viernes, 31 de octubre de 2008

Mal tiempo



Se llaman Miranda!, son argentinos, su nombre es un homenaje a un actor también argentino (de películas supongo que no demasiado exportables), definen su música como "electro pop melodramático", han cantado con Pimpinela, han versionado canciones de telenovelas y parece ser que acaban de separarse.

Yo los conocí por una canción junto a Julieta Venegas en su disco Unplugged, Perfecta, que tiene un vídeo de lo más extraño. Y a mí siempre me han gustado este tipo de canciones, que suenan a "pop desenfadado", "pop naif" o "tontipop" (tal vez en parte porque mi gusto tendrá siempre siempre debilidad por lo ochentero, incluso con sus peores excesos, qué se le va a hacer, son cosas de la edad), aunque no sé si son términos adecuados en este caso... Yo los uso intuitivamente y seguramente de forma equivocada, con la única pretensión de que quien me lea me entienda más o menos o se haga una idea de a qué me refiero. Es que no se me dan nada bien las etiquetas.

El caso es que me ponen de buen humor, y eso es lo que necesitamos en este frío y lluvioso fin de semana con que recibiremos Noviembre, larguísimo mes que es el preferido de Dei, y desde su primer día, que es día de Difuntos, flores y cementerio para unos, que es noche de fiesta, copas y disfraces para otros, y que este año nos deja compuestos, sin puente y al borde de la recesión económica, quiero ponerle buena cara. Mi mejor cara.


Feliz, feliz fin de semana

martes, 28 de octubre de 2008

El cielo, la tierra y la cruz.


El hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece, espera y trabaja para gentes que nunca conocerá y que a su vez padecerán, esperarán y trabajarán para otros, que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo"

Alejo Carpentier: El reino de este mundo.


El socialismo no es solo una doctrina obrera, sino que representa el ateísmo en su forma contemporánea: es la cuestión de la torre de Babel, que se construyó de espaldas a Dios, no por alcanzar el cielo desde la tierra, sino por bajar a la tierra el cielo.

Fedor Dostoiewski: Los hermanos Karamazov



The Cross - LoveSexy Tour Dortmund 1988


Día negro, noche de tormenta
sin amor
sin esperanza a la vista.
No lloréis, está llegando
no muráis sin conocer
la cruz.
Ghetos a nuestra izquierda,
flores a la derecha.
Habrá pan para todos nosotros
sólo con que llevemos la cruz.
Una dulce canción de salvación
canta una madre embarazada
vive en la inanición
y sus hijos necesitan todo lo que ella pueda traer.
Todos tenemos nuestros problemas
algunos grandes,otros son pequeños,
pronto todos nuestros problemas
se los llevará la cruz.
La cruz.

(por Prince, a su pesar...)

La cruz. Su cruz.
La esperanza que justificaba todo el sufrimiento
y toda la miseria
y toda la injusticia
y todo el dolor.

La esperanza de lo que vendrá,
La esperanza de lo que llegará.
La esperanza de lo que nos prometían
La esperanza de un cielo que hiciera
que todo lo malo en la tierra tuviera sentido;
la esperanza de que habría algo mejor al final del camino
que haría que el sufrimiento, y la miseria, y la injusticia, y el dolor,
y el propio camino
hubieran valido la pena.

La esperanza. La cruz.
Como la zanahoria delante del burro
que nos mantenía caminando por donde ellos querían,
sin rebelarnos,
cargando con la cruz y hacia la cruz,
siempre hacia la cruz,
que nos salvaría y haría, por fin, justicia.

Pero eran mentira,
la esperanza, la promesa, el cielo, la cruz,
y a lo largo del camino se nos fue cayendo la venda
con que nos taparon los ojos
y vimos al fin que la cruz era falsa,
y la esperanza y la promesa y el cielo, una estafa
y que al final del camino solo había -y habrá-
vacío, final, la nada.

El camino no lleva a ninguna parte
y el sufrimiento, la miseria, la injusticia, el dolor,
la cruz,
no sirven para nada.

El camino es lo único que existe,
el camino debe ser la única esperanza,
el camino es la promesa oculta,
el camino es el tesoro escondido.
No hay cielo más allá de la tierra
así que no hay que llevar ninguna cruz para que tenga sentido.

Hubo un momento en que el hombre pareció creer
por fin
que había llegado la hora de reivindicar y conquistar
para siempre
el camino
la alegría, el placer, la solidaridad, la libertad, la justicia
ahora ,
ya,
y de rebelarse, maldecir y exterminar de la tierra
el sufrimiento, la miseria, la injusticia, el dolor,
la promesa,
la esperanza engañosa,
el cielo,
la estafa
y su cruz.

Pero algo -no sé el qué- salió mal.
Porque abandonamos la esperanza, las promesas, el cielo,
y aquí siguen, en la tierra,
como siempre,
el sufrimiento, la miseria, la injusticia, el dolor.
La cruz.
Sin esperanza, sin promesas, sin cielo.
Sólo la cruz.

jueves, 23 de octubre de 2008

"Es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre"



Dali: Persistencia de la memoria




No tengo tiempo para nada. Salgo de casa sobre las siete de la mañana, corriendo en coche hacia la parada del bus, y ya no dejo de correr: en el instituto de arriba a abajo, de vuelta a casa, a correos, a las tiendas, a los encargos, a la escuela de idiomas, a la pelu, a casa. El día se me queda en nada y siempre me quedan cosas por hacer. La más importante de todas: perder el tiempo.

