martes, 5 de octubre de 2010

Cuentos IV. De la desilusión y la pena



"En el barrio de Cerro Norte, un suburbio de la ciudad de Montevideo, un mago ofrecía una función callejera. Con un toque de la varita, el mago hacía que un dolar brotara de su puño o de su sombrero.

Cuando terminó la función, la varita mágica desapareció. Al día siguiente, los vecinos observaron que un niño descalzo andaba por las calles, varita mágica en mano; golpeaba con la varita cuantas cosas se encontraba en su camino y se quedaba un rato esperando.

Como muchos otros niños del barrio, ese niño de nueve años solía hundir la nariz en una bolsa de pegamento."

E.Galeano


La mayoría de esos niños inhalan para escapar de la miseria que envuelve toda su vida. Son el escalafón más bajo dentro de nuestro orden social: son nuestros "chandalas". Los otros niños pobres aún pueden servir como mano de obra barata: cosiendo balones, arañando vertederos, ofreciendo sus jóvenes cuerpos... Pero el sistema no puede absorberlos a todos. El resto, los que sobran, no son rentables ni lo serán jamás. El mercado no los necesita, ni los necesitará jamás. Su viaje de mierda, entre la caja de zapatos que fue su cuna y el rincón o la cloaca donde mueren, seguramente será interrumpido por una bala o una navaja, una paliza o algún atropello. Jamás nadie los quiso, jamás nadie los querrá. Nunca, en toda su miserable vida, sentirán lo que es eso.

En un sistema donde el derecho a la propiedad practicamente es el único derecho, a ellos ni siquiera los quiere en propiedad nadie: al contrario, ellos no poseen nada. Si los "nadies" cuestan menos que la bala que los mata, los hijos de los "nadies" son solo sombras, espectros que vagabundean por los caminos abiertos de una sociedad que les enseña en escaparates y televisiones lo que les niega permanentemente.

El final de sus días está marcado en una esquina de cualquier barrio de mierda, tumbados, inertes bajo la lluvia, con su pequeño cuerpo encogido y sus grandes ojos negros abiertos al cielo, mientras furgonetas llenas de "nadies" que se dirigen a los basuseros cercanos, los esquivan como a un mero obstáculo y mientras otros desarrapaditos observan, por si alguna de las prendas del desgraciado pudiera servirles, o por si todavía quedara algo de pegamento que llevarse a su pequeña nariz, en sus bolsillos.

Unos 150 millones de niños viven en esa situación en todo el mundo.

3 comentarios:

teresa dijo...

Desolador...

:(

Abraham dijo...

Si me lo permitís...

De los tres personajes que aparecen en el cuento, ¿quién o quiénes son los verdaderos lotófagos?

Y más: El mago es símbolo de... y los vecinos entonces son símbolo de... y el niño es símbolo de... y de... y de...

Aún podríamos sacarle mucha punta a este relato. Buen trabajo.

kamala dijo...

No te permitimos, Abraham: te agradecemos.

De verdad que me encantaría leer cómo le sacas punta a este relato, explicarnos quiénes son los verdaderos lotófagos y de qué son símbolo mago, niño y vecinos.

Porfa...

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