domingo, 20 de septiembre de 2009

"El lobo estepario": vamos a "descontar" mentiras



El que ande buscando un libro lógico, ordenado, cerrado, de argumento y “mensaje” nítidos y unívocos, que no se acerque a “El lobo estepario”.Pero si buscas una puerta abierta, una reflexión lúdica, abierta, multiforme sobre qué y quiénes somos, y sobre cómo podemos aprender a mirarnos para estar mejor, este es tu libro.

Esta obra del Nobel Herman Hesse (a cuyo "Siddartha" debo yo mi nick) refleja la lucha agónica entre las (aparentes) dualidades extemas que nos constituyen: instinto y razón, vitalismo y contemplación intelectual, rechazo de la sociedad y necesidad de relacionarse o integrarse con los otros, impulso de vivir e impulso de morir, ser uno y ser varios, morir y querer ser inmortal, vivir y crear, el agobio de las preguntas y la búsqueda de las respuestas, las respuestas en el arte y las respuestas en la vida.

El libro cuenta la historia (o más bien, simplemente habla de) Harry Haller, el lobo estepario, un personaje solitario e intelectual, que sobrevive (no vive) en una pensión, aislado y refugiado en los libros y el alcohol, que rechaza y desprecia profundamente a la sociedad burguesa, sus convenciones y constructos morales, y que ha tomado la determinación tambalaeante de acabar con su vida a los 50 años (y es esta perspectiva lo que le permite soportar una existencia claramente insatisfactoria).

Haller tiene conciencia dolorida de ser un “lobo estepario” (y esto es precisamente lo que le impide vivir). Esta es la expresión que él cree que le define: “estepario”, un ser solitario y solo, por su rechazo al mundo burgués, un hombre que no encaja, y “lobo”, un animal, un ser instintivo, una bestia dominada por su instinto. Pero como intelectual contempla esa parte esencial suya, la del lobo, como dañina, perjudicial, peligrosa, aniquilable. Rechaza al mundo burgués (que ha moldeado lo que en él hay de "hombre", de ser racional) y se rechaza a sí mismo, al lobo que es (o que él cree que es).

En sus manos cae un Tratactus (subtitulado, al igual que el "teatro" que aprecerá luego, como "no para cualquiera" o "solo para locos" ... Marc Parrot también ha leído este libro-) que es un estudio sobre él mismo. Sobre el lobo estepario. Y ahí descubre también la mentira de su propia dualidad hombre-lobo,o razón-instinto: la mentira de la personalidad. De la idea artificial y falsa que nosotros tenemos de nosotros mismos. No somos uno, no somos dos: somos muchos. Lo que creemos nuestra personalidad unívoca (o dual, como nos enseñó el psicoanálisis con el descubrimiento de la escisión yo-ello, consciente-inconsciente) no es más que una construcción que hemos asumido, y que es necesario deconstruir. Y ese es el proceso que lleva a cabo en la parte final, el "Teatro mágico".

Pero antes, el Harry contemplativo, huyendo de su suicidio, se lanza al vitalismo orgiástico, el baile, la noche, la fiesta y el sexo de la mano de un ambiguo personaje, Armanda, que le recuerda a un amigo de la infancia (Armando), y que hace de guía y cicerone por el mundo de la noche, la música, lo dionisíaco, los placeres carnales. Harry está buscando en realidad un ancla en la vida, y esto le llevará, siempre de la mano de Armanda (también Dante llegaba al "paraíso" de la mano de Beatrice) a la parte final, alegórica, el "teatro para locos", que mendiante varias escenas (algunas de corte surrealista,) llevará a cabo el "desmontado" o deconstrucción de la propia personalidad, en una especie de juego de ajedrez, donde aparecen piezas de distinto tamaño (los distintos aspectos que conforman eso que creemos nuestra personalidad), que nosotros podemos mover y combinar, en un juego dinámico y cambiante que nunca es (y no tiene por qué ser) ser algo estable. Ni único. Ni uno.

