domingo, 1 de febrero de 2009

Buenos entendedores

video
Mike Scott: "What do you want me to do?"


He intentado hacer las cosas a mi manera
He intentado hacer lo que dice la gente
pero estaba yendo rápido hacia ninguna parte
y ahora estoy volviendo a ti al final.

¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que haga?

Puedo ver las luces de casa
pero no puedo llegar por mí mismo.
Puedo ver la pista de aterrizaje
pero te necesito para guiar mi nave.

¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que haga?

He sido un tonto y he sido un payaso
He dejado que el enemigo me cambiara
He malgastado amor y he malgastado tiempo
He sido orgulloso y he estado ciego.

Tengo tantas cosas que cambiar
un hombre para reconstruir por completo
y si me enseñas cómo
comenzaré ahora mismo.

¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que haga?

Estoy escuchando....

Esta canción del gran Mike Scott (grande siempre: con y sin los Waterboys, en la música y en las letras) me resulta preciosa y conmovedora. Y me resulta conmovedora y preciosa como canción de amor, aunque esté más o menos claro que él la compuso como canción de zozobra religiosa, lo cual es para mí, al menos por ahora, algo ajeno y desconocido (y por eso he prescindido en la traducción, con toda alevosía, del “Lord” -“Señor”, con sentido religioso, en inglés- que se susurra en algún momento).

Me gusta esta canción y lo que esta canción me hace sentir, pero yo soy incapaz de conectar con esa súplica a un Dios, y no me da la gana de tener que renunciar a ella. Así que la he escuchado siempre como una canción de amor, de vuelta rendida y entregada a los brazos de un amor perdido por la confusión y el vaivén, y esas cosas que a veces tiene la vida.

No sé si esto es lícito o no, ni sé si al propio Mike Scott le gustaría, pero un autor tiene que ser consciente de que existen tantas lecturas como lectores, y que cuando él lanza su obra al público deja de ser suya en muchos aspectos.

De la comunicación, y por tanto también del arte (que es, entre otras cosas, una forma de comunicación), forman parte tanto el acto de expresar (que lleva a cabo el creador)como está el de descifrar y enteder (que lleva a cabo el espectador), y entre ambos extremos se establece un sutil y difícil equilibrio en el que entran muchos factores que escapan al control del creador, que simplemente da el primer paso y abre una puerta. Porque la decisión final en cuanto al sentido la tiene el que descifra y entiende. Y por tanto, todo creador necesita un buen entendedor

Pero qué es "un buen entendedor" es, sin duda, una cuestión muy compleja. ¿Sólo aquel que percibe y conecta con la intención del autor? Puede que no. Puede que la interpretación insólita sea la que enriquezca, ensanche y haga realmente grande (y hasta eterna) la obra del arte, al hacerla superar la estrecha contingencia en que se creó.



Y yo no sé si soy buena entendedora para estos creadores, pero hago lo mismo que con la de Mike Scott con esta otra canción de Lenny Kravitz, de la que pongo el vídeo porque no es sólo la canción lo que merece la pena (¿Se puede ser más guapo?). Aunque él haya dicho que en esta canción declara su pertenencia a Dios, yo prefiero escucharla también como canción de amor.Porque me gusta mucho oírle cantar canciones de amor. Diga lo que diga él sobre ellas.

Que los creadores tienen sus ventajas, y los lectores o espectadores, las nuestras.


Lenny Kravitz - I Belong To You



Curiosamente, el cruce entre la interpretación amorosa y la intepretación religiosa es algo bastante común en la historia del arte y de la literatura, a modo de camino de ida y vuelta entre ambas, y curiosamente también, se mantiene en estos tiempos en que yo quería creer que la religiosidad era algo superado y hasta demodé.

Ya decía el Arcipreste de Hita en "El Libro de Buen Amor" (en el que, por cierto, también se jugaba con las similitudes y diferencias entre amor humano y amor divino) que “No hay mala palabra si no es a mal tenida” y que “toda frase es bien dicha cuando es bien entendida”, aunque él lo hacía para quitarse responsabilidad sobre la buena o la mala intención que se pudiera percibir en su obra, jugando hábil y deliberadamente con la posibilidad de una doble interpretación, y haciendo de la ambigüedad la característica más novedosa y atractiva de su Libro.

Por el contrario, San Juan de la Cruz se empeñó en explicar explicita y pormenorizadamente su poesía como la expresión alegórica de la unión entre un Amado y una Amada, que representarían a Dios y el alma en su unión mística, y sin embargo, ha sido valorada y encumbrada como una de las más refinadas expresiones de un sentimiento erótico. En este caso, ambas lecturas, la profana y la religiosa, se han considerado legítimas, por más que su autor haya dedicado folios y folios a insistir sobre su primigenio sentido religioso (aunque quizás lo hiciera porque la sombra de la implcable Inuisición se cernía de forma efectiva y contundente sobre él).

¡Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;

la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;

nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado!

En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía,
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía.

Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.
(...)

De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas
en tu amor florecidas,
y en un cabello mío entretejidas:

en sólo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste;
mirástele en mi cuello,
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.
(...)
Gocémonos, amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día:

(...)
Pero ni siquiera San Juan de la Cruz fue el primero que se vio envuelto en estos berenjenales de confusión entre lo erótico-amoroso y lo religioso, porque utiliza la misma excusa religiosa para hacer poesia sentimental y sensual que en la propia Biblia, libro religioso entre los libros religiosos, utilizaba Salomón en el Cantar de los Cantares. Y con todo esto también jugaron Lope de Vega o el género de los "Contrafacta", que utilizaron los clichés de la poesía amorosa de la época para hacer propaganda del sentimiento religioso.

Así que mi decisión de tomarme esta canción como una canción de amor está refrendada por miles de ojos que han mirado como yo. Por algo será...

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