lunes, 28 de septiembre de 2009

Tan lejos, tan cerca



Es bonito, cuando se vive en la tierra del ternasco y las migas y la fruta, separada de la tierra propia por kilómetros de carretera cuyos bordes dan sed con mirarlos, encontrarse con un letrero al que solo le falta el acento, que anima a comer marisco, y a beber queimada, y a probar queso de tetilla, y miel, y orujo.

Y qué buen criterio tienen los bilbilitanos haciendo "feiras", y luciendo espíritu políglota con su letrero en gallego por las calles de la villa.

Porque no hay como el comer y el beber para tender puentes y hacer guiños y acercar a los pueblos. Que estando tan lejos, doy fe que están en tantas cosas tan cerca.

Y con estas cosas, se constata además que la morriña también sabe sonreír.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Si Dumas levantara la cabeza XDDDD




En ocasiones me gusta volver a ver series que me acompañaron de niño, e incluso, y debo confesarlo, he llegado a ver parte de capítulos de ellas. Uno descubre con gran pesar, en la mayoría de las ocasiones, lo malas que eran. Mi mayor disgusto me lo llevé con Mazinguer Z. Pero bueno, ese dolor queda para mí, y no es la historia de este breve comentario.

Es cierto que internet está revolucionándolo todo, y además, lo hace a una velocidad de vértigo, y que ha contribuido a muchas cosas; cosas, que por supuesto no voy a enumerar. Una de las que más capta mi atención, es la posibilidad de dejar comentarios en noticias o en videos de Youtube, por ejemplo. Debo confesar, en relación a las noticias, que muchas veces no leo el cuerpo de la misma, y sin embargo, soy capaz de leer los 40 comentarios que ha podido generar. Constituye la auténtica democratización cibernética (salvo la censura que imponen la mayoría de los medios, que borrán ciertos comentarios, pero ese es un mal menor).

Uno puede observar a la plebe en su verdadero esplendor. Con todo su olor a calle. Lo rancio se mezcla a veces con lo erudito. Lo cañí, con lo más progre, y la España de charanga y pandereta, con la de cerrado y sacristía. Todo ello, en la coctelera que es, hoy por hoy, la red de redes.

En estas estaba yo, viendo un trozo de, “D'Artacan y los tres Mosqueperros (serie que se llamaba así, puesto que estaba interpretada por perros)”. La serie debió emitirse a principios de los 80, y al igual que Willy Fog y otras, recreaba grandes clásicos, tomando como protagonistas a los animales, modificando lógicamente sus nombres, asimilándolos al animal que los porta.

Obviamente, me dediqué a leer algunos comentarios. En ellos esperaba encontrar la nostalgia, la crítica..., pero no: encontré un auténtico debate entre eruditos.



Como veis, el tal “viruhi”, (individuo que se situará entre los 16-20 años, con un error de más menos tres), cae en la cuenta antes que nadie, de que existen similitudes entre el nombre de la serie -“D'Artacan”- y el nombre que el autor ha puesto al video: “Dartañán”. Él, rápidamente indica al resto de contertulios, que también llamaba al protagonista del cuento, “Dartañán”, haciendo piña con el autor del video. Después nos informa que en la Wikipedia, indica que el personaje de Dumas se llama “D'Artagnan” (vaya sorpresón para él), indicándonos además (entre varios símbolos XDDD, que quizás indiquén "colegas, soy un hacha") que debe ser francés.

Al final, en la última parte de ese froidiano silogismo, cree llegar a la conclusión: le pusieron D'Artacan, para no pagar derechos de autor (la SGAE, de veras está haciendo fosfatina algunos cerebros, y no solo los de los triunfitos). Por supuesto termina su alocución, con un “XDDD”, que en su argot debe ser algo así como: ¿qué, lo flipaís, no?.

A esto, que un tal “alvaizq” parece caer en la cuenta, de que quizás “D'Artacan” fue bautizado así porque es un perro (salta a la vista, después de ver a su novia, la ínclita Julieta), y lo deja caer de manera tímida.
En estas que aparece en escena un tal “ThorthonZgZ”, a la sazón, maduro maño (deducido por su “ZgZ” y por su gran discurso), decide simplemente escojonarse, haciendo una de las aportaciones más inteligentes del debate.

Por último, y para poner orden y concierto en este sinsentido, y llevar el barco de la razón a buen puerto, aparece “jinetedebronce” (el nick no tiene desperdicio de principio a fin: típico de tío cursi y plasta del chat, que gusta de narrar sus vivencias y contar la impresión que le ha dado el único libro que se ha leído en su vida, para tratar de adormecer a su víctima femenina). Su aparición, nos saca de toda duda, como podéis ver, poniendo final a este interesante debate sobre nuestro amigo, “D'Artacan”.

Como diría mi gran amigo Rajoy: ¡señor, qué tropa!

España: ¡sí te reconozco!

domingo, 20 de septiembre de 2009

"El lobo estepario": vamos a "descontar" mentiras



El que ande buscando un libro lógico, ordenado, cerrado, de argumento y “mensaje” nítidos y unívocos, que no se acerque a “El lobo estepario”.Pero si buscas una puerta abierta, una reflexión lúdica, abierta, multiforme sobre qué y quiénes somos, y sobre cómo podemos aprender a mirarnos para estar mejor, este es tu libro.

