jueves, 4 de junio de 2009

Ser y ser


Soy un ser distinto para cada persona que me conoce. Lo sé, lo veo. Y nada me incomoda tanto como estar a la vez con otros para quienes sé que soy un tipo distinto. LUIGI PIRANDELLO

A mí también me pasa. Ese es uno de los problemas de que sea la mirada del otro la que nos define. Hay tantos otros...

Por eso todos somos una especie de pluriempleados con personalidad múltiple. Y desde siempre, esto ha dado lugar a situaciones embarazosas, desde que eres adolescente y coincides, por ejemplo, con tu mamá (para la que seguías siendo su niño y te repetía que te abrigaras y te sentaras bien) y con tus amigos (para los que eras un tipo duro, rebelde y distante). O con tu novio intelectual, con el que hablas de arte y literatura y filosofia, y tus amigas del barrio, con las que hablas de cotilleos, y trapitos, y televisión. O con tu jefe, al que intentas complacer por si algún día cae un ascenso, y tu pareja, con la que lo pones verde, y te ríes de él, y cuentas de vez en cuando y con el pecho henchido, cómo le cantas siempre las cuarenta, porque él no pasa por encima de ti así como así.

O cuando coincides a altas horas de la madrugada con tu pandilla de salidas nocturnas, con los que la marcha y la locura no para y no importa nada hasta más allá del amanecer, y tus alumnos adolescentes, a los que el lunes a primera hora tendrás que intentar explicarles lengua y literatura, y exigirles la taera, y a los que tienes que aprobar, sermonear y suspender. (O con sus padres, que es lo que tiene vivir en un pueblo, que en la noche no hay distribución posible ni por edad ni por condición). Esta ha sido mi esquizofrenia más extrema, y la más repetida, y la que más incomodidades me ha causado.

Y la tuya, ¿cuál es?

2 comentarios:

Liz dijo...

la mía era hacer lo adecuado, decidir lo conveniente, actuar de manera que nadie se sintiese mal ni perjudicado un ejemplo de orden y perfección... al final la ansiedad me hizo cambiar de comportamiento (sin remedio)
Desde entonces pienso más en mí y menos en los demás, ya se ocuparán ellos de lo suyo. Ahora soy sincera e indulgente conmigo aunque para algunos egoísta y antipática, pero duermo mucho mejor.

Es genial ese post que enlazas y muy cierto, uno crece siendo quien le han dicho que es. Los adultos que emiten juicios sobre niños deben ser responsables y saber que quizá una simple opinión puede cambiar la percepción que ellos tienen de sí mismos. Dejémosles ser libres de opiniones ajenas mientras puedan.

El libro de Kundera me encantó.
Y compartir miradas contigo, de esas que quizá ven más que las cotidianas, también.

Un beso

kamala dijo...

Uy, la ansiedad es tb una vieja conocida mía, y sé cuánto tiene que ver a veces con la mirada del otro.

Me alegro mucho de que te gustara el post, y me alegro mucho, muchísimo, de haber encontrado tu mirada y de compartirla.

Besos.

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