domingo, 30 de agosto de 2009

Vida y obra



No estoy muy segura, pero tengo la impresión de que hoy por hoy existe cierto descrédito de la interpretación de una obra a partir de ciertos rasgos de la vida y personalidad de su autor.

A pesar de que vivimos tiempos la cuestión de la autoría tiene mucha importancia y se trata con extremado celo y recelo en lo que a derechos se refiere -por el negocio, claro-, flotan en el aire, aquí y allá, afirmaciones en la dirección de que una vez que el creador deposita su mensaje en la botella, este deja de pertenecerle, y debe ser recibido e interpretado por sí mismo, incluso al margen o en abierta contradicción con la intención con la que él lo escribió.

Yo misma he interpretado así poemas, novelas o canciones, incluso de forma consciente y deliberada, y por supuesto, no obligo a los alumnos a saberse la vida de los autores cuando intento acercarles -lo poquito que nuestro actual sistema de enseñanza secundaria permite- a sus obras.

Sin embargo, a mí me encanta, quizás por mi afición por la psicología barata (porque para la cara no tengo presupuesto) descubrir tras la obra, latiendo con toda su fuerza, la vida y el ser de aquel que la creó. Y me encanta cuando esa biografía y esa personalidad encajan con la obra como piezas de un puzzle hermenéutico, como la sentencia explicatoria del sagaz detective al final de la novela, o como el diagnóstico acertado y tranquilizador del médico tras analizar y meditar los síntomas.

Porque son muchas las cosas que en una obra se explican por el genio, figura y andanzas de su papá o mamá. Es más, hay rasgos de esas obras que prácticamente sólo se explican así.

Por ejemplo, el desengaño de ese Quijote, al que se le mete la absurda y loca idea de ser un épico y poético caballero andante en la prosaica y ramplona realidad cotidiana de la España del XVI, nace regado por el desencanto y la impotencia de aquel Cervantes que quiso ser un gran soldado pero se quedó manco en Lepanto. frustrándose así sus sueños de glorias épicas, y terminó como funcionario corrupto, en la cárcel, acusado de quedarse con dinero de los impuestos que recaudaba. La realidad siempre termina limando los sueños, pero como su Quijote, Cervantes logró transformar su realidad a base de imaginación, la imaginación creadora de la que nació su criatura y que le dio la gloria póstuma que las armas le negaron y su patria y su época terminaron por enterrar.

Y la obra termina con la muerte del hidalgo, un poco por el pesimismo de Cervantes (que en toda la segunda parte, publicada en 1615, un año antes de la muerte del escirtor, era evidente), y un mucho porque hubo otro escritor que publicó su propio Quijote (el denominado “Quijote apócrifo”, que había aparecido unos añós después de la primera parte de 1605, firmado con el pseudónimo cobarde de Avellaneda), aprovechándose así del éxito inmediato y rotundo del de Cervantes. Este se disgustó tanto que quiso impedir que esto volviera a suceder dejando bien claro, y de forma contundente, que su personaje estaba muerto, enterrado y pudriéndose. Y así le (y se) abrió las puertas de la inmortalidad.

Jorge Manrique escribió una sentida y famosísima elegía por la muerte de su padre, que era todo un homenaje, quizás como una forma de "reconciliación" por ciertas diferencias (aunque este punto no está aceptado por todos los críticos), motivadas tanto por el prestigio del maestre Don Rodrigo, que parecía alargarse oscuramente sobre Jorge, su hijo, como por sus famosas desavenencias con la segunda esposa de su padre y madrastra suya, que según algunos había tenido también consecuencias literarias ("Coplas a una beoda").

