jueves, 21 de mayo de 2009

Crónicas del casarse (4): LA IMPORTANCIA DE LOS COMPLEMENTOS CIRCUNSTANCIALES


Los gramáticos llaman Complementos Circunstanciales a los que expresan las circunstancias que rodean la acción del verbo, y dicen que se caracterízan y reconocen por ser algo “externo” a la misma, y porque la mayoría de las veces se pueden omitir sin alterar el significado básico de la oración.

Pues bien: también en esto las bodas se comportan como un universo autónomo con sus propias normas y parámetros, ajenas a los principios que rigen otros aspectos de la vida humana e incluso el lenguaje que nuestros pensamientos moldea. Yendo más allá que Ortega, las bodas SON sus circunstancias, y en ellas estos complementos circunstaciales (dónde, cuándo, cómo, cuánto) son en realidad parte esencial de la acción del casarse. Incluso podemos decir que son los que la definen le dan su sentido básico, así que parece sensato y recomendable que se preparen con cuidado, mimo y delicadeza. Aunque visto lo visto, tengo que decir que los imprevistos a veces mejoran las cosas como ninguna planificación sería capaz. Pero bueno, sigo por partes, que me pierdo. Vamos a los detalles.

LOS DETALLES
Cuando uno piensa en boda, lo primero que viene a la cabeza no suelen ser esos detalles, a menudo absurdos, con que a veces se obsequia a los invitados. Cuando yo era niña, o incluso joven, los padrinos repartían cajetillas de tabaco, puros a los chicos y alguna figurita con peladillas a las chicas.

Pero ahora, lo proscrito del fumeteo, la imposición hipócrita de la vida sana y el afán de originalidad han hecho que también este aspecto de las bodas se haya sofisticado mucho. Así que existe todo un mundo de posibilidades en el que yo me adentré con la misma curiosidad que fui descubriendo todo lo demás, y porque quería de corazón tener un detallito con los que vendrían, como muestra y expresión de mi agradecimiento sincero y la ilusión que me hacía que vinieran, porque sé que para muchos era todo un palízón... Internet está lleno de páginas dedicadas a esto, pero ninguna repartía con menos de un mes de plazo (y cuando yo decidí esto contaba apenas con tres semanas).

Así que recorrí sin demasiado éxito algunas tiendas de Zaragoza ,hasta que una compañera de instituto me recomendó una llamada “Detalles Lacuey”, en la Avenida Goya, regentada y atendida por Olga, que es un encanto y te dice y te ofrece y te aconseja y te da charla. Mi entusiasmo arrastró a Dei (aunque casi por las orejas y porque le pillaba cerca aquella tarde), y entre los dos elegimos unas pashminas de colores y un un joyero de viaje para las chicas, y un juego para el vino en estuche de madera y una botellita de licor de hierbas gallego para los chicos.

Como nadie se esperaba algo tan propio de un bodorrio en lo que nosotros anunciábamos como una bodita de confianza, la idea tenía aún más gracia, por aquello del factor sorpresa y por la ilusión de que realmente les gustara (que es algo que nunca sabremos, porque los invitados nunca dicen lo que no les gusta... y casi mejor, por si acaso. A veces la ignorancia es necesaria para la ilusión)

HOTEL PARA LOS INVITADOS DE FUERA
Algunos se buscaron la vida y el hotel antes de que se lo buscara yo, y reservaron el Zenit-Don Yo, muy céntrico y muy bueno y muy de cuatro estrellas, pero al que a mí me daba corte ir porque estuve alli preguntando por el banquete, pero luego preferímos otro, y además, sin ser caro, no era demasiado económico. Así que mi cuñada me recomendó el hotel San Valero, en la calle Manifestación, nuevo, coqueto, limpio y más céntrico que cualquiera, y que ofrecía dobles a ¡¡48 euros!! Cuando fui a preguntar quedaban poquitas, que cogieron raudos los mis gallegos. Y quedaron muy contentos. Así que si tenéis prevista visita a Zaragoza, ya sabéis.