Es decir, nuestra personalidad puede ser (o debe ser, o simplemente es) cambiante y múltiple, y en ella coexisten nuestra parte animal, nuestra parte intelectual ,nuestra parte sentimental, nuestra parte vitalista o sensual... pero también forman parte de ella los demás, la imagen que de ellos tenemos o cómo nos afectan. Ninguna de estas partes debe ser exclusiva, ninguna debe imponerse, ninguna debe falsearse, ninguna debe reprimirse, ninguna debe negarse. Y si Freud hablaba de la necesidad de matar al padre como acto simbólico necesario para crecer, Harry matará a Armanda, a la que ama, como forma de llegar al verdadero amor, para quitarse de encima el peso de la seriedad de las convenciones burguesas y la idea del amor que nos han vendido (que también se desmonta en la novela).

Porque la seriedad intelectual (y la literaria, claro) es también un constructo más de la sociedad burguesa que tanto rechaza: solo la poesía, el teatro, el juego, el humor, la risa, llevan a un conocimiento auténtico, porque sólo esto nos permite liberarnos de los conceptos férreos y exclusivistas con los que nos han enseñado a mirarnos. Tan férreos y tan exclusivistas que se han convertido en la cárcel que nos impide ser y vivir. Y esta es la vía que también han reivindicado y seguido muchas corrientes artísticas y/o filosóficas (e incluso terapéuticas) -por ejemplo el Surrealismo, o el teatro del absurdo- como forma de expresión, y por tanto, de conocimiento, de nuestro yo (o lo que sea) más auténtico. Que es el más complejo y cambiante. El menos "uno".

Pero puede ser también que el libro diga otras cosas. Seguro que si lo has leído, o lo lees, a ti te dice otras. Ya me contarás. Yo ahora voy a por Demian. Ya os contaré.
VIVIR O PENSAR
“La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber” ¿No es esto espiritual? ¡No quieren nadar, naturalmente! Han nacido para la tiera, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, ¡no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ese podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ese precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará.

SER UN LOBO ESTEPARIO
¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; ni puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan.

Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le hes extraño e incompresible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.


EL LOBO Y EL HOMBRE

El lobo estepario tenía, por consiguiente, dos naturalezas, una humana y otra lobuna; ése era su sino. Y puede ser también que este sino no sea tan singular y raro.(...)En Harry, por el contrario, era otra cosa; en él no corrían el hombre y el lobo paralelamente, y mucho menos se prestaban mutua ayuda, sino que estaban en odio constante y mortal, y cada uno vivía exclusivamente para martirio del otro, y cuando dos son enemigos mortales y están dentro de una misma sangre y de una misma alma, entonces resulta una vida imposible. Pero en fin, cada uno tiene su suerte, y fácil no es ninguna.

Ahora bien, a nuestro lobo estepario ocurría, como a todos los seres mixtos, que, en cuanto a su sentimiento, vivía naturalmente unas veces como lobo, otras como hombre; pero que cuando era lobo, el hombre en su interior estaba siempre en acecho, observando, enjuiciando y criticando, y en las épocas en que era hombre, hacía el lobo otro tanto. Por ejemplo, cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello pensamiento, o experimentaba una sensación noble y delicada, o ejecutaba una de las llamadas buenas acciones, entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes, se reía y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta distinguida farsa a un lobo de la estepa, a un lobo que en su corazón tenía perfecta conciencia de lo que le sentaba bien, que era trotar solitario por las estepas, beber a ratos sangre o cazar una loba, y desde el punto de vista del lobo toda acción humana tenía entonces que resultar horriblemente cómica y absurda, estúpida y vana. Pero exactamente lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal, cuando le enseñaba los dientes a los demás, cuando respiraba odio y enemiga terribles hacia todos los hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. Entonces era cuando se ponía en acecho en él precisamente la parte de hombre que llevaba, lo llamaba animal y bestia y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su esencia de lobo, simple, salvaje y llena de salud."


