lunes, 9 de marzo de 2009

Entre el nihilismo y la culpa



No entiendo muy bien qué espera la crítica de Allen, ni entiendo bien el derribe de todo lo que hace últimamente, cuando yo creo que lo mínimo que se puede decir de sus películas es que son correctas y que no son pretenciosas, es decir, no pretenden más de lo que consiguen, ni entiendo ese empeño en que Allen pretenda siempre algo más, ni que le exijan siempre obras maestras (lo cual, teniendo en cuenta, además, lo prolífico que es, me parece incluso cruel).

El caso es que este fin de semana me decidí a ver Vicky Cristina Barcelona -cuyo título, dicho sea de paso, me parece horroroso-, por curiosidad y para poder opinar con más argumentos en la absurda polémica de si Pe merecía el Oscar o no. Cómo había oído y leído tanto y tan malo sobre ella, supongo que en parte me ocurrió lo contrario a cuando te crean grandes expectativas sobre una película, condenándola a decepcionarte. Es decir, me llevé una agradable sorpresa. Eso sí, aviso de que la vi en versión original, y no me imagino cómo han podido doblarla (el juego entre castellano e inglés se pierde, claro).


Tal vez la sorpresa fue agradable porque trata cuestiones que me interesan -de forma nada dogmática y sonriente, aunque reconozco que simple o hasta puede que simplona, vale, pero a mí me basta-. Tal vez porque me resultó entretenida, y muchas veces con eso tengo más que suficiente. Tal vez porque estaba bien interpretada, y sí : Penélope está genial como la desequilibrada y pasional María Elena, Scarlett rebosa sensualidad y dulzura , y la chica que hace de Vicky -no recuerdo el nombre, sorry- y Bardem están también perfectos, cada uno en su papel.

La película (que tantos califican de absurda y sin pies ni cabeza, lo cual me preocupa, pero no por ellos, sino por mí... ¿mi conexión con lo absurdo revela algo grave, doctor?) plantea la dicotomía entre la pasión, el sentimiento, el impulso, el desenfreno, el “instinto” , lo “bohemio”, el amor romántico, por una parte, frente a la razón, el pragmatismo, la sensatez, el conformismo, el freno, el “amor” convencional, por otra (dicotomía que forma parte de la contraposición entre lo dionisíaco y lo apolíneo , que a tanta gente ha hecho dar con este blog)


Esta dicotomía estaría representada, según dicen algunos, por las dos protagonistas que aparecen en el título: Vicky sería la sensatez y lo convencional; Cristina la pasión y el impulso. Pero yo creo que en realidad los representantes de la pasión pura y el amor "romántico" son Mª Elena y Juan Antonio, que viven una relación de pasión exacerbada, puro sentimiento e impulso, y completamente irracional, que aparece parodiada, al igual que ellos y ese mundo de artistas “bohemios” (como también está parodiada toda esa “pasión española” y los tópicos que la rodean, por ejemplo, la guitarra). Y los representantes del amor convencional, la sensatez y el pragmatismo serían el matrimonio anfitrión, feliz en apariencia pero del que ha desaparecido todo atisbo de pasión y que sortean su infelicidad con pequeños engaños.

Las dos protagonistas se encuentran en medio de esta dicotomía: Vicky (que sobre todo al principio parece una versión femenina del Allen neurótico de, por ejemplo, Manhattan, esgrimiento verbalmente sensatos razonamientos que sus actos contradicen ), convencida a dejar que su vida se guíe por la sensatez y a casarse con su novio, que es lo que le conviene; Cristina buscando la pasión y dejándose llevar.

