jueves, 16 de abril de 2009

Crónicas del casarse (1): LA FECHA

Como pasa con la Navidad, los cumpleaños o las fechas conmemorativas, que despiertan entusiastas adeptos cuasiprofesionales o encarnizados militantes detractores militares, las bodas llevan inevitablemente el lastre de los convencionalismos, tópicos, hipocresías y obligaciones que su propia esencia (un contrato religioso-social para unos, simplemente social para otros) implica.

Y sin embargo, yo creo que se puede hacer de ella, y de sus alrededores, lo que cada uno quiera, y que, como casi todo en esta vida, dependerá del cristal con que se la mire. Si nuestra boda surgió de la necesidad práctica (regularizar una situación de facto para facilitar muchas cosas, y obtener algunos beneficios -como permisos si el cónyuge se pone malo o unos días de vacaciones solo por el hecho de casarte, sin ir más lejos- a los que no veía por qué renunciar), tengo que reconocer que según fue tomando forma se convirtió en algo más. Bueno, para qué engañarme, ni hacerme la alternativa, descreída, rebelde o todas esas cosas que ya está claro que no soy: se convirtió en mucho más.

Se convirtió en la ocasión perfecta para juntar a un puñado de aquellos con los que compartimos nuestras vidas por separado, inevitablemente por separado por los 700 km que hay entre mi mundo y el mundo al que me he venido a vivir. Juntar a los míos y a los suyos y hacerles saber y sentir que son nuestros. Conseguir la excusa perfecta para que mi familia y mis amigos vinieran por fin al lugar donde, aunque feliz, les echo de menos. Y hacer una fiesta, emotiva y divertida, para inaugurar oficalmente lo que lleva ya más de un año en marcha... Bueno, en nuestro caso, dos fiestas: una estrictamente familiar y otra estrictamente amistosa. Y robar un mes de vacaciones (sí, sí: un mes). Y hacer el viaje que haría si solo pudiera hacer un viaje en mi vida... ¡y en temporada baja!. ¿Se puede pedir más?

Con los años voy aprendiendo y comprendiendo la importancia de gestos y formas, que de joven consideraba simplemente superficiales, prescindibles y a veces incluso pura apariencia. Pero si algo he ido descubriendo con la edad, es lo complicado y bidireccional de las relaciones entre fondo y forma. Sin embargo, precisamente porque reconozco la importancia de las formas, también las temo. Y no puedo negar que lo del matrimonio me sigue inspirando cierto recelo y temor, aunque me repito que no tiene por qué ser nada que nosotros no queramos que sea, pero es que la palabra también está demasiado llena de las connotaciones negativas que la historia le ha ido echando encima casi desde antes de nacer, y lo que yo he visto con mis propios ojos e incluso "sufrido en mis propias carnes" no hace más que confirmar esa leyenda negra que tan sabiamente recogen los chistes, las frases hechas y todo el imaginario popular. Así que ya no me queda más remedio que apostar por las excepciones, que haberlas haylas... ¿o no?

En todo caso, todo lo de la boda (nuestra boda, que terminó siendo, como para todos, supongo, la Boda) fue bonito, y mereció la pena, la verdad. Aunque no fue todo lo fácil que yo pensaba. Y es que nada más opitimista y valiente que la inexperiencia y la ignorancia.

Porque lo de organizar una boda es todo un mundo que discurre paralelo e ignoto para los felices e inconscientes solteros. Empezando por el papeleo mismo.

Por supuesto, nuestra Boda era por lo civil, que sigue teniendo aún cierto regustillo a boda de segunda para los amantes y devotos de las bodas por todo lo alto, y por esto yo pensaba que la tramitación sería más sencilla, fácil y rápida. Pues ya aviso a los ingenuos como yo: de eso nada. Es más, parece que para esto, las bodas por la Iglesia tienen ventaja. Serán derechos de antigüedad o de autor sobre el invento...

Nosotros decidimos casarnos allá por septiembre (recuerdo que se lo conté a mamá por teléfono, volviendo de noche de mi útlimo día en la Expo), y la primera fecha que se me ocurrió fue el puente de Diciembre (por aquello de facilitar a los que tuvieran que viajar el desplazamiento). Risa y ternura me da ahora contemplar mi ingenuidad. Ya hubo entonces quien nos avisó de que era demasiado pronto, aunque tal y como lo planteábamos nosotros (ceremonia civil sencilla, comida con padres y hermanos, cena con los amigos, pero sólo los amigos amigos: nada de compromisos ni quedabien ni nada de eso) yo no entendía por qué. Qué cándida que era yo por aquel entonces.