Pero si los puntos anteriores pueden ser -y son- discutibles y discutidos, está claro que la sentida reflexión sobre la vida, la muerte y el tiempo en que convirtió la elegia y el elogio hacia su padre (al que sitúa como ejemplo del buen vivir y del buen morir), y la búsqueda de lo eterno, de lo que supere nuestra triste contingencia y caducidad, sin duda surgen del hecho doloroso de ser testigo de la muerte del famoso y noble y valeroso Don Rodrigo por un cáncer que le desfiguró un rostro, que alimentó la necesidad de aferrarse a una verdad y una grandeza que sublimara y trascendiera el cuerpo mortal y sus miserias

Lorca habla en casi todas sus obras (tanto teatrales como poéticas) del conflicto entre los propios deseos y los límites que ponen los otros: la sociedad, la autoridad y sus normas, y a veces, el mundo, la vida y la muerte. Y seguramente esto sucede porque este conflicto era especialmente sangrante para él, homosexual en un lugar y en un tiempo que imponían sobre esta cuestión el silencio y el encierro, el mismo silencio y encierro que Bernarda Alba imponía a sus hijas, y que termina siempre en el universo lorquiano provocando la tragedia, la violenta explosión a borbotones de los instintos implacablemente reprimidos.

Y estoy casi segura de que Alberti conoció de cerca la depresión, y que con ella tienen mucho que ver sus ángeles.

La obra de casi todos los poetas de Vanguardia de los felices veinte, que concebían la literatura como juego (en la que la forma es lo importante y el fondo incluso innecesario), y al arte como la finalidad sin fin, se deslizó hacia el compromiso, la denuncia, el desgarro y la importancia del nuevo del “fondo”, tras la crisis de los 30 y , sobre todo, las guerras.

Muchas obras de poetas se dividen en etapas marcadas por determinados acontecimientos de sus vidas: por ejemplo, la de Lope de Vega se divide en ciclos que llevan el nombre que él le daba a la dama con la que estaba en ese momento -fue un gran vividor, mujeriego y con mucho éxito-; la evolución de Juan Ramón Jiménez viene dada por su matrimonio con Zenobia y el exilio, y la de Machado,primero, por su traslado a Soria y el encuentro feliz con los campos de Castilla, que corporeizaban un paisaje emblema de su alma, con lo que ya no necesitaba crearlo y soñarlo como había hecho en sus primeros poemas simbolistas, y luego por la muerte de su pequeña Leonor , su esposa, y el triste regreso a Andalucía, cargado con el dolor y las nostalgias. .

No puedes entender bien las Nanas de la Cebolla de Miguel Hernández si no sabes que le habla a su hijo desde la cárcel, tras recibir una carta en la que su mujer le contaba lo débil que estaba para amamantar al niño porque sólo tenía cebollas para comer. Y es comprensible que él y solo él escribiera El niño yuntero (poema insuperable como denuncia rabiosa del trabajo infantil y arenga para acabar con él), porque él mismo fue un niño campesino que tuvo que dejar sus primeros estudios para dedicarse al pastoreo , cuya cadena pudo romperse excepcionalmente por sus extraordinarias dotes para las letras y la poesía.

Bécquer escribió tristísimos poemas porque su vida fue especialmente triste, y su famoso “mi vida es un erial, flor que toco se deshoja, que en mi camino fatal alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja” se vuelve literal cuando una lee su biografía para encontrar una orfandad temprana, problemas económicos, sucesivos desengaños amorosos, muerte de familiares o una salud delicada, La Rima LXVI, en la que contempla su pasado y su futuro, cobra más dramatismo si sabemos que él fue un enfermo de tuberculosis, enfermedad por aquel entonces sin cura y que suponía una lentísima agonía que marcó sus años finales, tan tempranos (murió con 34 años).

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura,
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.
.


Espronceda fue un revolucionario que anduvo por Eurpopa de país en país uniéndose en cuanto movimimento clandestino conspiraba contra los absolutistas (con actividades que hoy serían cercanas al terrorismo), y derrochó ese mismo espíritu rebelde, enérgico y feroz contra las imposiciones y las leyes injustas en sus canciones, en las que ensalzaba a verdaderos delincuentes, proscritos o asesinos, temibles e implacables. como el cosaco, el reo de muerte o su proverbial pirata, con sus diez cañones por banda, su violencia y su ferocidad.

Leandro Fernández de Moratín escribió varias obras de teatro sobre los males ocasionados por la antigua y tiránica costumbre de que los padres concertaran los matrimonios de sus hijos, rigiéndose más por criterios socieconómicos que sentimentlaes, y dando lugar a veces a resultados decabellados, como el caso frecuente de un viejo casándose con una adolescente. La más famosa de esas obras fue El si de las niñas.