Esta obra del Nobel Herman Hesse (a cuyo "Siddartha" debo yo mi nick) refleja la lucha agónica entre las (aparentes) dualidades extemas que nos constituyen: instinto y razón, vitalismo y contemplación intelectual, rechazo de la sociedad y necesidad de relacionarse o integrarse con los otros, impulso de vivir e impulso de morir, ser uno y ser varios, morir y querer ser inmortal, vivir y crear, el agobio de las preguntas y la búsqueda de las respuestas, las respuestas en el arte y las respuestas en la vida.

El libro cuenta la historia (o más bien, simplemente habla de) Harry Haller, el lobo estepario, un personaje solitario e intelectual, que sobrevive (no vive) en una pensión, aislado y refugiado en los libros y el alcohol, que rechaza y desprecia profundamente a la sociedad burguesa, sus convenciones y constructos morales, y que ha tomado la determinación tambalaeante de acabar con su vida a los 50 años (y es esta perspectiva lo que le permite soportar una existencia claramente insatisfactoria).

Haller tiene conciencia dolorida de ser un “lobo estepario” (y esto es precisamente lo que le impide vivir). Esta es la expresión que él cree que le define: “estepario”, un ser solitario y solo, por su rechazo al mundo burgués, un hombre que no encaja, y “lobo”, un animal, un ser instintivo, una bestia dominada por su instinto. Pero como intelectual contempla esa parte esencial suya, la del lobo, como dañina, perjudicial, peligrosa, aniquilable. Rechaza al mundo burgués (que ha moldeado lo que en él hay de "hombre", de ser racional) y se rechaza a sí mismo, al lobo que es (o que él cree que es).

En sus manos cae un Tratactus (subtitulado, al igual que el "teatro" que aprecerá luego, como "no para cualquiera" o "solo para locos" ... Marc Parrot también ha leído este libro-) que es un estudio sobre él mismo. Sobre el lobo estepario. Y ahí descubre también la mentira de su propia dualidad hombre-lobo,o razón-instinto: la mentira de la personalidad. De la idea artificial y falsa que nosotros tenemos de nosotros mismos. No somos uno, no somos dos: somos muchos. Lo que creemos nuestra personalidad unívoca (o dual, como nos enseñó el psicoanálisis con el descubrimiento de la escisión yo-ello, consciente-inconsciente) no es más que una construcción que hemos asumido, y que es necesario deconstruir. Y ese es el proceso que lleva a cabo en la parte final, el "Teatro mágico".

Pero antes, el Harry contemplativo, huyendo de su suicidio, se lanza al vitalismo orgiástico, el baile, la noche, la fiesta y el sexo de la mano de un ambiguo personaje, Armanda, que le recuerda a un amigo de la infancia (Armando), y que hace de guía y cicerone por el mundo de la noche, la música, lo dionisíaco, los placeres carnales. Harry está buscando en realidad un ancla en la vida, y esto le llevará, siempre de la mano de Armanda (también Dante llegaba al "paraíso" de la mano de Beatrice) a la parte final, alegórica, el "teatro para locos", que mendiante varias escenas (algunas de corte surrealista,) llevará a cabo el "desmontado" o deconstrucción de la propia personalidad, en una especie de juego de ajedrez, donde aparecen piezas de distinto tamaño (los distintos aspectos que conforman eso que creemos nuestra personalidad), que nosotros podemos mover y combinar, en un juego dinámico y cambiante que nunca es (y no tiene por qué ser) ser algo estable. Ni único. Ni uno.

Es decir, nuestra personalidad puede ser (o debe ser, o simplemente es) cambiante y múltiple, y en ella coexisten nuestra parte animal, nuestra parte intelectual ,nuestra parte sentimental, nuestra parte vitalista o sensual... pero también forman parte de ella los demás, la imagen que de ellos tenemos o cómo nos afectan. Ninguna de estas partes debe ser exclusiva, ninguna debe imponerse, ninguna debe falsearse, ninguna debe reprimirse, ninguna debe negarse. Y si Freud hablaba de la necesidad de matar al padre como acto simbólico necesario para crecer, Harry matará a Armanda, a la que ama, como forma de llegar al verdadero amor, para quitarse de encima el peso de la seriedad de las convenciones burguesas y la idea del amor que nos han vendido (que también se desmonta en la novela).

Porque la seriedad intelectual (y la literaria, claro) es también un constructo más de la sociedad burguesa que tanto rechaza: solo la poesía, el teatro, el juego, el humor, la risa, llevan a un conocimiento auténtico, porque sólo esto nos permite liberarnos de los conceptos férreos y exclusivistas con los que nos han enseñado a mirarnos. Tan férreos y tan exclusivistas que se han convertido en la cárcel que nos impide ser y vivir. Y esta es la vía que también han reivindicado y seguido muchas corrientes artísticas y/o filosóficas (e incluso terapéuticas) -por ejemplo el Surrealismo, o el teatro del absurdo- como forma de expresión, y por tanto, de conocimiento, de nuestro yo (o lo que sea) más auténtico. Que es el más complejo y cambiante. El menos "uno".

Pero puede ser también que el libro diga otras cosas. Seguro que si lo has leído, o lo lees, a ti te dice otras. Ya me contarás. Yo ahora voy a por Demian. Ya os contaré.
VIVIR O PENSAR
“La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber” ¿No es esto espiritual? ¡No quieren nadar, naturalmente! Han nacido para la tiera, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, ¡no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ese podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ese precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará.

SER UN LOBO ESTEPARIO
¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; ni puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan.

Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le hes extraño e incompresible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.


