sábado, 12 de septiembre de 2009

Viaje a las Galias (1): El noroeste francés desde una furgoneta


Hace un mes estábamos a punto de terminar nuestro recorrido por el Noroeste francés (Bretaña y un poquito de Normandía) a bordo de una furgoneta, que finalmente resultó ser más grande que la que nosotros habíamos contratado con la empresa de alquiler de coches, y que cargamos con provisiones para poder comer bien sin gastar mucho y sin tener que preocuparnos de buscar restaurantes.

Fueron aproximadamente 13 días (creo recordar, pero soy de letras hasta para el recuerdo) muy intensos, muy llenos de cosas y de impresiones que me van a dar para escribir varias entradas, y más teniendo en cuenta mi natural tendencia al rollo y a irme por las ramas (que es lo que hace que siempre me dé un poco de pereza hacer este tipo de crónicas).

Porque en este viaje hubo ramas, y ramas, y ramas... Y antes de entrar en detalle, sí me gustaría contar algunas "impresiones generales" de nuestro viaje que pueden resultar curiosas, destacables, irrelevantes y a lo mejor hasta útiles. Quién sabe.

1.- Francia es el país ideal para el tipo de viaje que nos planteamos (furgoneta y comidas tipo picnic en espacios públicos), porque las áreas de descanso están mucho mejor montadas y mucho más aprovechadas que en España: no se sitúan necesariamente en las proximidades de una gasolinera, o bar, o restaurante, o lo que sea; en todas tienes varios merenderos, una o varias fuentes con agua y servicios (mejores o peores, pero servicios), todo ello público y gratuito. Y por tanto, están también más llenas. Sin embargo, no tengo claro si fue primero la oferta o la demanda; es decir, si la gente acude tanto a estos espacios porque están muy bien montados, o si están tan bien montados porque la gente acude tanto. Consecuencia: hay muchíiiiiiisimas furgonetas y autocaravanas circulando (parece ser que los campings también están muy bien), y esto, en algunas carreteras, dio algún momento de agobio la conductora.

2.-Los españoles parecemos necesitar un bar para parar en nuestros recorridos, tanto en vehículo como andando, y para ir al servicio; los franceses tienen una "cultura del bar" mucho menos desarrollada, y esto tiene sus pros y sus contras. Los pros: la abundancia de servicios públicos (en autovías, carreteras, pueblecitos, ciudades), en los que no tienes que abonar una consumición cuando solo quieres aliviar una necesidad biológica impostergable, y lo habitual de puestos callejeros de comida, en los que te puedes encontrar desde las habituales crêpes, gallettes, bocadillos o pizzas, hasta cosas más sorprendentes para ir comiendo por la calle, como una ensalada. Los contras: la mala calidad de los servicios de bares y restaurantes, que incluso en algunos de los mas chic pueden reducirse a un cuchitril difícil de encontrar, unisex, maloliente y multiusos como cuarto de limpieza. (en nuestro viaje a Paris en abril, al lado de Montmartre, en una de esas coquetonas cafeterías con terraza, estufa exterior y toldo rojo, el servicio era de aquellos que en España ya no quedan desde hace años y que consistían en un agujero en el suelo), y que hay menos bares en general (es más, a determinadas horas y en determinados lugares solo te atienden si vas a comer algo).

3.- Los franceses cuidan mucho la estética de sus espacios públicos, y así, casi todas las calles aparecen adornadas por flores de vivos colores , situadas con muy buen gusto en maceteros que a veces aprovechan las farolas, lo que hace que cualquier pueblo resulte precioso.

4.- Sin embargo, curiosamente, tienen poquísimas papeleras (y en eso nuestro civismo, que de lejos parece -y puede que sea- todavía un proyecto, les saca mucha ventaja), y con lo que comen por la calle, su mimo estético de los espacios públicos y todo eso, resulta aún más llamativo.

5.- El gótico francés es más alargado, puntiagudo, ornamentado e imponente que el español (afirmación que espero juzguéis teniendo en cuenta que lo hace una total ignorante en arquitectura, y que habla de una impresión quizás errónea y fruto de la sugestión), y a un alma barroca como yo, con su gusto por los excesos, le encanta. Además, es mucho más abundante: las catedrales (casi todas preciosas e imponentes) aparecen no sólo en las grandes ciudades, sino también en algunas pequeñas. E incluso iglesias de los pueblos ofrecían la misma estilización estética de las torres de las catedrales.

