martes, 19 de mayo de 2009

Cabreos (1): El poder de las palabras



Me cabrea trabajar en un sistema educativo que no sigue unos principios sólidos, ni una fe auténtica en lo que hace, y avanza dando tumbos y experimentando con generaciones que son perpetuos conejillos de indias que sufren leyes tras leyes que se contradicen ,y se solapan, y son parche sobre parche.

Me cabrea ver cómo en los institutos faltan especialistas y aulas y materiales, para apoyar a los niños que los necesitan, y  para llevar a cabo de forma mínimamente aceptable la tan cacareada “integración”. Me cabrea comprobar cómo crece el paro entre todos los especialistas y como algunos tienen que trabajar en algo que no es lo suyo, mientras se soluciona la falta de profesores aumentando la ratio de alumnos por profesor. Y me cabrea pelear con la falta de libros y organización en nuestras bibliotecas escolares, me cabrea ver que hay optativas que dejan de impartirse para que no se consolide una plaza de docente, y que con todo esto y más que no me cabe, la única medida en materia de educación que ofrece y anuncia a bombo y platillo nuestro Zapatitos, sea que cada alumno tendrá un ordenador. Porque es como decir que se solucionará la miseria dándo bisutería a los hambrientos y porque, y es solo un detalle que da cuenta del absurdo, estos ordenadores para uso personal de los alumnos darán problemas técnicos, seguro, y no habrá ni personal cualificado ni protocolo de actuación ni organización ni infraestructura ni nada para solucionarlos. O sea: sólo servirá para que nos desesperemos aún más, mientras todo lo demás sigue igual de mal (o peor... toquemos madera, que me temo que es el único remedio que nos queda).

Me cabrea que digan que Alfonso Sastre era el instrumento que pretendía utilizar Eta para colarse en el parlamente europeo, y me cabrea que los que se llenan la boca llamándose demócratas mientras vigilan y sancionan qué es y qué no es democracia, utilizando esta palabra como su coto privado de caza, se feliciten por haberlo impedido. Y me reiría del esperpento si no me diera tanto asco y tanta pena y tanta rabia.

Alfonso Sastre en los años cincuenta se levantó armado con el poder de las palabras contra el franquismo, y sufrió su represión y su mordaza, porque eligió defender la verdad en la que creía, y no doblegarse, ni ceder ni disimular ni traicionarse en aras del “posibilismo”. Y me cabrea que medio siglo después, vuelva a pasarle lo mismo... Pero peor. Porque antes, se le amordazaba en nombre de una dictadura; ahora, en nombre de la democracia, que busca con lupa (y si no encuentra, inventa) excusas, motivos, delitos y faltas. Y si es ella, la democracia, la que nos aplasta...., y si hasta nos ponen ya en la tesitura de tener que luchar contra la “democracia”... ¿qué nos queda? ¿Cuál puede ser nuestra esperanza? ¿Estamos definitivamente perdidos?

Me cabrea que en el día en que velamos a Benedetti haya quien se atreva a “perdonarle” por su apoyo incondicional a Cuba, a Castro y a su revolución, y me cabrea que haya quien se atreva a juzgar sus poemas y su compromiso tildándolos de “demagogia”.

Cómo se atreven, canallas, cómo se atreven. Que no saben respetar, ni comprender, ni dialogar, ni nada. Cabezas de monolito interesado e hipócrita, lenguas viperinas de chorlito. Me cabrean.

Y que se llamen medios de comunicación, y reivindiquen tanto absurdo en nombre de la información, ellos, que en vez de informar deforman interesada y maliciosa y cínicamente, y que reivindicando una pluralidad que ha conseguido acabar con la verdad, están construyendo un pensamiento sesgado y único, forjado a base de palabras gastadas, sobadas, golpeadas y vacías, con el que se prohibe -y se persigue y se silencia y se aplasta- disentir, utilizando para ello la coartada canalla e hipócrita de lo "políticamente correcto".

Me cabrean estos medios de mierda que quieren llenar de mierda todo lo que tocan con su mirada de mierda y su mierda en la mirada. Y me cabrea que jueguen a ser Dios, creando pandemias, y crisis, y soluciones, y zanahorias para que el burro siga tirando del carro, y juzgando, y condenando, y perdonando, y encumbrando, y hundiendo, con el poder de las palabras.

Que como todo poder tiene dos caras: una buena y otra mala. La de Benedetti es la buena. La de ellos, la mala. Y que digan, si quieren, que es demagogia.

Que ellos saben muy bien que el poder de las palabras se neutraliza a base de gastarlas.
“No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro
si usted habla de progreso
nada más que por hablar
mire que todos sabemos
que adelante no es atrás

si está contra la violencia
pero nos apunta bien
si la violencia va y vuelve
no se me queje después

si usted pide garantías
sólo para su corral
mire que el pueblo conoce
lo que hay que garantizar

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

si habla de paz pero tiene
costumbre de torturar
mire que hay para ese vicio
una cura radical

si escribe reforma agraria
pero sólo en el papel
mire que si el pueblo avanza
la tierra viene con él

si está entregando el país
y habla de soberanía
quién va a dudar que usted es
soberana porquería

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

no me ensucie las palabras
no les quite su sabor
y límpiese bien la boca
si dice revolución”.

MARIO BENEDETTI

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