jueves, 23 de diciembre de 2010

Felicidad, qué bonito nombre tienes

"No cuenten nunca nada a nadie.
En el momento que uno cuenta cualquier cosa,
empieza a echar de menos a todo el mundo".
J.D.SALINGER: "El guardián entre el centeno"



Me he resistido consciente y concentradamente. He hecho esfuerzos enormes y constantes. He puesto en práctica lo del pensamiento positivo, los pros, la botella medio-llena, lo bueno de lo malo, que siempre lo hay. He luchado año tras año, unos años con uñas, otros años con dientes. Lo he intentado, lo he callado, lo he negado, sobre todo, ante mí misma. No quería claudicar, dejarme arrastrar y pertenecer definitivamente a la masa grist triste y desde lejos malhumorada.

He admirado a los que compran regalos, espumillones, belenes, papanoeles y turrones. Los que llenan todo de ilusión, encuentros, hogar, familia y cosas entrañables. Me he pegado a ellos, les he reído las gracias, he asentido a su repetición de frases, los he observado concienzudamente pensando que como eran tantos y estaban tan contentos, tenían que tener razón y me iban a convencer con su ejemplo y su presencia. Hasta he imitado, torpemente, eso sí,  alguno de sus gestos, a ver si se me pegaba algo.Pero no.

Y he llegado a un punto en que ya no me apetecen ni intentos,  ni disimulos, ni gestos huecos ni formas que nunca llegan al fondo y se quedan en algo parecido a un engaño que hace aún más dolorosa la ausencia. Así que definitivamente, me he situado , a mi pesar, es cierto, pero seguramente, de forma definitiva, del lado de la masa gris,  silenciosa y a veces amarga, que mira todo esto que se monta en estas fechas como un turista accidental, cansado y perdido, que sabe que nunca será uno de los nuestros. Soy uno de ellos, lo reconozco, pero no para superarlo, sino para poder dedicarme a ello de forma abierta y libre. Soy ya uno de esos fenómenos extraños incomprensibles para los niños, de la misma cuerda que el pitufo gruñón,  la hiena Tristón, el hombre del saco, el carbón de reyes o cualquier otro aguafiestas. No me gusta la navidad, ni sus formas, ni sus gestos. ¿Por qué? Por alguna razón, o tal vez varias, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Y aunque no me guste la navidad, me gusta mucho que haya gente a la que le guste. Me gusta que haya gente a la que le basten cosas como esta para ilusionarse y estar feliz, porque seguramente a través de ella catalizan o concentran o proyectan mil alegrías menores o mayores que estos días se recuerdan y tal vez sean (si nos dejaran los centros comerciales) las que se celebran. Por eso, que no me guste la navidad no va a impedir que desee a los que de vez en cuando os dejáis caer por aquí, unos días felices y alegres, llenos de todo aquello que queráis y con aquellos que queráis.  Ojalá la vida  deje que sea todo a  vuestro gusto y sepáis estar muy muy contentos.

Yo me mantendré aferrada a la esperanza de que ella, la vida, me haga cambiar de opinión, si no es este, un año de estos,  y llene de sentido y consecuencias aquello de "paz y amor a las gentes de buena voluntad" que hoy por hoy, si no fuera por algún soterrado desencanto cuyo verdadero acento no puedo todavía distinguir, me sonaría a chiste. Que me convenza la vida, porque yo me he quedado sin argumentos.

De todos modos, feliz navidad, sea lo que sea que eso signifique.

(Lo más cercano a eso de la felicidad para mí, os lo dejo por ahí arriba).


El espíritu de las navidades pasadas en Robando Rosas:

3 comentarios:

Abraham dijo...

Como (no es extraño) hemos coincidido en el tema de estas fechas, pero tú te has adelantado...

os dedico a vosotros el comentario de Jack's Obsession.

Kamala, Dei, ¡Felices Fiestas!

kamala dijo...

Es que yo hoy iba a estar de viaje, por esto hablé del tema de víspera.

Voy ahora mismo a ver el comentario que nos has dedicado...

Muchas gracias, Abraham. ¡Felices fiestas!!!

Dei dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
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