6.- Los franceses , tan cívicos y tan guardianes de los buenos modales, conducen fatal (aunque yo esto lo noté menos, porque me libré de conducir por el morro: no me veía capaz de llevar la furgoneta, que era enorme, cuando me cuesta tanto conducir un coche que no sea el mío, y Dei se mostró entusiasmado con mi propuesta de no meterme en los turnos mientras no fuera estrictamente necesario... Él decía que era porque no me veía segura... yo creo que le daba un poco de cague. Muy sensato para algunas cosas, mi chico.) Aviso de que no respetan a los peatones en los pasos de idem, ni siquiera con su semáforo en ámbar y el parrequiño de los viandantes en verde.

7- Allí se toman muy en serio lo de los horarios europeos. (comer de 12 a 2, cenar de 7 a 9, irse a dormir sobre las 10-11). A la hora de comer no lo notamos tanto, porque comíamos libres como gatos, parando con la furgoneta en cualquier lugar que nos pareciera mínimamente apropiado para ello (aunque algún día dimos más de una vuelta y una revuelta, incluso para terminar parando al borde de la carretera y punto... la falta de práctica es lo que tiene), pero por la noche, es complicado cenar más allá de las 9 e incluso tomarse una cervecita más allá de las 12 (o antes, si el pueblo es muy pequeño). Y esto era aún más exagerado en Normandía que en Bretaña. Y eso que en zona turística y en plena temporada alta, se suaviza un poco.

8.- Es muy difícil conseguir hielo (nosotros lo necesitábamos para nuestra flamante nevera portátil). No tienen nunca en gasolineras y raramente en supermercados. Es también llamativo teniendo en cuenta lo que les gusta comer en áreas de servicio y los campings. No sé cómo se las arreglan. Uno de los dueños de los hoteles nos dijo que era porque el clima es distinto (más fresco), pero a mí sigue sin convencerme la excusa, porque lo que se estropea fuera de la nevera, se estropea igual (y con lo que les gusta a ellos el paté y el queso...).

9.- Las crêpes son parte fundamental de su gastronomía, y hay muchas creperies que no engañan por su nombre y práctiamente solo tienen crepes. Ellos les llaman crepes a las dulces, y galettes a las saladas (aunque en origen, creo que las galettes se hacían con trigo sarraceno, más oscuro que el habitual) y son diferentes de las que puedas hacer tú en casa (mucho ma´s finas y con masa más crujiente) y muy distintas de las filloas gallegas (a pesar del t´pico de que son lo mismo) que llevan mucho más huevo, son más jugosas y dan menos importancia al relleno.

10.- Son también muy habituales, en cualquiera de estos sitios de comer algo sin ser restaurantes de plato-plato, los moules, es decir, los mejillones, que ellos comen al vapor o a la crema y acompañados de patatas fritas (como en Bélgica, según comentaban Fer y Dei)

11.- Por supuesto, no hay tapas en los bares, y la idea de “picar algo” sin hacer una comida completa les resulta completamente exótica.

12.- Habla español más gente de la que nuestro prejuicio parisino nos hacía prever. Fueron varias las oficinas de turismo y recepciones de monumentos en las cuales nos atendieron en el idioma patrio. En los hoteles ya era otra cosa, aunque tuvimos la suerte de dar con dos (Dinard y Cognac) cuyos dueños lo hablaban casi perfectamente, pero por cuestión uma personal y anecdótica (el de Dinard porque vivía medio año en Santo Domingo -anda que era tonto, el tío-, y el de Cognac porque había vivido en España varios años). Pero en general, dimos con gente encantadora que aunque no hablaba español, hacía todo lo que podía y más por entendernos y hacerse entender. Qué diferencia con los parisinos altivos y/o descuidados de nuestro viaje de Abril.

13.-No tienen nuestra cultura del bar, pero tienen muuuucho más desarrollada la cultura de la boulangerie-pattisserie (panadería pastelería). La variedad y espectacularidad de la oferta era realmente irresistible para los amantes de la miga, la corteza y lo dulce.

14.- Les encantan los mercadillos Los hay por todas partes y sin necesidad de excusa. (También les encantan los tiovivos de aire añejo, que te puedes encontrar en medio de cualquier calle sin que haya ninguna fiesta. Esto ya lo había observado en París)


15.- Es habitual encontrarse Nutella en los desayunos. Sabia costumbre que descubrí en nuestro viaje de novios y que no he tardado en adoptar. Si el tópico de que los helados solo se comen en verano debe ser desmontado en nuestro país, el de que la Nutella o la Nocilla son cosa de niños, también.

