jueves, 11 de noviembre de 2010

Un rey desterrado en un retrete

...Estar contigo es un vocablo insólito
y el día que se rompa en pedacitos
el enorme silencio del olvido
será un eco anacrónico en mis noches...
He vuelto ahora sin saber por qué...
a estar triste más triste que un tintero
Triste no soy o si lo soy no sé
la maldita razón porque no quiero(...)

No quiero esta tristeza medular
que nos da un golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y basta de pensar
El cerebro está oscuro cuando arde....

...Soy un viento mirándote dormir
bajo la disciplina de la felicidad...

...Y si no tienes nada que darme
¡dame todo lo que te falta!


...repitiendo sintigo en mi destierro
ya no cultivaré la corteza uniforme
de una estrella en la punta de mis dedos...


...Con frecuencia la miro deseando comprenderla
cuando zumba el ataúd diurno del amor...



...te amo tanto que las arañas me sonríen...

...la mujer cuando ama es un vuelo en un sueño...

Amar es una forma de olor. El cuerpo impone
su presencia de aroma que subleva
esa selva, ese bosque
que somos.
No te veo.
No llego a tu contacto. Llegan flores
raras, deshechas, invisibles.
Certidumbre de ti en medio de la noche
(...)Amar es una forma de olor. Llegas
fragante. Llego. Nos acoge
la onda que huele a vida enamorada,
a claveles que en dos bocas se rompen.

Las palabras son labios homogéneos
de dioses mudos que trasudan sones
(...)aves suaves lluvias hilos llaves
secretos que se posan lentos líricos
en las celestes fibras del poeta




AUTOELEGÍA
" Mi forma, mi carácter mi deseo,
pensando que la noche azul se ponga
no sueño nada en detrimento mío,
la corona que tengo en la cabeza
la soporto con gran resignación,
soy un rey desterrado en un retrete,
no tengo pantalones y me escondo
debajo de mi cama muerto de hambre,
me alimento de muchas musarañas,
la casa apuntalada de mis versos
es todo mi dominio personal,
y se orina mi alma por mis ojos,
si medito me duermo en un rincón
y el sueño que podía serme útil
se mete en una pierna y no sé en cuál,
mi candor, mi paciencia, mi descuido,
busco trabajo y pierdo mi salud
rezando mientras subo la escalera. "

CARLOS EDMUNDO DE ORY

Nació a destiempo en medio de la nada. Demasiado tarde para la vanguardia, demasiado pronto para la contemporaneidad. Quería jugar en una época que no tenía sitio ni aire para juegos. Quería dejar que la magia de las palabras surgiera por sí sola, en una época que no tenía el alma ni el cuerpo para magia,. Ni siquiera para prestidigación, con tanta desolación por la existencia y tanta necesidad de un arma cargada de futuro..

Pero él la buscaba, tozudo, sin empeño, por libre, esa magia dejándose encontrar, sorprendiendo al surgir donde menos se la espera, cuando menos se la espera, llegando precisamente  del modo en que no todos  confian que pueda llegar. Sus versos fueron ignorados años y años, toda una era quizás, porque de tan delicados y juguetones apenas podían flotar en un tiempo de nubes negras y vientos fríos. Su nombre nunca aparecía entre los grandes en manuales sesudos y escolares, anécdota perdida en medio de una página, sin una sonrisa, un halago, un algo que invitara a pasear entre sus poemas, sus epigramas, sus ensayos.

Y así durante años y años. Y décadas y décadas. Tuvo que agonizar el XX para que las miradas despojadas de tristezas y utilitarismos y trascendentalismo y afán de radical novedad, se dieran cuenta de que allí, agazapado en medio de la nada, atravesando y sobreviviendo por el páramo de la posguerra, y por el campo oscuro de la guerra fría, y por el alba cegadora de la esperanza de lo que estaba por llegar, hubo un poeta que apostaba por la casualidad como herramienta para que la magia de la palabra surgiera. Porque la casualidad nunca es casual, y el juego nunca es tan inocente, y así irrumpía, con la casualidad y el juego como únicas reglas para combinar palabras, ese algo que late y vive y fluye previo y ajeno a ellas. Eso algo que arde oscuro. Porque  "el cerebro siempre es oscuro cuando arde".

Y hoy se ha ido, y nos deja su poesía  en medio de la nada. Que será el secreto, seguro, para que perdure para siempre.

Se va y nos deja. Y nos deja  tanto.

Nos deja el postismo -él sabía que nació a destiempo-
y el introrrealismo -él sabía que la poesía está en el interior,
ese interior sombrío y profundo al que no hay que llegar
sino al que hay que saber esperar-.

Se va y nos deja un puñado de hallazgos geniales
que parecen casuales
pero que nunca lo son.

Porque tras la casualidad que nunca lo es
se agazapa
a veces
la genialidad que sí que es.

Se va y nos deja todo hecho
hasta su elegía
por si acaso
porque claro
¿quién se la iba a hacer mejor que él?

Se va un rey desterrado en un retrete.
Un rey.
Carlos Edmundo de Ory.

El rey ha muerto.
Larga vida al rey.



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