lunes, 5 de julio de 2010

Señales

 
Una de las desventajas de vivir en una gran ciudad (aunque sea con alma de pequeña, como Zaragoza) es lo masificado que está todo. Todos queremos lo mismo, en los mismos sitios y a las mismas horas, y claro, no cabemos. Así que sacarse el título de la Escuela Oficial de Idiomas en inglés, aunque te falte un mísero año de nada como a mí, no es solo cuestión de capacidad o esfuerzo: es cuestión de suerte.
 
Antes de tener el privilegio de empezar a estudiar, tienes que pasar por un proceso de selección basado en la lotería, que yo el año pasado perdí en junio, porque resulté excluida en el sorteo. En Septiembre fui una mañana a ver si conseguía una de las plazas que quedaran libres, y que se adjudicaría por riguroso orden de número tocado en el sorteo al que tuviera el privilegio y la paciencia de perder una mañana aferrándo a un "por si acaso". Yo tuve la paciencia, el permiso de mi centro para faltar y el privilegio de entrar la penúltima para encontrarme, ya en la sala de matriculación, que la EOI nº 1 de Zaragoza, con criterio extraño y pintoresco, considera horario de tarde la una del mediodia. Me fui a mi casa triste, cabizbaja y sin plaza, resignada a pasar otro año perdiendo otro poco del poco inglés adquirido con sangre, sudor, hierro y versiones originales subtituladas -bendito invento el dvd- en los últimos quince años.
 
Tras un año de espera y meditación, se me iluminó la bombilla gracias a rumores insistentes oídos aquí y allá.. "... en Utebo (pueblo a unos 15 km de Zaragoza) hay EOI..." "...en Utebo hay menos listas de espera..." "...en Utebo hay mejores grupos..." "..en Utebo hay horarios normales...". Un simple vistazo a la página web de la EOI de Utebo terminó de convencerme: Utebo era mi destino en lo que a anglofonía respectaba. Así que relleno mi preincripción en Utebo, espero paciente y ¡oh, sorpresa y gozo! ¡Estoy admitida! Ni excluidos hay. ¡Que viva Utebo, su escuela de idiomas y la democracia sin sorteos!
 
Pues con mi gozo casi intacto me dirigí esta mañana, hojas del google maps en mano, en búsqueda de mi tierra prometida, la EOI de Utebo, con todo lo que por experiencia ya sé que hace falta para una matrícula en semejantes lugares. No voy a entrar en zarandajas, como las vueltas que tuve que dar con el dichoso Paseo de Berbeglas, luchando con el mapa, las direcciones prohibidas y las obras. Llegué andando y sudando, como manda la época, pero llegué, y me matrículé, y hasta pude elegir un horario mejor al que pensaba. Hasta ahí, todo bien.
 
El problema vino a la hora de salir de Utebo. El único enlace conocido con la 232 (que tiene estructura de autovía, aunque esté plagada de semáforos y sea un enorme tramo de concentración de accidentes) estaba cortado por obras, y nada señalizaba un acceso alternativo. Tenías que obligatoriamente dar la vuelta en una glorieta, que te metía en tres carriles de sentido único que daban en otra glorieta cuya indicación "Zaragoza" te llevaba otra vez al acceso inicial cortado. Al tercer recorrido por el bucle infernal (¿habéis visto "Giro al infierno"?), decidí buscar otro acceso por el pueblo, con sus direcciones únicas y sus obras. Imposible. Una y otra vez volvía a los alerededores del acceso, Roma a la que conducen todos los caminos en el universo utebil.
 
Desesperada, pregunté al primer lugareño que vi andando con paso seguro, el cual levantó las manos asustado y me explicó sudoroso que él no era de aquí. El segundo, por suerte, sí era, y rascándose la cabeza y oteando el horizonte, preguntó:
-"¿Todavía está el atasco, verdad?
Por tanto, era una situación conocida, de consecuencias conocidas. seguramente fáciles de evitar.
-Sí. Y yo no sé como llegar a la carretera de Zaragoza, porque todo me lleva a ese acceso- expliqué, sin echarme a llorar pero a punto, para que se hiciera cargo de lo desesperado de mi situación.
-Hum... Pues vas a tener que ir a Monzalbarba
Agrandé mis ojos.
-Es el siguiente pueblo. Sigue la calle de allá... pasa un puente... llega hasta una glorieta... es un poco lioso... tú coge la carretera paralela a la de Zaragoza, y hasta Monzalbarba, y allí puedes coger la 232.
 
Hice, más o menos, lo que el buen lugareño decía. Vi una señal a Monzalbarba (¿Qué les costaba, ya que señalizaban el corte del acceso, poner una señal orientativa de como llegar a la 232 prometida?). Atravesé una carretera como las que de pequeña recorría en bici para ir al río (con asfalto, pero estrecha, sin pintar, sin arcén, sin cuneta) sin que una sola señal me dijera que por ahí podía llegar a Zaragoza. La carretera terminaba en una intersección que obligaba a elegir entre derecha e izquierda, otra vez sin ningún tipo de señal. Elegí la izquierda, pero no, era la derecha (y no, no es una parábola política... espero), porque me vi de pronto en el medio  más medio de Monzalbarba. Así que di la vuelta, y guiada por la sabia verdad de que si no es buey es vaca, tiré hacia el otro lado, también sin señales, atravesé un paso elevado, un camino de tierra, y finalmente vi, allá lejos, en una de las vías perpendiculares a la mía, una señal con algo azul que indicaba autovía o algo así. Con un rápido y giro brusco la alcancé.. y ¡sí! ¡Zaragoza 11km! Por fin.
 
Esto solo me sirivió para constatar lo que he comprobado en varios viajes: que en España señalizamos para los del pueblo, para los que ya cononcen el sitio por el que transitan, como una forma de confirmación de su conocimiento del lugar y sus privilegios de lugareño, que le dan el poder y la ventaja de tener que ser preguntado por todo aquel que quiera ir a algún lado (o irse de algún lado, como yo). ¿El objetivo? Pues supongo que obligar a visitantes y visitados a confraternizar. Porque para divertirse gastándole bromas de dudoso gusto al foráneo no creo que sea (¿no era el turismo uno de los clavos ardiendo de esta nuestra graciosa economia? )
 
Y yo, otra explicación, no puedo encontrar. 
 
 

2 comentarios:

J.A. dijo...

Veo tus dos mil... ¡y dos mil más!

No se señaliza mal en los pueblos: se señaliza mal en todas partes. Siempre he tenido esa impresión, las señales están para los que se conocen el camino. Los que no se lo conocen... ¡las pasan más putas que Caín!


En particular, la señal que más me gusta es esa esa con forma de flecha y letras pequeñas que te indica el desvío una vez pasado este. Imagino que el significado de la misma es 'Te has colado. Por allí se iba a Zaragoza...'.


Besos desde el tercero.

kamala dijo...

Sí, esa también me encanta.

También me gustaría mucho conocer a los encaragados de idear dónde y qué señales poner. Por pura curiosidad zoológica.

¡Besiños!

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