miércoles, 25 de marzo de 2009

Escribimos poco, pero no tanto


Causas completamente debidas a nuestra voluntad, premeditación y alevosía nos han impedido escribir un triste post en los últimos diez días, y nos impedirán escribirlo, por lo menos, durante las próximas dos semanas.

Volveremos cargados de cosas que contar. Que aunque están siendo días inolvidables, la tinta (aunque sea digital) más debil es más eficaz que la memoria más fuerte. Y estamos robando rosas preciosas que aquí no pueden faltar.

Hasta entonces, besos y abrazos a los que de vez en cuando os dejáis caer por aquí.




PD: Creo que no hay mejor forma de inaugurar los 37 años que con mensajes de gente maravillosa y un billete de tren hacia París metido en el bolso. Ya he dicho alguna vez que Fortuna ha sido caprichosa y generosamente sonriente conmigo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Cuando la tierra duerme


Nosotros, los vagabundos, siempre buscando el camino más apartado. No comenzamos un día, allí donde nos dejó el anterior y ningún amanecer nos sorprende, allá donde nos dejó el ocaso. Viajamos incluso cuando la tierra duerme...


K.G

Debe ser hermoso partir sin decir adios, sin mirar atrás, sin penas ni nostalgias. Debe ser hermoso esperar siempre cosas nuevas que encontrar. Debe ser hermoso no tener cadenas de oro que te aten. Debe ser hermoso mirar a los demás desde la distancia, y ver columnas de presos, multitudes de ciegos, millones de sordos. Debe ser hermoso poder decir "no". Debe ser hermoso no tener miedo y silbar.

No hablo de los pobres, de los miserables, de los dementes, de los obligados a vagar perdidos y en redondo. Hablo de los lúcidos, de los valientes. Hablo de los dueños de todo lo importante.

viernes, 13 de marzo de 2009

lunes, 9 de marzo de 2009

Entre el nihilismo y la culpa



No entiendo muy bien qué espera la crítica de Allen, ni entiendo bien el derribe de todo lo que hace últimamente, cuando yo creo que lo mínimo que se puede decir de sus películas es que son correctas y que no son pretenciosas, es decir, no pretenden más de lo que consiguen, ni entiendo ese empeño en que Allen pretenda siempre algo más, ni que le exijan siempre obras maestras (lo cual, teniendo en cuenta, además, lo prolífico que es, me parece incluso cruel).

El caso es que este fin de semana me decidí a ver Vicky Cristina Barcelona -cuyo título, dicho sea de paso, me parece horroroso-, por curiosidad y para poder opinar con más argumentos en la absurda polémica de si Pe merecía el Oscar o no. Cómo había oído y leído tanto y tan malo sobre ella, supongo que en parte me ocurrió lo contrario a cuando te crean grandes expectativas sobre una película, condenándola a decepcionarte. Es decir, me llevé una agradable sorpresa. Eso sí, aviso de que la vi en versión original, y no me imagino cómo han podido doblarla (el juego entre castellano e inglés se pierde, claro).


Tal vez la sorpresa fue agradable porque trata cuestiones que me interesan -de forma nada dogmática y sonriente, aunque reconozco que simple o hasta puede que simplona, vale, pero a mí me basta-. Tal vez porque me resultó entretenida, y muchas veces con eso tengo más que suficiente. Tal vez porque estaba bien interpretada, y sí : Penélope está genial como la desequilibrada y pasional María Elena, Scarlett rebosa sensualidad y dulzura , y la chica que hace de Vicky -no recuerdo el nombre, sorry- y Bardem están también perfectos, cada uno en su papel.

