lunes, 14 de septiembre de 2009

Viaje a las Galias(2)-Bretaña y Normandía: retrato de familia


Bretaña es una tierra encantadora. Situada en el Noroeste de Francia, como Galicia en España, me recuerda en muchas cosas a mi tierra (aunque la arquitectura me parece muy distinta): el verde, el granito, los árboles, las montañas suaves, la tendencia al cielo gris y la humedad, la costa, la música, el celtismo y el espíritu profundamente rural, que impregna incluso algunos rincones de casi todas las ciudades que vimos (con la excepción, tal vez, de Brest, hija innegable de su terrible historia).

Quizás este "aire de familia" sea consecuencia de compartir fachada Atlántica, o de mirarse de frente a través del océano que las une y las separa, o de hundir alguna raíz en un terreno común, o de ocupar la misma esquina del país, que a veces se siente olvidada por la capital, y a veces parece querer que la capital la olvide.

Porque Bretaña es una región peculiar de Francia y no me extraña que por estas tierras (más o menos) nacieran Asterix, Obelix y toda la pandilla de indómitos galos que hacían caso omiso a la invasión de los romanos, a los que miraban como una especie extraña que únicamente merecía el comentario de “están locos estos romanos”.

Y es que Bretaña, región esquinera del país que inventó el chauvinismo, parece ir completamente a su aire, sin hacer mucho caso al allons enfants de la patrie: tiene su propia bandera y la exhibe por todas partes ( Dei se compró dos: una para poner en la furgoneta y otra impresa en la espalda de una camiseta), y es raro, rarísimo, ver la tricolor francesa ondear en ningún sitio; tiene su propio idioma (el bretón), que se cuela constantemente en carteleras y, por supuesto, topónimos; tienen su propia gastronomía (por ejemplo, el pastel bretón, un bizcocho que se come solo o relleno de mermelada o chocolate, y las galletas); las mujeres rurales conservan un traje típico peculiar (sobre todo por el tocado de la cabeza) y se lo ponen en fiestas y grandes ocasiones (mi tío Manolo se había casado aquí con una Bretona, hace ya más de treinta años, y en las fotos se veía a muchas mujeres asi ataviadas);elaboran su propia cerveza y, lo que constituye un gesto profundo de independencia y rebeldía en los tiempos que corren: tienen su propio refresco de cola, incluso con versión light, y es el que te sirven en muchos bares cuando pides Cocacola.

¿Quién dijo globalización? En Bretaña parecen no querer darse por enterados. O al menos, intentan llevarla a su manera. Bretona, por supuesto.


Normandía parece la hermana mayor de Bretaña, más alta, más elegante, más lista, más exitosa, más cosmopolita, más aristocrática, más guapa y más francesa, pero sin la simpatía entrañable de la menor. Normandía te recibe. Bretaña te arropa. A Normandía es fácil admirarla. A Bretaña es fácil quererla.

En Bretaña surgen aquí y allá ecos suaves de una historia propia, mítica, ancestral y etérea : esos megalitos de la zona de Carnac, la música y los mitos celtas, el sustrato de los bretones, cerrados y guerreros, esos pueblos y ciudades con su arquitectura medieval a franjas de colores, esas casitas de cuento.... Normandía asienta su fisonomía sobre el recuerdo constante y esencial de un pasado histórico sólido, heroico, que es uno y es dos, el más pasado y el más reciente: sobre las luchas medievales de los normandos, sus fortalezas, su choque continuo con los ingleses, su Juana de Arco, pero también sobre los rugidos del Desembarco y sus consecuencias (la liberación de la invasión nazi como cara, la destrucción de muchas ciudades por los bombardeos aliados como cruz), que exhiben con detalle, orgullo, agradecimiento y, como no, visión comercial (toda una corriente turística se asienta sobre este fenómeno).

Nosotros hicimos el recorrido de sur a norte y de oeste a este, de forma bastante libre y con mucho de improvisación día a día. Tuvimos que dejar sin ver muchas cosas, porque Bretaña y Normandía son muy densas y todo es precioso, desde los pueblos, a las catedrales, las iglesias, los castillos, los museos,los bosques, los ríos y, sobre todo, la costa, con sus playas, sus acantilados, su cielo, sus olas, sus árboles deformados por el viento, sus faros, sus barcos, sus puertos, su luz y sus mareas, de las que tanto me había hablado Dei (y que NoSurrender nos había recomendado), pero que nos perdimos por la prisa obligada para no perdernos cosas. Así que tendremos que volver.

Porque si algo nos trajimos, fueron motivos para volver.

4 comentarios:

Liz dijo...

algunas de las fotos son espectaculares, como sacadas de un cuento... No me extraña que volvieras con ganas de más.

Me alegra que lo disfrutárais.

Besos

kamala dijo...

Y eso que yo no soy buena fotógrafa... Por eso digo que son zonas peligrosas para fotógrafos compulsivos.

Lo disfrutamos mucho muchísimo.

Un beso, guapa

Ubalda dijo...

¿Cuándo volvemos???

Poco a poco voy subiendo mis fotos para enviártelas, en cuanto que las tenga todas te paso los links.

Bss

kamala dijo...

Vale, muchas gracias!!

Y ya me dirás cuál es la página para que vaya subiendo yo las mías, que no he tenido tiempo de mirar nada.


Besos

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