos difieren, el artista está de acuerdo consigo mismo.

Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.

Todo arte es completamente inútil.

OSCAR WILDE, prefacio a El retrato de Dorian Gray.


LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades:

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre,
poesía necesaria
como el pan de cada día,

como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quienes somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: Poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho
.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

GABRIEL CELAYA ("Poesía urgente")


¿Y tú? ¿Estás entre los elegidos para los que la belleza significa simplemente belleza? ¿O maldices la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales? ¿Debe ser la poesía un arma cargada de futuro o simplemente revelar la belleza ocultando al artista? ¿Es completamente inútil o necesaria? ¿Tiene el artista las manos limpias y simplemente empapadas en belleza, o debe meterlas en el barro, y usar la arte para acabar con lo sucio? ¿Puede el arte cambiar el mundo o no es asunto suyo? ¿Es el pensamiento únicamente un material del arte o sin el fondo de un gran pensamiento el arte no puede tener verdadera calidad ni quizás sentido? ¿Importa en el arte sólo la forma o realmente necesita un fondo? ¿Es necesaria una poesía, o un arte, que diga lo que nadie dice pero debe ser dicho, o no es esa su función? ¿Es el arte la finalidad sin fin o no debe serlo?

Yo conozco casi todas las preguntas. Pero sigo sin tener claras las respuestas.


sábado, 6 de septiembre de 2008

Hermosísimo invierno de mi vida


Hermosísimo invierno de mi vida,
sin estivo calor constante hielo,
a cuya nieve da cortés el cielo
púrpura en tiernas flores encendida;

esa esfera de luz enriquecida,
que tiene por estrella al dios de Delo,
¿cómo en la elemental guerra del suelo
reina de sus contrarios defendida?

Eres Scytia del alma que te adora,
cuando la vista, que te mira, inflama;
Etna, que ardientes nieves atesora.


Si lo frágil perdonas a la fama,
eres al vidrio parecida, Flora,
que siendo yelo, es hijo de la llama.

¿Puede haber una forma más bella de expresar amor a alguien que no te corresponde que decirle "hermosísimo invierno de mi vida"? Quizás sí, pero a mí siempre me ha encantado ésta, que lleva por título "Admírase de que Flora, siendo toda fuego y luz, sea todo hielo". (Los títulos en el Barroco eran así, un resumen que daba una idea de qué iba el texto, porque a veces el texto no era nada fácil de entender sin esa ayuda).

Su autor, Don Franciso de Quevedo y Villegas, tan admirado como odiado o temido en su época, y tan proverbial como en realidad desconocido en la nuestra, se dirigía a un lector culto que dominaba las referencias mitológicas (en este caso, por ejemplo, la laguna Scytia o Estigia, río de lava, uno de los que tenían que cruzar las almas de los muertos en la mitología clásica, o el Etna, volcán cubierto de nieve) y todo el sofisticado código lleno de convenciones que se empleaba en la poesía amorosa de su época, el siglo XVII.

Una de estas convenciones, que recogían una tradición de siglos, consistía en utilizar, para expresar el obligado desdén amoroso de la mujer a la que dedicaban sus poemas, imágenes del hielo, la nieve, el frío y el blanco (el desdén preservaba la pureza). Estas imágenes se contraponían al fuego, las llamas, el calor y el rojo, con que se representaba la pasión amorosa, y daban lugar a toda una serie de contraposiciones y juegos de ingenio que expresaban lo contradictorio de ese sentimiento apasionado e inevitable, pero imposible al no ser correspondido. Y Quevedo, una de las mentes y las plumas más inteligentes, agudas y sorprendentes que ha habido en la historia, las utilizaba de forma deslumbrante, llegando a un "retorcimiento" conceptual sin parangón que se convirtió en mítico ya en su época.



Su propia figura está llena de contradicciones, como el tiempo que le tocó vivir: la época reflejada por Reverte en sus populares libros sobre Alatriste, la época en que España era todavía un gran imperio pero estaba ya desmoronándose carcomido por la miseria; la época en que los nobles se dedicaban al lujo, los juegos de ingenio y el galanteo amoroso mientras el pueblo moría por todas las causas posibles: guerra, enfermedad, hambre; la época que se refugiaba del sufrimiento que era vivir así pensando en la deslumbrante representación teatral de los domingos y fiestas de guardar, que cumplía la misma función que hoy el fútbol.