La película (que tantos califican de absurda y sin pies ni cabeza, lo cual me preocupa, pero no por ellos, sino por mí... ¿mi conexión con lo absurdo revela algo grave, doctor?) plantea la dicotomía entre la pasión, el sentimiento, el impulso, el desenfreno, el “instinto” , lo “bohemio”, el amor romántico, por una parte, frente a la razón, el pragmatismo, la sensatez, el conformismo, el freno, el “amor” convencional, por otra (dicotomía que forma parte de la contraposición entre lo dionisíaco y lo apolíneo , que a tanta gente ha hecho dar con este blog)


Esta dicotomía estaría representada, según dicen algunos, por las dos protagonistas que aparecen en el título: Vicky sería la sensatez y lo convencional; Cristina la pasión y el impulso. Pero yo creo que en realidad los representantes de la pasión pura y el amor "romántico" son Mª Elena y Juan Antonio, que viven una relación de pasión exacerbada, puro sentimiento e impulso, y completamente irracional, que aparece parodiada, al igual que ellos y ese mundo de artistas “bohemios” (como también está parodiada toda esa “pasión española” y los tópicos que la rodean, por ejemplo, la guitarra). Y los representantes del amor convencional, la sensatez y el pragmatismo serían el matrimonio anfitrión, feliz en apariencia pero del que ha desaparecido todo atisbo de pasión y que sortean su infelicidad con pequeños engaños.

Las dos protagonistas se encuentran en medio de esta dicotomía: Vicky (que sobre todo al principio parece una versión femenina del Allen neurótico de, por ejemplo, Manhattan, esgrimiento verbalmente sensatos razonamientos que sus actos contradicen ), convencida a dejar que su vida se guíe por la sensatez y a casarse con su novio, que es lo que le conviene; Cristina buscando la pasión y dejándose llevar.

Pero en el fondo las dos buscan a través de lo que viven en la película. Y si Vicky termina reforzada en su convencimiento de la convenienza de la cabeza y la sensatez, al ver las tremendas consecuencias de dejar que la pasión se desboque sin brida, Cristina termina con un camino abierto a seguir buscando, porque lo único que descubre es lo que no quiere: ni lo convencional (las normas y la razón son una “cárcel” en la que es difícil ser feliz y encontrar lo que uno realmente quiere) ni lo pasional (la pasión es agotadora, pasajera y destructiva, precisamente por irracional). Es decir, lo que Cristina busca es.... ¿algo que no existe? ¿no hay alternativa posible? O sea, que lo que Cristina (y seguramente el espectador) busca tal vez sea... nada. ¿Escepticimo? ¿O directamente nihilismo sentimental?

Y también he leído mucha crítica que cuestiona si es creíble o no es creíble el argumento, y con razón (yo también pensé, por ejemplo, en el momento en que Bardem les hace la proposición a las dos americanas que el argumento era, como poco, forzado), pero una vez vista toda la película tengo claro que a Allen no le preocupaba la verosimilitud argumental ni el profundo análisis psicológico de los personajes, sino plantear -repito, tal vez de forma muy simplista- las cuestión irresoluble de si es mejor -o peor- la pasión o las convenciones, y dejar claro que la película es sólo una pregunta, que él no tiene respuesta. Es decir, para mí esta película es una especie de fábula moral ligera, con un toque paródico -ays, el desengaño- y sobre todo, sin moraleja.

Y el sábado me vi Cassandra's dream, que vuelve sobre el mismo tema de la culpa que encontrábamos en Match Point (¿qué habrá hecho Allen para tener esta fijación con el temita? Como leí en una crítica... ¿a quién se habrá cargado?), con una similar estructura trágica en la que son las propias pasiones, o anhelos,o sueños (en este caso, el barco que da título a la película, y ahora sí, el título me parece muy bueno) los que llevan a los personajes a cometer el acto terrible, que desencadenará la culpa que, a su vez, provocará el desenlace fatal. Y si en Match Point el personaje triunfa sobre sus escrúpulos con ayuda del azar -fundamental siempre en la tragedia, aunque casi nunca tan benévolo con el protagonista como nos lo presentaba Allen allí-, aquí la culpa los aplasta en el mismo lugar de sus sueños, el mismo lugar donde y por el que empezó todo: el barco.