EL LOBO Y EL HOMBRE

El lobo estepario tenía, por consiguiente, dos naturalezas, una humana y otra lobuna; ése era su sino. Y puede ser también que este sino no sea tan singular y raro.(...)En Harry, por el contrario, era otra cosa; en él no corrían el hombre y el lobo paralelamente, y mucho menos se prestaban mutua ayuda, sino que estaban en odio constante y mortal, y cada uno vivía exclusivamente para martirio del otro, y cuando dos son enemigos mortales y están dentro de una misma sangre y de una misma alma, entonces resulta una vida imposible. Pero en fin, cada uno tiene su suerte, y fácil no es ninguna.

Ahora bien, a nuestro lobo estepario ocurría, como a todos los seres mixtos, que, en cuanto a su sentimiento, vivía naturalmente unas veces como lobo, otras como hombre; pero que cuando era lobo, el hombre en su interior estaba siempre en acecho, observando, enjuiciando y criticando, y en las épocas en que era hombre, hacía el lobo otro tanto. Por ejemplo, cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello pensamiento, o experimentaba una sensación noble y delicada, o ejecutaba una de las llamadas buenas acciones, entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes, se reía y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta distinguida farsa a un lobo de la estepa, a un lobo que en su corazón tenía perfecta conciencia de lo que le sentaba bien, que era trotar solitario por las estepas, beber a ratos sangre o cazar una loba, y desde el punto de vista del lobo toda acción humana tenía entonces que resultar horriblemente cómica y absurda, estúpida y vana. Pero exactamente lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal, cuando le enseñaba los dientes a los demás, cuando respiraba odio y enemiga terribles hacia todos los hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. Entonces era cuando se ponía en acecho en él precisamente la parte de hombre que llevaba, lo llamaba animal y bestia y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su esencia de lobo, simple, salvaje y llena de salud."


QUIÉN PUEDE QUERER A UN LOBO ESTEPARIO

Así estaban las cosas con el lobo estepario, y es fácil imaginarse que Harry no llevaba precisamente una vida agradable y venturosa. Pero con esto no se quiere decir que fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese, como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los mayores del mundo). Esto no debiera decirse de ninguna persona. Quien no lleva dentro un lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco. Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. Y esto ocurría también al lobo estepario. Por lo general era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a él. Pues todos los que le tomaban cariño, no veían nunca en él más que uno de los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. Singularmente éstos eran, por lo general, los más decepcionados e irritados, y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en contacto.

LOS ARTISTAS

Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry; muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la sangre materna y la paterna, la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento, tan hostiles y confusos lo uno junto y dentro de lo otro, como estaban en Harry el lobo y el hombre. Y estas personas, cuya existencia es muy agitada viven a veces en sus raros momentos de felicidad algo tan fuerte y tan indeciblemente hermoso, la espuma de la dicha momentánea salta con frecuencia tan alta y deslumbrante por encima del mar del sufrimiento, que este breve relámpago de ventura alcanza y encanta radiante a otras personas. Así se producen, como preciosa y fugitiva espuma de felicidad sobre el mar de sufrimiento, todas aquellas obras de arte, en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino, que su dicha luce como una estrella, y a todos aquellos que la ven, les parece algo eterno y como su propio sueño de felicidad. (...) Entre los hombres de esta especie ha surgido el pensamiento peligroso y horrible de que acaso toda la vida humana no sea sino un tremendo error, un aborto violento y desgraciado de la madre universal, un ensayo salvaje y horriblemente desafortunado de la naturaleza. Pero también entre ellos es donde ha surgido la otra idea de que el hombre acaso no sea sólo un animal medio razonable, sino un hijo de los dioses y destinado a la inmortalidad.

NO SOMOS UNO NI SOMOS DOS. LA MENTIRA DE LA PERSONALIDAD. LA MENTIRA DE LA DUALIDAD
La bidivisión en lobo y hombre, en instinto y espíritu, por la cual Harry procura hacerse más comprensible su sino, es una simplificación muy grosera, una violencia ejercida sobre la realidad en beneficio de una explicación plausible, pero equivocada, de las contradicciones que este hombre encuentra dentro de sí y que le parecen la fuente de sus no escasos sufrimientos.

Harry encuentra en sí un «hombre», esto es, un mundo de ideas, sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra allí al lado, también dentro de sí, un «lobo», es decir, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada. A pesar de esta división aparentemente tan clara de su ser en dos esferas que le son hostiles, ha comprobado, sin embargó, alguna vez que por un rato, durante algún feliz momento, se reconcilian el lobo y el hombre.

Si Harry quisiera tratar de determinar en cada instante aislado de su vida, en cada uno de sus actos, en cada una de sus sensaciones, qué participación tuviera el hombre y cuál el lobo, se encontraría en un callejón sin salida y se vendría abajo toda su bella teoría del lobo. Pues no hay un solo hombre, ni siquiera el negro primitivo, ni tampoco el idiota, tan lindamente sencillo que su naturaleza pueda explicarse como la suma de sólo dos o tres elementos principales; y querer explicar a un hombre precisamente tan diferenciado como Harry con la división pueril en lobo y hombre, es un intento infantil desesperado.