Quevedo, innovador como pocos en la poesía, era ideológicamente ultraconservador y reaccionario, clasista, machista, racista, además de convencida y activamente intolerante (y su poesía satírico y burlesca, que es la más abundante, da fe de ello). Era un noble que creía en las antiguas tradiciones y que miraba con desprecio los intentos de alterar del orden establecido de los que pretendían ascender en la escala social, cosa que a él le parecía completamente inaceptable y casi una aberración "contra natura". En las antípodas de lo que hoy conocemos como "políticamente correcto", no tenía pelos en la lengua, y decía siempre lo que pensaba con toda su crudeza, que solía ser mucha, porque tenía un talante hipercrítico. Y esto terminaría incluso por llevarle a la cárcel, tras poner un poema de denuncia de la política del Conde duque de Olivares (al que odiaba concentrada y apasionadamente) debajo de la servilleta del rey.

Genio indiscutible de la literatura, su personalidad resulta bastante antipática, por lo que pensaba y por cómo lo decía. Aunque fuera con mucho ingenio, no le importaba herir, y de hecho, hería. Y a eso dedicó esa parte prolífica de su poesía que es la satírico burlesca, de la que hablaré otro día y pondré alguna muestra. Y también de su poesía filosófica o metafísica, donde expresa como nadie la angustia por el paso del tiempo, que hace que el vivir sea en realidad morir porque vivir no es más que acercarse a la muerte minuto a minuto.

Pero ahora me gustaría centrarme en su otra gran contradicción: la de "misógino enamorado". Por que sí, Quevedo fue un convencido y activo misógino (tiene poemas y textos en prosa durísimos contra las féminas: odiaba a las mujeres infieles, a las que utilizan ungüentos y ardides para aparentar una belleza que en realidad no tienen -en general, Quevedo se muestra especialmente obsesionado y cruel con todo lo que sea "falsedad" y apariencia-, a las feas, a las viejas, sobre todo a las que intentan parecer jóvenes, a las infieles, a las que sólo corresponden al amor por dinero -"madre, yo al oro me humillo, él es mi amante y mi amado...", dirá en su conocidísima letrilla "Poderoso caballero es Don Dinero"-, etc., etc., etc.) y en su biografía no hay ni un atisbo de algo que pueda parecerse a una historia de amor. Y sin embargo, es autor de algunos de los poemas amorosos más bellos en lengua castellana.

Hay quien dice que esos poemas, que son muchos, no son más que un ejercicio retórico, uno de sus alardes de manejo y retorcimiento del lenguaje poético, para el que el sentimiento amoroso no es más que un pretexto convencional como cualquier otro. Pero otros se resisten a creer que tanta belleza expresiva pueda surgir sin un fondo de autenticidad. Es decir, ¿es posible expresar tanto y tan bien el sentimiento amoroso si no se conoce el amor? Por eso hay quien dice que, en realidad, su odio a las mujeres es un mecanismo de defensa frente al rechazo, o el temor al rechazo, porque Quevedo era muy poco agraciado físicamente (era tremendamente miope, jorobado, bajito, desgarbado) y, además, de un carácter irascible, con tendencia al mal genio, y todo eso lo hacía ser un candidato poco idóneo para el éxito amoroso.

Así que hay críticos y biógrafos que insisten en que sí, en que Quevedo tenía que conocer ese amor puro, precioso, idealizado e imposible. Seguramente, mejor que nadie. Porque para él, real y dolorosamente, el amor era de verdad imposible. Para él, el amor sería inevitablemente siempre soñado y nunca vivido. El amor platónico, pura convención en otros poetas, sería en su caso amarga y forzosa realidad. Y precisamente la intensidad del sentimiento haría más insoportable el probable rechazo, y más necesaria la defensa. Y él eligió las púas. El rechazar antes de que me rechacen. El atacar antes de tener que defenderme. Y los que más se protegen son siempre los más frágiles.

Por eso me produce cierta ternura esa imagen del Quevedo condenado a la peor de las soledades, que debajo de sus filos malhumorados guardaba los sentimientos más puros, intensos y auténticos, que se le escapaban en forma de poemas amorosos que, por suerte, podia justificar como acordes a las convenciones de la época, que exigían a cualquiera que quisiera llamarse poeta el escribir versos de amor intenso y espiritual hacia una dama esquiva y desdeñosa.

