martes, 12 de mayo de 2009

Crónicas del casarse (3): Y YO CON ESTOS PELOS




















Lo de preparar la boda se convirtió en el centro de mis días (y algunas de mis noches) durante aproximadamente un mes que, la verdad, fue de los más divertidos y dulces de mi vida. Y escribo esto un poco por guardarlo en la memoria, antes de que se me escurra como arena entre los dedos, y otro poco por este carácter de botella al mar que tiene el blog, por si alguien busca consuelo y compañía en esto de preparar una boda, que, insisto, es todo un mundo, y como para cualquier mundo desconocido, vienen bien los mapas, las crónicas y las guías.

La preparación de cualquier boda, por muy informal, íntima o "bodita" que sea, requiere de varios puntos fundamentales que conviene abordar con calma y ordenadamente. Pero nosotros no pudimos. Lo nuestro fue atropellado, amateur y lleno de improvisaciones. En parte porque el susto que nos dio mi padre nos tuvo un mes dudando de si habría fiesta o no, y cuando supimos que sí, que habría fiesta, fue como el pistoletazo de salida para una carrera de obstáculos contracalendario y contracorriente. Porque nadie prepara así las bodas, y los implicados no están acostumbrados. Y quizás fue eso, lo atropellado, amateur e improvisado, lo que lo hizo tan dulce y divertido. Pero bueno, al lío, que me lío. Estos puntos fundamentales son:

LAS INVITACIONES

Nos empeñamos en hacer invitaciones y todo para animar a la gente a venir (que 700 kms necesitan toooodos los alicientes del mundo, por insignificantes o tontos que puedan parecer), y para avisar por escrito y de forma segura, ordenada, fiable y duradera del lugar y hora de la fiesta. Eso sí: teníamos claro que nuestras invitaciones tenían que ser completamente nuestras y caseras.

Así que tras algunos tumbos entre distintas posibilidades, a Dei se le ocurrió la felicísima idea de hacer algo con fotos nuestras de cuando éramos pequeños, porque entonces éramos mucho más monos que ahora. Y con la ayuda de Carlos y sus conocimientos informáticos, nos quedaron chulísimas y fueron todo un éxito. Además, añadimos un planito de cómo llegar al restaurante, que lo elegante no quita lo práctico, y a los gallegos se las enviamos con información turística de Zaragoza, para que les quedara claro que el viajecito podía ser una excursión divertida e incluso, vete tú a saber, involvidable. Por nuestra parte no iba a quedar.

LOS TRAJES

Ay, los trajes... Dei lo tuvo facilísimo: se fue a Mazaleón, se dejó asesorar, se lo probó una sola vez y se lo mandaron a casa. Lo mío, no lo fue tanto.

Porque yo no sabía lo que quería, pero tenía claro lo que no quería: no quería ir de blanco, ni con velo, ni con pedrería, ni con encaje, ni con cancán, ni con palabra de honor, ni de novia-novia. Y pronto descubrí que no hay nada tan difícil como ir de novia sin ir de novia, y lo que es peor, intentarlo en pleno período final de las rebajas, cuando las tiendas apenas tienen restos y te prometen que en unas semanas les llegará lo de la nueva temporada, que será monísimo, pero claro, verse a un mes de la boda y sin vestido es complicado de sobrellevar y nada bueno si eres de natural nervioso y con tendencia al agobio, la indecisión y la duda. Además, y por si eso fuera poco, todo lo que te pones y te proponen te parece inadecuado, feo, poco favorecedor, poco apropiado, muy formal, muy informal, muy oscuro, muy claro, muy chillón, muy recargado, muy rechamante, muy ajustado,muy cursi o muy hortera.

Me resistí hasta el último momento a mirar en las tiendas dedicadas exclusivamente a novias y fiesta, porque sabía que ahí las dependientas se empeñarían encarnizadamente en convencerme para ir de novia-novia y yo no tenía ni tiempo ni energía para tanta resistencia. El único vestido que me gustaba era uno de Max Mara, precioso, pero demasiado aparatoso para una novia que bajaría en taxi al juzgado, andaría todo el día por Zaragoza, luego cenaría con los amigos y querría bailar hasta altas horas de la madrugada. Así que varias personas me recomendaron, para una “novia diferente”, Estatus, en la calle Cadiz, y allá que me fui.

