martes, 28 de septiembre de 2010

Primer paso perdido, quién te pudiera soñar



Le robo el vídeo a Antígona y su cólera de Aquiles, y como ella, tampoco quiero hacer un panfleto ni influir en la actitud de nadie ante lo que sucederá o no sucederá mañana 

Simplemente, dejo el vídeo como subrayado y recuerdo de algo que yo, que ni soy economista, ni leo de economía, ni entiendo, ni nada, intuyo desde hace tiempo sin tener datos ni fuerzas ni habilidad para hilarlo en un razonamiento: que lo han conseguido.

Que nos han convencido, poco a poco, con hechos superfluos y falaces, con arbustos absurdos que sí tapaban el bosque, de que todos somos la misma clase, de que todos vivimos básicamente igual, de que todos jugamos en la misma liga, y aspiramos a lo mismo, y tenemos las mismas oportunidades, y estamos en el mismo barco con las mismas facilidades para remar. De que cada uno tiene y no tiene lo que se merece. De que si no tenemos, o si no llegamos, o si nos falta, es porque nos lo hemos buscado y no nos queda otra que apechugar. De que tenemos que ser agradecidos cuando nos den trabajo y nos den crédito, y besar la mano que nos lo da. De que tenemos que ocuparnos de salvar nuestro culo, cada uno el suyo, porque no somos clase frente a nadie, somos uno a uno y nada más. De que no tenemos que preocuparnos por el de al lado porque el de al lado no se preocupa por nosotros, ni se va a preocupar.

Y así, han logrado que, efectivamente, nadie se preocupe de nadie, a no ser que esté muy lejos y podamos sentir pena y al mismo tiempo satisfacción por lo nuestro. Nos venden la caridad como anestesia porque nos han ido robando, céntimo a céntimo, grano a grano, la fe en la verdadera solidaridad, que sería lo único verdaderamente revolucionario. Pero ellos no quieren una revolución, ninguna, ni grande ni pequeña, ni económica ni moral, y han conseguido que nosotros tampoco. Que la temamos. Que la evitemos. Que la combatamos.

 Y nos han convencido de que los males de nuestros sistema son males menores, inevitables, pero que se ven compensados por todo lo que tiene de bueno (incluso cuando esto último es cada vez más pequeño). Nos han convencido de que no hay alternativa posible, de que nada puede cambiar, porque nadie puede cambiar nada y mucho menos nosotros. Es más, nos han convencido de que nada debe cambiar. De que este es el mejor de los mundos posibles. O el menos malo de los mundos posibles. Incluso, el único mundo posible. Y ya está.

Y con esta idea, para que nada cambie, nos han convencido de que es necesario que aguantemos la "crisis", que nos ha caído como castigo divino por vivir por encima de nuestras posibilidades (aunque fuera como ellos nos marcaban porque de eso dependía su negocio... ya sé que no, que éramos libres, -y bla bla bla, y ja ja ja, perdonad que me ría, ya sé que en esto nadie está de acuerdo, pero eso no es más que otra prueba de lo bien que se lo han montadon). Y nos han convencido además de que contribuyamos a solucionarla, o sea, a volver a lo de antes, que es con lo único que podemos o queremos soñar, asumiendo con resignación (y a ser posibie buena cara, que otros están peor) que nos bajen el sueldo, que nos despidan más fácilmente (antes con ERES, ahora ya para siempre con la reforma laboral), que nos recorten en la Sanidad que empezaremos por pagar a medias, que nos empeoren la educación pública, y las infraestructuras y las prestaciones sociales. Que suban los impuestos y los recibos pero siga el fraude, el gran fraude, institucionalizado, y no se moleste  a las grandes fortunas no sea que se vayan. Que no haya dinero para nada público más que para ayudar a los bancos.

Que asumamos con brazos caídos y aferrados a la esperanza única de que esto no empeore más, medidas que hace nada eran completamente impensables por abusivas, por injustas, por dañinas, por peligrosas. Medidas que hacen de este mundo que hemos o nos han hecho, un mundo mucho, mucho peor. Que renunciemos a los logros que a pulso se consguieron año a año tras más de un siglo de lucha trabajadora (y no pongo sindical, porque hasta sin sindicatos nos han dejado la convicción). Y que asumamos convencidos que no se puede hacer otra cosa. Que no hay otro camino ni otra manera.

