martes, 20 de abril de 2010

Los mismos



"...La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise...


Pablo Neruda

20 de Abril del 90. Yo estudiaba COU y mi máxima inquietud, aparte de aquello de la Selectividad y blablabla, era la hora de volver a casa los fines de semana, porque ni siquiera me dejaban salir de noche. Qué sufrimientos. Tenía amigos y amigas convenientes y poco convenientes, como era propio de mi edad y condición,  y salía con un chico siete años mayor que yo, que por aquel entonces era mucho. En abril apurábamos las primeras tardes de calor a la orilla del río, adonde acudíamos con su coche, un Peugeot 205 gris oscuro por el que yo sentía un cariño metonímico, escapando de nada. Bueno, del instituto, a veces.

Acababa entonces de estrenar la mayoría de edad sin notarlo mucho y sin que me importara demasiado. Llevábamos apenas tres meses viviendo en la casa nueva, la casa enorme de la Alameda, llena de galerías, suelos de madera, geranios en el balcón y gatos en la huerta, Bonnie, la redondita Bonnie, mullida y geniuda, y Claudio, el pequeño Claudio, delgado, lastimero, mimosote y cabezón como un Gremlie, agotando delante de nuestros asombrados ojos, una a una, las siete vidas que le correspondían, que invirtió en sobrevivir a cosas como que su cuello quedara atrapado por la persiana eléctrica del garaje, caer desde la terraza del primer piso o ser atropellado plácidamente, otra vez  en el  fatídico garaje, por el coche de mi padre, sobre el cual dormía todas las noches (y por eso, seguramente y si no ya me diréis, no huyó ni se inmutó cuando lo vio venir hacia él... "ahí viene mi cama", pensaría).

Yo no sabía entonces que aquel era mi último año en el paraíso, porque me quedaban apenas unos meses para empezar a tropezar y desbarajustar lo que yo creía mi mundo y mi yo. Y aunque no lo sabía, aquel fue uno de los años más paladeados de mi vida. Porque lo que sí  sabía era que, con aquel final de curso inminente anunciado por las primeras tardes cálidas, algo, aún no podía intuir con demasiada claridad qué, inevitablemente, terminaba.

Pensar en el futuro era una cosa que procuraba no hacer demasiado a menudo, y eso que aún no había descubierto que mirar hacia delante con demasiado empeño puede convertirte en estatua de sal. Casi tanto o más como mirar hacia atrás, que de eso sí te avisa la Biblia. El futuro era, todavía, qué suerte, una palabra brumosa y lejana, que decían que existía pero vete tú a saber si sería verdad.

Y, por supuesto, ni me planteaba como serían las cosas cuando pasaran los veinte años (uno a uno... los años eran entonces tan largos que el trascurso real y propio de veinte era casi inconcebible) que acaban de pasar. Y menos en un soplo. En este soplo en que los ha convertido el recuerdo. Cada vez menos uno a uno. Cada vez menos uno tras otro. Cada vez más rápido. Y esto no tiene visos de parar.

Y era verdad.  Aquella canción que, según su autor, imaginaba la nostalgia, acertó de pleno en su apuesta. Porque es verdad. Ya no queda casi nadie de los de antes... y los que hay... han cambiado... Han cambiado. Sí.

Y todo esto tal vez tenga algo que ver con morir. Con vivir, seguro.


Y vosotros, ¿dónde estábais?

2 comentarios:

Liz dijo...

Es llegar el 20 de abril y hacer sonar esta canción... Fue mi primer año de instituto, y aunque al principio me costó creer que ya fuera "tan mayor" un par de años después era una adolescente repelente que sabe todo y de todo, sin tener ni idea de nada, claro. No fue una etapa fácil, no.

Reseñable también el hecho de que, ese año, mi hermano trajese a una comida familiar a quien, años después, pasaría de ser su mejor amigo a convertirse, además, en cuñado.

En realidad quedan unos cuantos de los de antes y todos, sin excepción, hemos cambiado. Por suerte :)

Un beso

kamala dijo...

Qué buen ojo tu hermano escogiendo amigos, eh. Así da gusto.

Dicen que veinte años no es nada, y se suele decir aquello de "así que pasen veinte años" y "en veinte años todos calvos"... y lo que me pasó con esta canción es que tengo la sensación de llevar oyéndola desde siempre, y bailándola en algún garito desde siempre, y de repente te das cuenta de que tu siempre son veinte años, cuando tengo la sensación de que hace nada yo tenía veinte años...Y no es hace nada. Es hace mucho, y mucho ha cambiado todo... Por suerte, sí. O no. No sé.

Besos

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