Echo de menos poder perder el tiempo, pasmada delante de la tele, ojeando revistas tontas, perdida por páginas de internet o dejando que se me ocurra alguna tontería para el blog. Me acuesto y me levanto cansada. Los fines de semana y sus dulces horas libres se me quedan en nada. El tiempo vuela, vuela, el muy cabrón, y es veloz no sólo para irme haciendo mayor y acercarme a la muerte, como hacía con Quevedo hasta volverle enfermo de obsesión, sino también para que no me quepa nada en él. Así que como no tengo tiempo, y uno siempre termina "cantando" a lo que no tiene (¿será por eso que ahora yo ya apenas escribo sobre el amor? :-P), quería poner un post sobre el tiempo, pero como no he tenido tiempo ni para pensar, no he pensado nada.

Y para qué decir con palabras torpes lo que otros dijeron mejor. Porque sobre el tiempo han pensado, hablado y cantado muchos, grandes -casi todos los grandes, diría yo- y pequeños.

Ya en el siglo XV, Jorge Manrique, en un poema surgido del dolor por la agonía del padre que le hacía evidente de un mazazo que la vida iba en serio y que envejecer, morir es el único argumento de la obra (grande, Biedma) dijo algo y lo dijo tan bien, que su eco fue resonando inevitablemente en casi todos los que en siglos posteriores sintieron algo sobre ello y necesitaron expresarlo en castellano. Hasta hoy, creo que no se ha sabido decir mejor:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

El tiempo pasa callado, mientras nosotros vivimos ajenos a él, y nos trae una muerte sigilosa que vivimos procurando olvidar; el tiempo nos engaña, creando nostalgias, a veces injustas, del pasado; el presente no existe porque es un contintuo desaparecer y esto hace que el futuro tenga el mismo valor que el pasado. Porque el futuro, por grande y luminoso y prometedor que nos parezca, pasará igual que lo que ya pasó, así que podemos darlo por perdido.

En el siglo siguiente, Garcilaso de la Vega, con toda la serenidad, el optimismo casi ingenuo y la fe en la belleza que tenía el hombre renacentista, animará a una joven bellísima a coger de su "alegre primavera el dulce fruto antes de que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre", porque "marchitará la rosa el viento helado, todo lo mudará la edad ligera por no hacer mudanza en su costumbre", revistiendo con palabras castellanas la idea heredada de clásicos como Horacio, que la había escrito en latín, y antes Ausonio en griego (sí, el pobre, lo que han hecho las compresas con su nombre y con él no tiene perdón, que era poeta), y nos legaron así el carpe diem optimista, vitalista y esperanzado como forma de afrontar el tiempo y su paso: todo pasa, y precisamente porque pasa, tenemos que aprovecharlo, agarrarlo, saborearlo, disfrutarlo. Para ellos es el tiempo el que da al mundo su valor y el acicate principal para el disfrute. Lo efímero es precioso y valioso precisamente porque desaparecerá, pero ahora tenemos la dicha y el privilegio de tenerlo.

Pero será en el Barroco cuando poetas como Góngora pero sobre todo Quevedo llenarán de angustia el hablar del tiempo, implacable destructor, y convertirán los poemas en diatriba angustiada y en queja desesperada. Para Quevedo, las horas serán azadas que están cavando su tumba en vida golpe a golpe, cobrando como salario su despesperación, y la vida no es un camino, sino una caída, un despeñarse por un precipicio, vertiginoso e imparable, hasta la muerte. El tiempo convierte el vivir en morir. Inmensa y tremenda paradoja que para él no era ningún retorcimiento de ingenio filosófico, sino una profunda y dolorosa verdad esencial que le angustiaba realmente:

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento
que, a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento
.

El tiempo se lo lleva todo, todo; nada, ni lo más sólido ni lo más fuerte, puede resistirsele. Y a nosotros nos lleva hacia la muerte desde el mismo instante en que nacemos. Cada pequeño instante es un gran paso hacia ella:

Todo tras sí lo lleva el año breve
de la vida mortal, burlando el brío
al acero valiente, al mármol frío,
que contra el Tiempo su dureza atreve.

Antes que sepa andar el pie, se mueve
camino de la muerte, donde envío
mi vida oscura: pobre y turbio río
que negro mar con altas ondas bebe.

Todo corto momento es paso largo
que doy, a mi pesar, en tal jornada,
pues, parado y durmiendo, siempre aguijo
(...)
Quevedo ve la vida como granos de tiempo que, como los de arena, se nos escurren de las manos, aunque los queramos atrapar, y ve el desear el futuro, consustancial al vivir humano, como otra amarga paradoja de nuestra miserable condición, porque la llegada del futuro nos lleva a la muerte, y así, cada instante es una ejecución:

Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!
(...)
Oh, condición mortal! ¡Oh, dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
sin la pensión de procurar mi muerte!

Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

Verá en la inconsistencia del tiempo (el pasado no existe, el futuro tampoco, y tampoco existe el presente , pues en cuanto lo nombras ya es pasado) la causa de la inconsistencia de nuestra propia vida, que es tiempo, y de nosotros mismos, que no somos lo que ya fuimos, ni somos lo que seremos, y lo que somos ahora está dejando de ser continuamente (en el siglo XX muchos recogerán esta idea del tiempo como destructor hasta de la propia identidad, y muchos creerán que es lo más de la modernidad, cuando en realidad cuesta tanto inventar algo realmente nuevo...)

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.



(Mis alumnos, cuando les explico estas cosas, siempre me dicen que Quevedo es un cenizo, y que para vivir pensando todo esto, mejor suicidarse... Yo les recuerdo entonces que Quevedo tenía razón, que vivió sintiendo con terror cómo el vivir le llevaba a la muerte, y que efectivamente, su terror se cumplió, porque se murió. Pero es que como muy bien dijo Manuel Vicent, a los jóvenes es muy difícil hacerles comprender esto, porque se sienten inmortales, y, además, para ellos el tiempo es aún aliado, y su paso, bueno, e incluso deseado, porque implica ir creciendo, conquistando experiencias y abriendo puertas. La vejez y la muerte están entonces tan tan tan lejos...).

Un siglo y algo después, en el paso doloroso del optimismo y la confianza ciega en la razón de los ilustrados hacia el abismo sentimental de los románticos y su desesperación, Goya expresó la misma angustia con otros materiales, y creó un impactante, elocuente e insuperable retrato del tiempo destructor, a través de su representante mitológico, Saturno, que, como él, devora a sus propios hijos.



Nietzsche y Unamuno (y luego García Márquez, en sus Cien años de soledad) concibieron el tiempo no como una sucesión lineal, sino como un recorrido circular, y crearon (o recrearon, no estoy segura) el mito del eterno retorno: la humanidad cree avanzar, pero la sucesión de acontecimientos es siempre la misma, aunque con distintos protagonistas (Unamuno utilizaba para ello la imagen de las nubes, que siempre vuelven aunque nunca sean las mismas). Y la historia no hace más que confirmarlo. Así, por ejemplo, todos los grandes imperios tienen su período de formación, expansión, apogeo y decadencia, con causas y cosas que, salvando las inevitables contingencias, encierran una forma esencial de suceder. Como casi todo. También lo corrobora el arte, en que, como dijimos, apenas se dice algo que no se haya dicho ya, y se oscila constantemente del clasicismo y la sobriedad a la obsesión por la innovación y el recargamiento. Y la filosofía, la política, la economía, o la ciencia incluso, se mueven por oscilaciones cíclicas semejantes. La linealidad, el avance, es, desde esta perspectiva, una ficción, y los seres humanos, miserables otra vez, somos como ratas en una rueda, creyendo caminar al mover los pies cuando en realidad recorremos el mismo camino, con los mismos errores y los mismos tropiezos, que otros recorrieron antes y otros recorrerán después. Todo sucede siempre igual, y esto permitirá a Valle afirmar que "quien sabe del pasado, sabe del porvenir". Conozcamos pues, historia, otras historias y otras vidas, para conocer la nuestra. Y que vivan las letras, la Literatura, la Historia, la Filosofía.

Ya en el siglo XX, serán los latinoamericanos los que logren dar acentos nuevos (e incluso sorprendentes) al viejo problema del tiempo del que tanto se había hablado ya, a estas alguras, en castellano.

Así, Borges concibe el tiempo como un jardín de senderos que se bifurcan. Como un laberinto de senderos en el que cada uno de ellos, eternamente, se bifurca en otro. Para él, en cada instante existen varias posibilidades, varios "porvenires posibles", de los cuales sólo uno se realizará. Pero en cada instante están todos esas posibilidades (la que fue y las que podían haber sido... ¿quién no lo ha pensado alguna vez? ¿dónde van los besos que no damos y las palabras que no decimos?¿hacia dóndellevaban los pasos que no damos y las puertas que no abrimos?), y cada uno abría a su vez varias posibilidades, creando una maraña de tiempos paralelos (los potenciales y los realizados) que tuvieron la misma existencia en aquel instante primigenio que los implicaba potencialmente. Para Borges, son todos igualmente importantes a efectos de conocer la Verdad, que reside en la totalidad del Universo (cuyo reflejo es el Aleph), y no los fragmentos que la realidad nos ofrece o que el hombre, miserable otra vez, no tiene más remedio que limitarse a percibir, precisamente porque forma parte de la totalidad (y un espejo no puede reflejarse a sí mismo). Y la totalidad del Universo (que sería la gran Verdad a conocer, aunque para el hombre sea imposible) es espacial y temporal.

Él expresó esta concepción a través de un relato, El jardín de los senderos que se bifurcan, donde habla precísamente de una novela que es metáfora del tiempo:

"Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros."

"Me detuve, como es natural, en la frase: 'Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan'. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase 'varios porvenires (no a todos)' me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La lectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casa inextricable Ts'ui Pên, opta--simultáneamente--por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De, ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts'ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen: por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo."
(...)

El jardín de senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebia Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma."