La única decisión complicada parecía la de elegir entre Galicia y Zaragoza como lugar de celebración. Por una parte, a mí me tiraba Galicia. Entre otras cosas, porque se lo debo: si me he venido a vivir aquí, qué menos que celebrarlo allí. Pero también sé que en un pueblo, una boda con amigos y sin familia resulta complicada, comprometedora y fuente segura de conflictos. Y así ,tras algunas tensiones de las que no quiero acordarme, mi padre me dijo claramente que para hacerla así, mejor la hacía en Zaragoza, pero que tramitara los papeles allí, que seria más rápido.

Así que en el puente del Pilar, dejamos casi todo el papeleo solucionado, porque en el mismo día en que presentamos los documentos necesarios, nos entrevistaron, entrevistaron a nuestros testigos y dejaron todo listo para que el juez firmase y el expediente fuese enviado a Zaragoza, lugar que habíamos puesto para la celebración y cuyo Registro Civil nos llamaría para elegir fecha. Coser y cantar, vaya.

Pues hete aquí que pasó todo Octubre, todo Noviembre, todo Diciembre -con su puente-, y pasadas ya las Navidades seguíamos esperando la llamada de marras como el pueblo de Israel el maná en el desierto, sin saber nada del dichoso Registro Civil (no nos cogían el teléfono), sin saber cuándo podríamos hacer la Boda, viendo como las sucesivas fechas que íbamos barajando se convertían en imposibles, y ,por supuesto, sin poder preparar ni organizar, ni siquiera atrevernos a planear, nada.

Así que el 23 de enero, aprovechando una mañana de permiso en Zaragoza para ir a la ginecóloga, me plantifiqué en el Registro Civil y cogí número en una cola digna del más terrible vuelva usted mañana (los matrimonios se tramitan en la misma ventanilla que todo lo que tiene que ver con nacionalidad: no digo más) para ver si había algún problema con mi expediente de matrimonio, que yo sabía por fuentes altamente fiables (en los pueblos todo es más "casero", y estas cosas son lo bueno de que en ellos todo se sepa) que ya había sido enviado a Zaragoza en la primera quincena de Diciembre.

Tras algún susto porque mi expediente no aparecía, que se solucionó tras largos y angustiosos minutos al aclararse que la funcionaria había confundido el apellido de mi futuro con su nombre, y que casi me provoca un infarto, esa misma funcionaria imperturbable consultó un armario de papeles y.... oh, sorpresa. Estábamos los primeros para ser llamados. “¿Y más o menos sobre cuándo me llamarán?“ pregunté yo, con compresible impaciencia. “Hum..” dijo la funcionaria sobre sus gafas y buscando la complicidad de su compañera de despacho. “Supongo que puede elegir fecha ahora si quiere”.

"¡Sí, quiero" , grité yo para mis adentros. Y acto seguido me lancé a por el viernes 20 de Marzo, porque en Galicia el 19 era festivo, y habría puente, y podría venir más gente que si me caso en un viernes normal.... “¿Podría ser?” “Sí, puede ser. Lo más tarde que puede ser es a las 11.20, porque empezamos a dar las últimas horas y a partir de ahí ya estaban cogidas”. “Vale, vale.” ¡Bien!

Bien... Aterrizaje forzoso en la realidad desde las alturas del entusiasmo. Teníamos apenas dos meses para preparar la Boda. Que no cunda el pánico. La mayoría de la gente, que suele prepararla durante un año, es una exagerada. Además, la nuestra es una boda pequeña. Que no cunda el pánico. Por orden, lo que había que hacer era: avisar a la gente e intentar averiguar con cuántos invitados más o menos contamos (yo no sabía cuántos podrían venir de Galicia), visitar los restaurantes que pudiéramos y seleccionar dos (uno para la comida y otro para la cena), hacer unas invitaciones sencillas y caseras, enviarlas, fijar los menús, buscar atuendo, pensar dónde ponemos a dormir a la familia, buscar hotel para los que vengan de fuera... Que no cunda el pánico. Ante todo mucha calma y vísteme despacio que tengo prisa.