Y todo esto, mientras los beneficios de los grandes crecen. Mientras el liberalismo radical se hace cada vez más salvaje y ya no tiene que hacer concesiones,  ponerse careta,  parecer amable, dar caramelos o disimular. Mientras las verdaderas ayudas van para ellos y todo se hace para tener contentos y satisfechos a los "mercados", etéreos, inalcanzables, omnipotentes e inmisericordes. Mientras lo público se adelgaza para dejar más y más espacio a lo privado, que ojo, es siempre feroz, impasible e implacable. Mientras el poder político, sea del color que sea, se plega ya descaradamente al poder económico y demuestra que en realidad es ya el único poder (o tal vez lo fue siempre... nos convencieron de que Marx estaba superado para que bajáramos la guardia... pero no).

¿Es que no lo vemos? ¿Es que no podemos verlo? ¿Es que no queremos verlo? ¿Es que no vamos a verlo? ¿O es que vamos a verlo, oír , callar, esperar y, el que pueda, rezar?

Nos han convencido de que la huelga es inútil, de que es una trampa, de que en realidad beneficia al empresario y al estado y a la banca. Si realmente fuera así, nos convencerían de que la hiciéramos. A lo mejor nos han convencido de que es absurda e inútil porque tal vez lo bueno de que la huelga funcionara es que podría ser un cambio de rumbo. Un voto de (auto)confianza. Una luz en el espejo. Una prueba de que podemos hacer algo. De que podemos intentarlo. De que se puede probar. De que podemos caminar. De que podemos soñar con no tener que esperar que nos lleven, preguntándonos angustiados a donde nos llevarán.

Porque un viaje de mil millas empieza con un solo paso. Y nos han convencido para que no demos ese paso. Nos han convencido de que no queremos darlo.

A mí, la primera, que conste.

5 comentarios:

observer dijo...

a las barricadaaaaaaas!!! estaba leyendo el post y pensaba que era obra de Dei, veo que ambos compartís el cabreo con el puti-sistema que nos ha tocado sufrir. weno un besito, kamaradas!!

Anónimo dijo...

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NoSurrender dijo...

Sí. Hay motivos. Pero respecto a la utilidad de la huelga sí que tengo mis dudas.

Me preocupa que si queremos que pueda pervivir el movimiento sindical, la tan imprescindible defensa de los trabajadores ante el sistema, es posible que algo estemos enfocando mal en la estrategia.

El hecho es que el elemento comunicacional de las huelgas siempre se centra en la división (niveles de seguimiento) y en la violencia (conflictos esporádicos que acaban centrando los titulares). Todo esto se amplifica notablemente con las moernas televisiones, internet, etc. Se tiende a perder el efecto político.

Por otra parte, las empresas no industriales planifican su producción con la flexibilidad suficiente como para prescindir de un día de huelga como se prescinde de un día festivo. Y cada vez son más parte del PIB las empresas no industriales y cada vez son más flexibles en su planificación. Se tiende a perder el efecto económico.

Creo que es el momento de que la lucha sindical entre en el siglo XXI, si no queremos que el trabajador pierda aún más poder del que ya está perdiendo, como demuestra cualquier estadística.

kamala dijo...

Como para no estar cabreada, observer. Que vamos de mal en peor y esto no tiene visos de parar solo ni de que nadie vaya a pararlo (ya no digo arreglar las cosas: con que no sigan empeorando me conformaría de momento), Así que alguien tiene que hacer algo!!

Besiño.

NoSurrender, el problema es que no tenemos tiempo de replantearnos la lucha. Es todo demasiado urgente. Y puede que lo que podemos hacer no sea lo más adecuado. Pero es menos adecuado no hacer nada, y seguir con los brazos caídos mientras nos dan la patada en el culo y nos dejan a la intemperie. ¡Que es lo que está pasando! Es terrible. Y la pasividad es terrible. Y la falta de fe en que se pueda hacer nada. ¡Es terrible!

Un beso

kamala dijo...

Además, lo que yo intentaba decir es que la huelga podía ser un primer paso, un catalizador de actitudes, un cambio en el "ambiente". Quiero decir, mira lo que pasó en el metro de Madrid. Lo consiguieron. Y ante este hecho todo el mundo dice "bueno, es que una huelga indefinida sería otra coasa...", pero ¿cómo vas a pedir una huelga indefinida cuando ni siguiera nos ponemos de acuerdo en un día de huelga?

Ya sé que un seguimiento masivo no iba a solucionar nada. Pero podía sonar a aviso. A "esto no nos gusta y estamos dispuestos a hacer algo". El fracaso solo dice "seguid, que nosotros no vamos a hacer nada, porque no creemos que nada puede hacerse"

Y un seguimiento masivo podía hacernos creer que sí podemos hacer algo, porque la poca fuerza que tenemos sabemos ponerla todos en la misma dirección...

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