martes, 26 de mayo de 2009

Sistema o no



Siempre vuelvo a casa escuchando la radio en el coche, zappeando dial alante y atrás, y parándome allí donde me apetece quedarme más de tres segundos. Y hoy me quedé en los espacios electorales gratuitos de Radio 5, en los que aparecen, como caracoles tras la tormenta y antes del calor, esos pequeños partidillos de rumor silenciado por el volumen atronador de los grandes partidos políticos que poco a poco, y con la tenaz resistencia nacionalista, parecen irse reduciendo a dos, posibilismo y dinero para fastuosas campañas mediante.

Y es curioso ver desfilar la amplia gama de opciones variopintas: partidos profamilia, cristianos, "liberales" autodenominados "de centro", comunistas sin reparos, la ínclita Rosa Díez sacando filón de la cansina defensa del nacionalismo español sin complejos, andalucistas, extremeños, carlistas, la insólita (por persistente) Falange Española o el utopismo quijotesco, aparentemente alejado del reino de este mundo, del Partido Humanista.

Hay mucha gente desengañada con la política tal y como está montada, que tal vez sea el corolario inevitable del sistema democrático (o tal vez no... ojalá), y esta gente suele reivindicar una postura apolítica y (más que antisistema, que es algo más activo y que exige una fe en una alternativa viable que no abunda en nuestros días) a-sistema: el ostracismo democrático voluntario, con la abstención como su seña de identidad básica e imprescindible. Y me parece una postura de lo más comprensible. Cada vez más.

Yo soy consciente de que quizás la nuestra sea una democracia de mierda, cuyo paroxismo son precisamente las campañas electorales y su parafernalia. Pero el rechazo sin alternativa, y la actitud pasota a lo "que inventen ellos", que deja la decisión en manos de otros, de todos los otros, puede ser inconsciente y peligrosa. Y no sé si está la cosa para correr muchos riesgos, aunque la mayoría de las veces el votar signifique elegir no la opción mejor, sino la menos mala. Que es muy triste, y desesperanzador, y no queríamos la democracía para esto. Ya lo sé.

Pero cuando llega el momento, no puedo evitar acordarme siempre del día que mamá me contó que ella siempre se emocionaba cuando votaba. Porque claro, ella creció en un mundo en el que no había votaciones, y fue despertando poco a poco a la conciencia de lo que significaban, y vivió el entusiasmo cuando al fin se lograron, y el miedo a perderlas cuando todo era tan reciente y tan inestable que parecía que en cualquier momento las cosas podían dar marcha atrás.

Y aunque sea esta una democracia de mierda, a la que habría que cambiarle mil cosas difíciles de cambiar, básicamente porque a quien podría no le interesa, tengo claro que es mucho mejor un mundo con votaciones que sin ellas. Que podemos hablar de cambiar todo lo demás, sí, pero lo que yo dejaría inalterable sería eso: la opción de votar. Que aunque no lo creamos, hay que cuidarla y mimarla (aunque no por ello dejemos de criticar y rechazar todo lo criticable y rechazable), porque puede ser mucho más frágil de lo que nos parece a los que no hemos ni vivido ni sufrido un mundo sin ellas. Y la alternativa a un mundo con votaciones no me convence. Es más: me aterra.

Así que yo ya he solicitado mi voto por correo. Y lo solicitaría aunque fuera para votar en blanco.

Aún así, sé que tengo que leer el famoso Ensayo sobre la lucidez de Saramago, que parte de la premisa de qué sucedería si nadie votase, y quizás me convenciera de que ese sería el verdadero camino hacia algo mejor, a través de la que puede que sea la única vía para la revolución: el boicot unánime al sistema. Pero es que a mí, qué queréis: las revoluciones me dan mucho miedo. Porque por su propia naturaleza tienden a escaparse de las manos y las intenciones que las hicieron nacer.

En fin, lo que más me sorprendió de mi viaje por los espacios electorales minoritarios fue escuchar en ellos esta canción de Macaco, que despierta entusiasmo y odio acérrimos por partes iguales, tanto por los que dicen odiar a los "perro flauta" en general (en los que incluyen también a Amparanoia y mi admirado Manu Chao), como por los que lo acusan de traicionar la alternatividad al venderse al sistema, a la comercialidad, a la ecología de libro y pose del National Geografic, y a los cameos de celebridades a medida de los 40 principales.

Es lo que tiene la música comercial: que la hacen para que te guste, pero luego se supone que si te gusta la buena música, no puede gustarte. Menos mal que para esto yo soy más simple que un botijo, y la música la clasifico en la que me gusta (intuitivamente y al primer oído) y la que no, sin más prejuicio, vergüenza ni conocimiento. A mí la cancioncita me gusta, tiene un ritmo muy chulo, y ya está.

