viernes, 2 de octubre de 2009

Corazón de tripa


Cuando Julieta llegó a nosotros, tenía diarrea. No era extraño: llevaba meses viviendo en la calle, comiendo dios sabe qué, bebiendo dios sabe cuándo, dónde y con quién. Le dimos un tratamiento antibiótico para parásitos y bacterias intestinales, y la mejoría fue inmediata. Pero una semana después, entre ronroneos, juegos, carreras con Mich, maullidos y cariñitos, reapareció la diarrea. Con más fuerza que antes, si cabe. Así que antes de vacunarla, Ana, la veterinaria que me mandó la Providencia si existiera, decidió hacerle unas pruebas. Un análisis de sangre. Solo por asegurarnos y estar tranquilas. "Le voy a pedir que me miren tres cosas".

El lunes le sacamos sangre (que fue todo un número, la verdad), y el martes recibí un mensaje suyo. "Leucemia e inmunodeficiencia negativo". Estupendo, claro. Bueno, en realidad, lo esperado. Porque, quitando la diarrea, alguna tos matutina bastante ocasional y el tercer párpado que se le ve más de lo debido, Julieta es una gata que respira vida, encanto, salud y travesura. Que corre como una loca, y salta, y a todo se sube y todo lo toca y todo lo huele y todo lo mira. Que viene rauda sentarse con nosotros, y si mueves un dedo lo persigue, y te huele la piel y te la lame, e incluso es una marimandona para al buenazo de Mich, al que únicamente no ha conseguido echar del brazo del sillón. Que come como una lima, y bebe concentradamente a rápidos sorbos pequeñitos y graciosos, y entierra sus "cosas" con un celo y una fruición que pudieran tacharse de femeninos si esto no fuera tan machista.

El miércoles, justo a la salida del instituto, mientras subía al coche del compañero al que ese día le había tocado conducir, Ana volvió a llamarme.
-¿Julieta sigue con las diarreas?
-Sí.
-Bueno... Pues antes quiero asegurarme, pero... Es que ha salido un indicador en los análisis, pero es muy bajo, y quiero asegurarme antes de asustarte...
-¿De qué? ¿Algo grave? ¿Qué pasa?
-Pues que si es verdad y son positivos, yo os recomiendo que no la tengáis.

La imagen de la carita de Julieta, subida al respaldo del sofá, y observándome seria y concentrada, y oliéndome el pelo, y mirando por encima de mi hombro la pantalla de mi portátil como si lo entendiera, se me vino dolorosamente a la garganta.

-¿Pero por qué? ¿Nos puede pegar algo? ¿Es peligroso para nosotros? ¿Y qué pasará con ella?- No sé si mi voz temblaba. Supongo que sí. Porque notaba las ganas de llorar incubándose en el estómago.
-No, no es peligroso para vosotros, y además primero quiero asegurarme, pero...
-Por favor, dime lo que sea, dime la verdad, que yo prefiero saberlo ya a quedarme dándole vueltas...
-A ver, ha dado positivo en PIF, aunque el indicador es bajo, pero si es Pif, no va a ir bien. -¿Que no va a ir bien? ¿Que se va a morir? (no, no, no, no) (...)
-¿Y en cuanto tiempo?
-No se puede decir con seguridad, pero todos los gatos que dan positivo en Pif acaban mal, sea en unas semanas o sea en unos meses, y es muy duro. Y yo os he metido en esto, así que me hago yo cargo de ella... Si es seguro, la meto en una jaula, le doy su medicación, y ya está... Pero bueno, esta tarde llamaré al laboratorio para que confirmen, y paso por tu casa.

¿Una jaula? ¿Separarnos de ella? ¿Dejarla? ¿Abandonarla? ¿Saber que está en alguna parte, solita, encerrada, malita? ¿Saber que se muere?


Ya sé que Julieta es sólo un gato. Pero de verdad que no sé dónde buscar las palabras que describan lo que yo sentí en aquel momento.