Y su interés por este tema viene, sin duda, de su afán ilustrado por hacer crítica social como motor para cambiar aquellos aspectos de la sociedad que pudieran ser negativos, pero su pequeña obsesión con precisamente esa forma de apañar matrimonios surge también -y sobre todo- por su propia experiencia personal, porque él se enamoró de una joven, llamada como la protagonista de su obra, Francisca o “Paquita”, a la que casaron con otro. Mucho mayor. ¿Casualidad? No creo.

Quevedo , del que ya hablamos en alguna otra ocasión, era un personaje malhumorado e hipercrítico, sin duda acomplejado por su físico, que ejerció con el resto del mundo la misma crueldad de la que sin duda él mismo fue objeto.

Jorge Luis Borges escribió cuentos que son ensayos sobre los límites de nuestro conocimiento de la realidad, el engaño de la percepción y el solipsismo, con una lucidez que sin duda tiene mucho que ver con su condición de ciego, que le permitía tener una perspectiva diferente sobre ese conocimiento de mundo y su relatividad inevitable y radical, tan radical que puede llegar a ser puro engaño, ya que depende totalmente de nuestras percepciones, es decir, de nuestros sentidos, que son parciales, y son una realidad en sí misma, que están en nosotros y no en la realidad que creemos conocer, pero que son también lo único que tenemos para llegar a ella.

García Márquez mezcla realidad, fantasía y magia con la misma ingenuidad aparente y la misma habilidad espontánea que los cuentos tradicionales, porque de niño creció respirando cuentos y magia en la vieja casa de sus abuelos, y esos cuentos y esa magia, que sólo un niño cree, se convirtieron en las gafas que ya no pudo quitarse nunca para mirar el mundo. Y para contarlo.

Y como estos, miles de ejemplos más. Seguro que a ti también se te viene ahora alguno a la cabeza.

Es lògico y obvio que la vida de una persona influye sobre lo que escribe. Porque al fin y al cabo, nos reflejamos en todo lo que hacemos, y ¿de qué otra cosa iba a hablar alguien, más que de sí mismo, de forma más directa o indirecta?

Sin embargo, los apuntes biográficos no explican completamente ni agotan las posibilidades interpretativas de una obra, que puede estar llena de significados, incluso de significados de los que su autor no era consciente (el propio García Márquez ha hablado alguna vez de lo que él llega a considerar excesos- a veces ridículos- de la crítica y los exégetas de su obra), que podemos leer, entender e interpretar sin saber absolutamente nada de su autor, y a la que pueden enriquecer los nuevos significados que puede adquirir al ser leída por receptores muy alejados en el espacio o en el tiempo que proyectan sobre ella nuevas realidades e inquietudes.

Pero es que la crítica e interpretación literaria que tiene en cuenta la vida y la personalidad del autor no tiene por qué excluir ni contradecir a otras críticas e interpretaciones. Qué va. Al contrario. Los tres puntos de vista sobre una obra (1: el que se centra en el autor, 2: el que se centra en la obra en sí misma, 3: el que se centra en las posibles lecturas que pueden hacer distintos lectores desde distintas circunstancias) se enriquecen y dibujan un caleidoscopio maravilloso que es lo que hace apasionante, y viva, y dinámica, y eterna, la literatura. Que todo en la vida es cuestión de perspectiva, y cuantas más perspectivas podamos tener, más rica, completa, fiel e incluso "objetiva" (relativamente objetiva, siempre) será nuestra visión de ella.

Porque si yo soy yo y mis circunstancias, una obra es ella y sus circunstancias. Y su autor es una de ellas. Una más, vale. Pero, ¿por qué no tenerla en cuenta? Qué malos y que engañosos y qué dañinos son los reduccionismos.

Los críticos, como los filósofos, buscan siempre la unidad, la panacea, el quid de la cuestión, la clave explicativa que abarque todo y para todo sirva, y anule y supere y elimine las demás. Y está claro que no existe.

