sábado, 18 de diciembre de 2010

Tanto mundo que ver, tanto sueño que soñar

‎"Nunca es demasiado tarde para convertirse en lo que uno podría haber sido".-
George Eliot

Quizás esta sea la canción más versionada de la historia.

Quizás se la canción que más gente ha hecho y sentido como propia
en algún momento
a lo largo del camino
al pasar alguna curva.

Quizás sea la canción que mejor evoque
sin nombrarlo
lo que pudo ser y no fue
el sueño de una chica
que vive sola
con un gato sin nombre
para que pueda llamarse libertad
sentada siempre en la ventana
frente al horizonte
un horizonte lejano
antes del cual
hay tanto mundo por ver
y un río
luminoso
más ancho que una milla
de luna.

Río de luna, más ancho que una milla,
algún día te cruzaré a lo grande.
fabricante de sueños,
tú, rompecorazones,
donde quiera que vayas iré contigo.

Dos vagabundos que salen a ver el mundo,
hay tanto mundo que ver.
Estamos persiguiendo el mismo final del arco iris,
esperando tras la curva,
mi fiel amigo
el río de luna y yo


El miércoles murió Blake Edwards.

Un tipo serio, dicen, pero que nos dejó La carrera del siglo


que luego se haría dibujos animados, para pasar a formar parte de ese imaginario de edén perdido que tiene nuestra generación en la tele de su infancia:


Nos dejó la genialidad del absurdo en un guateque memorable, pedaleando en su tándem afortunadísimo con Peter Sellers (aunque la leyenda dice que fuera de la ficción eran perro y gato):


tándem que dio su más largo recorrido con una pantera rosa nacida para la leyenda, con melodía propia, también de Mancini, como Moon river


y que también saltó, llevándose su melodía y afortunadamente, a los dibujos animados:




Nos dejó la amargura agazapada en los días de vino y rosas, el mejor reflejo, quizás, de la oscuro, compleja y procelosa cueva de las adicciones:


Nos dejó la pirueta genial de la mujer que triunfa fingiendo ser un hombre que finge ser mujer, o sea, Víctor Victoria, con su mujer, Julie Andrews:



Nos dejó el sueño de la mujer perfecta


Pero sobre todo, nos dejó una forma de soñar, desayunando fente a los diamantes de Tiffany's, que había soñado Capote, pero a la que puso cuerpo y rostro eterno Audrey Herpbun. Nuestra Audrey Herpbun. Porque él nos la regaló.



Casi nada. Casi nadie, el señor Edwards.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...