Dei habló de repetir los análisis, y de cuidarla hasta que se pusiera mal, y cuando se pusiera mal, ponerle una inyección para que no sufriera. Mientras, yo aguantaba en el coche, con mis compañeros, intentando seguir la conversación y llegar a casa para poder llorar un momento. Aunque solo fuera un momento.

Desde la calle miré a nuestra ventana, y vi a través del cristal traslúcido la cajita de colores que Julieta le robó a Mich para usarla como cama. Y cuando entré, ella salió a mi encuentro, como siempre, maullando con tono de protesta por tenerla tanto tiempo sola, como siempre, y ronroneó con fuerza nada más cogerla en brazos. Como siempre. Tan inocente, tan desvalida, tan cariñosa, tan juguetona, tan nuestra como siempre. Todo como siempre, cuando ya nada lo era.

Por supuesto, me lancé a leer sobre el maldito Pif (nombre que sonaría a impuesto si lo hubiera oído en cualquier otra parte) de marras en internet. Hay cientos de páginas, artículos, foros y blogs en que puedes leer opiniones científicas y testimonios de los que han conocido esta enfermedad, que cuando se declara es inevitablemente mortal para el gato. Leí, y leí, y leí, y volví a leer, y a las únicas conclusiones más o menos claras que llegué son:

-El Pif es una enfermedad que afecta al sistema inmunológico, producida por un virus que es en realidad una mutación de otro (el virus coroniario felino) que es mucho más benigno, si nunca muta (que es lo más frecuente). Es decir, un gato puede tener el virus coronario, y ser portador, y tener alguna molestia, pero no desarrollar Pif jamás. Pero en algunos gatos (un porcentaje bajísimo, del 5%... ya es mala suerte) ese virus muta (sobre todo por situaciones de debilidad del sistema inmunológico, por ejemplo el estrés) y provoca la Peritonitis Infecciosa Felina, que es irreversible, incurable, progresiva, muy agresiva y (casi) siempre mortal.

-Es una enfermedad de muy difícil diagnóstico, porque en los análisis de sangre se detecta la presencia de virus, o de la reacción inmunológica del organismo del gato al virus, pero es difícil distinguir de si se trata del virus mutado o no (se lo comenté a Ana, pero ella me dijo que ella había pedido prueba específica del Pif... en fin, ella es la veterinaria), por lo que a un positivo en estos test se le debe sumar la presencia de los síntomas específicos del Pif.

-Los síntomas del Pif son: aletargamiento, fiebre, alteraciones oculares, vómitos, pérdida de apetito, pérdida de peso, falta de actividad, hinchazón abdominal (frecuentemenete acompañada de secreciones). Creo que la diarrea sólo se mencionaba en una o dos páginas de las decenas que leí. De todos estos síntomas, Juli solo tiene diarrea. Una diarrea persistente, tozuda y desesperante. Pero sólo diarrea (bueno, y lo del tercer párpado si se considera alteración ocular, y el indicador del análisis de sangre)

-Hay controversia sobre si el Pif es contagioso o no, y, por tanto, si es conveniente o no aislar a los gatos que lo padecen. Hay quien dice que es extremadamente contagiosa (de hecho, se da sobre todo en gatos de criadero), y por tanto es fundamental aislar al gato infectado, y desinfectar bien todo lo que haya tocado antes de otros gatos entren en contacto. El gato excreta el virus por las heces y posiblemente también por la saliva, mucosidades y orina. Otros dicen que lo que se contagia es el virus coronario sin mutar, porque una vez que el gato desarrolla Pif deja de expulsarlo (de hecho, en realidad el Pif se produce porque el sistema inmunológico empieza a funcionar "a lo bestia" para destruir al virus, y termina destruyendo los órganos del cuerpo del gatito), y porque la mutación ha de producirse dentro de cada gato, y es un fenómeno muy raro, sobre todo en el caso gatos adultos (de más de cuatro años) con un sistema inmunológico sano (y por tanto fuerte). Es más, algunos dicen que aislar al gatito le provocaría estrés, lo cual dañaría aún más sistema inmunológico y agravaría su enfermedad.