QUIÉN PUEDE QUERER A UN LOBO ESTEPARIO

Así estaban las cosas con el lobo estepario, y es fácil imaginarse que Harry no llevaba precisamente una vida agradable y venturosa. Pero con esto no se quiere decir que fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese, como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los mayores del mundo). Esto no debiera decirse de ninguna persona. Quien no lleva dentro un lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco. Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. Y esto ocurría también al lobo estepario. Por lo general era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a él. Pues todos los que le tomaban cariño, no veían nunca en él más que uno de los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. Singularmente éstos eran, por lo general, los más decepcionados e irritados, y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en contacto.

LOS ARTISTAS

Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry; muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la sangre materna y la paterna, la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento, tan hostiles y confusos lo uno junto y dentro de lo otro, como estaban en Harry el lobo y el hombre. Y estas personas, cuya existencia es muy agitada viven a veces en sus raros momentos de felicidad algo tan fuerte y tan indeciblemente hermoso, la espuma de la dicha momentánea salta con frecuencia tan alta y deslumbrante por encima del mar del sufrimiento, que este breve relámpago de ventura alcanza y encanta radiante a otras personas. Así se producen, como preciosa y fugitiva espuma de felicidad sobre el mar de sufrimiento, todas aquellas obras de arte, en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino, que su dicha luce como una estrella, y a todos aquellos que la ven, les parece algo eterno y como su propio sueño de felicidad. (...) Entre los hombres de esta especie ha surgido el pensamiento peligroso y horrible de que acaso toda la vida humana no sea sino un tremendo error, un aborto violento y desgraciado de la madre universal, un ensayo salvaje y horriblemente desafortunado de la naturaleza. Pero también entre ellos es donde ha surgido la otra idea de que el hombre acaso no sea sólo un animal medio razonable, sino un hijo de los dioses y destinado a la inmortalidad.

NO SOMOS UNO NI SOMOS DOS. LA MENTIRA DE LA PERSONALIDAD. LA MENTIRA DE LA DUALIDAD
La bidivisión en lobo y hombre, en instinto y espíritu, por la cual Harry procura hacerse más comprensible su sino, es una simplificación muy grosera, una violencia ejercida sobre la realidad en beneficio de una explicación plausible, pero equivocada, de las contradicciones que este hombre encuentra dentro de sí y que le parecen la fuente de sus no escasos sufrimientos.

Harry encuentra en sí un «hombre», esto es, un mundo de ideas, sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra allí al lado, también dentro de sí, un «lobo», es decir, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada. A pesar de esta división aparentemente tan clara de su ser en dos esferas que le son hostiles, ha comprobado, sin embargó, alguna vez que por un rato, durante algún feliz momento, se reconcilian el lobo y el hombre.

Si Harry quisiera tratar de determinar en cada instante aislado de su vida, en cada uno de sus actos, en cada una de sus sensaciones, qué participación tuviera el hombre y cuál el lobo, se encontraría en un callejón sin salida y se vendría abajo toda su bella teoría del lobo. Pues no hay un solo hombre, ni siquiera el negro primitivo, ni tampoco el idiota, tan lindamente sencillo que su naturaleza pueda explicarse como la suma de sólo dos o tres elementos principales; y querer explicar a un hombre precisamente tan diferenciado como Harry con la división pueril en lobo y hombre, es un intento infantil desesperado.

Harry no está compuesto de dos seres, sino de ciento, de millares. Su vida oscila (como la vida de todos los hombres) no ya entre dos polos, por ejemplo el instinto y el alma, o el santo y el libertino, sino que oscila entre millares, entre incontables pares de polos. (...) El hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de fórmulas muy ingenuas, simplificadoras y engañosas - ¡ especialmente a sí propio!-. Pues, a lo que parece, es una necesidad innata fatal en todos los hombres representarse cada uno su yo como una unidad.(...) Pero en realidad ningún yo, ni siquiera el más ingenuo, es una unidad, sino un mundo altamente multiforme, un pequeño cielo de estrellas, un caos de formas, de gradaciones y de estados, de herencias y de posibilidades. Que cada uno individualmente se afane por tomar a este caos por una unidad y hable de su yo como si fuera un fenómeno simple, sólidamente conformado y delimitado claramente: esta ilusión natural a todo hombre (aun al más elevado) parece ser una necesidad, una exigencia de la vida, lo mismo que el respirar y el comer. La ilusión descansa en una sencilla traslación. Como cuerpo, cada hombre es uno; como alma, jamás.