Pero en el fondo las dos buscan a través de lo que viven en la película. Y si Vicky termina reforzada en su convencimiento de la convenienza de la cabeza y la sensatez, al ver las tremendas consecuencias de dejar que la pasión se desboque sin brida, Cristina termina con un camino abierto a seguir buscando, porque lo único que descubre es lo que no quiere: ni lo convencional (las normas y la razón son una “cárcel” en la que es difícil ser feliz y encontrar lo que uno realmente quiere) ni lo pasional (la pasión es agotadora, pasajera y destructiva, precisamente por irracional). Es decir, lo que Cristina busca es.... ¿algo que no existe? ¿no hay alternativa posible? O sea, que lo que Cristina (y seguramente el espectador) busca tal vez sea... nada. ¿Escepticimo? ¿O directamente nihilismo sentimental?

Y también he leído mucha crítica que cuestiona si es creíble o no es creíble el argumento, y con razón (yo también pensé, por ejemplo, en el momento en que Bardem les hace la proposición a las dos americanas que el argumento era, como poco, forzado), pero una vez vista toda la película tengo claro que a Allen no le preocupaba la verosimilitud argumental ni el profundo análisis psicológico de los personajes, sino plantear -repito, tal vez de forma muy simplista- las cuestión irresoluble de si es mejor -o peor- la pasión o las convenciones, y dejar claro que la película es sólo una pregunta, que él no tiene respuesta. Es decir, para mí esta película es una especie de fábula moral ligera, con un toque paródico -ays, el desengaño- y sobre todo, sin moraleja.

Y el sábado me vi Cassandra's dream, que vuelve sobre el mismo tema de la culpa que encontrábamos en Match Point (¿qué habrá hecho Allen para tener esta fijación con el temita? Como leí en una crítica... ¿a quién se habrá cargado?), con una similar estructura trágica en la que son las propias pasiones, o anhelos,o sueños (en este caso, el barco que da título a la película, y ahora sí, el título me parece muy bueno) los que llevan a los personajes a cometer el acto terrible, que desencadenará la culpa que, a su vez, provocará el desenlace fatal. Y si en Match Point el personaje triunfa sobre sus escrúpulos con ayuda del azar -fundamental siempre en la tragedia, aunque casi nunca tan benévolo con el protagonista como nos lo presentaba Allen allí-, aquí la culpa los aplasta en el mismo lugar de sus sueños, el mismo lugar donde y por el que empezó todo: el barco.


La culpa es el terrible laberinto sin salida al que lleva el punto de no-retorno del delito, umbral fatídico que dibuja un tajante antes y después... El inexorable después que abre la elección (porque había elección, claro que la había, siempre la hay, no hay excusa posible al elegir el mal: esa es la gran tragedia).

Buenísimas las interpretaciones: por supuesto, la de Wilkinson, también la de McGregor, pero sobre todo la de Colin Farrel, al que nunca había visto tan convincente como en esta interpretación del más débil de los hermanos.

Así que tengo la impresión de que el pobre de Woody anda por ahora enredado entre el nihilismo y la culpa, lo cual supongo que no es nada extraño cuando se va llegando a una edad en la que hay ya una buena perspectiva sobre la vida y sus cosas, poco lugar para los engaños y las ilusiones, y mucho vivido -bueno, pero también malo- que tal vez puede pesar.

Está claro que las circunstancias (época, lugar, autor) que rodean a una obra cambian su interpretación e incluso su valoración, tanto que esas circunstancias, que podrían parecer "externas", en realidad forman parte sustancial de ella. El otro día, en la exposición “Goya y el mundo moderno” (que por cierto recomiento vivamente, y a ser posible, la visita guiada, aunque sepa a poco: está en el Museo de Zaragoza, en la Plaza de los Sitios, y la han ampliado hasta el 22 de Marzo por la buena acogida entre el público) contaban cómo el mismo cuadro puede triplicar su valor si se demuestra que su autor es Goya, y como puede desvalorizarse si se demuestra que no lo es (ahí está la polémica con el Coloso), lo cual no deja de ser, si se mira con cierta perspectiva, absurdo, porque la calidad artística e intrínseca de la obra es la misma... ¿o no?


