viernes, 22 de octubre de 2010

Asturias, si yo pudiera...



Las previsiones meteorológicas no eran nada buenas. Eran más bien nefastas. Pero aún así, aprovechamos los cuatro diítas del Puente del Pilar para acercarnos a Asturias, aunque el viaje nos hiciera perder en la práctica, que es donde importa, dos.

El sábado lo invertimos en no madrugar, acondicionar a nuestros gatos que se quedaban por primera vez solos y en casa (Mitch, tras un percance sanitario sufrido en Septiembre que nos obligó a hablar con su exdueña y plantearle que el minino o es nuestro para todo o la señora asumiía las consecuencias de su dolencia, ante lo cual ella de mil amores -y viendo sobre todo lo que suponía económicamente- lo declaró por fin y oficialmente nuestro) y salir con calma y lluvia hacia el norte, cruzando con calma e ilusión las tierras de Calatayud, las de Soria, las de Burgos (carretera preciosa que yo conozco ya casi como la palma de mi mano), las de León, para llegar a media tarde a nuestro destino.

Esa llegada a la casa resultó un poco complicada, porque, como en Galicia, en Asturias las indicaciones y las señales y los mapas parecen hechas por libre y sin tener nada que ver las unas con las otras. Pero llegamos cuando se hacía de noche a La Casona de Benito, donde Patricia nos esperaba, todo amabilidad y explicaciones.


La Casona de Benito es una casa rural pequeña pero encantadora. Está decorada hasta el detalle y muy cuidada, y los desayunos son variados,abundantes y en su mayuor parte caseros. ¿Quién da mas?



Esa misma noche nos acercamos a Cudillero, que es un pueblo precioso colgando de la ladera empinada de una montaña que termina justo al borde del mar. Sólo lo vimos de noche, pero seguro que de día también merecía la pena. Allí disfrutamos de uno de los encantos de Asturias: lo bien que se come, por la calidad del producto y por lo bien preparado que está.



Al día siguiente, tras desayunar, conocimos a dos caballos vecinos de la Casona, a los que Patricia acababa de dar los restos del desayuno. Dos caballos abandonados en medio de un campo vallado, dulces y cariñosos como perritos... El segundo día, nada más vernos, relincharon y vinieron enseguida a saludarnos. Yo no creo que sea capaz de montar a caballo, porque tengo un vértigo de ídem. Pero son unos animales muy especiales, y como soñar es gratis, no voy a renunciar a la sonrisa de soñar de vez en cuando con tener alguno.




Salimos, tal y como nos recomendó Patricia, hacia Occidente por la costa. En cuanto pudimos abanonamos la autovía, para hacer el recorrido costero por la antigua carretera nacional, en un recorrido mucho más largo, a la fuerza reposado y sinuoso, pero que sin duda, merecía mucho más la pena.

Nuestra primera parada fue el Cabo Vidio, que nos ofreció por primera vez lo que sería una constante de este viaje: la espectacularidad de la costa Asturiana en otoño, con las montañas adentrándose abruptamente en el mar, el cielo gris, el verde rabioso y mullido haciendo de marco al mar -a veces salpicado don alguna flor que no hace primavera, a veces vetado por el dorado, el ocre, el marrón otoñal-, el viento como banda sonora y no demasiada gente alrededor.








Del Cabo Vidio fuimos hasta la Playa del Ssilencio, de la que Patricia nos hablaba como una de las más bonitas de españa, y que, efectivamente, es espectacular. Para llegar a ella hay que bajar andando un sendero de vegetación desbordante y una larga escalera en zig zag. Pero el espectaculo geológico que ofrece merece sin duda la pena. Y verlo aparecer poco a poco, según se va descendiendo, hasta llegar a verse justo debajo, también.













De ahí fuimos a otro cabo muy cercano, el Cabo Bustos, de vistas espectaculars y una larga ruta de senderismo que, por supuesto, no nos dio tiempo a hacer. Siempre nos pasa lo mismo: nuestros viajes no son más que descubrimimentos de sitios a los que tendremos que volver.



Hacia el mediodía llegamos a Luarca, con su puerto, su faro,  y sus calles al pie de la montaña ,que es también al lado del mar:





El resto (porque esto fue sólo una mañana), otro día, que por hoy ya es bastante.

Así que esto continuará. Feliz fin de semana.

Os dejo con la canción que más escuchamos en este viaje, porque era la que más ponían en las emisoras que iban apareciendo y desapareciendo según avanzábamos entre las montañas, y que no pudimos parar de tararear.. con una versión un poco libre, la verdad. (  que lo de Alejandro, Fernando, Roberto... da para mucho). Se pega, se pega

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos montajes!!! y el más kawaii es el de tere con los caballos, me encanta es muy coñero!
¿¿¿Lady Gaga??? ¿¿¿Pasamos de Paco Ibáñez y Silvio Rofríguez a la pedorra esta??? Qué fort!!! qué será lo próximo?? Suscribirse a El País?? Comer en MacDonalds?? :-) (es broma)

---césar---

teresa dijo...

Te he robado descaradamente la idea :P. y así pierdo el tiempo que no tengo...

Y lo de lady gaga, pues qué quieres, la ponían todo el rato en la radio, e intentamos con toda la fuerza de nuestra voluntad (que es poca) resistirnos, pero se pega como un chicle en el zapato... Lo próximo, ya te iremos contando... Gran Hermano estaria bien, para no perder el ritmo.

Un besazo, y nos vemos en nada

J.A. dijo...

Precioso. Quien fuera milloneti para estar siempre de vacaciones y descubrir poco a poco todos esos lugares encantadores...



Besos

kamala dijo...

Quien fuera, si. Y los que nos quedan.

Muak

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