Ana nos ha dicho que Mich no puede entrar en casa (por si el dolor era poco). Y que incluso, en el hipotético caso, al que vivo aferrada, de que el sistema inmunitario de Juli lograra controlar al virus (que yo quiero pensar que todavía no ha mutado, porque Juli está aquí ahora mismo, saltando, corriendo y comiendo estupendamente), nunca podría volver a entrar.

Y yo ya no sé qué me produce más pena: si la idea de Juli enferma, o la idea de Mich solito, y fuera, con su dueña legitima ocupada con su perro y su puerta cerrada, y sus dueños sentimentales que también lo dejan fuera, sin que haya manera de que él pueda entender que es porque no quieren que se contagie de nada.

Y a mí, pesimista cuasiprofesional y experta en ahogos en vasos de agua, no me queda más remedio que aprender por fin que hacer de tripas corazón no es otra frase hecha y hueca, sino un arte, y aferrarme a una incierta esperanza.


Que es muy muy muy incierta, y que Ana intenta quitarme a golpe de experiencia para que no sea más dura la caída.

Pero es que no puedo hacer otra cosa.

9 comentarios:

Ubaldo dijo...

Un beso muy fuerte.



(Haz caso a la veterinaria. Para eso te la envió la Providencia. Si viene mal la cosa, hazle caso. De verdad. Por vosotros. Por ella. Por Mich.




Por cierto, se nos terminó el sueño olímpico...

Liz dijo...

lo peor es que, aunque de forma diferente, afecta a los dos. Siento que las cosas se hayan puesto tan mal y que las esperanzas sean tan poquitas... ánimo.

Besos

kamala dijo...

Muchos besos a los dos, y gracias :-)

NoSurrender dijo...

Siento mucho lo de Julieta. Me encantan los gatos, pero siempre que me han ofrecido uno lo he rechazado. Porque... en fin, te comprendo perfectamente.

Besos y ánimos.

pd- me han encantado vuestras fotos de las Galias.

observer dijo...

qué movidón. ¡tened fe! un beso

kamala dijo...

Gracias, NoSurrender. A pesar de todo, merece la pena dejar que un gato te tenga (porque te tienen ellos a ti, y eso es casi lo bonito y lo especial que te ofrecen). Así que la próxima vez que te lo ofrezcan, piénsatelo. Que puede que te estés perdiendo algo... Besos, y gracias

P.D: Aún me queda alguna entrada por poner de las Galias.

Movidón, movidón, ni te imaginas. Y fe tenemos mucha. A ver si sirve de algo. Yo sigo con los dedos cruzados.

Besiños (nos vemos el finde ¿no?)

observer dijo...

sure

Anónimo dijo...

Hola Tere:

El articulo me parece de una humanidad tremenda, que sepas que leyendolo, alguna lágrima he llorado.

Sólo puedo decirte que la gata ahora es féliz, por fin tiene unos Dueños, con mayuscula, que no la van a dejar "caer", sin hacer lo humano y lo economicamente posible.

Con esa actitud ganamos todos, gana Julieta, que gana cariño, gana salud (el cariño frena el desarrollo de las enfermedades), gana una vida féliz y plena.

Ganamos la Sociedad, que recibimos una "lección", dirigida a todos los "malnacidos" que dejan un gato o un perro abandonado en una cuneta, y abandonarían a su puta madre, si fuese una molestia.

Ganaís vosotros, ganaís su sonrisa, ganaís su cariño, y ganaís el saber que cada día sois dignos de llamaros "seres humanos".

Cuando llegue el momento,acompañarla, ayudarla, y susurrarle al oido "has sido una buena gata, y nos has hecho muy felices", verás como Julieta te sonreirá y esa sonrisa os acompañara de por vida.

Un saludo

kamala dijo...

Gracias. Sin duda, los que más ganamos somos nosotros, porque es una gatita cautivadora.

Y ahí estamos, luchando y sin perder la esperanza hasta que no quede más remedio.

Un beso

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