El alma se me cayó a los pies cuando subí (tienes que llamar a un portal y subir a un entresuelo) y comprobé que más que una tienda-tienda, aquello parecía el negocio de una modista dedicada exclusivamente a la confección a medida. Así que cuando entró mi tocaya Teresa, le dije con escepticismo y desilusión que seguramente ya no daría tiempo a que me hicieran nada.
-¿Cuando es la boda?... Sí, mujer. Bueno, no hay mucho tiempo,es verdad, pero a ver... ¿tú qué es lo que quieres?
-No lo sé.

Y lejos de desesesperarse por tan desesperante respuesta, empezó a sacarme revistas, y a proponerme cosas, y a mirar lo que me gusta y lo que me va, y a probar combinaciones de telas... Y ahí yo que ya me veo asesorada, y arropada, y segura, y me entusiasmo y me convenzo y me ilusiono, y dejo el traje mirao, encargao y apalabrao.

Me recomendó un par de tiendas para mirar los zapatos, y allá que me fui esa misma tarde, y encontré unos que le iban a mi futuro-vestido-todavía-virtual que ni pintados, y el chico de la tienda incluso me dejó que le llevara corriendo uno a Teresa para que mirara a ver qué le parecía, y ella dijo que estupendo, y me los compré ... ¡a mitad de precio! Con lo que me gusta a mí un mitad de precio...

La verdad es que Teresa se portó genial todo el rato (hasta cuando fui con mis zozobras y mis dudas por si habría boda o no por lo de mi padre, y le pedí que paralizara el proyecto, como si fueramos sobradas de tiempo...) y conectamos muy bien (de hecho, cada prueba, y fueron varias, se alargaba por la cháchara). La encargada de confeccionarme el vestido era una señora mayor muy dulce, que había vivido en Galicia y que, curiosamente, también se llamaba Teresa, lo que hacía que en las pruebas a cada “Teresa, ¿te gusta?” , “Teresa, ¿mejor así?” o “Teresa, sujeta aquí”, contestáramos las otras dos. Porque tres Teresas mezcladas en la confección y prueba de un vestido de novia, no es algo que suceda así como así. Y eso que mi madre estaba demasiado lejos como para venir a las pruebas, que hubiera sido lo esperable. Así hubiéramos sido cuatro Teresas, y habríamos batido un récord de algo, eso seguro.

Porque también en eso fui una novia insólita: a todo el mundo le sorprendía mucho que lo eligiera todo sola y fuera sola a todas partes. Pero es que yo lo prefería. A pesar de tener a mi futura suegra y mis futuras cuñadas dispuestas a acompañarme con solo llamarlas (ellas son así de majas las tres), la verdad es que yo preferia ir a mi aire, sobre todo porque lo de ir de compras a mí me da por rachas y venadas sin planificar, en las que prefiero no implicar a nadie, y como suelo cansarme pronto, resulta más sensato no haber movilizado a gente con otras ocupaciones y preocupaciones . Además, con Teresa me sentía tan bien asesorada que ¿para qué molestar a nadie?

Finalmente, tengo que confesar que en esto de vestirse de novia, como en preparar una boda, en comer y en lrascar, todo es empezar. Acabé mucho más novia-novia de lo que yo preveía y creía tener tan claro. Y tan a gusto, que es lo que yo no me esperaba...

Eso sí: yo sigo con mi proyecto de cortar el vestido, y reutilizarlo en otras bodas (como invitada, claro... espero), aunque todo el mundo me dice que esas cosas al final se quedan en agua de borrajas.

EL RAMO

Si yo tenía claro que no quería ir de novia-novia, también tenía claro que quería llevar ramo (contradictoria y compleja que es una).

Como apenas contaba con tiempo para ir a por mi ramo el día de la boda, decidí simplificar las cosas encargándolo en la floristería del barrio, regentada por una señora con aspecto de mujer práctica y muy ocupada, y poco preocupada por sutilezas estéticas (contradictoria y desconcertatne ella también, teniendo en cuenta que lleva una floristería, que es pura estética alejada de lo práctico). Y yo acudí a ella, como a Status, ávida de consejo para moverme por el proceloso mundo de los ramos de novia, que yo adivinaba tan codificado como todo lo que tiene que ver con las novias.

Pero la señora se mostró más enigmática y desganada que una esfinge, y en cuanto le dije que yo era una novia sencilla y que quería llevar un ramito pequeño, más simbólico que otra cosa, más que nada por aquello de la suerte (por si haberlas haylas), y para poder regalárselo a mi mejor amiga, me sugirió que llevase solamente una flor de tallo largo.