Hay quien apunta de forma más atrevida a que detrás de los nombres fingidos que, como en los de todos los poetas del Barroco, aparecen en los poemas de Quevedo (Filis, Floralba, Aminta, pero sobre todo Lisi, a la que dedica todo un cancionero), se oculta alguna dama concreta y real, que tal vez lo rechazó o que tal vez jamás llegó a saber del sentimiento apasionado que despertaba en el corazón que latía tras la pluma más afilada, temida y aplaudida de su época. Otros creen que Quevedo era en realidad una especie de "enamorado del amor", que escribe poemas a una mujer ideal, abstracta, inexistente e imposible, pero no por ello menos amada, deseada o necesitada.

Los poetas cultos del XVII cantaban obligatoriamente, por convención, a una dama que jamás correspondía, y ese sentimiento era inevitable (por la belleza de la amada, de la que era imposible no enamorarse), consecuentemente contradictorio (mezcla amor y rechazo, deseo y pureza, ansia de felicidad y sufrimiento profundo, es inevitable e irrealizable, se siente para siempre y nunca se realiza) necesariamente espiritual (el rechazo impedía la realización física, y el enamorado, atrapado en ese sentimiento imposible, renunciaba a ella) y vinculado siempre al sufrimiento y al dolor, cuya expresión metafórica más frecuente era la muerte (algo así como el "vivir así es morir de amor" que dirá tres siglos después Camilo Sesto). Y esta convención se hizo dolorosamente real en la historia de Quevedo, y quizás por ello él escribió los poemas en que este sentimiento rebuscado y arfificial late más profundo y auténtico.

Así, escribió algunos poemas donde intenta definir o describir el amor (casi nada), aprovechando esa naturaleza contradictoria para hacer ingeniosos juegos conceptuales, que eran su fuerte y en los que no tuvo rival ni en su época ni en los siglos sucesivos. Y dudo que llegue a tenerlo jamás:

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, éste es tu abismo.
¡Mirad cual amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!


A pesar de que él habla siempre de un amor platónico, puramente espiritual e imposible, que no depende en absoluto de su posibilidad de correspondencia carnal (que sí, señores, haberlo haylo, aunque sea una rarísima avis, y más en los tiempos que corren, digan lo que digan los escépticos devotos del ¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), el soñar con la realización física brota en algún que otro poema (nada humano le es ajeno), y ese sueño se convierte en una forma más de expresar el sufrimiento por amor y en excusa para "galantear" a esa dama que seguramente no existe. Aclaro por si acaso que "gozar" en la época tenía un sentido claramente sexual; de hecho, era la forma más eufemística y elegante de decirlo, y que este poema resulta bastante insólito en una época en la que jamás se hacían referencias al sexo en los poemas. E insisto en que Quevedo, recogiendo toooodas las convenciones y tradiciones de la poesía de los siglos anteriores, fue un gran innovador, mucho más atrevido que el resto de los poetas coetáneos, a lo que sin duda contribuía su carácter agrio, desdeñoso e hipercrítico, que le hacía estar seguro de que era su propio criterio, y no el de nadie, el correcto:

¡Ay Floralba! Soñé que te ... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.

Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte».

Mas desperté del dulce desconcierto;

y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto.


Pero es que además, Quevedo va a encontrar en este amor imposible y espiritual a la fuerza, un bálsamo salvador, una balsa a la que aferrarse en el naufragio que era para él la existencia. Él sentía dolorosa, auténtica y profundamente lo que podemos denominar "angustia vital", que será el centro de su poesía filosófica o metafísica: concibe la vida como un viaje irreversible e imparable hacia la muerte, y siente angustiosamente el paso del tiempo como los pasos involuntarios que nos llevan de forma irrefrenable hacia ella. Vivir es morir, y el tiempo, consustancial a la vida, es destructor: nuestra vida es tiempo, pero es ese tiempo (y por tanto, nuestra vida) lo que nos deshace.