Que nuestro conocimiento, y nuestra crítica, y nuestra explicación será siempre subjetiva, y parcial, y provisional, e incompleta. Una gota que necesita de las de los demás para convertirse en corriente y llegar a alguna parte. O no llegar. Simplemente, para no secarse.

Y os dejo con un fragmento de lo que sobre crítica e interpretación escribió, con su mágica habilidad para combinar palabras, Gabriel García Márquez, que procuro no olvidar, sobre todo cuando intento no ser una mala profesora de literatura:

Ese mismo año, mi hijo Gonzalo tuvo que contestar un cuestionario de literatura elaborado en Londres para un examen de admisión. Una de las preguntas pretendía establecer cuál era el símbolo del gallo en El coronel no tiene quien le escriba. Gonzalo, que conoce muy bien el estilo de su casa, no pudo resistir la tentación de tomarle el pelo a aquel sabio remoto, y contestó: «Es el gallo de los huevos de oro». Más tarde supimos que quien obtuvo la mejor nota fue el alumno que contestó, como se lo había enseñado el maestro, que el gallo del coronel era el símbolo de la fuerza popular reprimida. Cuando lo supe me alegré una vez más de mi buena estrella política, pues el final que yo había pensado para ese libro, y que cambié a última hora, era que el coronel le torciera el pescuezo al gallo e hiciera con él una sopa de protesta.

Desde hace años colecciono estas perlas con que los malos maestros de literatura pervierten a los niños. Conozco uno de muy buena fe para quien la abuela desalmada, gorda y voraz, que explota a la cándida Eréndira para cobrarse una deuda es el símbolo del capitalismo insaciable. Un maestro católico enseñaba que la subida al cielo de Remedios la Bella era una transposición poética de la ascensión en cuerpo y alma de la virgen María. Otro dictó una clase completa sobre Herbert, un personaje de algún cuento mío que le resuelve problemas a todo el mundo y reparte dinero a manos llenas. «Es una hermosa metáfora de Dios», dijo el maestro. Dos críticos de Barcelona me sorprendieron con el descubrimiento de que El otoño del patriarca tenía la misma estructura del tercer concierto de piano de Bela Bartok. Esto me causó una gran alegría por la admiración que le tengo a Bela Bartok, y en especial a ese concierto, pero todavía no he podido entender las analogías de aquellos dos, críticos. Un profesor de literatura de la Escuela de Letras de La Habana destinaba muchas horas al análisis de Cien años de soledad y llegaba a la conclusión -halagadora y deprimente al mismo tiempo- de que no ofrecía ninguna solución. Lo cual terminó de convencerme de que la manía interpretativa termina por ser a la larga una nueva forma de ficción que a veces encalla en el disparate.

Debo ser un lector muy ingenuo, porque nunca he pensado que los novelistas quieran decir más de lo que dicen. Cuando Franz Kafka dice que Gregorio Sarrisa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto, no me parece que eso sea el símbolo de nada, y lo único que me ha intrigado siempre es qué clase de animal pudo haber sido. Creo que hubo en realidad un tiempo en que las alfombras volaban y había genios prisioneros dentro de las botellas. Creo que la burra de Ballam habló -como lo dice la Biblia- y lo único lamentable es que no se hubiera grabado su voz, y creo que Josué derribó las murallas de Jericó con el poder de sus trompetas, y lo único lamentable es que nadie hubiera transcrito su música de demolición. Creo, en fin, que el licenciado Vidriera -de Cervantes- era en realidad de vidrio, como él lo creía en su locura, y creo de veras en la jubilosa verdad de que Gargantúa se orinaba a torrentes sobre las catedrales de París. Más aún: creo que otros prodigios similares siguen ocurriendo, y que si no los vemos es en gran parte porque nos lo impide el racionalismo oscurantista que nos inculcaron los malos profesores de literatura.

Gabriel García Márquez. “La poesía, al alcance de los niños”

viernes, 28 de agosto de 2009

Última parada

Tú estás muerto, pero el mundo sigue girando. Date una vuelta por el mundo que dejaste. Está oscureciendo un poco demasiado pronto. ¿Estás echando de menos lo que has perdido?