(...) El pecho, el cuerpo no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos. Esto lo reconocieron y lo supieron con exactitud los antiguos asiarcas, y en el yoga budista se inventó una técnica precisa para desenmascarar el mito de la personalidad. Pintoresco y complejo es el juego de la vida: este mito, por desenmascarar el cual se afanó tanto la India durante mil años, es el mismo por cuyo sostenimiento y vigorización ha trabajado el mundo occidental también con tanto ahínco.

Si observamos desde este punto de vista al lobo estepario, nos explicamos por qué sufre tanto bajo su ridícula duplicidad. Cree, como Fausto, que dos almas son ya demasiado para un solo pecho y habrían de romperlo. Pero, por el contrario, son demasiado poco, y Harry comete una horrible violencia con su alma al tratar de explicársela de un aspecto tan rudimentario. Harry, a pesar de ser un hombre muy ilustrado, se produce como, por ejemplo, un salvaje que no supiera contar más que hasta dos. A un trozo de si lo llama hombre; a otro, lobo, y con ello cree estar al fin de la cuenta y haberse agotado. En el «hombre» mete todo lo espiritual, sublimado o, por lo menos, cultivado, que encuentra dentro de sí, y en el «lobo» todo lo instintivo, fiero y caótico. Pero de un modo tan simple como en nuestros pensamientos, de un modo tan grosero como en nuestro ingenuo lenguaje, no ocurren las cosas en la vida, y Harry se engaña doblemente al aplicar esta teoría primitiva del lobo.

(...) El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero (éste fue, a pesar de los presentimientos contrapuestos de sus sabios, el ideal de la Antigüedad), es más bien un ensayo y una transición; no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Hacia el espíritu, hacia Dios lo impulsa la determinación más íntima; hacia la naturaleza, en retorno a la madre, lo atrae el más íntimo deseo: entreambos poderes vacila su vida temblando de miedo. (...)


LA MENTIRA DE LA “VUELTA A LOS ORÍGENES Y A LA NATURALIDAD”
Nuestro lobo estepario (...)ha logrado hallar que a la unidad de su cuerpo no le es inherente una unidad espiritual, sino que, en el mejor de los casos, sólo se encuentra en camino,con una larga peregrinación por delante, hacia el ideal de esta armonía. Quisiera o vencer dentro de sí al lobo y vivir enteramente como hombre o, por el contrario, renunciar al hombre y vivir, al menos, como lobo, una vida uniforme, sin desgarramientos. (...)

No, con la «¡Vuelta a la naturaleza!» va siempre el hombre por un falso camino, lleno de penalidades y sin esperanzas. Harry no puede volver a convertirse enteramente en lobo, y si lo pudiera, vería que tampoco el lobo es a su vez nada sencillo y originario, sino algo ya muy complicado y complejo. Tambíén el lobo tiene dos y más de dos almas dentro de su pecho de lobo.

Hacia atrás no conduce, en suma, ninguna senda, ni hacia el lobo ni hacia el niño. En el principio de las cosas no hay sencillez ni inocencia; todo lo creado, hasta lo que parece más simple, es ya culpable, es ya complejo, ha sido arrojado al sucio torbellino del desarrollo y no puede ya, no puede nunca más nadar contra corriente. El camino hacia la inocencia, hacia lo increado, hacia Dios, no va para atrás, sino hacia delante; no hacia el lobo o el niño, sino cada vez más hacia la culpa, cada vez más hondamente dentro de la encarnación humana. Tampoco con el suicidio, pobre lobo estepario, se te saca de apuro realmente; tienes que recorrer el camino más largo, más penoso y más difícil de la humana encarnación; habrás de multiplicar todavía con frecuencia tu duplicidad; tendrás que complicar aún más tu complicación. En lugar de estrechar tu mundo, de simplificar tu alma, tendrás que acoger cada vez más mundo, tendrás que acoger a la postre al mundo entero en tu alma dolorosamente ensanchada, para llegar acaso algún día al fin, al descanso. Por este camino marcharon Buda y todos los grandes hombres, unos a sabiendas, otros inconscientemente, mientras la aventura les salía bien. Nacimiento significa desunión del todo, significa limitación, apartamiento de Dios, penosa reencarnación. Vuelta al todo, anulación de la dolorosa individualidad, llegar a ser Dios quiere decir: haber ensanchado tanto el alma que pueda volver a comprender nuevamente al todo.