-Uy, pero es que yo prefería ramo-ramo, aunque sea pequeñito, más que nada para regalárselo a mi amiga.
-Pues lo más sencillo que tenemos es esto- y apresuradamente me señaló en un catálogo un ramo de rosas muy simple, aderezado con algunas ramitas, hojas verdes y un lazo blanco.
-Vale, pues ese... Pero a ver: mi vestido es de un color beige... o champagne... con un fajín chocolate...¿Qué colores le irían bien?
-Pues el que quieras... pero vamos, yo creo que rosas color champagne -no se mató mucho a pensar la señora. Creo que no le caí bien.
-Vale, pues rosas color champagne.
-¿Querrás prendido?

Ya lo dije. Tooooodo lo que tiene que ver con las novias está codificado, y yo no sé donde leches aprenden las novias toooooodo lo que hay que saber y que toooooodos los implicados dan por sabido (es que aún no había descubierto el foro “Todoboda”).

-¿Y eso qué es?
-Para el novio y el padrino, para que se lo pongan en el ojal.

Y por un momento me vino a la cabeza la imagen de mi padre, que se mostraba sorprendentemente emocionado con la boda y con su papel de padriño y padre de la novia, cogido por sorpresa para que se pusiera eCursival prendido que le distinguía... y me encantó la idea... Pero luego me vino la imagen de Dei, protestando y llamándome tradicional y acusándome de bodorrio y negándose a ponerse eso y pidiéndome por favor que le respetara... y me entró la duda.

-Uys, pues no sé... porque el novio no sé si querrá... bueno, por si acaso póngalo... o bueno, mejor no... o sí.... o por si acaso...¿Lo puede llevar el padrino y el novio no?.. ¿Ah, no?... No, claro, eso queda raro... Pues no sé si encargárselo o no... ¿A usted qué le parece?

La señora levantó el boli de la libreta donde anotaba el encargo, con cara de paciencia consumida.

-Yo lo que tú me digas.
-Uys, es que yo que sé... Se lo tengo que comentar al novio.
-Bueno – dijo la señora, con tono de “para qué se casarán estos que parecen no querer casarse”- se lo preguntas, y me lo dices. Yo, con que me avises un par de días antes...
-Vale. Yo se lo pregunto y en cuanto lo sepa seguro, se lo digo, de verdad. Usted déjelo en interrogante.

Volví muchas veces a aquella floristería, que por suerte para mí (aunque no tanto para ella) quedaba al lado de casa: a encagarle el prendido, a desencargarlo, a ver si el ramo podía llevar algún adorno color chocolate en vez de verde, a ver otras opciones de ramo, a elegir otra opción, a volver a la anterior... Tantas veces que, en una ocasión, por si la señora no me reconocía, me presenté diciendo “Mire, yo soy la pesada del ramo de novia, no sé si se acuerda usted”-un poco en broma lo dije, la verdad- y la señora contestó como un resorte con un “ay, sí” que le salió del alma y que me dolió otro poco.

Y menos mal que los preparativos duraron solo un mes. No quiero ni pensar cómo habríamos acabado la señora y yo si llegamos a poder preparar la boda durante más tiempo.

Finalmente, mi ramo fue solo de rosas champagne, sin hojas verdes ni nada, sencillo y apretado, adornado con un lazo del mismo color, y un pañuelito de encaje con mis iniciales que me regaló Teresa de Status. Y fue Dei el que lo recogió la mañana del día 20, mientras yo me mordía las uñas en la peluquería... Le dije que preguntara en la floristería por un ramo a mi nombre, pero hubiera sido igual de efectivo decirle que preguntara por el ramo de la pesada. Y al final, sin prendido. Aún me estoy arrepintiendo. Aunque Dei estuviera tan contento y tan tranquilo por que no hubiera, a mi padre le habría hecho ilusión, seguro. Eso sí: creo que no lo habría reconocido.

LAS ALIANZAS

Lo de las alianzas era algo que a mí no me preocupaba demasiado, la verdad, y Dei sólo decía que él no quería el típico aro de oro. Así que el lunes de carnaval, recién llegada yo de los verines, resacosa y con pocas ganas de aterrizar en el mundo cotidiano tras el empacho de fiesta, nos fuimos a una joyería de la Avenída de América (la primera que recordé yo haber visto, porque clienta asidua de joyerías no soy) a por las alianzas, que se habían ofrecido a pagar como regalo de novios los hermanos de Dei -qué incautos-.