Vivimos, pues, una existencia laberíntica a causa de ese carácter laberíntico del tiempo, y esto hace imposible conocer el verdadero significado y valor incluso de nuestros propios actos, porque no tenemos perspectiva. El que en un momento dado es un traidor puede ser, considerado con más perspectiva temporal, un héroe (el propio Borges trata este tema en su relato Tema del traidor y el héroe)y, sin ir más lejos, sin Judas, el traidor por antonomasia, Jesucristo nunca hubiera podido ser redentor, así que ¿quién es la verdadera víctima de esa historia? . La sabiduría popular dice también que "el tiempo pone a cada uno en su sitio", y termina dando y quitado la razón, y ejemplos hay en la historia. Pero la perspectiva total no la tendremos jamás, y la verdad total, por tanto, tampoco. El tiempo, siempre, reduciéndonos a lo único perdurable: nuestra condición pequeña y miserable, por no hacer mudanza en su costumbre...

Una idea similar la recoge de forma menos intelectual, más intuitiva, pero bastante expresiva, Isabel Allende en La casa de los espiritus:

La memoria es frágil y el transcurso de una vida es muy breve y sucede todo tan deprisa, que no alcanzamos a ver la relación entre los acontecimientos, no podemos medir las consecuencias de los actos, creemos en la ficción del tiempo, en el presente, el pasdo y el futuro, pero puede ser también que todo ocurre simultáneamente.

Como no tengo tiempo (ni espacio, a estas alturas ya) no puedo hablar de existecialistas, ni de modernos y posmodernos, que llegaron a ver en él incluso un elemento que disolvía la identidad, así que sin moverme de Hispanoamérica, me quedo en la Argentina de hace unas décadas, cuando Julio Cortázar supo ver y expresar la brecha entre el tiempo del reloj y nuestro tiempo íntimo, dejando constancia artística y literaria de algo parecio a la relatividad planteada por Einstein: la irresoluble cuestión de cuál es el tiempo real ¿el "objetivo o el subjetivo? ¿ El del mundo o el de la conciencia? ¿El del reloj o el de la mente?. Y lo hizo en forma de instrucciones recientemente popularizadas por la principal creadora de realidades de nuestro tiempo: la publicidad.


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.



Cada uno tenemos nuestra peculiar relación con el tiempo, sea de aceptación serena, de pacto, de lucha, de miedo, de angustia, de rabia, de amor, de odio, de amor-odio, de respeto o de terror. Pero muchas veces, la inquietud, o la obsesión con el tiempo lleva a la genialidad. Y a veces, la genialidad lleva a la autodestrucción.

Quizás el mayor conflicto del hombre, por detrás del que guarda consigo mismo, sea con el tiempo. O quizás en realidad el conflicto consigo mismo no sea más que un conflicto con el tiempo, con el propio tiempo, con el que uno fue, con el que uno pudo ser, con el que uno quiere ser, y con el que nunca será. Porque como dijo Quevedo, "soy un fue, y un será, y un es cansado" . Y eso es el germen de lo terrible y lo miserable, pero también de lo grande y lo genial que hay en la condición humana, que es, inexorable y esencialmente, tiempo.


“El hombre de un momento pretérito (...) ha vivido, pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del momento presente vive, pero no ha vivido ni vivirá” (...)
“El hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana.(...)"

"Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espan­toso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El 'mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciada­mente, soy Borges."


Jorge Luis Borges: "Nueva refutación del tiempo"







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domingo, 19 de octubre de 2008

Habitantes del abismo


En algún momento de la noche, cuando luchaba por seguir respirando a través del dolor lacerante, cuando pensaba en términos de sobrevivir una hora más, y luego un solo minuto más,... 'puedo hacerlo, puedo pasar una hora más, un minuto más, luego será de día (...) a esas alturas ya conocía el abismo.

Todavía no le había puesto nombre, pero ya conocía el espantoso hueco bajo los pies, el vacío son fin, y su olor me era familiar. Se parecía al aire frío y húmedo que asciende de un pozo negro. Olía a aliento de mi propio pozo y lo reconocía en los demás.

Los caminantes del abismo constituimos una fraternidad. Para nosotros divide el mundo. Separa a los que caminan sobre frágiles puentes de cuerda de los que no lo hacen. Nos conocemos. No creo que sea algo consciente la mayoría de las veces. De otro modo huiríamos los unos de los otros como se huye de los monstruos. Es un instinto animal. Sólo nos encontramos en el ancestral y salvaje estado en que se eriza el vello de la nuca. En los ojos reconocemos que nuestros alientos gemelos se han tocado y mezclado. En raras ocasiones, algunos de los otros, los que no pertenecen al abismo, también nos reconocen. Es posible que hasta tú conozcas la sensación, quizá sepas de alguien a quien la impresión de ser otro se le adhiera como miasma. Se siente en la piel, aunque no se pueda dar un nombre. Si eso te sucede, has reconocido a uno de los nuestros. Quizá hasta pertenezcas a nuestro mundo, en lo más profundo de tu ser. Como dicen las ancianas (...), los pares se reconocen. Poder sentirlo no es una buena señal. La otra mitad del mundo, la mitad sólida, los ajenos al abismo... ellos solo sienten firmeza bajo los pies. Heredan la tierra. Nosotros heredamos el viento.

Anne Rivers Siddons: "Reencuentro"

"El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses. Posee la segunda visión, las alas que le permiten volar hacia el infinito del deseo y de la imaginación...
Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer..."
Jules Michelet, a modo de epígrafe en Aura, de Carlos Fuentes

Creo que ya comenté en alguna ocasión que nunca he sido demasiado ni devota ni partidaria de los días de, pero que con los años, sin darme cuenta y a mí pesar, empiezo a verles su sentido y su valor.

