viernes, 24 de septiembre de 2010

Español para extranjeros: bla bla bla



Son días estos de incertidumbre, desconcierto  y esfuerzo. Mucho, mucho esfuerzo.

Decidí coger el Aula de Inmersión (dedicada a enseñar español a alumnos inmigrantes que lo necesiten) porque me interesa mucho la enseñanza del español para extranjeros, porque es algo que nunca había hecho (aunque he tenido en mis clases de lengua y literatura alumnos extranjeros con problemas más o menos graves en cuanto al dominio del español necesario para un mínimo éxito escolar) y porque mis años en Galicia con los grupos de refuerzo, y en Aragón con los grupos de Diversificación, me descubrieron el difícil y agridulce mundo de los alumnos que más te necesitan. Los que los buenos profesores deberían querer pero en la práctica nunca quieren. ¿Por qué? Por muchos motivos comprensibles.

-Por los falta preparación: los profesores de Secundaria somos especialistas (bueno, más o menos) en nuestras cosas (la lengua, la literatura, la física, las matemáticas...), pero no en enseñar. La formación didáctica que el sistema nos exige y nos proporciona es casi ridícula al principio -al menos en mi época, no sé si con el famoso Máster que sustituye al Cap las cosas cambiarán algo-, y poco útil para la práctica en cuanto a los cursillos de formación permanente se refiere (que son un negocio vergonzoso y un tinglado,como casi todo lo que las instituciiones hacen por la educación, pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión).

-Porque el profesor se ve condenado a buscarse la vida como buenamente puede:  los Departamentos de Orientación que deberian orientarle (y subsanar así aquella clamorosa falta de formación) suelen estar sobresaturados de trabajo, y así, terminamos por pulular dando tumbos entre materiales, técnicas y metodologías, con la angustiosa sensación de tener que realizar un trabajo importantísimo, fundamental diría yo, sin preparación. Es decir, cruzando un laberinto sin mapa ni iluminación, avanzando -a veces en círculos- mediante el desesperante y extenuante método de la improvisiación, la audacia, el ensayo y el erro, y dándonos buenos trompazos contra paredes inesperadas e inoportunas, que hacen que muchas veces tiremos la toalla de los grandes objetivos y nos conformemos con sobrevivir de manera más o menos digna, día a día, en el aula.

-Porque cada uno de estos alumnos es un mundo que requiere una actividad distinta, un nivel distinto y hasta una actitud distinta, pero todos al mismo tiempo y en el mismo lugar. Y el profesor tiene que hacer malabarismos, multiplicarse, dividirse, deformarse, para intentar que a ninguno le falte lo que necesita. Y sin poder conseguirlo, la mayoría de las veces.

-Porque estos alumnos necesitan más que nadie un buen profesor, y a veces uno no es tan buen profesor como sería necesario por mucho que lo intente (como en casi todo, en esto estamos siempre "en el camino" de mejorar), y estos grupos te lo gritan de golpe, constantemente, con los hechos, clase a clase, y no es agradable escucharlo y sentirlo todo un rato cada día.

-Porque uno tiene que olvidar la reflexión gramatical, y el fomento de la creatividad, y el pulido de la redacción de textos, y las lecturas interesantes, y el acercamiento a nuestra amada literatura, y volver al universo cuasinfantil, y en este caso "discrónico", de las grafías con dibujos al lado, la ortografía, la pronunciación, la construcción simple de la frase más tonta. Y una siempre cree que ha nacido como profesora para otros vuelos.

Así que estoy ahora  desbordada y agobiada, entre manuales y páginas y lecturas de español para extranjeros, buscando la teoría, buscando la práctica, y escudriñando a mis alumnos para hacer de puente entre todo aquello y ellos.

Ellos. Ay, ellos. Esta es la lista de mis alumnos del aula de inmersión, que agrupo flexiblemente, pero que inevitablemente, coinciden muchas horas en el aula:

  • Un chico senegalés de 15 años que apenas balbucea un par de palabras en español y no entiende casi nada de lo que nadie le dice. Eso sí, chapurrea algo parecido al francés, y con el que chapurreo yo y mucha mímica e histrionismo, encontramos de vez en cuando alguna zona de intersección y entendimiento.