NUESTRA MENTIRA I
magínese un jardín con cien clases de árboles, con mil variedades de flores, con cien especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo «comestible» y la «mala hierba», entonces no sabrá qué hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos ojos. Así hace el lobo estepario con las mil flores de su alma. Lo que no cabe en las casillas de «hombre» o de «lobo», ni lo mira siquiera. ¡Y qué de cosas no clasifica como «hombre»! Todo lo cobarde, todo lo simio, todo lo estúpido y minúsculo, como no sea muy directamente lobuno, lo cuenta al lado del «hombre», así como atribuye al lobo todo lo fuerte y noble sólo porque aún no consiguiera dominarlo.

VITALISMO, CONTEMPLACIÓN, SUFRIMIENTO -

¿Por qué, Armanda? ¡Dímelo!
-Porque yo soy como tú. Porque estoy precisamente tan sola como tú y como tú no puedo amar ni tomar en serio a la vida ni a las personas ni a mi misma. Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida lo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y rudeza de ambiente.
-¡Tú, tú! -exclamé hondamente admirado-. Te comprendo, camarada; nadie te comprende como yo. Y, sin embargo, eres para mí un enigma. Tú te las arreglas con la vida jugando, tienes esa maravillosa consideración ante las cosas y los goces minúsculos, eres una artista de la vida. ¿Cómo puedes sufrir con el mundo? ¿Cómo puedes desesperar?
-No desespero, Harry. Pero sufrir por la vida, oh, sí; en eso tengo experiencia. Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me arreglo tan perfectamente en la superficie de la vida. Y yo, amigo mío, me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo, hallándote en tu elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas, en el espíritu, en el arte, en el pensamiento. Por eso nos hemos atraído mutuamente, por eso somos hermanos. Yo te enseñaré a bailar y a jugar y a sonreír y a no estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo?
-Sí, lo somos. El diablo es el espíritu; nosotros sus desgraciados hijos. Nos hemos salido de la naturaleza y pendemos en el vacío.

EL "TEATRO PARA LOCOS" O CÓMO LIBERARSE DE LA CÁRCEL DE LA PERSONALIDAD
-Sin duda ha adivinado usted hace mucho que el dominio del tiempo, la redención de la realidad y cualesquiera que sean los nombres que haya dado a sus anhelos, no representan otra cosa que el deseo de desprenderse de su llamada personalidad. Esta es la cárcel que lo aprisiona. Y si usted, tal como está, entrase en el teatro, lo vería todo con los ojos de Harry, todo a través de las viejas gafas del lobo estepario. Por eso se le invita a que se desprenda de sus gafas y a que tenga la bondad de dejar esa muy honorable personalidad aquí en el guardarropa, donde volverá a tenerla a su disposición en el momento en que lo desee. La preciosa noche de baile que tiene usted tras sí, el Tractat del lobo estepario y, finalmente, el pequeño excitante que acabamos de tomarnos, lo habrán preparado sin duda suficientemente. (...)
-Así, Harry, venga usted y esté muy contento. Ponerlo de buen humor, enseñarle a reír, es la finalidad de todos estos preparativos; yo espero que usted se abrevie el camino. Usted se encuentra perfectamente, ¿no es eso? ¿Sí? ¿No tendrá usted miedo? Está bien, muy bien. Ahora, sin temor y con cordial alegría, va usted a entrar en nuestro mundo fantástico, empezando, como es costumbre, por un pequeño suicidio aparente.