Pues bien: el amor espiritual y constante a pesar de no ser correspondido, que sobrevive por tanto al tiempo, sobrevivirá también a la muerte. Si el amor es auténtico y no depende de las contingencias de la carne, no pertenece al cuerpo mortal sino al alma inmortal (Quevedo era católico y creía -o, al menos, quería creer- en la inmortalidad del alma) y, como ella, seguirá cuando el cuerpo ya no viva. Somos polvo, y en polvo nos convertiremos, pero Quevedo dirá que el que ama será "polvo enamorado", siendo ese amor lo que da sentido y trascendencia a la propia existencia más allá de la muerte. Y así lo expresó en su poema amoroso más conocido y valorado por los críticos:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esa otra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.


Insisto en que Quevedo no pretendía llegar a todos los lectores; es más, como todos los escritores del Barroco, buscaba un lector selecto que estuviera a su altura. Cuantos más difícil de entender era un poema, más ingenio había sido necesario para crearlo y, por tanto, más altura intelectual demostraba su autor. Y el "ingenio" (palabra que se empleaba en la época para designar ese nivel intelectual) de Quevedo radica en sus asociaciones asombrosas de ideas y en la condensación expresiva: cada palabra se elige cuidadosamente y se emplea con toda una constelación de significados y asociaciones de ideas.


Así, por ejemplo, Quevedo le dirá a su soñada amada "los médicos con que miras...", como un piropo a sus ojos. Y ojo a todo lo que está diciendo con esas cinco palabritas de nada: los ojos de la amada son médicos, porque los médicos para Quevedo eran "matasanos" que en vez de curar matan, y ella mata con sus ojos porque son tan bellos que enamoran, pero como es desdeñosa el que la ama sufre, es decir, muere de amor...


Y esto es solo un ejemplo, porque en Quevedo cada verso es más o menos así. Y si ya para sus lectores contemporáneos era un autor difícil, que había que leer (y a veces hasta releer) despacito y con cuidado para poder comprenderlo, para el lector contemporáneo, acostumbrado a la inmediatez, al flash, al mensaje casi intuitivo que a veces no es necesario ni racionalizar, puede ser estéticamente tan extraño como un poeta extranjero cuya lengua no se domina demasiado.

Y es que para leer la mayoría de los poemas de Quevedo hay que hacer, sin duda, un esfuerzo y emplear un extra de atención. A mí, personalmente, me parece que el esfuerzo merece la pena, y conmigo logra lo que pretendían todos los poetas de su tiempo: provocar aunténtica y sincera admiración y asombro por lo que es capaz hacer con palabras en manos de otros tan lisas y llanas, pero que él sabe colocar en el sitio justo y la combinación exacta para que se llenen de significados, sentidos, matices, relaciones, ecos, brillos y resonancias. Porque Quevedo es, sin duda, y al margen de la antipatía o simpatía que pueda despertar su figura (qué difícil es a veces saber valorar el arte sin juzgar al artista) de los pocos genios que en el mundo han sido. Pero genio de verdad.

Y dejo dos poemas amorosos más, menos conocidos pero que también me gustan mucho.

Uno, toda una reivindicación del superviviente sentimental, con la que me he identificado mucho en muchos momentos de mi vida:

Tras siempre arder, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme,
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;

después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme;

en tantos laberintos, no perderme,
ni haber, tras tanto olvido, recordado,
)qué fin alegre puede prometerme?

Antes muerto estaré que escarmentado:
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.


El otro es uno de esos poemas que surgen de algo trivial y que los poetas del Barroco solían utilizar como excusa para crear un texto en el que se hagan curiosas y sorprendentes asociaciones de ideas, u originalísimos juegos de palabras, y así sorprender o "admirar" al lector -o al auditorio, porque muchos de estos poemas se recitaban en la corte y formaban parte del entretenimiento y la vida social-, y lucir el propio "ingenio". Así, Quevedo tiene poemas en los que piropea a su dama a raíz de que se pinchó en un dedo, o se soltó el pelo o le contó que tenía frío (aunque también tiene poemas burlescos y satíricos en la misma línea, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión), y por algo así surgió también el famosísimo "Un soneto me manda hacer Violante" de su coetáneo Lope de Vega.

En este, Quevedo ensalza la belleza de su dama por la imposibilidad de retratarla, concluyendo que sólo un espejo podría hacerle un retrato digno:

Si quien ha de pintaros ha de veros,
y no es posible sin cegar miraros,
¿quién será poderoso a retrataros,
sin ofender su vista y ofenderos?

