martes, 19 de octubre de 2010

Cuestión de lógicas



Dice hoy  El Periódico de Aragón:

Un fuerte dispositivo policial con material antidisturbios se puso en marcha a las seis de la mañana de ayer en Zaragoza para desalojar el colegio de Lestonnac, donde sorprendieron a cuatro miembros del movimiento okupa que no ofrecieron resistencia, según fuentes de la Jefatura de Policía en Aragón.


El edificio ya estuvo a punto de ser evacuado por la fuerza el pasado 14 de septiembre, pero un defecto de forma en la documentación judicial impidió llevarlo a cabo. En esta ocasión, el desalojo se ejecutó ante el impago del alquiler, por lo que el caso será tramitado por vía civil en un juzgado de primera instancia de la capital aragonesa.


Nada más tener lugar la acción de ayer, se concentraron en el exterior del edificio, situado en el barrio de Torrero, alrededor de 50 jóvenes que corearon consignas contrarias al desalojo y de apoyo a los compañeros que se hallaban en el interior del inmueble. Los agentes intervinieron para disolver a los concentrados haciendo uso de sus defensas.


Los policías que penetraron en el colegio, de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y de la la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), tuvieron que forzar varias puertas y ventanas para llegar a las habitaciones donde se hallaban sus ocupantes, que fueron identificados pero no detenidos.


A continuación, se procedió a sellar y tabicar todos los puntos de acceso al inmueble para evitar que pueda ser ocupado de nuevo.
Y esto es lo que opinan los vecinos de la zona, el barrio popular de Torrero, que va levantando la cabeza poco a poco, pero con muchas ganas y dignidad, sobre un pasado de cuasichabolismo, delincuencia, pobreza y marginalidad:

El colegio de Lestonnac fue ocupado el pasado mes de abril. Desde entonces, al decir de los vecinos, se convirtió en un elemento dinamizador de la vida del barrio de Torrero.


"Daban clases gratis de guitarra y de inglés y, de vez en cuando, organizaban comidas veganas y daban conciertos", explicó Pili González, que criticó el desalojo policial. "He visto cómo pegaban a una chica cuando han intentado hacer una sentada en medio de la calle", afirmó la residente.


"¡Han cuidado del colegio con mucha dignidad, lo han mantenido limpio y han hecho mucho por el barrio!", gritó desde un balcón otra vecina.


Un residente protagonizó un momento de tensión cuando acusó a los agentes de amenazarlo con una pistola para impedir que sacara a pasear a su perro tres horas después del desalojo.


"Nos da miedo que ahora ocurra como antes de venir los okupas, que el colegio se había convertido en una especie de refugio de drogadictos", dijo un hombre que se unió al coro de los que protestaban.

Y esto es lo que decía uno de los cuatro okupas desalojado pacíficamente con toda la parafernalia contundente que utiliza la policía para los disturbios más peligrosos:

"Es una lástima", se dolió un miembro del movimiento okupa. "Estábamos a punto de organizar un encuentro sobre las nuevas tecnologías y el papel de la piratería informática que ahora tendremos que trasladar a otro sitio", añadió.

Y esto sucede en un mundo donde los políticos tienen que ir necesariamente en coches de lujo y reunirse en los más selectos restaurantes, y donde hemos terminado por asumir como normal la corrupción que llega a los tribunales y la que es imposible etiquetar como delito. En un mundo donde derecho y propiedad se usan como justificación para tantas flagrantes injusticias ilógicas e insensatas. En un mundo donde los mercados y sus fauces son la excusa incontestable para derrumbar a golpe de pluma y decreto tras decreto lo logrado durante años de extenuante escalada en derechos sociales y alivio a la ferocidad de el capitalismo (que es en economía, si algo no lo remedia la ley del más fuerte, al que solo nos cabe pedir misericordia... que no suele ser precisamente una de sus cualidades). En un mundo donde muchos se quejan de juventud vacía entregada al botellón y ser aspirante a famoso,y en  donde triunfar se confunde con salir en la tele. En un mundo donde nadie -a excepción de okupas y los pocos raros que en el mundo son- hace nada gratis y casi nada se puede conseguir sin pagar.

Todos los derechos, todos, se están convirtiendo en relativos, y son en la práctica contingentes y del tamaño que le permiten sus circunstancias. El único derecho sagrado y absoluto es ya, está claro, el de la propiedad privada. Y cuanto más grande, más sagrado y absoluto.

Cosas como esta son las que me hacen pensar que la lógica que mueve nuestro sistema tiene algún eslabón en su base que está mal.

Porque pensando un poco al margen de esa lógica y recurriendo a otra un poco más universal, balanceando pros y contras, ventajas e inconvenientes, efectos positivos y negativos, bien y mal en definitiva -aunque hoy hasta esas palabras sean también relativas-, yo no le veo demasiado sentido.

Eso sí: la actitud de los okupas y los vecinos de Torrero me ha emocionado un poco. Pero ya digo que no sé qué me pasa últimamente, que me emociono con nada.

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