Y hoy era el día del cáncer de mama, un cáncer terrible, como todos, pero de los menos desesperanzados, porque actualmente ocho de cada diez (casi nueve) mujeres que se enfrentan al terrible diagnóstico y a la terrible palabra inmensa y opaca que parece no dejar ver nunca más el sol, se salva. Y he tenido otra vez la intución de que muchos podemos despotricar contra los lazos de colores y los días de que suenan a hipócrita lavado de manos que utilizamos para poder olvidar sin remordimiento el resto del año; pero quizás a ellas, las que han visto como la palabra terrible que todos eludimos les cambiaba cada uno de sus días, y también a los suyos, les ha gustado sentir que se hablaba de ello, y no se obviaba como es habitual en esta sociedad de avestruces que esconde la cabeza ante la enfermedad, la mutilación, la vejez o la muerte, ignorando mezquinamente a los que se ven atrapados ya por ellas, e intentado olvidar, ilusa, que en realidad los atrapados somos todos, o seremos todos, porque es ese seremos inexorable el hace que, en realidad, lo seamos ya.

Y quizás ellas, las mujeres en jaque por una jugarreta traidora de la vida (o de la muerte, que no es lo mismo pero es igual), se hayan sentido un poco arropadas, o acompañadas, o esperanzadas, o consoladas. Porque yo ya he comprobado que, en la desgracia, sí que arropa la palabra, o el abrazo, o el contacto, o la compañía. Y que hay que hablar de las cosas para que no se olviden, ni se ignoren, ni se tapen. Que hay silencios como losas que sólo condenan a la soledad. Y sí, qué mal que sólo sea un día. Pero mejor un día que nada.

El cáncer de mama, además, hiere en el núcleo sensible de la feminidad, de la desnudez, de la maternidad. De la autoestima. Y sí, estas parecen cosas secundarias en el momento de la lucha, pero se convierten en fundamentales una vez que la primera batalla está ganada. Y eso que hoy ni siquiera es ni necesaria ni frecuente la masectomía, e incluso en el caso de que lo sea, ahí está la silicona y su bálsamo, que aunque para otros casos y otras cosas nos resulte tan antipática y tan frívola, bendita sea si en algo puede ayudar.

El cáncer, como casi todo, no es igual de lejos que de cerca. Y no es igual nunca en los otros que en los propios. Y nosotros, los que tenemos la suerte de que el día del cáncer sea solo uno, a veces intentamos ignorar o "ajenar" (en el sentido de hacer o sentir como ajenos) a aquellos para los que el día del cáncer son ya, tremenda y fatídicamente, todos y cada uno de sus días, desde aquél en el que un médico certificó la probabilidad oscura que todos querían creer como remota.

Yo he visto de cerca, muy de cerca, un caso. El de una chica joven, de apenas 30 años y aspecto menudo y frágil, que al terminar la Navidad y comezar el año, se descubrió un bulto en el pecho. Y fui sabiendo de su "hay que ir al médico, pero es probable que no sea nada", y de su "parece ser que sí, que no es bueno, pero tienen que hacer algunas pruebas", y de la certificación fatídica de que es malo y hay que operar, y de la avalancha de incertidumbres abiertas, y de su afrontar que en esa operación no todo salió tan bien (ni tan mal) como podía haber salido, y del enfrentarse a la segunda operación, y de su atravesar la cruz inevitable de la quimioterapia, con sus malos, malísimos ratos, y de su entrar en la recta final de la radioterapia con su luz al final del camino, aunque sea un camino que habrá que recorrer largo tiempo con una espada de Damocles sobre la cabeza (la de la posibilidad de que todo vuelva a empezar), y he visto el rostro reflejando lo arrasado del cuerpo, cada vez más menudo y más delgado y más frágil, y he creído intuir las heridas venenosas en el alma, aunque ella no nos ha dejado. Porque nunca le ha faltado la sonrisa, ni la mirada franca, ni el ánimo, para compartir casa, o cena, o ratos, o charla, y para contarlo todo casi como si nada.

Yo sólo he visto su entereza, su ánimo, su lucha, su serenidad, su fortaleza. Aunque sé que en todos y cada uno de esos días, seguro, ha estado el momento terrible de apagar la luz, y tener que enfrentarse a la soledad más profunda, la de la oscuridad íntima del pensamiento justo antes de dormir, cuando todo lo demás se apaga y afloran más que nunca los fantasmas, los terrores, los miedos. Y tantos otros momentos, seguro, seguro, que no nos ha dejado ver, porque ella sólo nos enseña su luz.

Y aunque la terrible palabra y sus alrededores son demasiado feos, y grandes, y aplastantes, y hubiera sido mucho mejor que no hubiera pasado nada de esto, me gusta esta sensación de saber que ella merece algo parecido a la admiración pero mucho más grande. Mucho, mucho más grande, y mucho más cerca del corazón, porque toca algo profundo, interno, visceral, que tiene que ver con la entraña atávica que compartimos todos y que debe constituir algo así como la esencia de la vida.

Porque todos somos habitantes del abismo. Pero solo algunos lo conocen. Y ellos son inevitablemente los que saben de verdad, con todas sus consecuencias, lo que el resto parecemos empeñados en olvidar.

