viernes, 23 de abril de 2010

Dos eran dos

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos. (...)

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio. Se le llenó la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y se le asentó de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo (...)

En efecto, rematado ya su juicio , vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció conveniente y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante e irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Se imaginaba el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba

Miguel de Cervantes
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Hoy es día festivo, incluso para muchos que  tienen que trabajar, que no es mi caso, porque para mí, hoy es día doblemente festivo, en que se homenajean dos cosas con la excusa de dos patrones distintos. Uno, San Jorge, patrón de Aragón (y no solo de Cataluñaaaaa), un santo simpaticote porque su mayor milagro -hasta donde yo sé- es algo tan "literaturesco" como matar un dragón. El otro, el que es más mío, San Miguel de Cervantes, dignísimo y justísimo patrón de la literatura (lo siento por Shakespeare, pero yo leo, escribo, pienso y sueño en la lengua de Cervantes), y por tanto, de todos los que no sabemos vivir sin libros, cuya muerte se conmemora hoy convirtiendo este día en Día del libro.

Y digo que es justísimo patrón de las letras también por un motivo doble. Uno, porque Don Miguel, derrotado por la vida al ver frustrado sus sueños de honores bélicos por una herida de guerra en la mano, que al terminar hundido en la deshonra y la miseria y la amargura de ser acusado de funcionario corrupto, recobró honra y gloria gracias a las letras y a ese hijo pequeño que nació sin pretensiones y creció por su cuenta. el hidalgo flacucho y manchego, pareja inolvidable y eterna de Sancho. Y dos, porque ese libro, el Quijote, es el mejor libro sobre libros  (o sea, sobre la literatura y su efecto en las personas), que se ha escrito nunca y que seguramente se escribirá jamás, aunque hoy ya pocos lo lean y aunque quizás sea necesaria una digna traducción que lo acerque a la lengua actual y lo haga accesible en todo su esplendor, gracia, coña y frescura al público popular y mayoritario que fue el que lo encumbró y le dio su grandeza en su día, y que hoy no puede acceder a él por la distancia y la mella que cuatro siglos han hecho en lsu lengua.

Así que felicidades a todos los que llenáis parte de vuestra vida con letras. Yo lo he celebrado manteniendo una de las pocas tradiciones que me enseñó mi padre de pequeña: comprando un libro. Concretamente, he comprado dos (todo es doble en el día de hoy, y es el dos desde siempre mi número preferido): uno, el último de Punset, para Dei, para que descanse un poco de todo lo que tiene que descansar,que ultimamente buena falta le hace, y dos, Los detectives salvajes, de Bolaño, que íntuyo va a convertirse en santo en mi personal altar de divinidades literarias...

Aunque la falta de tiempo que sufro me obligará a postergar su lectura, porque antes tengo esperando La conjura de los necios (regalo de Dei por mi cumpleaños) y Lestat el vampiro (regalo de Dei porque es así de encantador). Así que acabo ya para abrir un libro.

¡Felicidades!




Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
-¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es mentira?
Y él le respondió:
-Lo sé;
pero lo que siento es verdad.

ÁNGEL GONZÁLEZ

martes, 20 de abril de 2010

Los mismos



"...La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise...


Pablo Neruda

20 de Abril del 90. Yo estudiaba COU y mi máxima inquietud, aparte de aquello de la Selectividad y blablabla, era la hora de volver a casa los fines de semana, porque ni siquiera me dejaban salir de noche. Qué sufrimientos. Tenía amigos y amigas convenientes y poco convenientes, como era propio de mi edad y condición,  y salía con un chico siete años mayor que yo, que por aquel entonces era mucho. En abril apurábamos las primeras tardes de calor a la orilla del río, adonde acudíamos con su coche, un Peugeot 205 gris oscuro por el que yo sentía un cariño metonímico, escapando de nada. Bueno, del instituto, a veces.