Nos enseñaron modelos de oro blanco, y tras algún dime y direte, nos quedamos con el que decididamente más me gustaba a mí. Tan claro teníamos el criterio del gusto, que no miramos el precio hasta que ya habíamos comunicado nuestra elección al joyero, y ya nos había tomado medida de los dedos, y ya se había sorprendido de lo poco que quedaba para la boda, y de que aún no tuviéramos ni el restaurante, ni nada... Y claro, cuando vimos el precio era demasiado tarde para recular con dignidad... que hubiera sido lo sensato: recular, aunque fuera sin dignidad. Porque eran caras. No, bueno, muy caras. Carísimas. Muy por encima de lo que otros novios que nos precedieron nos contaron que habían costado las suyas. Pero ya era tarde. A lo hecho, pecho. Bueno, en este caso, dedo.

Pero eso sí: son muy muy bonitas. Tanto, que ni parecen alianzas ;-)

CHAPA Y PINTURA

Es decir: peluquería y maquillaje. Otro mundo codificado. Las novias deben llevar un recogido acorde con el vestido, un maquillaje muy muy natural sin serlo, y hacer pruebas de ambos aspectos hasta estar completamente convencidas. En mi caso, por suerte, la realidad se impuso: a mí, el día de la boda no me daba tiempo de que me pintara nadie, y malamente me podrían hacer un peinado, porque yo debía estar completamente arreglada y, por supuesto, vestida, y a punto de subir en un taxi, a las 11. La peluquería del barrio abre a las 9.30, y lo de contratar a alguien para venir a casa tempranito no entraba ni en mis peores pesadillas ni en mi presupuesto.

Así que tendría que lavarme la cabeza en casa, maquillarme yo e ir a la peluquería a que me lo rizaran con la tenacilla, para luego correr otra vez a casa a vestirme con el tiempo justo. Todo el mundo me miraba con cara de susto cuando decía que sería yo misma la que me pintaría, lo que al principio me agobiaba, pero luego me hizo buscar información sobre el tema, comprar un par de productos buenos, casi todo el juego de brochas y pinceles del Mercadona, y ensayar alguna vez en casa, aunque al final, más o menos fui como voy siempre que intento ponerme mona, solo que con base de maquillaje, que es lo que nunca me doy.

Total, ese día todo el mundo me iba a decir que estaba guapa, así que si iba inadecuada o fea, no iba ni a enterarme, y oídos que no oyen, dignidad que no siente. Además, dicen que la alegría embellece, ¿no? Pues si hacía algún estropicio, ya lo arreglaría lo contenta que iba a estar yo. Y eso, por suerte, no necesita ni ensayo, ni preparación, ni siquiera mucha maña.

Por fin, algo en la boda que no hay que preparar. Es más: que no se puede preparar.

5 comentarios:

Liz dijo...

pues sincermente.. después de las crónicas, que tan divertidas me resultan, tengo ganas de ver el resultado final.
Lo que me transmites, a pesar de las prisas, de las dudas y demás es mucha ilusión, que ojalá te acompañe siempre Teresa ;)

Besos

kamala dijo...

Joé, si te has tragado todas las crónicas,no me extraña... porque yo pensaba hacer una única crónica (lo juro), pero es que tengo tanto rollo que me pongo a escribir y el post crece y se multiplica como un gremli en contacto con el agua.

Así que te iba a decr que el resultado llegará enseguida, pero no te prometo nada;-)

¡Que estoy tardando más en contar la boda que tardé en prepararla!

Muchas gracias por leer todo esto, de verdad, muchas gracias, y muchas gracias más por dejarnos tus palabras y tu compañía.

Muchos besos, guapa

Say dijo...

Enhorabuena, pareja!!!

Espero que después de la chapa que estás soltando :P nos deleites con una foto de los novios... :D

Un beso enorme!

kamala dijo...

¡Hola, guapa!

Qué sorpresa...

Pues si quieres foto, tendrás que convencer a Dei, es celoso de su imagen cual famoso...

Muchos besos!!

Say dijo...

Bueno...a mi sólo me interesa verte a ti. A él, si quieres, le tapas la cara, jajajaja.

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