FLORES Y FOTÓGRAFO
No usé ni lo uno ni lo otro. Solo compré el dichoso ramo (y bastante tuve yo y tuvo la pobre florista) y como fotógrafos conté con todos aquellos que quisieron traer cámara. No me gustan las fotos de boda de fotógrafo. Son como la realidad virtual que se fabrica para los turistas, y además los posados me parecen un suplicio de resultado lamentable (y como prueba y recuerdo, por si se me olvida, tengo la foto de la orla... Bueno, en Galicia, en casa de mis padres está, que yo procuro no verla demasiado). Además, yo salgo fatal en las fotos, así que, ¿para qué hacerlo oficial y profesional? Yo quería fotos que captaran los momentos tal y como surgían, y con la mirada improvisada e interesada de alguien implicado y cercano. Y son las que tengo.

DESPEDIDAS DE SOLTEROS
Dei se fue a Bruselas con los amigos de toda la vida, y yo no tuve despedida formal, porque ni quería ni quiero despedirme de la soltería (o el casamiento sin papeles, según como se mire) de la que gozaba hasta entonces, que mi vida sigue y quiero que siga igual, y la boda para mí sólo ha sido una fiesta, un permiso en el trabajo, un viaje y un papel que me facilita algunas cosas. En el instituto hicieron una cena en plan "última cena de antes de casadas" para mí y para una compañera que pasaría por el altar justo una semana después de que yo pasara por el juzgado. Pero ya hemos vuelto de las bodas, del viaje y del permiso, y en nada haremos otra cena, así que no hemos despedido nada. Yo sigo tan soltera o tan casada como antes. Y que dure.

LOS RESTAURANTES
En nuestro caso, debíamos buscar dos: uno coqueto, tranquilo y con buena comida para el mediodía con la familia; otro para la noche, que nos permitiera animar la fiesta tras la cena con una barra libre, musiquita y esas cosas. Así que iniciamos un periplo escalonado por los restaurantes que a Dei se le iban ocurriendo, los que nos iban recomendando o los que nos íbamos tropezando. Muchos fueron los llamados, y pocos lo elegidos, jejeje.

Para la comida, casi casi nos decantamos por El Chalet, a pesar de su merecida fama de caro, porque el "chef " (sic) fue de lo más amable con nosotros, el sitio nos pareció precioso(es literalmente un chalet, con sus saloncitos, y sus habitaciones, sus terracitas y su jardincito, habilitado como restaurante de gusto exquisito y detalles cuidadísimos), y nos regalamos una cenita allí para comprobar la materia que nos reconvenció.

Pero hete aquí que a mi padre le dio por decir que lo único que él pedía para la comida de la boda, en la que ejercería como padrino, era que hubiera algo de marisco al principio: unas ostritas, unos percebitos... (¡¡en plena estepa aragonesa, tierra de pastores por antonomasia!!). Y para esto, el que nos ofrecía más confianza era el Txalupa, regentado por un señor que a mí me pareció muy de la cuerda de mi padre y muy de saber seleccionar materia prima de calidad. La charla con su hija terminó por convencernos, y apañamos una combinación entre entrantes fijos y segundos a elegir por cada comensal que creo que fue otro acierto.

Lo de la cena fue algo más ajetreado, porque el que nos convencía por situación, no permitía barra libre, el que tenía barra libre, estaba peor situado o la cena pintaba peor... Así que el azar quiso que entráramos a preguntar en el Restaurante Goyesco, pero sin demasiada fe en sus posibilidades (tená fama de muy caro) y al ver las opciones del menú y el local nos convencimos casi al momento: nos ofrecía un saloncito aparte amplio, cómodo y bonito, comida de mucha calidad y con elaboración cuidada, y barra libre hasta las 3.30. Dicho y hecho.