Acababa entonces de estrenar la mayoría de edad sin notarlo mucho y sin que me importara demasiado. Llevábamos apenas tres meses viviendo en la casa nueva, la casa enorme de la Alameda, llena de galerías, suelos de madera, geranios en el balcón y gatos en la huerta, Bonnie, la redondita Bonnie, mullida y geniuda, y Claudio, el pequeño Claudio, delgado, lastimero, mimosote y cabezón como un Gremlie, agotando delante de nuestros asombrados ojos, una a una, las siete vidas que le correspondían, que invirtió en sobrevivir a cosas como que su cuello quedara atrapado por la persiana eléctrica del garaje, caer desde la terraza del primer piso o ser atropellado plácidamente, otra vez  en el  fatídico garaje, por el coche de mi padre, sobre el cual dormía todas las noches (y por eso, seguramente y si no ya me diréis, no huyó ni se inmutó cuando lo vio venir hacia él... "ahí viene mi cama", pensaría).

Yo no sabía entonces que aquel era mi último año en el paraíso, porque me quedaban apenas unos meses para empezar a tropezar y desbarajustar lo que yo creía mi mundo y mi yo. Y aunque no lo sabía, aquel fue uno de los años más paladeados de mi vida. Porque lo que sí  sabía era que, con aquel final de curso inminente anunciado por las primeras tardes cálidas, algo, aún no podía intuir con demasiada claridad qué, inevitablemente, terminaba.

Pensar en el futuro era una cosa que procuraba no hacer demasiado a menudo, y eso que aún no había descubierto que mirar hacia delante con demasiado empeño puede convertirte en estatua de sal. Casi tanto o más como mirar hacia atrás, que de eso sí te avisa la Biblia. El futuro era, todavía, qué suerte, una palabra brumosa y lejana, que decían que existía pero vete tú a saber si sería verdad.

Y, por supuesto, ni me planteaba como serían las cosas cuando pasaran los veinte años (uno a uno... los años eran entonces tan largos que el trascurso real y propio de veinte era casi inconcebible) que acaban de pasar. Y menos en un soplo. En este soplo en que los ha convertido el recuerdo. Cada vez menos uno a uno. Cada vez menos uno tras otro. Cada vez más rápido. Y esto no tiene visos de parar.

Y era verdad.  Aquella canción que, según su autor, imaginaba la nostalgia, acertó de pleno en su apuesta. Porque es verdad. Ya no queda casi nadie de los de antes... y los que hay... han cambiado... Han cambiado. Sí.

Y todo esto tal vez tenga algo que ver con morir. Con vivir, seguro.


Y vosotros, ¿dónde estábais?

sábado, 17 de abril de 2010

viernes, 16 de abril de 2010

A -pesar- de- todo



No hay nada tan bonito ni tan real como que te quieran a pesar de todo. Incluso cuando el "todo" crece a tu pesar, asomando insistente la patita indeseable, inoportuna, que si pudieras te cortarías.

No hay nada tan bonito ni tan real como querer a pesar de todo, lejos ya de idealizaciones absurdas y adolescentes que solo podían durar un rato.

Pero no hay nada que dé tanto vértigo ni tanto miedo ni tanta sensación de indefensión, como ese amor a pesar de todo, que se ha vuelto indestructible e inevitable y que ha escapado, claro, al cálculo y la razón.

Y no hay nada tan inútil y estéril como el miedo a lo inevitable.

Así que Feliz Fin de Semana. Y si el amor-a-pesar-de-todo os acaricia con su gracia, sea en la dirección que sea, sacudíos el miedo y rendíos con los ojos cerrados a la dulce no responsabilidad.

miércoles, 14 de abril de 2010

No nos moverán



Que no consigan haceros creer que no pudo ser. Porque es mentira. Porque seguimos en el mañana efímero. Pero que será, no lo dudéis, eso, efímero.

Hoy es día de fiesta y de recordar que no hemos claudicado ni hemos arrojado todavía la fe, la esperanza y la solidaridad.



No nos moverán.


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