  • Una chica marroquí de 12 años que escribe las letras una detrás de otra perfectamente, conoce muchas palabras y es capaz de leer frases y, a veces, comprenderlas. Pero no llega a los textos, ni siquiera a los pequeños, ni a ver un ejercicio de primaria y saber lo que tiene que hacer ella sola.

  • Otra chica marroqui de 13 años que fue escolarizada en España el año pasado por primera vez en su vida, y que ni siquiera es capaz de leer ni escribir una palabra (no entiende ni siquiera aquello de "la pe con la a pa", ni sabe decirme su fecha de cumpleaños; ni si hoy es viernes, qué día fue ayer; ni escribir al dictado una vocal). Su familia es musulmana integrista y no parece ni interesada -ni siquiera demasiado contenta... ni conforme- en que ella aprenda nada. Y la chica parece haberlo asumido, porque tiene un bloqueo extrañísimo, única explicación posible para que en un año en el aula de inmersión (el pasado) no aprendiera absolutamente nada, siendo como es  un cielo de cría, que intenta hacer todo lo que le dices... cuando te entiende.

  • Dos chicos marroquíes también de trece años que hablan y comprenden con cierta soltura la lengua cotidiana, pero que leen silabeando y con torpeza, ayudándose con el dedo, y  escriben despacito, letra a letra, sin ni siquiera separar bien las palabras. Siempre están a la defensiva y entre ellos sólo saben hablar a gritos. A la mínima dificultad, sueltan el bolígrafo, empujan el cuaderno, y se cruzan de brazos enfurruñados. 

  • Una chica rumana de 13 años, que estuvo en España de los cuatro a los 10 años, y ahora acaba de volver de Rumanía., y habla y lee y escribe con soltura pero quiere venir para acompañar a otra compatriota, de 13 años como ella, pero que lleva solo seis meses en España, y que aunque habla y comprende sorprendentemente bien, comete muchos fallos al leer y escribir.  La primera estará un par de semanas más con nosotros. El necesario para que la segunda, que es dulce, y pequeña, y tímida, no se sienta sola y perdida.

  • Un chico marroquí de 15 años que habla y comprende perfectamente, pero que quiere venir para librarse de las Sociales y las Matemáticas, fanfarroneando porque siempre acaba el primero, protestando porque se aburre y porque todo le resulta demasiado sencillo.  Escribe fatal pero no le importa ni cree necesario mejorar.

  • Otro chico, también de 15 años, también marroquí, en su segundo año en el aula de español, que también habla y escribe de forma aceptable, pero que quiere venir porque tiene una extraña fe en que yo puedo ayudarle para que el resto de las asignaturas le resulten más fáciles. Porque está ya en 3º de la ESO y según me confesó hoy, bajito y con una sonrisa en la que había cierta tristeza resignada, "no entiende nada". Y yo no puedo decirle cuánto miedo tengo de defraudarle.
Porque ese es mi miedo, y mi agobio, y mi desconcierto, y algún rato, mi angustia: fallarles.  Que es un lujo que no puedo permitirme. Porque ellos están todavía sin papeles en el sistema educativo, sin el permiso de aprendizaje y pensamiento y comunicación y expresión que es la lengua. Porque necesitan ese permiso de aprendizaje para librarse de la clandestinidad de no saber, y no poder saber, y no poder elegir, y no poder llegar.

Y ya sé que no depende totalmente de mí, que no existen los milagros, que una no es tan importante ni es tanto lo que puede hacer,  ni para mal ni para bien, pero siento que tengo que aprender a hacer malabarismos , los malabarismos que haga falta, aunque no sepa todavía cuáles, ni sepa todavía cómo, para eso. Para no fallarles. Para no fallar.

Y buscas pautas, y haces cursos de español para extranjeros, y lees orientaciones metodológicas y psicopedagógicas, y descubres didácticas innovadoras y experimentales, y maravillosos artículos sobre técnicas de atención a la diversidad... y entras en el aula, y te encuentras con ellos, cada uno en un nivel, en una actitud, en un mundo,  en una necesidad, y todo se queda en  blablabla.

Pero como dice el refrán, bien está lo que bien acaba. Y esto sólo acaba de empezar.




3 comentarios:

Dei dijo...

...y acabará bien. Seguro.

Ubalda dijo...

Lo mismo digo. Mucho ánimo, no te rindas que estás haciendo algo muy especial. Bss

kamala dijo...

Gracias, guapetones. Besiños a ambos!

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