Volvió a sacar otra vez el pequeño espejo del bolsillo y me lo puso delante de la cara. De nuevo me miró el Harry desconcertado y nebuloso e infiltrado de la figura del lobo que se debatía dentro, un cuadro que me era bien conocido y que en verdad no me resultaba simpático, cuya destrucción no me daba cuidado alguno.

-Esta imagen, de la que ya se puede prescindir, tiene usted ahora que extinguirla, caro amigo; otra cosa no hace falta. Basta con que usted, cuando su humor lo permita, observe esta imagen con una risa sincera. Usted está aquí en una escuela de humorismo, tiene que aprender a reír. Pues todo humorismo superior empieza porque ya no se toma en serio a la propia persona(...)

-La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente, le es a usted conocida. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad puede dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos sub-yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan el pensar y la experimentación. Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por «normales», y hasta por representar un gran valor social, que están irremisiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por eso la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto de lo que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas crean un drama con un puñado de figuras, así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas. ¡Vea usted!

9 comentarios:

observer dijo...

¡Interesante! Como persona cuya forma de vida es mucho más cercana a la del "lobo estepario" que a la del burgués, me resulta entre graciosa y enervante la visión literaria habitual del "loser": la persona que decide ejercer su derecho a pensar. Sin embargo, tras pasar muchos años perdido en la visión humanista del ser humano, me he "liberado" gracias a los filósofos que, desde Nietsche y Freud, han matado a este Hombre al que te refieres (el que se construye esencialmente con cuestiones ontológicas, identitarias, morales) y lo han reducido, sensatamente, a un objeto zoológico. ¿No crees que ese humanismo es heredado del catolicismo, de la creencia de que el Yo tiene siempre un "algo más" diferencial del resto de los fenómenos físicos del universo? Por cierto, tengo que llamarte para preguntarte un par de cosas de las opos, y para que me mandes algún link que hable del origen de la literatura de ficción, y de la ficción en general, pues estoy desarrollando ese tema en mi blog. Un beso!

kamala dijo...

Llámame cuando quieras (y si no lo haces tú, lo haré yo, ya te aviso).

No creo para nada que el "yo" sea unobjeto zoológico ni que sea herencia del catolicismo. Creo que el "yo", como dijo Descartes (el primero que se atrevió a dudar sobre él), piensa, luego existe. Es decir, como todo fenómeno, existe porque lo percibimos, y porque nos da la lata. El materialismo es una forma de verlo que evita los problemas, pero nada más. Yo estoy con Hesse en que la vuelta a los orígenes y la naturalidad (o la zoología) como explicación todopoderosa no es más que un retroceso y una forma de sortear el "problema" o la "cuestión".

Yo creo que el "yo" existe porque exite la sociedad, es decir, los otros. Y el "yo" y los "otros" existen porque tienen nombre, es decir, porque el hombre usa un lenguaje y crea conceptos, y esos conceptos existen, y funcionan (que es lo importante, y lo que los hace objeto digno de estudio, yde progreso, y de avance, y de mejora). Es el lenguaje lo que crea el hecho diferencial de la realidad meramente físico. Porque con el lenguaje vienen los conceptos, y con los conceptos, todo, absolutamente todo. El "yo" también.

en cuanto a la cuestión de la ficción, no conozco ningún link sobre su origen, pero intuyo que tmabién está ligada al lenguaje. Y ya te aviso que es una cuestión superespinosa sobre la que ahora mismo (estoy en el insti)no tengo tiempo material para divagar. Ya me pasaré por tu blog y divagaré alli, si eso... (aunque te metes en unos berenjenales... valiente, que eres un valiente)

Muchos besos, y ánimo e ilusión con las opos!!


Hablamos

observer dijo...