Harry no está compuesto de dos seres, sino de ciento, de millares. Su vida oscila (como la vida de todos los hombres) no ya entre dos polos, por ejemplo el instinto y el alma, o el santo y el libertino, sino que oscila entre millares, entre incontables pares de polos. (...) El hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de fórmulas muy ingenuas, simplificadoras y engañosas - ¡ especialmente a sí propio!-. Pues, a lo que parece, es una necesidad innata fatal en todos los hombres representarse cada uno su yo como una unidad.(...) Pero en realidad ningún yo, ni siquiera el más ingenuo, es una unidad, sino un mundo altamente multiforme, un pequeño cielo de estrellas, un caos de formas, de gradaciones y de estados, de herencias y de posibilidades. Que cada uno individualmente se afane por tomar a este caos por una unidad y hable de su yo como si fuera un fenómeno simple, sólidamente conformado y delimitado claramente: esta ilusión natural a todo hombre (aun al más elevado) parece ser una necesidad, una exigencia de la vida, lo mismo que el respirar y el comer. La ilusión descansa en una sencilla traslación. Como cuerpo, cada hombre es uno; como alma, jamás.

(...) El pecho, el cuerpo no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos. Esto lo reconocieron y lo supieron con exactitud los antiguos asiarcas, y en el yoga budista se inventó una técnica precisa para desenmascarar el mito de la personalidad. Pintoresco y complejo es el juego de la vida: este mito, por desenmascarar el cual se afanó tanto la India durante mil años, es el mismo por cuyo sostenimiento y vigorización ha trabajado el mundo occidental también con tanto ahínco.

Si observamos desde este punto de vista al lobo estepario, nos explicamos por qué sufre tanto bajo su ridícula duplicidad. Cree, como Fausto, que dos almas son ya demasiado para un solo pecho y habrían de romperlo. Pero, por el contrario, son demasiado poco, y Harry comete una horrible violencia con su alma al tratar de explicársela de un aspecto tan rudimentario. Harry, a pesar de ser un hombre muy ilustrado, se produce como, por ejemplo, un salvaje que no supiera contar más que hasta dos. A un trozo de si lo llama hombre; a otro, lobo, y con ello cree estar al fin de la cuenta y haberse agotado. En el «hombre» mete todo lo espiritual, sublimado o, por lo menos, cultivado, que encuentra dentro de sí, y en el «lobo» todo lo instintivo, fiero y caótico. Pero de un modo tan simple como en nuestros pensamientos, de un modo tan grosero como en nuestro ingenuo lenguaje, no ocurren las cosas en la vida, y Harry se engaña doblemente al aplicar esta teoría primitiva del lobo.

(...) El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero (éste fue, a pesar de los presentimientos contrapuestos de sus sabios, el ideal de la Antigüedad), es más bien un ensayo y una transición; no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Hacia el espíritu, hacia Dios lo impulsa la determinación más íntima; hacia la naturaleza, en retorno a la madre, lo atrae el más íntimo deseo: entreambos poderes vacila su vida temblando de miedo. (...)


LA MENTIRA DE LA “VUELTA A LOS ORÍGENES Y A LA NATURALIDAD”
Nuestro lobo estepario (...)ha logrado hallar que a la unidad de su cuerpo no le es inherente una unidad espiritual, sino que, en el mejor de los casos, sólo se encuentra en camino,con una larga peregrinación por delante, hacia el ideal de esta armonía. Quisiera o vencer dentro de sí al lobo y vivir enteramente como hombre o, por el contrario, renunciar al hombre y vivir, al menos, como lobo, una vida uniforme, sin desgarramientos. (...)

No, con la «¡Vuelta a la naturaleza!» va siempre el hombre por un falso camino, lleno de penalidades y sin esperanzas. Harry no puede volver a convertirse enteramente en lobo, y si lo pudiera, vería que tampoco el lobo es a su vez nada sencillo y originario, sino algo ya muy complicado y complejo. Tambíén el lobo tiene dos y más de dos almas dentro de su pecho de lobo.

Hacia atrás no conduce, en suma, ninguna senda, ni hacia el lobo ni hacia el niño. En el principio de las cosas no hay sencillez ni inocencia; todo lo creado, hasta lo que parece más simple, es ya culpable, es ya complejo, ha sido arrojado al sucio torbellino del desarrollo y no puede ya, no puede nunca más nadar contra corriente. El camino hacia la inocencia, hacia lo increado, hacia Dios, no va para atrás, sino hacia delante; no hacia el lobo o el niño, sino cada vez más hacia la culpa, cada vez más hondamente dentro de la encarnación humana. Tampoco con el suicidio, pobre lobo estepario, se te saca de apuro realmente; tienes que recorrer el camino más largo, más penoso y más difícil de la humana encarnación; habrás de multiplicar todavía con frecuencia tu duplicidad; tendrás que complicar aún más tu complicación. En lugar de estrechar tu mundo, de simplificar tu alma, tendrás que acoger cada vez más mundo, tendrás que acoger a la postre al mundo entero en tu alma dolorosamente ensanchada, para llegar acaso algún día al fin, al descanso. Por este camino marcharon Buda y todos los grandes hombres, unos a sabiendas, otros inconscientemente, mientras la aventura les salía bien. Nacimiento significa desunión del todo, significa limitación, apartamiento de Dios, penosa reencarnación. Vuelta al todo, anulación de la dolorosa individualidad, llegar a ser Dios quiere decir: haber ensanchado tanto el alma que pueda volver a comprender nuevamente al todo.