En nieve y rosas quise floreceros;
mas fuera honrar las rosa y agraviaros;
dos luceros por ojos quise daros;
mas ¿cuándo lo soñaron los luceros?

Conocí el imposible en el bosquejo;
mas vuestro espejo a vuestra lumbre propia
aseguró el acierto en su reflejo.

Podraos él retratar sin luz impropia,
siendo vos de vos propia, en el espejo,
original, pintor, pincel y copia.


Precioso piropo con la misma idea que utilizaron también en una canción, pero de la forma mucho más simple, llana y directa que exigen nuestros tiempos, Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán (¿Puede haber un nombre menos comercial y currado para un grupo musical que éste?) en la canción Sólo pienso en ti, que versionarían luego, entre otros, Amistades Peligrosas o Miguel Bosé, que es la versión que a mí más me gusta y la que os dejo, hala:


jueves, 4 de septiembre de 2008

Todos se van




Aunque no puedas mirar hacia el sol,
sabes que sigue brillando por ti.

Piensa en las cosas que te hacen sentir
cada segundo vivir o escapar.
Este momento y la gente al pasar,
sientes por dentro que todos se van,
sientes muy dentro que todos se van...
Sientes tu alma queriendo escapar...

martes, 2 de septiembre de 2008

Sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido



“¿Qué es el insomnio?

La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.

Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa”.

Jorge Luis Borges, de “Dos formas de insomnio”.


Tengo la suerte de ser una auténtica marmota. Por lo general, me duermo apenas un minuto después de haber puesto la cabeza sobre la almohada, y hacerlo es para mí una inmersión total en un abismo profundo del que no me resulta fácil salir, y en el que suelo sentirme muy a gusto (salvo sueños extraños o incómodos, claro está). No me despierto con casi nada, aunque con los años esto se vaya atenuando un poquito (pero muy poquito).

Por ejemplo, cuando tenía yo unos 10 años, compartía habitación con mi hermano menor. Pues bien, el pobriño se puso malísimo una noche con una fiebre que no bajaba. Mi madre, histérica, decidió llevarlo al hospital en plena madrugada. Por supuesto, no tuvo reparos en gritarle a mi padre –seguramente tan reacio a médicos y hospitales como ahora- , encender la luz, y abrir y cerrar puertas con sonoridad, porque , como me pasa a mí, el sigilo no está precisamente entre sus virtudes. Yo no me enteré de nada hasta la mañana siguiente, en que vi la cama de mi hermano vacía.
Mi madre se las veía y se las deseaba para despertarme por las mañanas para ir al cole, porque ahí, además, a mi natural buen dormir se unía mi también natural repelús a ir al colegio a primera hora de la mañana. Incluso ahora el pobre Dei, con el insomnio de su hipertiroidismo a rastras, se desespera porque sólo me entero de sus desvelos cuando él y la claridad logran despertarme, bien entrada la mañana.

Si no pongo el despertador puedo dormir tranquilamente 12 ó 13 horas seguidas (en mi época de juergas nocturnas, incluso más), y dormir (también soñar) me encanta. Me gusta remolonear, y apurar las mañanas en que no tengo que levantarme, en la cama, entreabriendo los ojos sólo para comprobar que puedo volver a cerrarlos otro buen rato, que paladeo concentradamente en esa envolvente semiconsciencia del que no ha despertado del todo.

La parte negativa de todo esto es que necesito dormir bastantes horas para estar bien, y acuso profundamente la falta de sueño: me pongo de mal humor, me escuecen los ojos todo el día, no tengo ganas de nada, me cuesta concentrarme en todo e incluso ser persona se convierte en una ardua tarea.