Como las avestruces. Como las pobres avestruces.

sábado, 18 de octubre de 2008

Pobre país rico II. La paja en el ojo ajeno.



El otro día, en uno de mis escasos contactos con la televisión, observé, con absoluta estupefacción, un documental emitido por Tele 5 acerca de la prostitución infantil en Cuba. No pude quedarme mucho tiempo viéndolo, porque si de por sí la televisión me parece vomitiva, este documental rozaba el esperpento. Pensé: ¿quién en su sano juicio puede creerse eso? Pues hay gente que lo cree, y que incluso al día siguiente comentaba: ¿viste el otro día lo de Cuba?.

A grandes rasgos, el documental versaba sobre lo fácil que es obtener sexo de menores en Cuba. Se esgrimía en el documental que la facilidad radicaba más en la permisibidad del "tiránico" régimen cubano, que en la pobreza del país. Se daba la imagen de que Cuba era un inmenso burdel, donde las prostitutas eran todas las jóvenes menores cubanas. A cambio de dólares, cualquiera de ellas era una puta.

Así mismo, se daba a entender que el "régimen" conocía y consentía. Obviamente, todo lo anterior es falso, y el documental era pura bazofia llena de mentiras e imágenes a veces manipuladas. Es curioso ver la facilidad con la que juzgamos a los demás. Es curioso que Tele 5 se permita el lujo de dar lecciones de moral a alguien.

En Tele 5, se paga a personas para contar como su pareja le pega. En Tele 5, mientras una mujer cuenta cómo su marido le pega o cómo fue violada (por poner algún ejemplo), se emite publicidad con la que Tele 5 se financia. Esa cadena, hoy, emite juicios sobre moral.

Hay datos que parecen olvidársele a Tele 5. En España hay 5.000 menores que son prostituidos cada año. El 25% de las prostitutas que ejercen en España comenzaron su "profesión" antes de cumplir los 18 años. Y no solo eso, sino que España es hoy por hoy, junto con Italia, uno de los principales países exportadores de proxenetas a países pobres. Se le olvida decir a Tele 5 que, aún en el caso de que lo que contara en su bazofia-documental fuera cierto, los pederastas eran españoles.

Más bien parece que Tele 5 se jacta de que un pederasta español puede ir a un país pobre y mediante dinero, conseguir una menor. Tele 5 podría haber conseguido lo mismo sin tener que gastarse tanto en dietas; podía irse a las 3.000 viviendas en Sevilla o a cualquier poblado marginal de España y, con los bolsillos llenos de euros, comprobar cuántas jóvenes menores de 18 años estaban dispuestas a tener sexo por 10-20 euros. Seguro que se llevaban una sorpresa.

En otros países del "paraiso occidental", en el club de los países que miran por encima del hombro a los demás, ocurren cosas que deberían hacernos pensar realmente en el mundo en que vivimos. Por ejemplo, en los USA se prostituyen más de 100.000 niños al año anualmente (20.000 sólo en la ciudad de Nueva York). Tele 5 también podía haber realizado su documental allí.

Obviamente, la cadena Cubavisión, ante tal ataque a la dignidad cubana y a la verdad, se dirigió a Tele 5. Os dejo unos vídeos que ilustran mejor el tema.












Ladran, luego cabalgamos.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Imaginación o inteligencia


"...que todas las noches sean noches de bodas
que todas las lunas sean luna de miel...
"
Joaquín Sabina

"¿Era eso solamente? Tenía que contentarse, pues, con entretejer una vida asentada con Clifford, una vida de una sola pieza, aún cuando quizá en esa tela pudiera bordar la flor ocasional de una aventura amorosa. Pero, ¿cómo iba a saber ella cuáles serían sus sentimientos el año próximo? ¿Había alguien que pudiera saberlo? ¿Cómo podía contestar "sí"? ¿Un sí para años y años? ¿El pequeño sí que se dice con el aliento de un suspiro? ¿Cómo iba a quedar ella clavada, inmovilizada, para siempre, por aquella palabra que era como una mariposa? ¡Naturalmente, la palabra se iría en un revoloteo, desaparecería, y sería seguida por otros síes y por los noes! Igual que el vuelo de las mariposas."
D. H. Lawrence: El amante de lady Chatterley.

"No admitía que los conflictos con la esposa tuvieran origen en el aire enrarecido de la casa, sino en la naturaleza misma del matrimonio: una invención absurda que sólo podía existir por la gracia infinita de Dios. Estaba contra toda razón científica que dos personas apenas conocidas, sin parentesco alguno entre sí, con caracteres distintos, con culturas distinas, y hasta con sexos distintos, se vieran comprometidas de golpe a vivir juntas, a dormir en la misma cama, a compartir dos destinos que tal vez estuvieran determinados en sentidos divergentes. Decía: "El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno"(...) La única argamasa posible era algo tan improbable y voluble como el amor, si lo había, y en el caso de ellos no lo había cuando se casaron, y el destino no había hecho nada más que enfrentarlos a la realidad cuando estaban a punto de inventarlo" (...)