NUESTRA MENTIRA I
magínese un jardín con cien clases de árboles, con mil variedades de flores, con cien especies de frutas y otros tantos géneros de hierbas. Pues bien: si el jardinero de este jardín no conoce otra diferenciación botánica que lo «comestible» y la «mala hierba», entonces no sabrá qué hacer con nueve décimas partes de su jardín, arrancará las flores más encantadoras, talará los árboles más nobles, o los odiará y mirará con malos ojos. Así hace el lobo estepario con las mil flores de su alma. Lo que no cabe en las casillas de «hombre» o de «lobo», ni lo mira siquiera. ¡Y qué de cosas no clasifica como «hombre»! Todo lo cobarde, todo lo simio, todo lo estúpido y minúsculo, como no sea muy directamente lobuno, lo cuenta al lado del «hombre», así como atribuye al lobo todo lo fuerte y noble sólo porque aún no consiguiera dominarlo.

VITALISMO, CONTEMPLACIÓN, SUFRIMIENTO -

¿Por qué, Armanda? ¡Dímelo!
-Porque yo soy como tú. Porque estoy precisamente tan sola como tú y como tú no puedo amar ni tomar en serio a la vida ni a las personas ni a mi misma. Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida lo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y rudeza de ambiente.
-¡Tú, tú! -exclamé hondamente admirado-. Te comprendo, camarada; nadie te comprende como yo. Y, sin embargo, eres para mí un enigma. Tú te las arreglas con la vida jugando, tienes esa maravillosa consideración ante las cosas y los goces minúsculos, eres una artista de la vida. ¿Cómo puedes sufrir con el mundo? ¿Cómo puedes desesperar?
-No desespero, Harry. Pero sufrir por la vida, oh, sí; en eso tengo experiencia. Tú te asombras de que yo soy feliz porque sé bailar y me arreglo tan perfectamente en la superficie de la vida. Y yo, amigo mío, me admiro de que tú estés tan desengañado del mundo, hallándote en tu elemento precisamente en las cosas más bellas y profundas, en el espíritu, en el arte, en el pensamiento. Por eso nos hemos atraído mutuamente, por eso somos hermanos. Yo te enseñaré a bailar y a jugar y a sonreír y a no estar contento, sin embargo. Y aprenderé de ti a pensar y a saber y a no estar satisfecha, a pesar de todo. ¿Sabes que los dos somos hijos del diablo?
-Sí, lo somos. El diablo es el espíritu; nosotros sus desgraciados hijos. Nos hemos salido de la naturaleza y pendemos en el vacío.

EL "TEATRO PARA LOCOS" O CÓMO LIBERARSE DE LA CÁRCEL DE LA PERSONALIDAD
-Sin duda ha adivinado usted hace mucho que el dominio del tiempo, la redención de la realidad y cualesquiera que sean los nombres que haya dado a sus anhelos, no representan otra cosa que el deseo de desprenderse de su llamada personalidad. Esta es la cárcel que lo aprisiona. Y si usted, tal como está, entrase en el teatro, lo vería todo con los ojos de Harry, todo a través de las viejas gafas del lobo estepario. Por eso se le invita a que se desprenda de sus gafas y a que tenga la bondad de dejar esa muy honorable personalidad aquí en el guardarropa, donde volverá a tenerla a su disposición en el momento en que lo desee. La preciosa noche de baile que tiene usted tras sí, el Tractat del lobo estepario y, finalmente, el pequeño excitante que acabamos de tomarnos, lo habrán preparado sin duda suficientemente. (...)
-Así, Harry, venga usted y esté muy contento. Ponerlo de buen humor, enseñarle a reír, es la finalidad de todos estos preparativos; yo espero que usted se abrevie el camino. Usted se encuentra perfectamente, ¿no es eso? ¿Sí? ¿No tendrá usted miedo? Está bien, muy bien. Ahora, sin temor y con cordial alegría, va usted a entrar en nuestro mundo fantástico, empezando, como es costumbre, por un pequeño suicidio aparente.

Volvió a sacar otra vez el pequeño espejo del bolsillo y me lo puso delante de la cara. De nuevo me miró el Harry desconcertado y nebuloso e infiltrado de la figura del lobo que se debatía dentro, un cuadro que me era bien conocido y que en verdad no me resultaba simpático, cuya destrucción no me daba cuidado alguno.

-Esta imagen, de la que ya se puede prescindir, tiene usted ahora que extinguirla, caro amigo; otra cosa no hace falta. Basta con que usted, cuando su humor lo permita, observe esta imagen con una risa sincera. Usted está aquí en una escuela de humorismo, tiene que aprender a reír. Pues todo humorismo superior empieza porque ya no se toma en serio a la propia persona(...)

-La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente, le es a usted conocida. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad puede dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos sub-yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan el pensar y la experimentación. Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por «normales», y hasta por representar un gran valor social, que están irremisiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por eso la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto de lo que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas crean un drama con un puñado de figuras, así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas. ¡Vea usted!

lunes, 14 de septiembre de 2009

Viaje a las Galias(2)-Bretaña y Normandía: retrato de familia


Bretaña es una tierra encantadora. Situada en el Noroeste de Francia, como Galicia en España, me recuerda en muchas cosas a mi tierra (aunque la arquitectura me parece muy distinta): el verde, el granito, los árboles, las montañas suaves, la tendencia al cielo gris y la humedad, la costa, la música, el celtismo y el espíritu profundamente rural, que impregna incluso algunos rincones de casi todas las ciudades que vimos (con la excepción, tal vez, de Brest, hija innegable de su terrible historia).

Quizás este "aire de familia" sea consecuencia de compartir fachada Atlántica, o de mirarse de frente a través del océano que las une y las separa, o de hundir alguna raíz en un terreno común, o de ocupar la misma esquina del país, que a veces se siente olvidada por la capital, y a veces parece querer que la capital la olvide.