La culpa es el terrible laberinto sin salida al que lleva el punto de no-retorno del delito, umbral fatídico que dibuja un tajante antes y después... El inexorable después que abre la elección (porque había elección, claro que la había, siempre la hay, no hay excusa posible al elegir el mal: esa es la gran tragedia).

Buenísimas las interpretaciones: por supuesto, la de Wilkinson, también la de McGregor, pero sobre todo la de Colin Farrel, al que nunca había visto tan convincente como en esta interpretación del más débil de los hermanos.

Así que tengo la impresión de que el pobre de Woody anda por ahora enredado entre el nihilismo y la culpa, lo cual supongo que no es nada extraño cuando se va llegando a una edad en la que hay ya una buena perspectiva sobre la vida y sus cosas, poco lugar para los engaños y las ilusiones, y mucho vivido -bueno, pero también malo- que tal vez puede pesar.

Está claro que las circunstancias (época, lugar, autor) que rodean a una obra cambian su interpretación e incluso su valoración, tanto que esas circunstancias, que podrían parecer "externas", en realidad forman parte sustancial de ella. El otro día, en la exposición “Goya y el mundo moderno” (que por cierto recomiento vivamente, y a ser posible, la visita guiada, aunque sepa a poco: está en el Museo de Zaragoza, en la Plaza de los Sitios, y la han ampliado hasta el 22 de Marzo por la buena acogida entre el público) contaban cómo el mismo cuadro puede triplicar su valor si se demuestra que su autor es Goya, y como puede desvalorizarse si se demuestra que no lo es (ahí está la polémica con el Coloso), lo cual no deja de ser, si se mira con cierta perspectiva, absurdo, porque la calidad artística e intrínseca de la obra es la misma... ¿o no?


En el caso de Woody Allen, su firma se ha convertido en una estatua bajo cuya sombra no puede crecer ninguna obra menor, y bajo la cual se agolpan críticos y espectadores que sólo quieren obras maestras, despreciando todo lo demás... Y Woody se rebela, y hace lo que le da la gana. Y hace bien, que para eso él es quien es.

El caso es que yo me pregunto: ¿qué dirían crítica y público -y yo misma, claro- de estas películas si no fueran de Woody Allen? Y conste que me lo pregunto para bien y para mal.


Una última cosa, tras ver Vicky Cristina Barcelona, ya puedo decir tranquila, desde mi radical y esencialmente discutible subjetividad, que mucho, pero muchísimo menos merecido que el Óscar de Penélope, fue el Nobel de Cela.
Qué a gusto me he quedado.

domingo, 8 de marzo de 2009

Hermanas


Hubo un tiempo en el que se solía decir
Que detrás de cada “gran hombre”
Tenía que haber una “gran mujer”
Pero en estos tiempos de cambio sabes
Que esto ya no es verdad.
Porque estamos saliendo de la cocina
Porque hay algo que olvidamos decir

Decimos

Las hermanas trabajan por sí mismas
Sosteniéndose sobre sus propios pies
Y llamando a sus propias puertas
Las hermanas trabajan por sí mismas

Esta es una canción para celebrar
¡La liberación consciente del género femenino!
Madres, hijas y sus hijas también
De mujer a mujer. Cantamos contigo.
El “sexo inferior” tiene un nuevo exterior.
Tenemos doctoras, abogadas, y también políticas
Que todo el mundo mire a su alrededor.
Puedes ver... puedes ver... puedes ver...
Hay una mujer justo al lado tuyo.

Las hermanas trabajan por sí misma
Sosteniéndose sobre sus propios pies
Y llamando a sus propias puertas
Las hermanas trabajan por sí mismas

Ahora no estamos contando historias
Y no estamos haciendo planes
Porque todavía un hombre ama a una mujer
Y todavía una mujer ama a un hombre
Aunque ahora de la misma manera.