Y si queríamos calma, a la fuerza la tuvimos. Porque justo tras avisar a todo el mundo, y tras el entusiasmo y la ilusión y la emoción que me produjo comprobar que de Galicia podrían venir más amigos de los que yo -tan optimista siempre- pensaba, estalló cierto problema de salud que mi padre llevaba arrastrando años y años por su tozudez y, ejem, “pintoresquismo”, que nos hizo dudar de si podría haber celebración, y, por supuesto, congelar todo lo que tenía que ver con la boda hasta que se solucionara, que no podíamos saber cuándo sería.

Woody Allen dijo que la frase más bonita del mundo no es "te quiero", sino que es "es benigno". Y tenía razón. Y esa fue la frase que nos permitió seguir adelante con la Boda y los preparativos, justo un mes después. Es decir, apenas un mes antes de la Boda. O sea, que al final preparamos todo en apenas un mes... Pero eso lo contaré en otro post, que este, tal y como está ahora, es ya demasiado largo. Estamos de vuelta.


Anouk: "Nobody's wife"
 
Ays, quiero contarme tantas cosas... Para que no se me escurran de la memoria. Para recogerlas antes de que se pierdan como lágrimas en la lluvia. Para robarlas de las avenidas de la muerte. Porque yo sé, seguro, que hay días esperándome en el futuro en los que querré y necesitaré recuperarlas.

5 comentarios:

Liz dijo...

Ahora entiendo la ausencia, el viaje, hasta el cartel...

Felicidades!!!
y que sea justamente lo que queráis que sea.

No es fácil organizarlo, parece que siempre faltará algo y después se pasa volando.
Es una buena idea la de guardar estas sensaciones convertidas en palabras, siempre podrás rescatarlas cuando se hagan necesarias... creo que para esto no hay excepciones.

Me alegra que Allen volviese a llevar razón... son quizá las dos palabras que más alivian en la vida.
También que estéis de vuelta.

Feliz fin de semana!
Besos

kamala dijo...

Gracias, Liz.

No sabes lo rápido que se ha pasado todo... Quizás por eso la necesidad de agarrarlo de alguna forma.

Ahora toca la vuelta a la normalidad, que también tiene su encanto.

Y confío en que todo esto sea lo que queremos que sea, porque en el fondo fondo, todo sigue igual. Y esa es buena señal ;-)

Muchísimos besos

brother c dijo...

ostras tengo que subir las fotos!!! soy lo peor, el problema es que no tengo interné en casa y nunca me acuerdo de llevarlas a la office o a casas de amigos pa subirlas. lo haré, prometido, pero espero una buena crónica con imágenes incluídas de vuestro viajetón por la vecchia italia. besarracos pa tós

NoSurrender dijo...

enhorabuena, pareja! sobre todo por las vacaciones, que uno cree muy poco en los papeles y prefiere celebrar el amor sin más ;)

kamala dijo...

Brother C: sí, porfa, sube las fotos, o hazme un cd, o lo que sea!! Plis, plis, plis, que me hace mucha ilu. En el puente tengo pensado irme a los verines, así que si tú tb vas, acuerdate de llevármelas, porfa, porfa, porfa.

La crónica del viaje, dentro de unos cuantos post... que aun me quedan un par sobre la boda (soy pesada, lo sé, pero es que fue todo tan genial que no quiero dejar de contarlo)

Muchos besos, y ánimo con el volante. Y con el embrague, claro ;-)

NoSurrender: te aseguro que de todo esto, lo de menos son los papeles (que no tienen relacion con el amor, por supuesto, pero cuyas ventajas prácticas necesito): Para nosotros fue una celebración del amor, el cariño de los tuyos, y la amistad, y la excusa para reunir a los nuestros a la que les cuesta más decir que no. Si no me hubiera casado, jamás habría reunido en Zaragoza a mi familia y a mis amigos de galicia con mi familia y mis amigos de Zaragoza. Y te aseguro que fue un momento muy emotivo, muy especial, muy chulo, que mereció mucho la pena, y que ojalá fuera de verdad posible hacerlo sin la excusa de lso papeles.

Besos, y gracias también por tu compañía en este lugar.

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