Porque Bretaña es una región peculiar de Francia y no me extraña que por estas tierras (más o menos) nacieran Asterix, Obelix y toda la pandilla de indómitos galos que hacían caso omiso a la invasión de los romanos, a los que miraban como una especie extraña que únicamente merecía el comentario de “están locos estos romanos”.

Y es que Bretaña, región esquinera del país que inventó el chauvinismo, parece ir completamente a su aire, sin hacer mucho caso al allons enfants de la patrie: tiene su propia bandera y la exhibe por todas partes ( Dei se compró dos: una para poner en la furgoneta y otra impresa en la espalda de una camiseta), y es raro, rarísimo, ver la tricolor francesa ondear en ningún sitio; tiene su propio idioma (el bretón), que se cuela constantemente en carteleras y, por supuesto, topónimos; tienen su propia gastronomía (por ejemplo, el pastel bretón, un bizcocho que se come solo o relleno de mermelada o chocolate, y las galletas); las mujeres rurales conservan un traje típico peculiar (sobre todo por el tocado de la cabeza) y se lo ponen en fiestas y grandes ocasiones (mi tío Manolo se había casado aquí con una Bretona, hace ya más de treinta años, y en las fotos se veía a muchas mujeres asi ataviadas);elaboran su propia cerveza y, lo que constituye un gesto profundo de independencia y rebeldía en los tiempos que corren: tienen su propio refresco de cola, incluso con versión light, y es el que te sirven en muchos bares cuando pides Cocacola.

¿Quién dijo globalización? En Bretaña parecen no querer darse por enterados. O al menos, intentan llevarla a su manera. Bretona, por supuesto.


Normandía parece la hermana mayor de Bretaña, más alta, más elegante, más lista, más exitosa, más cosmopolita, más aristocrática, más guapa y más francesa, pero sin la simpatía entrañable de la menor. Normandía te recibe. Bretaña te arropa. A Normandía es fácil admirarla. A Bretaña es fácil quererla.

En Bretaña surgen aquí y allá ecos suaves de una historia propia, mítica, ancestral y etérea : esos megalitos de la zona de Carnac, la música y los mitos celtas, el sustrato de los bretones, cerrados y guerreros, esos pueblos y ciudades con su arquitectura medieval a franjas de colores, esas casitas de cuento.... Normandía asienta su fisonomía sobre el recuerdo constante y esencial de un pasado histórico sólido, heroico, que es uno y es dos, el más pasado y el más reciente: sobre las luchas medievales de los normandos, sus fortalezas, su choque continuo con los ingleses, su Juana de Arco, pero también sobre los rugidos del Desembarco y sus consecuencias (la liberación de la invasión nazi como cara, la destrucción de muchas ciudades por los bombardeos aliados como cruz), que exhiben con detalle, orgullo, agradecimiento y, como no, visión comercial (toda una corriente turística se asienta sobre este fenómeno).

Nosotros hicimos el recorrido de sur a norte y de oeste a este, de forma bastante libre y con mucho de improvisación día a día. Tuvimos que dejar sin ver muchas cosas, porque Bretaña y Normandía son muy densas y todo es precioso, desde los pueblos, a las catedrales, las iglesias, los castillos, los museos,los bosques, los ríos y, sobre todo, la costa, con sus playas, sus acantilados, su cielo, sus olas, sus árboles deformados por el viento, sus faros, sus barcos, sus puertos, su luz y sus mareas, de las que tanto me había hablado Dei (y que NoSurrender nos había recomendado), pero que nos perdimos por la prisa obligada para no perdernos cosas. Así que tendremos que volver.

Porque si algo nos trajimos, fueron motivos para volver.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Viaje a las Galias (1): El noroeste francés desde una furgoneta


Hace un mes estábamos a punto de terminar nuestro recorrido por el Noroeste francés (Bretaña y un poquito de Normandía) a bordo de una furgoneta, que finalmente resultó ser más grande que la que nosotros habíamos contratado con la empresa de alquiler de coches, y que cargamos con provisiones para poder comer bien sin gastar mucho y sin tener que preocuparnos de buscar restaurantes.

Fueron aproximadamente 13 días (creo recordar, pero soy de letras hasta para el recuerdo) muy intensos, muy llenos de cosas y de impresiones que me van a dar para escribir varias entradas, y más teniendo en cuenta mi natural tendencia al rollo y a irme por las ramas (que es lo que hace que siempre me dé un poco de pereza hacer este tipo de crónicas).

Porque en este viaje hubo ramas, y ramas, y ramas... Y antes de entrar en detalle, sí me gustaría contar algunas "impresiones generales" de nuestro viaje que pueden resultar curiosas, destacables, irrelevantes y a lo mejor hasta útiles. Quién sabe.

1.- Francia es el país ideal para el tipo de viaje que nos planteamos (furgoneta y comidas tipo picnic en espacios públicos), porque las áreas de descanso están mucho mejor montadas y mucho más aprovechadas que en España: no se sitúan necesariamente en las proximidades de una gasolinera, o bar, o restaurante, o lo que sea; en todas tienes varios merenderos, una o varias fuentes con agua y servicios (mejores o peores, pero servicios), todo ello público y gratuito. Y por tanto, están también más llenas. Sin embargo, no tengo claro si fue primero la oferta o la demanda; es decir, si la gente acude tanto a estos espacios porque están muy bien montados, o si están tan bien montados porque la gente acude tanto. Consecuencia: hay muchíiiiiiisimas furgonetas y autocaravanas circulando (parece ser que los campings también están muy bien), y esto, en algunas carreteras, dio algún momento de agobio la conductora.

