jueves, 10 de junio de 2010

A mis cuarenta y pocos tacos, pues ya ves tú...

Lo cierto es que yo también puedo confesar que nací a muy temprana edad, y si bien no nací cuando mi madre no estaba, sí que es cierto, que antes de poder hacer nada por evitarlo, ya había alcanzado los cuatro años y medio. No puedo decir mucho más de mis primeros momentos, puesto que yo era un ser bastante distraído.


A partir de ahí, seguí creciendo y no sé muy bien como he llegado hasta aquí. La verdad, que realmente cuando miro hacia atrás, pienso que o bien he tenido demasiada suerte, o bien vivimos en un mundo muy poco exigente, o bien me he colado por todas y cada una de las ranuras del sistema. En definitiva, si alguien como yo puede mantenerse y vivir hasta los 40, el nivel, queridos coetáneos, está muy bajo.


Supongo que cumplir 40 años, significa que no debo ser un mero accidente fruto de la casualidad. El seguir vivo a esta edad debe significar más cosas (entre ellas buena suerte, imagino). Un ser vivo con 40 años ya es bastante longevo. Entre los de mi especie, hasta hace 200 años, esa edad era una edad respetable e incluso difícil de alcanzar. En USA, en 1850, la esperanza de vida era de 38 años y en la edad de piedra, apenas alcanzaba los 20 (lo suficiente para garantizar la reproducción y la cría de la prole en los primeros años).


Hoy en día, en muchos países del mundo en el que habito, el alcanzar dicha edad sigue siendo un sueño. Incluso entre los mamíferos (a los que llamamos despectivamente animales “no racionales”) alcanzar los 40 años es algo realmente imponente desde el punto de vista biológico –para seres con cierta complejidad estructural-. Tanto es así, que salvo la ballena y el elefante, prácticamente ninguno la supera (gorila, burro, hipopótamo, se sitúan entre los 40-50 años). De hecho, soy un tipo del siglo pasado...del milenio pasado. Impresiona.


Realmente, desde el punto de vista de la vida (si pudiéramos dotarla a ésta de entidad propia independiente del ser que la posée), no tiene demasiado sentido. A esta edad ya debería haber sido capaz de crecer, reproducirme y cuidar a mi prole hasta su independencia. Todo lo demás, a partir de ahora, a la vida no le interesa. Está de más, es algo que sobra. Soy alguien que desde el punto de vista meramente biológico, no debería estar, no soy útil al “sistema”. Los humanos nos enfrentamos desde hace unos 60-80 años a ese reto: llenar la parte inútil de la vida (en mi caso la parte inútil es bastante más amplia –se remonta casi al nacimiento-, pero eso sería otra historia-). Por lo visto, deben quedarme 40 años por “llenar”, y eso si cuando alcance los 80, la esperanza de vida no se sitúa ya en los 100.


De lo que sí me he dado cuenta, es de cómo cambia la percepción de las cosas. Al principio, todo me interesaba, todo me apasionaba. Todo me sorprendía. Hoy, me interesan muy pocas cosas, me apasionan menos y no me sorprende casi ninguna. Supongo que resulto un tipo bastante aburrido, pero no es mi culpa. Creo que para vivir mucho tiempo, hay que serlo.


También es interesante comprobar, que a estas alturas, es bueno ir aprendiendo a desaprender cosas (como argumenta mi apreciado Punset). Yo entendí sobre los 18, la cantidad de mierda que tenía que ir quitando de mi cabeza. Sigo en ello.


Una de las cosas que de verdad he comprendido, y he asumido, es que lo realmente importante que he aprendido en estos años, apenas llenaría la carilla de un folio (y eso, extendiéndome en el encabezamiento). Otra de las cosas que sin duda he comprobado, es que jamás, jamás, hay que dar nada por supuesto.
 Por cierto, otra de las cosas que sé, es que el Dios de los humanos (sus dioses) no existen. Eso lo aprendí sobre los 12 años de edad. Los que creen lo contrario, están equivovados. No obstante, uno puede vivir mucho tiempo estando equivocado, eso no es obice.


Una cosa buena de esta edad, es que ya no tienes que sorprender a nadie, y apenas tienes que fingir. Los que te quieren, es raro que dejen de hacerlo y los que te odian seguramente tienen tu edad y son demasiado mayores para cambiar. Te seguirán odiando. No tienes que preocuparte de caer bien a la gente, ni tienes que tener que integrarte en un grupo. Además, si te quedas en paro, difícilmente vas a poder colocarte (eres un viejo laboral) y lo mejor que puedes hacer es irte a beber a los bares. Tienes más claros tus defectos (inconfesables) y sabes perfectamente que no puedes cambiarlos. En definitiva, estas hecho. No hay mucho donde moldear. Es un gustazo asumirse.


Lo único que me queda ahora, es seguir corroborando día a día, que sí, que puede haber vida antes de la muerte. Poder concluir con un: confieso que he vivido.


Salud!

5 comentarios:

Liz dijo...

Me alegra que el cambio de decena no suponga un bache de esos existenciales que llaman. Al final, la edad no son los años que se tienen, sino la forma de vivirlos (me lo voy a ir repitiendo, que me conozco).

Que cumplas muchos más y los disfrutes hasta lo inconfesable.

Felicidades!!!
Besos

p.d. porque era eso, no?

Dei dijo...

Hola, Liz! Sí, sí era eso. Bueno, mañana. Pero tenía ganas de dedicarme un posto a mí.

Muchas gracias por pasarte por aquí y un beso grande :-)

Pd. Si te quieres venir mañana a cenar estás invitada. Hay tarta.

kamala dijo...

Felicidades, churri.

Cuando no soples las velas en tarta que no pondremos, yo pediré bajito y muy fuerte un deseo. Solo uno. Porque una vez creo que tuve un deseo sin darme cuenta... y aquí estamos.

Un beso, y esta noche brindaremos por los próximos cuarenta, y por todos los motivos que tenemos para brindar :-)

J.A. dijo...

Y ¿por qué no por los próximos ochenta? ¡La ciencia avanza que es una barbaridad!


Muchas felicidades, que cumplas muchos, muchos más para que puedas seguir desaprendiendo.

Un abrazo desde el tercero...

Dei dijo...

Gracias ko! Lo que pasa que aunque la ciencia avance, no sé como me veo yo con 120 años! Si ya tengo más achaques que el rey!

Salud!

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