domingo, 13 de diciembre de 2009

Negra sombra


Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.

Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta

se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena.

así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

ANTONIO MACHADO

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella,
y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?... no se por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo ahí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y “ahí te quedas”, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
que inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra el corazón.

Hoy descorazonarme,
yo el más descorazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

MIGUEL HERNÁNDEZ


Vivo en el número trece
calle melancolía
quiero mudarme hace años
al barrio de la alegría
pero siempre que lo intento
ha salido ya el tranvía.
En la escalera me siento
a silbar mi melodía.
JOAQUÍN SABINA

Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER



Pienso al despertar que es un día ingrato
y voy a llorar casi todo el rato
el aire se perfuma de aprensión
voy a tener un día marrón.
Día de bruma en mi corazón
en mi corazón.
LUZ CASAL

Yo me voy. Estoy triste; pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.

Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.

PABLO NERUDA

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura,
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.


GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Quise mirar el mundo con tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.
Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas.
Y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías.
ANGEL GONZÁLEZ


Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

ROSALÍA DE CASTRO




Querida tristeza, de ti me he enamorao y ya he dejao de ser un pobre desgraciao... a tu lao..
GABINETE CALIGARI


A veces llega un momento en que
te haces viejo de repente...
CELTAS CORTOS

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
(...)

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

CÉSAR VALLEJO

Casi todos los sentimientos tienen una explicación biológica. Es decir, responden a nuestra esencia animal y alguno de sus condicionantes, que suelen estar orientados a la propia supervivencia y a la supervivencia de la especie. Así, el amor, el más noble, quintaesenciado y sobado de nuestros sentimientos, no es más que la sublimación de la pulsión sexual y de la elección de los genes y/o la protección más adecuada para nuestros vástagos (y esto sigue funcionando subrepticiamente sin que lo sepamos incluso cuando buscamos pareja sin querer hijos, fíjate tú qué ironía). El miedo, la rabia o el odio también pueden explicarse como reacciones que buscan la propia supervivencia y empujan a la actuación en un entorno o ante un factor hostil. Y la alegría es el reconocimiento de  las condiciones óptimas para sobrevivir, que debemos buscar e intentar mantener, lo que´sería más o menos, la"felicidad". Aunque es cierto que luego nuestra parte racional y consciente viene a complicarlo todo...

Sin embargo, hay sentimientos difíciles de explicar desde esta perspectiva. Uno es (ya lo dije alguna vez) el que nos lleva a reír, pero no de alegría ,sino porque algo "te hace gracia". Se admiten sugerencias cinetíficas, materialistas y zoológicas sobre su utildad.

Y  luego está la tristeza. Porque está claro que hay dos tristezas: una, el sentimiento negativo que surge como reacción a algo desfavorable para nosotros, y cuyo sentido biológico  más lógico serían el de llevarnos a huir o evitar ese entorno negativo. Y la otra tristeza: la tristeza sin motivo, una tristeza traidora que te ataca por la espalda cuando menos te lo esperas, que surge desde la nada para abafarlo y anegarlo todo. Una tristeza endémica que algunos arrastran toda la vida, más escandalosa o más sigilosa según los momentos,  y que no puede surgir sino de una callada y discreta disconformidad con uno mismo.

Y cuando la circunstancia biológica desfavorable es uno mismo, no hay lugar adonde huir que no sea la muerte. No sé si la zoología, con su instinto vital aferrado a la supervivencia, había previsto algo tan sofisticado y perverso como esto, que sólo puede haber surgido de la propia sofistificación y artificialidad de este ser humano que se cree mejor cuando se aleja de su naturaleza. Para acercarse siempre a la antesala de la muerte.

Tristeza  áspera, oscura y pegajosa como una trampa para moscas. Tristeza culpable y acusadora como un padre tirano. Tristez opaca entre tú y aquel sol que parecía tan cerca. Tristeza contagiosa y repulsiva como la lepra. Tristeza insufrible, omnipotente y  devastadora como un dolor de muelas. Tristeza callada, poderosa y acechante desde su propia sombra. Tristeza subterránea, siempre amenazando con despertar.

Tristeza inoportuna, egocéntrica y egoísta, onanista, ciega irracional, caprichosa. Tristeza que mancha y entorpece y estorba. Tristeza que es tan duro compartir pero siempre y siempre se comparte si no te alejas. Tristeza que envenena el aire, el agua y la vida.

Pero,  aunque parezca mentira, hasta la tristeza  tiene sus cosas buenas: siempre ha sido aguijón para el arte. Qué sería de la música, de la poesía, de la pintura, de los sueños, sin esa tristeza.

(Y aún así, quién puede decir si realmente vale la pena...)


Sólo soy feliz cuando llueve
Sólo soy feliz cuando es complicado
y aunque creo que no puedes apreciarlo
sólo soy feliz cuando llueve

Sabes que me gusta que las noticias sean malas
y como sienta tan bien sentirse tan triste
sólo soy feliz cuando llueve

Derrama tu tristeza, derrama tu tristeza sobre mí
Derrama tu tristeza, derrama tu tristeza sobre mí

Sólo soy feliz cuando llueve
me siento bien cuando las cosas van mal
sólo escucho las tristes, tristes canciones
sólo soy feliz cuando llueve

GARBAGE


Oiga, doctor, devuélvame mi depresión
no ve que los amigos se apartan de mí
dicen que no se puede consentir esa sonrisa idiota
oiga, doctor, que no escribo una nota
desde que soy feliz.
JOAQUÍN SABINA


(Al poco tiempo de conocer a Dei, me dijo que nosotros éramos como Leoncio y Tristón.

Él era Leoncio, claro. Y yo, Tristón.

Oh, cielos, qué horror...)


2 comentarios:

Dei dijo...

jajaja, la verdad es que un poco Leoncio si soy. Y tú, cada vez menos tristona.

:-)

kamala dijo...

Un poco bastante Leoncio.

Y yo... weeeeno, en eso estamos ;-) Es lo bueno de que todo se pegue, menos la hermosura.

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