16.- Hay supermercados enormes de marcas propias en las que no vas a encontrar ni una de las marcas conocidas (los Aldi, que en España son tan normalitos, allí son así). Puede parecer una chorrada, pero si buscas Cocacola, por ejemplo, es un rollo.

17.- En muchas gasolineras no se puede pagar con tarjetas españolas por no se qué historia de un microchip. Y la mayoría de las gasolineras cierran a una determinada hora. Y sí, los combustibles son más caros que en España.

18.- Los precios en los supermercados resultaron ser, para nuestra sorpresa, bastante similares a los españoles. Los bares y restaurantes eran un poco más caros (el precio medio de una cerveza eran unos cinco Euros), y los hoteles también (aunque Dei lo duda, yo creo que pagamos por hotelitos de una y dos estrellas -sólo hubo uno de tres- el precio que España solemos pagar por tres y cuatro). En todo caso, ya digo que la diferencia no era escandalosa.

19.- Tienen obsesión por las rotondas, que salpican cualquier carretera con intervalos muy cortos. Esto convierte el circular por carretera convencional en un coñazo, pero es muy útil para dar la vuelta... cuando te pierdes. Aunque nosotros nos perdimos poco, gracias a la pericia de los que guiaban siguiendo el mapa (yo no, tengo una especie de minusvalía en lo que al sentido de la orientación se refiere) y al navegador de Ubaldo. No hay autovías: las autopistas son todas de pago (me parece que a esto contribuye lo engorroso de las rotondas en las carreteras) y el límite de velocidad en ellas es de 130 con buen tiempo, 110 con mal tiempo (aunque a mí esta diferenciación me resulta complicada y susceptible de discusión, porque el límite entre ambos es gradual...).

20.- Son imprescindibles el forro polar, el chubasquero , el pantalón largo y el calzado cerrado hasta en agosto. No quiero ni imaginar lo que será en otras épocas del año.

21.-Los españoles hablamos muy alto para ellos (en algún desayuno en que la sala era pequeña, yo creo que el resto de los comensales se calló ante lo apabullante de nuestra conversación), y nos confunden constantemente con italianos, no sé si por el color del idioma, el volumen de voz o la similitud en la actitud.

22.- Las zonas que recorrimos son extremadamente peligrosas para fotógrafos compulsivos. Yo no lo era y ahora me estoy quitando (aunque tengo que alegar que estrenaba cámara). Volví con unas 1300 fotos (quién me ha visto y quién me ve, si hace un par de años viajaba sin cámara). Ni Dei ni yo somos capaces de verlas todas en una sentada. Ni en dos.

23.- Los chicles son malísimos y de marcas raras (no vimos en ninguna parte los Trident,que son mis preferidos y a los que más les dura el sabor) . No comen frutos secos que tengan salados (es que yo soy muy aficionada a esos mixes que llevan maíces, y cacahuetes, y cosas así).

24.- Las flores negras, que yo creía que eran una bonita metáfora de los Radio Futura, existen.

25.- Viajar la primera quincena de agosto es una mierda (sin perdón, como Cervantes): estaba todo lleno de gente hasta límites insufribles, y la frase más repetida por Dei, que era la cuarta vez que se dejaba ver por estos lares, fue (aparte de "tranquila churri, yo te protegeré” y “a qué sitios os traigo”): “cuando vinimos nosotros en Septiembre, esto estaba vacío”.

(Joe, yo pensaba que me saldrían unas 10 observaciones y he llegado a las 25. Definitivamente, tengo un problema con el rollo. Muy serio)

El relato y/o descripción parcial, caótico y personal de lo que vimos, en próximas entregas...

Un beso muy fuerte a nuestros compañeros de viaje, y a Liz, que me animó a contarlo.

3 comentarios:

Ubaldo dijo...

La France... ¿cuando volvemos?

Yo tampoco conduje. Para eso llevábamos a tres 'todovolante'.

Por cierto, las cervezas de cinco euros eran las de medio litro, si no recuerdo mal.

Liz dijo...

estoy encantada con tu mini-crónica número 1 :P
mucho más útil que esas guías de viajes en las que al final te das cuenta de que lo importante no te lo contaron.

voy a por la siguente entrega!

Otro para ti!

kamala dijo...

Jejeje,pobres...

Hay que volver. No sé cuándo, no sé cómo, pero hay que volver.

Bicos

Es que tengo una capacidad de síntesis, Liz, que deslumbra, a que sí... Menos mal que tú tienes paciencia...

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