Lo dejamos apalabrado unas tres semanas antes del evento. Y cuatro días antes, un sábado soleado y resacoso para mí (porque la noche anterior había tenido la cena del insti y aquella mañana había tenido que levantarme y bajar al centro mi última prueba de vestido), y doloroso para Dei (que decidió ponerse sus zapatos de novio para hacerles pie y pegarse la gran caminata conmigo para buscar un detalle para sus amigos), fuimos a llevarles la distribución de las mesas, y nos recibió Francisco, el mismo señor grande y amable con el que habíamos fijado todo.

-Somos los de la boda del próximo fin de semana y traemos la distribución de las mesas.
-¡Ah, sí! Los del sábado 21, ¿no?
-No, no, del viernes 20. Francisco se sentó en uno de los taburetes de la barra de su restaurante con expresión desencajada.
-Pero... Yo tengo apuntado sábado 21- miraba concentrada e incrédulamente esa hoja de su agenda, donde estaban apuntados cuidadosamente todos lo detalles del menú, el vino y la fiesta que habíamos pensado con tanto mimo.
-Pues es el 20. Y nosotros le dijimos el 20, eso seguro- yo empezaba a ponerme nerviosa.
-No entiendo qué ha podido pasar- repetía él, sin atreverse a mirarnos y quitándose la chaqueta, porque empezó a sudar. Como yo. Que sudaba, temblaba y no sé si tenía frío, calor o asma. El corazón empezó a latirme muy fuerte, y, como a Bécquer cuando se lo contaron, cayó sobre mi espíritu la noche, y en ira y piedad se me anegó el alma, y hasta por un momento la noción perdí de donde estaba. Y también como Bécquer, al fin logré balbucear unas palabras:
-Pero... pero... ¿tiene solución? Francisco negó con la cabeza, mirando desencajado la hoja del 21 y volviendo a la del 20 repetidamente.
-Me temo que no. El 20 tenemos otra cosa.

Creí que me daba algo.

-Tendrán que buscar otro restaurante- me pareció oír que decía Francisco.

Si, definitivamente, iba a darme algo. Las palabras “buscar” y “otro restaurante” martilleaban mi cabeza como un eco fatídico que me resistía a tragar. Me senté en estado de shock, incapaz de articular palabra y sin ser demasiado consciente de si respiraba o no. Dei hablaba con Francisco intentando pensar una solución... e intentaba hablar conmigo, que seguía a mi vez intentado digerir la noticia, incapaz todavía de reaccionar.

-Pues nada, buscamos otro restaurante...
-Pero... ¿dónde nos van a coger?. si quedan cuatro días... .¿donde aceptan una bodaa con cuatro días de antelación?.. si quedan cuatro días... si está todo el mundo avisado... si hemos mandado un planito.... hay que llamar a todos uno por uno... darles nuevas indicaciones a los de Galicia, que no conocen Zaragoza... es un follón... es una putada...
-Yo lo siento muchísimo- insistía Francisco- Y tras sudar, y pensar, y titubear, y sudar más, añadió: -Hombre, el 20 tengo ocupado el salón privado, pero podría cerrarles el restaurante.... El único problema es que no podría haber barra libre, porque no lo tengo insonorizado y se tendrían que ir a la una.
-¿Y no hay ningún sitio al que ir luego a tomar las copas?- preguntamos, no sé si yo, o Dei, o ambos.
-Hombre, tienen aquí al lado el Canterbury.

Dei negó con la cabeza. Según él, el Canterbury es pijo, caro y dan garrafón. Vamos, en las antípodas de lo que buscábamos para nuestros invitados y para nosotros mismos.

-Yo lo siento en el alma, sobre todo, por usted, señora -dijo Francisco, al ver mi estado, tan tan lamentable y tan a punto de llorar que ni me molestó el “”señora” ni nada...