En el caso de Woody Allen, su firma se ha convertido en una estatua bajo cuya sombra no puede crecer ninguna obra menor, y bajo la cual se agolpan críticos y espectadores que sólo quieren obras maestras, despreciando todo lo demás... Y Woody se rebela, y hace lo que le da la gana. Y hace bien, que para eso él es quien es.

El caso es que yo me pregunto: ¿qué dirían crítica y público -y yo misma, claro- de estas películas si no fueran de Woody Allen? Y conste que me lo pregunto para bien y para mal.


Una última cosa, tras ver Vicky Cristina Barcelona, ya puedo decir tranquila, desde mi radical y esencialmente discutible subjetividad, que mucho, pero muchísimo menos merecido que el Óscar de Penélope, fue el Nobel de Cela.
Qué a gusto me he quedado.

5 comentarios:

Liz dijo...

jajaja qe ganas tenías!

No he visto todas las películas de Woody Allen, pero de momento Poderosa Afrodita me resulta imprescindible. Sin un guión espectacular me transmite frescura y me resulta muy divertida.
Supongo que lo que hace de Allen un director diferente es su pasión por "desnudar" al ser humano. Las obsesiones de sus personajes no les son exclusivas. Y todo ello acompañado de ironía, de un ritmo impecable... que más da después la verosimilitud argumental si consigue mostrarnos grandes historias.

Hace tiempo que dejé de hacer caso a la crítica a la hora de elegir películas. Quizá se disfrute igual una obra mayor que otra menor. Y no es ese el fin del cine?

Besos

kamala dijo...

Pues yo te recomiendo sin ningún tipo de duda Manhattan, Annie Hall, Hanna y sus hermanas, La rosa púrpura del Cairo... para empezar. Luego ya veremos (pero en general todos sus grandes clásicos, Match Point incluido, son imprescindibles... por algo son grandes clásicos, y por algo es él quien es)

Besiños

kamala dijo...

Y sí, yo ya paso de la crítica y los prejuicios, y ni me lanzo a por una peli por que ellos la pongan por las nubes, ni la rechazo porque la pisoteen, ni tengo ningún tipo de recelo ante lo que califican de "comercial".

Me fío mucho más del boca a boca, y de las recomendaciones de la gente con la que suelo coincidir. Pero fíjate que con Vicky... hasta eso me falló.

Empiezo a pensar que soy más rara de lo que pensaba.

NoSurrender dijo...

Yo no he visto la película, pero estoy de acuerdo en lo de Cela ;)

Supongo que adoro tanto a Allen, que no quiero que me decepcione un producto del que sólo he oído malas críticas. Pero leerte a ti hablando del Universo Allen es una maravilla, Kamala.

El misterio y la imposibilidad de las relaciones de pareja es una constante en Woody Allen, sí. Me estaba acordando de la secuencia final de Annie Hall. Un Alvy nostálgico tras un casual reencuentro con Annie, quizá fantaseando sobre lo que pudo ser y no fue, pero a la vez perfectamente conocedor de las razones que los separaron, abandona al espectador en medio de una calle de Manhattan con una última reflexión: "Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina’. El doctor le contesta: "¿Y por qué no lo mete en un manicomio?". Y el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos’. Pues eso es, más o menos, lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben? Son totalmente irracionales, y locas y absurdas, pero… supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría, necesitamos los huevos".

En cuanto al concepto de culpa, también esencial en el Universo Allen (no por nada Bergman es una constante referencia en él desde el principio), deberías ver Delitos y Faltas si no la has visto ya. Me parece una obra de arte, de las tres o cuatro mejores de Allen, junto con Hanna y sus hermanas, Manhattan y Annie Hall.

Saludos!

kamala dijo...

No, no la he visto todavía, pero será la próxima que vea. Y me alegro de que coincidamos en cuáles son otras tres mejores.

Muchas gracias por tus palabras. Un saludo.

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