2.-Los españoles parecemos necesitar un bar para parar en nuestros recorridos, tanto en vehículo como andando, y para ir al servicio; los franceses tienen una "cultura del bar" mucho menos desarrollada, y esto tiene sus pros y sus contras. Los pros: la abundancia de servicios públicos (en autovías, carreteras, pueblecitos, ciudades), en los que no tienes que abonar una consumición cuando solo quieres aliviar una necesidad biológica impostergable, y lo habitual de puestos callejeros de comida, en los que te puedes encontrar desde las habituales crêpes, gallettes, bocadillos o pizzas, hasta cosas más sorprendentes para ir comiendo por la calle, como una ensalada. Los contras: la mala calidad de los servicios de bares y restaurantes, que incluso en algunos de los mas chic pueden reducirse a un cuchitril difícil de encontrar, unisex, maloliente y multiusos como cuarto de limpieza. (en nuestro viaje a Paris en abril, al lado de Montmartre, en una de esas coquetonas cafeterías con terraza, estufa exterior y toldo rojo, el servicio era de aquellos que en España ya no quedan desde hace años y que consistían en un agujero en el suelo), y que hay menos bares en general (es más, a determinadas horas y en determinados lugares solo te atienden si vas a comer algo).

3.- Los franceses cuidan mucho la estética de sus espacios públicos, y así, casi todas las calles aparecen adornadas por flores de vivos colores , situadas con muy buen gusto en maceteros que a veces aprovechan las farolas, lo que hace que cualquier pueblo resulte precioso.

4.- Sin embargo, curiosamente, tienen poquísimas papeleras (y en eso nuestro civismo, que de lejos parece -y puede que sea- todavía un proyecto, les saca mucha ventaja), y con lo que comen por la calle, su mimo estético de los espacios públicos y todo eso, resulta aún más llamativo.

5.- El gótico francés es más alargado, puntiagudo, ornamentado e imponente que el español (afirmación que espero juzguéis teniendo en cuenta que lo hace una total ignorante en arquitectura, y que habla de una impresión quizás errónea y fruto de la sugestión), y a un alma barroca como yo, con su gusto por los excesos, le encanta. Además, es mucho más abundante: las catedrales (casi todas preciosas e imponentes) aparecen no sólo en las grandes ciudades, sino también en algunas pequeñas. E incluso iglesias de los pueblos ofrecían la misma estilización estética de las torres de las catedrales.

6.- Los franceses , tan cívicos y tan guardianes de los buenos modales, conducen fatal (aunque yo esto lo noté menos, porque me libré de conducir por el morro: no me veía capaz de llevar la furgoneta, que era enorme, cuando me cuesta tanto conducir un coche que no sea el mío, y Dei se mostró entusiasmado con mi propuesta de no meterme en los turnos mientras no fuera estrictamente necesario... Él decía que era porque no me veía segura... yo creo que le daba un poco de cague. Muy sensato para algunas cosas, mi chico.) Aviso de que no respetan a los peatones en los pasos de idem, ni siquiera con su semáforo en ámbar y el parrequiño de los viandantes en verde.

7- Allí se toman muy en serio lo de los horarios europeos. (comer de 12 a 2, cenar de 7 a 9, irse a dormir sobre las 10-11). A la hora de comer no lo notamos tanto, porque comíamos libres como gatos, parando con la furgoneta en cualquier lugar que nos pareciera mínimamente apropiado para ello (aunque algún día dimos más de una vuelta y una revuelta, incluso para terminar parando al borde de la carretera y punto... la falta de práctica es lo que tiene), pero por la noche, es complicado cenar más allá de las 9 e incluso tomarse una cervecita más allá de las 12 (o antes, si el pueblo es muy pequeño). Y esto era aún más exagerado en Normandía que en Bretaña. Y eso que en zona turística y en plena temporada alta, se suaviza un poco.

8.- Es muy difícil conseguir hielo (nosotros lo necesitábamos para nuestra flamante nevera portátil). No tienen nunca en gasolineras y raramente en supermercados. Es también llamativo teniendo en cuenta lo que les gusta comer en áreas de servicio y los campings. No sé cómo se las arreglan. Uno de los dueños de los hoteles nos dijo que era porque el clima es distinto (más fresco), pero a mí sigue sin convencerme la excusa, porque lo que se estropea fuera de la nevera, se estropea igual (y con lo que les gusta a ellos el paté y el queso...).

9.- Las crêpes son parte fundamental de su gastronomía, y hay muchas creperies que no engañan por su nombre y práctiamente solo tienen crepes. Ellos les llaman crepes a las dulces, y galettes a las saladas (aunque en origen, creo que las galettes se hacían con trigo sarraceno, más oscuro que el habitual) y son diferentes de las que puedas hacer tú en casa (mucho ma´s finas y con masa más crujiente) y muy distintas de las filloas gallegas (a pesar del t´pico de que son lo mismo) que llevan mucho más huevo, son más jugosas y dan menos importancia al relleno.

10.- Son también muy habituales, en cualquiera de estos sitios de comer algo sin ser restaurantes de plato-plato, los moules, es decir, los mejillones, que ellos comen al vapor o a la crema y acompañados de patatas fritas (como en Bélgica, según comentaban Fer y Dei)

11.- Por supuesto, no hay tapas en los bares, y la idea de “picar algo” sin hacer una comida completa les resulta completamente exótica.