Y me sorprendió porque esta canción ecologista y "progre" (como poco) aparecía como banda sonora del spot de... de... ¡¡la Falange!!. :-o. Raro, ¿no? ¿Los de la Falange lo saben? Y si es así, ¿por qué lo han hecho? ¿Ahora van de otra cosa y yo no me he enterado? ¿O se han equivocado y la han puesto sin querer? ¿Y habrá consentido Macaco? ¿O lo han hecho a sus espaldas? (como estos espacios no los debe escuchar nadie...) Ya me ha dejado cavilando la cuestión.

Y hablando del pasaje de lo alternativo a lo comercial, otro artista antes alternativo, y ahora odiado por sus antiguos seguidores por vender su alma al Lucifer todopoderoso y seductor de la comercialidad (o el sistema), es Huecco, que también ha sacado un vídeo "solidario" (qué gracia me hace esta palabra multiusos, que se nos está quedando también "hueca" -perdón por el chiste tonto, ha sido sin querer-, facilona y que atufa siempre a publicidad ramplona), en su caso, contra los malos tratos, lleno también de cameos de populares concienciados, y generosos, y "solidarios", y bla bla bla.

Es que el sistema es así de sutil y listo, y anula aquello que se le opone (o parece oponérsele) precisamente de este modo: asimilándolo. Utilizándolo. Comprándolo y vendiéndolo. Convirtiendolo en una pieza. Una pieza más. Y si lo ha hecho con la rebeldía, la violencia, el pacifismo o la ecología, ¿cómo no lo iba a hacer con la música? Y si no, que se lo digan al jazz, al soul, al punk, al grunge, al heavy, a la canción protesta, al reggae y a tantos más.


El caso es que otra vez me pasa que a mí la cancioncita me gusta, y no lo puedo evitar (la voz de la chica, Hanna, es muy personal y emotiva, con ese toque desgarrado...).

Si es que no tengo remedio. Creo que el sistema a mí me tiene ya más que asimilada. ¿O es que nací así? Porque repito que para esto soy más simple que un botijo. Ya podía ser así para otras cosas, cagüentó, que mira que me complico para todo lo demás.

4 comentarios:

Liz dijo...

pues la van a tener, los de la falange digo, porque Macaco ha exigido que dejen de utilizar su canción (cuestiones de imagen y permisos) Ellos, los de la falange otra vez, echan mano de los prejuicios y dicen sentirse identificados con la filosofía de moving, qué cosas...

Siguiendo con las elecciones, yo pienso que hay que votar, porque es cuando el pueblo, por el que todo se hace, habla. Un derecho que ejercer por los que no pudieron y para que no se pierda. Aunque a veces dan ganas de pensárselo.

Lo de la canción solidaria está bien, pero hace falta más que canciones y publicidad para acabar con los malos tratos. Como iniciativa vale, pero no da para más.
Por cierto, a mí me marean él y ella. Supongo que la simplicidad está infravalorada, pero todo se reduce a me gusta o no y no hace falta buscar excusas.

Ah, aquí es Albacete. Y gracias por actualizar el post de hoy.

Que descanses,
un beso.

kamala dijo...

Pues yo valoro mucho la simplicidad, porque en general es algo que yo no tengo, aunque para esto de gustos y disgustos sea para lo único que me funcione.

Las iniciativaas solidarias están bien, claro, y puede que surjan de muy buenas intenciones. Sin embargo, tengo la impresión de que en la práctica sólo funcionan como campaña publicitaria, pero no de la causa defendida, si no de la imagen de las personas que "desinteresadamente" colaboran en ello.

Pero no por ello deben de ser rechazadas, si es que realmente aportan algo (yo no lo sé ni lo tengo claro), aunque sea una gota, en favor de todo lo que hay que hacer. Porque contra los malos tratos nunca hay que dejar de hacer y dejar de intentar. Todo. Lo que sea. Lo que haga falta. Lo que pueda hacer falta.

Porque es una cuestión en las antípodas de la simplicidad, por desgracia: muy compleja y a la que contribuyen muchos factores sutiles y, por tanto, difíciles de modificar, la educación y la mentalidad entre ellos. Y si esto contribuye un poco a ir cambiando algo de esa educación y esa mentalidad, ole.

observer dijo...

terechiña! te dejo el link a mi nuevo blog, que hablará mucho de política:

www.crisisdefe.blogspot.com

Y no te pierdas el documental Zeitgeist Addendum, es la bomba lo que cuentan. búscalo, bájalo, piénsalo.

http://video.google.com/videoplay?docid=7065205277695921912

bicos

kamala dijo...

¡Genial!

Me alegro mucho de tu vuelta, que me gusta mucho leerte.

Prometido que veré el documental.

El finde voy a los verines, así que si quieres algún recado, ya sabes.

Bicos

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