Felicidades, hermanas.

Y a seguir, que queda mucho todavía por andar.

lunes, 2 de marzo de 2009

Re-visiones: "La Casa Rusia"


Nunca me han gustado ni interesado las películas de espías. Menos esta. Fue dirigida en el año 1990 por un tal Fred Schepessi, de cuya filmografía me suenan poco más que "Roxanne", una adaptación del mito de Cyrano a la actualidad protagonizada un bombero narigón interpretado por el otras veces insoportable Steve Martin, con Daryl Hanna como su amor imposible, y "Criaturas feroces", una pseudocontinuación no argumental de la disparatada "Un pez llamado Wanda". Pero bueno, esto no es demasiado significativo, dado lo asistemático, caótico e irregular de mi afición al cine.

El principio de la película atrapa, sin duda (y de hecho, por eso caí yo en ella, porque repito que el espionaje no está entre los elementos argumentales que suelo tolerar), pero luego, seguir el argumento exige cierto grado de concentración, aunque no sea demasiado complicado, en parte por los saltos temporales y en parte por la importancia de los detalles.

"La casa Rusia" cuenta la historia de un editor inglés, desarraigado, borrachín y aficionado al jazz (interpretado impecablemente por el gran Sean Connery, grande en todos los sentidos) que sin querer se ve implicado en la trama de unos manuscritos que un brillante científico soviético, en la época final de la guerra fría con la llegada de la Perestroika, pretende hacer llegar a oocidente para su publicación. En esos manuscritos se revelan secretos de la situación de la URSS en la carrera armamentística. El científico, apodado Dante, pretende con ello contribuir a la paz y la "libertad" en su país, y para ello cuenta con la ayuda de Katia, la dulce Katia, interpretada por la luminosa Michelle Pfeiffer.

Elementos que hacen, para mí -claro-, inolvidable a esta película son:


  • La interpretación que hace Sean Connery de Scott Blair, el editor metido a espía a su pesar por presiones de los servicios de inteligencia británicos y americanos. Con esta película comprendí definitivamente que una se puede enamorar de un señor mayor. Sean Connery, pero ojo, sólo el que tiene canas, está desde entonces y para siempre en los altares de mis suspiros.

  • La historia de amor -lo siento, son mi debilidad-, que nace y crece en circunstancias adversas y bajo el atento escrutinio del espionaje constante, y que no por previsible deja de ser preciosa. De hecho, esta declaración de amor me parece de las más bonitas y emotivas que he visto o leído nunca:
    Movie Videos & Movie Scenes at MOVIECLIPS.com

  • La confrontación entre el jefe de la inteligencia americana (imterpretado por Roy Scheider) y el de la británica (interpretado por el serenísimo James Fox), que termina siendo cómplice de la historia sentimental que apenas intuye y que implica, en cierto modo, que Blair les traicione.

  • Las vistas maravillosas de Lisboa, ciudad de nuestros amores, a la que esta película sabe captarle el corazón, y de Moscú (y su metro, por ejemplo), y de San Petersburgo. Entre las imágenes y la insistencia de Dei, me han entrado ganas de visitar Rusia (que no estaba entre mis prioridades a la hora de viajar, la verdad).


  • La estructura narrativa, que integra perfectamente los interrogatorios, los saltos temporales, las escenas de espionaje, para retratar a los personajes, mantener la intriga e implicar emocionalmente al espectador.

  • La música. Preciosa banda sonora de Jerry Goldsmith (todo un clásico en estos menesteres) y que en alguna escena me sube el corazón a la garganta:


  • La escena final, que no cuento porque sólo viéndola se puede entender por qué lo digo. Una de esas escenas que hacen de una película, una película "bonita". Sin más.


Pero es que a mí me hacen falta, al menos de vez en cuando, películas bonitas. Sin más.
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