Última parada de agosto. El verano, cada año más veloz, se acaba, pero la vida sigue. Y el calor, ay, el calor, también.

Feliz fin de semana. Yo pienso entregarme dedicada y meticulosamente a la pereza y la procastinación, término recién descubierto pero que podría muy bien servir de título a casi toda mi vida, sin que yo supiera que hay una palabra para nombrar específicamente esa pereza pegajosa que te hace dejar lo que sabes que tienes que hacer para después, y preferir siempre perder otro poquito más de tiempo en cualquier chorrada. Mi especialidad.

Pues nada, empiezo a procastinar ya mismo. Por no hacer mudanza en mi costumbre, a estas alturas.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Gripe y divinidad


Puede que el vídeo exagere. Puede que tergiverse. Puede que manipule. Puede que parcialice. ¿Puede que mienta?

El caso es que a mí me resultó sospechosa la gripe esa de tantos nombres desde el primer momento, cuando eran unas decenas de afectados en México y ya se empezó a insistir en la pandemia que se nos venía encima. Tan segura y tan cierta que parecía programada. Pero sólo parecía, claro.

Y es que yo solo soy una pobre chica de letras tremendamente ignorante en cuestiones científicas, médicas y económicas, que no puede evitar desconfiar.

Porque el tema este de la gripe, haya sido urdido meticulosamente desde el principio o surgido aprovechando una feliz casualidad, mezcla cuestiones científicas, médicas y económicas, claro.

Porque, en este mundo que a menudo parece maquiavélico hasta el delirio, el negocio se comporta como el Espíritu Santo de la Divinidad que rige nuestros designios: está en todas partes, mientras el Padre y el Hijo permanecen en la sombra, o en las alturas, o donde sea que queda claro que no le podemos alcanzar. Forrándose, claro.

Y nosotros siempre, ya desde el Antiguo Testamento, terminamos siendo juguetitos en manos de la Divinidad y sus designios. De la divina y de la humana, claro.

Que haberla, hayla.

¿Y tú, tienes fe? ¿O desconfías?

lunes, 24 de agosto de 2009

Donde habita el silencio

"Hay un cementerio en el Norte de Francia, en el que están enterrados todos los chicos del día D. Las cruces blancas cubren el horizonte de punta a punta. Recuerdo haberlas visto y haber pensado que estaba en un bosque de tumbas. Pero las tumbas estaban colocadas con una geometría perfecta, totalmente rectas, por lo que al fin y al cabo, no era un bosque, sino un huerto de tumbas. Nada que ver con la naturaleza, salvo que tengas en cuenta, la naturaleza humana."

Bárbara Kingsolver

A mí, personalmente me impresionó más el cementerio alemán de La Cambe. Sin banderas, sobrio hasta la tristeza. Menos visitado que el anterior y más pequeño. Alberga 21.000 tumbas. La mayoría de ellos, ni siquiera supo jamás por qué moría con 20 años, lejos de casa.


En esos cementerios, no había enterrado ninguno de esos curiosos guerreros, que mandan a la muerte a miles de personas, y declaran guerras, a las que saben que no van a ir.

sábado, 1 de agosto de 2009

Y de vacaciones me voy



Nos vamos de vacaciones.

Pero sin bronceador, sin pay pay, sin billete de avión, sin hotel mogollón y sin casi nada de lo que decían mis paisanos de Aerolíneas Federales allá por los 80 versionando las Summer nights de la mítica Grease. Así que seguro que no llego a la conclusión final de "vacaciones, los cojones, es mejor trabajar". Eso nunca.

Nos vamos a Bretaña, donde las predicciones anuncian máximas de 20 (la mitad que en Zaragoza), y en furgoneta, a hacer un recorrido libre que nos llevará también por Normandía. Así que lo nuestro es más de vacaciones, vacaciones, chubasquero, varias capas, provisiones, costa atlántica, reservas en pequeños hoteles, nevera portátil, cámara de fotos, mapa de carreteras, zapatillas, y muchas ganas.

Besos a los despistados que alguna vez pasan por aquí, y hasta la vuelta.

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