Salimos afuera a deliberar. Yo como alma en pena, y Dei, teléfono en mano, aparentemente animoso y dispuesto a buscar otro sitio. Pero era una tarde de calor traicionera, yo había dormido poco y a Dei le dolían los zapatos nuevos. Y la idea de vagar por Zaragoza buscando un restaurante improbable que nos montase la cenita, se dibujaba más cruel y dura que el destierro del Cid, con su polvo, su sudor y su hierro. Y pasar del cielo de tenerlo todo montado, a verse a la intemperie de los preparativos atropellados (cambiar las invitaciones, fijar de nuevo los menús... ¡¡buscar un restaurante!!) resultaba sencillamente desolador.

-¿Y si dejamos la cena en el Goyesco y buscamos un pub por aquí cerca para después?- pregunté, en busca desesperada de un clavo ardiendo al que aferrarme.
-Uf, no sé si hay...
-¿El Canterbury de verdad está tan mal?
-El Canterbury no, paso, ni hablar. -Dei es cabezón. Es que es maño- Bueno, ya encontraremos alguno... Venga, va, dejamos la cena como está... y ya buscaremos algo para después..

Francisco seguía sudando cuando volvimos a decirle que manteníamos la cena, y nos explicó con entusiasmo cómo acondicionaría el local, dónde dispondría los aperitivos, el cortador de jamón, las mesas y todo... Pero yo ya tenía una nueva obsesión en mente: un pub, un pub, un pub.

No conozco bien Zaragoza, ni los pubs de la zona del Goyesco (que es más de terrazas y pequeñas cervercerías de primer ahora), y Dei estaba muy cansado, y es mucho más relajado que yo, y no me hacía demasiado caso, y yo creo que incluso estaba contento por haberse librado de la barra libre y de la posibilidad de que le hicieran “abrir el baile” o algo así (llevaba días diciéndome que teníamos que hablar con el discjockey y dejarle claro ese punto, o directamente prescindir del diskjockey).

Así que nos fuimos a casa, y esa noche quedamos con Fer para picar algo, y luego tomar una copita por allí cerca. Y en esas estábamos cuando se acordaron de un local llamado “El callejón de la música” en el que habíamos estado alguna vez. Y yo vi un rayito de sol en medio de la zozobra de las dificultades de mis preparativos. Aunque era más bien tranquilo, no parecía mal sitio, y estaba cerca, y era relativamente amplio, y la música era buena, y las bebidas que sirven también. La tierra prometida, vamos.

Así que una vez allí, en cuanto me señalaron quién de entre los de detrás de la barra era el dueño, me lancé a preguntarle por la posiblidad de hacer allí algo similar a una barra libre, y me dijo que vale, que me haría unos tickets, y me cobraría lo que cada uno tomara haciéndome algo de precio. Y así pude dormir tranquila esa noche, y las cinco noches que me separaban de la gran noche de mis desvelos.

Pero eso ya no me cabe ni aquí ni hoy. Así que lo convierto en otra historia, que deberá ser contada en otra ocasión.
 
Por cierto... ¡que tenemos un seguidor! No sé cuánto durará, ni sé quién es, pero sólo quiero darle las gracias: porque es algo con lo que no contábamos, porque me ha hecho mucha ilusión, y porque así ya tengo algo que celebrar este fin de semana. ¡Un saludo, un beso y mil gracias!

2 comentarios:

Liz dijo...

la situación del restaurante es de infarto, directamente... pero al final todo areglado. así nacen estas anécdotas, oye.

ahhh! cómo que "un" seguidor? ya estamos con la burocracia y la oficialidad... ;)

al menos Sabina y ese contigo delicioso

Buen fin de semana!
Besos

kamala dijo...

Ya sabes que cada comentario tuyo nos hace muchísima ilusión, pero es que a ti ya te consideramos más que seguidora (en serio te lo digo, eh, no es peloteo). Pero es que mi hizo mucha gracia lo del seguidor oficial, que yo ni sabia que existia.

Infarto es poco, de verdad, eso hay que vivirlo, qué mal rato... Pero sí, así ahora tengo pa tantos posts;-)

Besiños, guapa

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