Gracias tía, investigaré el origen de la ficción, pues me parece extremadamente mágica esa capacidad que de repente un animalito se saca de la manga para obtener provecho de la mentira y la falsedad. Es insólito!!!
Lo que dices de las palabras es puro estructuralismo, si tienes tiempo te recomiendo que te veas entero el abecedario de Deleuze en el tube, es un tío fantástico. Las opos... como ves, me interesan los temas, pero los apuntes que tengo son espantosamente infantiles, más o menos me los voy estudiando a mi manera, reflexionando sobre cada tema e investigando. Es más trabajoso y largo, pero a estas alturas de mi vida ya no se chapar como unlorito. BESOS

kamala dijo...

"Ficción" no tiene por qué ser "mentira" y "falsedad"... (miedo me da meterme en el asunto). Te vuelvo a recomendar a Borges. Yo creo que la relación que existe entre realidad y ficción (o bueno, al menos, entre realidad y alguna ficción) es muy similar a la que existe entre realidad y lenguaje (fíjate que existen palabras como "alma", "extraterrestre", "fantasma", "duende", "hada"... "Dios"... "inmortalidad"). Es decir, el lenguaje y/o nuestra capacidad de abstracción (y de realizar el camino inverso: la concreción a partir de una abstracción) es el origen de la ficción, y las narraciones de ficción no son más que el resultado de su evolución y sofisticación
Me parece estupenda tu actitud ante los temas de la oposición. Vas a deslumbrar al tribunal. Y eso, créeme, es muy bueno.

Te llamo. Muchos besos, y en cuanto tengas algo sobre el origen de la ficción, cuéntamelo. A ver si me pongo a ver lo que me recomiendas, porque yo me formé en el estructuralismo, que, al menos en lo que al análisis del lenguaje, me conve´nció, y todavía no me he desengañado.

kamala dijo...

(Y que uses la palabra "magica" ya me indica que el materialismo zoóligoco-marxista-froidiano al que pareces aferrarte empieza a mostrar alguna fisura... A mí también me pasa, eh)

Teatro mágico. solo para locos dijo...

Exelente libro, justamente mi blog se titula Teatro magico solo para locos , jaajaja. Es que en verdad es uno deesos libros de los cuales me he enamorado, Por que me ha ayudado a entender varias cosasde mi que antes nosabia ordendarla en palabras. sabia cuales eran, sabia que me pasaba, pero no tenia idea como explicarlo. UN dia coomenze a leer este libro y mis preguntas empesaron aser respondidas. por otro lado aparecieron muchas preguntas más jaja ¿por desgracia, o por suerte?

Saludos.

kamala dijo...

Por suerte, sin duda :-)

Un saludo

Abraham dijo...

Personalmente, a mí me resultó bastante incómoda la lectura del Lobo Estepario. Era doloroso ver cómo el personaje (un sincerísimo trasunto del propio Hesse) se desintegraba en su propio delirio. Un delirio de lobo con piel de cordero.

Por cierto, no es lo mismo matar al padre (castración de Urano, Edipo, Hamlet) que matar a la madre (Armanda).

Kamala, tu reflexión sobre la ficción y la abstracción del lenguaje coincide con la conclusión a la que yo llegué hace ya diez años. ¿Es que nos conocemos de algo? ¿Habremos hablado ya alguna vez?

kamala dijo...

Abraham, seguramente "nos conocemos" de lecturas comunes y de haber estudiado lo mismo (o al go muy similar), así que es lógico que lleguemos a conclusiones similares...

¿Te resultó incómodo? ¿Crees de verdad que solo habla de un proceso de desintegración? Pero si al comienzo estaba al borde del suicidio...

Y no había caído en que Armanda sería matar a la madre. Yo lo interpreté como el matar al padre en el sentido de que es necesario (o sano, no sé que palabra emplear) matar todo aquello que tenemos mitificado, idealizado, sublimado (la figura paterna como juez infalible, el amor idealizado que no es más que una creación burguesa, y que representa ese primer enamoramiento de Armanda) para reencontrar nuestra autenticidad y lograr así ser más felices, que es lo que creo que indaga el libro...

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