12.- Habla español más gente de la que nuestro prejuicio parisino nos hacía prever. Fueron varias las oficinas de turismo y recepciones de monumentos en las cuales nos atendieron en el idioma patrio. En los hoteles ya era otra cosa, aunque tuvimos la suerte de dar con dos (Dinard y Cognac) cuyos dueños lo hablaban casi perfectamente, pero por cuestión uma personal y anecdótica (el de Dinard porque vivía medio año en Santo Domingo -anda que era tonto, el tío-, y el de Cognac porque había vivido en España varios años). Pero en general, dimos con gente encantadora que aunque no hablaba español, hacía todo lo que podía y más por entendernos y hacerse entender. Qué diferencia con los parisinos altivos y/o descuidados de nuestro viaje de Abril.

13.-No tienen nuestra cultura del bar, pero tienen muuuucho más desarrollada la cultura de la boulangerie-pattisserie (panadería pastelería). La variedad y espectacularidad de la oferta era realmente irresistible para los amantes de la miga, la corteza y lo dulce.

14.- Les encantan los mercadillos Los hay por todas partes y sin necesidad de excusa. (También les encantan los tiovivos de aire añejo, que te puedes encontrar en medio de cualquier calle sin que haya ninguna fiesta. Esto ya lo había observado en París)


15.- Es habitual encontrarse Nutella en los desayunos. Sabia costumbre que descubrí en nuestro viaje de novios y que no he tardado en adoptar. Si el tópico de que los helados solo se comen en verano debe ser desmontado en nuestro país, el de que la Nutella o la Nocilla son cosa de niños, también.

16.- Hay supermercados enormes de marcas propias en las que no vas a encontrar ni una de las marcas conocidas (los Aldi, que en España son tan normalitos, allí son así). Puede parecer una chorrada, pero si buscas Cocacola, por ejemplo, es un rollo.

17.- En muchas gasolineras no se puede pagar con tarjetas españolas por no se qué historia de un microchip. Y la mayoría de las gasolineras cierran a una determinada hora. Y sí, los combustibles son más caros que en España.

18.- Los precios en los supermercados resultaron ser, para nuestra sorpresa, bastante similares a los españoles. Los bares y restaurantes eran un poco más caros (el precio medio de una cerveza eran unos cinco Euros), y los hoteles también (aunque Dei lo duda, yo creo que pagamos por hotelitos de una y dos estrellas -sólo hubo uno de tres- el precio que España solemos pagar por tres y cuatro). En todo caso, ya digo que la diferencia no era escandalosa.

19.- Tienen obsesión por las rotondas, que salpican cualquier carretera con intervalos muy cortos. Esto convierte el circular por carretera convencional en un coñazo, pero es muy útil para dar la vuelta... cuando te pierdes. Aunque nosotros nos perdimos poco, gracias a la pericia de los que guiaban siguiendo el mapa (yo no, tengo una especie de minusvalía en lo que al sentido de la orientación se refiere) y al navegador de Ubaldo. No hay autovías: las autopistas son todas de pago (me parece que a esto contribuye lo engorroso de las rotondas en las carreteras) y el límite de velocidad en ellas es de 130 con buen tiempo, 110 con mal tiempo (aunque a mí esta diferenciación me resulta complicada y susceptible de discusión, porque el límite entre ambos es gradual...).

20.- Son imprescindibles el forro polar, el chubasquero , el pantalón largo y el calzado cerrado hasta en agosto. No quiero ni imaginar lo que será en otras épocas del año.

21.-Los españoles hablamos muy alto para ellos (en algún desayuno en que la sala era pequeña, yo creo que el resto de los comensales se calló ante lo apabullante de nuestra conversación), y nos confunden constantemente con italianos, no sé si por el color del idioma, el volumen de voz o la similitud en la actitud.

22.- Las zonas que recorrimos son extremadamente peligrosas para fotógrafos compulsivos. Yo no lo era y ahora me estoy quitando (aunque tengo que alegar que estrenaba cámara). Volví con unas 1300 fotos (quién me ha visto y quién me ve, si hace un par de años viajaba sin cámara). Ni Dei ni yo somos capaces de verlas todas en una sentada. Ni en dos.

23.- Los chicles son malísimos y de marcas raras (no vimos en ninguna parte los Trident,que son mis preferidos y a los que más les dura el sabor) . No comen frutos secos que tengan salados (es que yo soy muy aficionada a esos mixes que llevan maíces, y cacahuetes, y cosas así).

24.- Las flores negras, que yo creía que eran una bonita metáfora de los Radio Futura, existen.

25.- Viajar la primera quincena de agosto es una mierda (sin perdón, como Cervantes): estaba todo lleno de gente hasta límites insufribles, y la frase más repetida por Dei, que era la cuarta vez que se dejaba ver por estos lares, fue (aparte de "tranquila churri, yo te protegeré” y “a qué sitios os traigo”): “cuando vinimos nosotros en Septiembre, esto estaba vacío”.

(Joe, yo pensaba que me saldrían unas 10 observaciones y he llegado a las 25. Definitivamente, tengo un problema con el rollo. Muy serio)

El relato y/o descripción parcial, caótico y personal de lo que vimos, en próximas entregas...

Un beso muy fuerte a nuestros compañeros de viaje, y a Liz, que me animó a contarlo.
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