Recuerda siempre que lo más importante de un buen matrimonio no es la felicidad sino la estabilidad. Desde sus primeras soledades de viuda ella entendió que aquella frase no escondía la amenaza mezquina que le había atribuido en su tiempo, sino la piedra lunar que les había proporcionado a amobos tantos tiempos felices."
Gabriel García Márquez: "El amor en los tiempos del cólera"

"Donde se celebra matrimonio sin amor, habrá amor sin matrimonio. "
Benjamin Franklin

"Casarse por segunda vez es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia."
Samuel Johnson

"El matrimonio es una cadena tan pesada que para llevarla hace falta ser dos y, a menudo, tres."
Alexandre Dumas (padre)

"El amor abre el paréntesis, el matrimonio lo cierra."
Victor Hugo

"Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida."
Woody Allen

"El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución."
Groucho Marx

"El matrimonio es el resultado del amor, como el vinagre del vino."
Lord Byron

"El matrimonio debe combatir sin tregua un monstruo que todo lo devora: la costumbre."
Honoré de Balzac


"Si realmente el período de noviazgo es el más bello de todos, ¿por qué se casan los hombres?".
Sören Kierkegaard

"Estoy enamorado de la misma mujer desde hace 40 años... si mi esposa se entera me mata."
Henny Youngman

"Los solteros deberían pagar impuestos más altos; no es justo que algunos hombres sean más felices que otros."
Oscar Wilde

"Dichosos los hombres que aman a la mujer con la que se casan, pero más dichoso aquel que ama a la mujer con la que esta casado"
Gilbert K. Chesterton


"El matrimonio es el triunfo de la imaginación sobre la inteligencia"
Oscar Wilde

En esta época de datos, estadísticas, violencia doméstica en el telediario y mujeres supuestamente liberadas, en que es tan difícil distinguir entre amor, amoríos y publicidad, en que el divorcio es exprés cuando el banco lo permite, en que tenemos el corazón acostumbrado a la cara habilidad de usar y tirar, ¿puede ser el matrimonio algo más que un negocio? ¿o algo más que un contrato temporal con innegables ventajas prácticas que hacen ceder al corazón libre más remiso? ¿o algo más que un aro por el que pasar?

Está claro que como decía Marx (Groucho, claro), el matrimonio es la principal causa de divorcio, pero, ¿es verdad, como dicen los más cenizos, que puede ser también la principal causa de ruptura y la tumba definitiva para el amor, en el caso de que realmente lo hubiera y no fuera solo un espejismo?

¿Eres de los tozudos. ingenuos o imaginativos que siguen creyendo en algo así como el amor para toda la vida, e incluso que eso pueda tener algo que ver con el matrimonio? ¿O eres de los inteligentes, escépticos, o incluso de los cínicos, que niegan rotundamente lo segundo y se ríen, tal vez amargamente, de lo primero? ¿Puede tener para ti el matrimonio algún sentido íntimo, personal e intransferible, al margen de su innegable papel social? Y ese sentido íntimo, ¿te hace estar a favor o en contra de él? En cuanto a este tema, ¿piensas igual o distinto para ti que para los demás?

¿Es una institución obsoleta que debería desaparecer? ¿O debería tal vez simplemente modificarse? ¿En qué sentido? ¿Es tal vez un resto ilegítimo de las imposiciones que una religión coló a la sociedad hasta convertirlas incluso en civiles? ¿Hay sociedades sin matrimonio o sin algo parecido? ¿Es un bien aunque a algunos le salga mal? ¿Es un mal necesario? ¿O es simplemente un mal a erradicar?

El matrimonio es algo contra natura, está claro, porque si fuera algo natural no sería necesario firmar.

El matrimonio convierte en público algo íntimo y personal.

El matrimonio quería crear un vínculo eterno a partir de algo frecuentemente efímero. Hoy ya, ni eso.

El matrimonio institucionaliza el amor cuando quizás este no nació para ser institucionalizado y por eso con su contacto tantas veces muere, y tantas veces se transforma en otra cosa.


Friedrich Nietzsche decía en el XIX que "la edad de casarse llega mucho antes que la de quererse". Por suerte, los nuevos tiempos, con su prolongación de la juventud y el retraso consecuente en nuestra trayectoria social, nos han traído una gran ventaja que quizás pueda hacer que se acompasen por fin el quererse y el casarse. Antes, la convivencia llegaba tras el matrimonio. Ahora, muchas veces, el matrimonio llega tras la convivencia, y eso hace que se reduzca a arañar unas tentadoras ventajas legales y a una celebración, que debería poder ser cómo y con quién nosotros queramos que sea, y nada más. Un día para celebrar, simplemente, que nos encontramos, que nos quisimos, que nos queremos, y que queremos mezclar los hilos de mi vida con los hilos de la tuya, y mi constelación de afectos con los tuyos, y celebrar que estoy en tu vida porque tú quieres, y tú en la mía porque yo quiero. Y que tú y yo somos tres: tú, yo, y lo que somos juntos, y que los tres somos cosa nuestra.

Y será por eso que, a pesar de los pesares y de todo lo que han echado encima del matrimonio y sus palabras, hace ilusión.

Así entre tanta cita agorera y descreída, y tanto desengaño rotundo y práctico, yo me quedo un ratito a escuchar a Kalil Gibrán, y luego, una canción, para cruzar los dedos y decir en silencio ojalá, que sigo teniendo la manía inevitable de pedirle a la suerte cosas que, seguramente, no dependen de ella en realidad.

"Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Mas dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se mezca entre orillas de vuestra alma.
Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.
Y permaneced juntos, mas no demasiado juntos:
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro. "






Y que viva la imaginación... ¿o no?


lunes, 13 de octubre de 2008

Ser o no ser

video



Recién llegadita de Galicia, de un viaje que salió bien aunque en algún momento todo pareciera salir mal, sin tiempo ni fuerzas ni ganas para mucho, con el pobre Mich llorando tras la persiana por la confusión de ser un poco nuestro gato pero sin poder serlo del todo, y con pena de ver este blog de mis amores siempre y tanto tiempo desangelado, dejado de la mano de Dei y hasta de la mía propia, poco más puedo hacer que poner este vídeo, que me gusta mucho, y que me ha hecho acercarme a un grupo con nombre tomado de un relato de García Márquez, del que yo había oído hablar pero que estaba convencida, vete tú a saber por qué, de que no iba a gustarme. Y va y resulta que sí.

Son un dúo, ella compone y canta con vocecita de ratita presumida, pero que canta bien, y él hace los arreglos. Ella fue la primera expulsada del segundo OT, lo que hace que en principio mucha gente ni la mire ni la escuche con demasiado buen talante, y lo conoció a él en la gira posterior. Pero ahora ya no dependen del otrora fenómeno OT, aunque tampocon reniegan ni despotrican contra él. Y supongo que no son fáciles de clasificar y /o etiquetar, y que tal vez no llegue a quererlos mucho nadie, ni los muy comerciales, ni los muy alternativos, cada uno con sus etiquetas y sus manías.

Un poco como a mí, que siempre veo mis diferencias con los convencionales y con los alternativos, y que con los dos guardo alguna semejanza. Pero que no sé qué soy ni estoy segura de querer ser nada.

Bueno, sí. Rara. Y como decía Ana Mª Matute, "los raros somos un archipiélago, y yo soy una isla".

jueves, 9 de octubre de 2008

Ilusión



Es un espejismo
una mariposa saltimbanqui de alas transparentes
que revolotea alrededor de tu cabeza,
arriba y abajo, abajo y arriba,
sin dejarse nunca, nunca atrapar.
Es una cascada de gotas blancas y juguetonas
que brota y suena aquí, adentro
y eclipsa todo y lo vuelve todo bonito
hasta lo que era feo, muy feo,
un empacho de luz e irrealidad.

Es caprichosa, y absurda,
y escurridiza, e ilógica.
y huidiza, y traidora,
y se va cuando menos te lo esperas
y cuando más la necesitas.
Se va, te deja y te abandona,
se desvanece, se evapora,
haciendo evidente y sonora su ausencia en la casa.
Porque su borrachera tiene muy mala resaca.

Es la ilusión. Bendita ilusión,
-benditas ilusiones-
que hace benditas las noches,
y que cuando una se va
venga pronto otra,
y que no nos falte jamás.

(Me encantan las dos: Julieta y Marisa, Marisa y Julieta, y por eso la rosa que robo y me llevo para estos días de ausencia que se prolonga es esta canción)

sábado, 4 de octubre de 2008

Ángeles castrados



Cuanto más tendemos a una vida moral elevada, más debemos recordar que el espíritu tiene sus raíces en las vísceras.
Payot

Sin el animal que llevamos dentro, somos ángeles castrados
Herman Hesse

No hay que esperar que las flores se den en el vacío puro. Necesitan humus, y arcilla, y estiércol. Lo mismo sucede con el arte.
Aldous Huxley

Sólo nos diferenciamos por el tipo de autonegación que hemos elegido
Juan Carlos Onetti


Nos asusta hasta la negación nuestra parte animal, carnal, escatológica, inevitable y primordial.


La educación no es más que el proceso de aprender a no escucharla. A negar y olvidar lo que somos.

La tapamos, la escondemos, la disfrazamos, la amordazamos, la reprimimos, la aplastamos, la disimulamos. Pero siempre vuelve e impregna todo lo que hacemos , hasta aquello que hacemos sin contar con ella y que tal vez hacemos simplemente para escapar de ella.

Pero ella late detrás de la locura y del arte. Del crimen y de la poesía. Del egoísmo y de la solidaridad. De la religión y del pecado. Del temor y del heroísmo. De la ley y del delito. De la crueldad y de la compasión. Del perdón y del castigo. Del egoísmo y de la filantropía. De la rabia y del amor. Del poder y de la revolución. Del bien y del mal.

La convertimos en hombre lobo temido que sólo permitimos aullar por la noche confiando en la bala de plata que algún día lo matará. Nos creemos Dr. Jekyll y la convertimos en Mr. Hyde. La hacemos Ángel Caído condenado al Infierno por un Dios creado a nuestra imagen y semejanza. Escondemos al pobre Minotauro en un laberinto que él no llegará a comprender jamás. Y nos inventamos un Teseo que creemos que ha llegado, y lo ha matado ya.

El cuerpo y el alma, el instinto y la razón, lo natural y lo artificial, no son más que espejismos absurdos que encorsetan, entorpecen y definen nuestra vida.

No somos más que un bichito que cree que piensa, y eso le hace querer no ser un bichito. En vano.

viernes, 3 de octubre de 2008

Cuentos I. De la injusticia.



"Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo

-Y anda bien -le pregunté

-Atrasa un poco -reconoció. "

"Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué."

E.G.
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