Es raro que yo no pueda dormir. Generalmente, me cuesta dormir cuando tengo que acostarme pronto si ese día me he levantado tarde, pero no deja de ser algo anecdótico y pasajero que se supera al segundo día, que es lo que yo tardo en “cambiar el sueño”. Sin embargo, en una ocasión, a causa de un tratamiento con cortisona para una alergia, conocí la terrible realidad del insomnio: la mente bulle en la oscuridad, los pensamientos van y vienen durante horas, las preocupaciones se agrandan, los proyectos se complican, los problemas se vuelven irresolubles, los miedos revolotean, una se empequeñece, y el día siguiente aterra. Conozco la angustia por querer dormir y no poder, el nervio por volver a agitarte justo cuando parecía que ya te estabas quedando dormida, el pánico a mirar el reloj, el no poder evitar verlo, el pensar cómo estaré mañana, la obsesión tengo que dormir, tengo que dormir, tengo que dormir. El paroxismo de desesperación llega cuando acudo a los tópicos consejos de siempre: el contar ovejitas, el contar hacia atrás desde cien imaginando una pantalla dividida en cuatro partes, el intentar visualizar lugares relajantes, el hacer listas de cosas..... para comprobar que no, que no funcionan (y pensar que hay científicos que han hecho estudios para llegar a esta conclusión... con preguntar a cualquier insomne, lo tenían solucionado). Y la dulce insconscienca del dormir se convierte en un bálsamo suave, deseado, añorado y de repente inalcanzable, que llega justo un ratito minúsculo antes de la hora en que tengo que levantarme . Y he llegado a sentir rabia y ganas de llorar, y he sabido lo que es que la situación se repita una noche, y otra, y otra, haciendo terrorífica la hora de dormir, por el temor a que llegue y no poder. Hasta que por fin, una noche, el sueño llega otra vez sin ser llamado, y vuelvo a ser la de siempre.

El del insomnio es un problema que puede parecer trivial, pero que no lo es en absoluto: quien lo probó lo sabe, y la riquísima literatura (tradicional y digital, a juzgar por los resultados que ofrece google: hay páginas espécíficas e incluso blogs dedicados al tema) da fe de ello. El cuerpo quiere dormir, pero la mente no se apaga. A veces, dicen, por las preocupaciones; a veces, sin ellas. No sé si en el reino animal habrá casos de insomnio, pero no sé por qué, intuyo que debe ser uno de esos males asociados al supuesto privilegio de la racionalidad humana que nos obliga a ser artificiales. A ir contra natura. A dejar que la psique vaya por derroteros que el soma por sí mismo jamás recorrería. Porque poco más contra natura hay que querer dormir, o querer descansar, o querer comer, y no poder por razones escondidas y siempre absurdas.

Y es que esto de ser algo más que pura biología no siempre es bueno, y no para todo.

Ayer tuve una de esas terribles noches de insomnio, y hoy he arrastrado todo el dìa las secuelas. Y dentro de un ratito me meteré en la cama, y sólo espero que el sueño venga sin tener ni que llamarlo ni esperarlo demasiado. Porque además, mañana es mi día de vuelta al curro, y de conducir hasta el trabajo, y no quiero empezar este curso cargada con el peso del sueño y el miedo a no dormir, que de miedos estoy ya sobrada.



En memoria de Morfeo
tengo a media hasta el párpado
es la hora de la siesta
veo un tronco y una sierra
y un rebaño de ovejitas
y un montón de zetas

La coca cola sin cafeína
el nescafé descafeinado
y la cama ya me espera
horizontal o vertical
yo prefiero Horizontal
y a dormir a pierna suelta

Colecciono moscas moscas tse-tse
bebo cloroformo y meriendo valium diez

Camino de la cama es el mejor camino
sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido

Cuatro esquinitas tiene mi cama
cuatro angelitos me la guardan
y ya estoy en el nirvana
no hay nada como mi almohada
yo la abrazo y la consulto
me aconseja y me ama
vaso de agua y palmatoria
y galletitas por si hay hambre
en el lecho conyugal
y con esto y un bizcocho
hasta mañana si Dios quiere
y si no quiere me da igual

Oye tronco cómo ronco: volumen brutal
por mucho que me muevas no me pienso despertar

Camino de la cama es el mejor camino
sólo estar durmiendo es mejor que estar dormido

Qué buenos, los Siniestro.


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Mi rosa robada de hoy: haber montado, contra todo pronóstico y esperanza, la estantería de Ikea yo solita -bueno, acompañada sólo del calor y de mis problemas de orientación espacial, que hacen que las instrucciones y sus croquis tengan que ser descifrados por mí como jeroglíficos egipcios antes de la Piedra Rosetta-, haberla puesto en su sitio y haber comprobado feliz que no se cae, ni tiene ninguna pieza en la posición incorrecta, ni se ha roto nada.

Ahora solo queda que pase la prueba de ponerle libros. A ver si esta puede ser mi rosa del sábado, que es cuando Dei quiere que nos dediquemos a reorganizarlos.

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