lunes, 23 de agosto de 2010

Poetas maricones y maricas


Estoy enfrascada en la lectura de la deliciosa novela "Los detectives salvajes", del chileno Roberto Bolaño (sabía que sería un flechazo desde hace tiempo), en la que,  en boca de uno de sus poetas Real Visceralistas, a parece una curiosa y divertidísima reflexión sobre los poetas. Aficionados a la poesía y estudiosos académicos la paladearán, seguro, con gusto y regusto.

Pero antes, por favor, sacudíos las pegajosas telarañas de lo políticamente correcto y sabed no ver intención hiriente ni despectiva donde claramente no la hay:

"(...) Ernesto San Epifanio dijo que existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales, la poesía, en cambio, era absolutamente homosexual, los cuentos, deduzco, eran bisexuales, aunque esto no lo dijo.


Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran las de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas.


–En nuestra lengua, claro está –aclaró–; en el mundo ancho y ajeno el paradigma sigue siendo Verlaine el Generoso.


Una loca, según San Epifanio, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica, respectivamente. (...). Debíamos remontarnos a Amado Nervo (silbidos) para hallar a un poeta de verdad, es decir a un poeta maricón, y no a un fileno como el ahora famoso y reivindicado potosino Manuel José Othón, un pesado donde los haya. (...)


El panorama poético, después de todo, era básicamente la lucha (subterránea), el resultado de la pugna entre poetas maricones y poetas maricas por hacerse con la palabra. Los mariquitas, según San Epifanio, eran poetas maricones en su sangre que por debilidad o comodidad convivían y acataban –aunque no siempre– los parámetros estéticos y vitales de los maricas. En España, en Francia y en Italia los poetas maricas han sido legión, decía, al contrario de lo que podría pensar un lector no excesivamente atento. Lo que sucedía era que un poeta maricón como Leopardi, por ejemplo, reconstruye de alguna manera a los maricas como Ungaretti, Montale y Quasimodo, el trío de la muerte.


–De igual modo Pasolini repinta a la mariquería italiana actual, véase el caso del pobre Sanguinetti (con Pavese no me meto, era una loca triste, ejemplar único de su especie, o con Dino Campana, que come en mesa aparte, la mesa de las locas terminales). Para no hablar de Francia, gran lengua de fagocitadores, en donde cien poetas maricones, desde Villon hasta nuestra admirada Sophie Podolski cobijaron, cobijan y cobijarán con la sangre de sus tetas a diez mil poetas maricas con su corte de filenos, ninfos, bujarrones y mariposas, excelsos directores de revistas literarias, grandes traductores, pequeños funcionarios y grandísimos diplomáticos del Reino de las Letras (véase, si no, el lamentable y siniestro discurrir de los poetas de Tel Quel). Y no digamos nada de la mariconería de la Revolución Rusa en donde, si hemos de ser sinceros, sólo hubo un poeta maricón, uno solo.(...)

–Sólo uno –dijo San Epifanio–, y ahora te saco de la duda, pero eso sí, maricón de las estepas y de las nieves, maricón de la cabeza a los pies: Khlebnikov.


Hubo opiniones para todos los gustos.


–Y en Latinoamérica, ¿cuántos maricones verdaderos podemos encontrar? Vallejo y Martín Adán. Punto y aparte. ¿Macedonio Fernández, tal vez? El resto, maricas tipo Huidobro, mariposas tipo Alfonso Cortés (aunque este tiene versos de maricona auténtica), bujarrones tipo León de Greiff, ninfos abujarronados tipo Pablo de Rohka (con ramalazos de loca que hubieran vuelto loco a Lacan), mariquitas tipo Lezama Lima, falso lector de Góngora y junto con Lezama todos los poetas de la Revolución Cubana (Diego, Vitier, el horrible Retamar, el penoso Guillén, la inconsolable Fina García) excepto Rogelio Nogueras, que es un encanto y una ninfa con espíritu de maricón juguetón. Pero sigamos. En Nicaragua dominan mariposas tipo Coronel Urtecho o maricas con voluntad de filenos, tipo Ernesto Cardenal. Maricas también son los Contemporáneos de México…


–¡No –gritó Belano–, Gilberto Owen no!


–De hecho –prosiguió imperturbable San Epifanio–, "Muerte sin fin" es junto con la poesía de Paz, La Marsellesa de los nerviosísimos y sedentarios poetas mexicanos maricas. Más nombres: Gelman, ninfo, Benedetti, marica, Nicanor Parra, mariquita con algo de maricón, Westphalen, loca, Enrique Lihn, mariquita, Girondo, mariposa, Rubén Bonifaz Nuño, bujarrón amariposado, Sabines, bujarrón abujarronado, nuestro querido e intocable Josemilio Pe, loca. Y volvamos a España, volvamos a los orígenes –silbidos–: Góngora y Quevedo, maricas; San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, maricones. Los primeros piden hasta en sueños una verga de treinta centímetros que los abra y fecunde, pero a la hora de la verdad les cuesta Dios y ayuda encamarse con sus padrotes del alma. Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una estaca removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que aman y odian con toda su alma) descubren en sus propios ojos hundidos la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada (o del silencio o de la otredad). Por lo demás, y con buena voluntad, nada impide que maricas y maricones sean buenos amigos, se plagien con finura, se critiquen o se alaben, se publiquen o se oculten mutuamente en el furibundo y moribundo país de las letras.”


Pero que conste que no paro de darle vueltas a esta distinción, y no termino de tenerla clara. Me parece entender que los maricones van de la ética a la estética, es decir, del fondo a la forma, y los maricas, de la estética a la ética, o sea, de la forma al fondo. Los primeros serían más auténticos y "desgarrados", los segundos, más "amanerados" y formalistas, ¿no? ¿Góngora y Quevedo maricas, y San Juan y Fray Luis maricones? Hum... No sé si lo he pillado del todo.

Tampoco sabria decir si tengo preferencia por poetas maricones o maricas... Bolaño nombra a algunos de mis preferidos sitúandolos a unos en un lado y a otros en otro. Aunque creo que son mayoría los que califica de "maricas". Pero bueno, la estética es una de mis debilidades.

En todo caso, es una reflexión muy divertida, fresca y sin complejos. Y en literatura (quiero decir, en metaliteratura) esto no abunda. Es una pena.

(Y por si acaso, insisto: que nadie se ofenda. Que no van los tiros hacia la diana de la ofensa, ni mucho menos).

2 comentarios:

NoSurrender dijo...

Ah, ¡qué placer poder leer Los detectives Salvajes por primera vez!

Desde que leí esa historia decidí hacer de mi blog un espacio real visceralista. Bolaño es sublime.

Besos!

kamala dijo...

¡Claro! ¡No había caído! ¡Es verdad! Ahora entiendo el subtítulo de su blog.

Bolaño es genial. Distinto a todo y soprendente. Además, como el Quijote, es una novela (en gran medida) sobre la literatura. Y eso a un alma barroca como yo, siempre le cautiva. Pero es que además están los personajes, las situaciones, el estilo (se puede oír el acento mexicano, por ejemplo, pululando por las letras) y ese sentido del humor tan sutil y sorprendente, que surge donde y cuando menos te lo esperas.

La estoy disfrutando muchísimo.

Un beso.

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