martes, 4 de enero de 2011

La grandeza imprescindible de la segunda fila



Hay actores que nacen, o crecen, o se hacen,en la segunda fila y a la segunda fila parecen destinados. Pero  desde la segunda fila logran ser grandes, irreemplazables, resistirse al eclipse aparentemente implacable de la primera. Da igual que no recuerde su nombre. El espectador sabe quién es. Le reconoce. Le recuerda. Le necesita.

Y uno de esos actores es Pet Postlethwaite. Seguramente muchos de los que son incapaces de recordar (o incluso pronunciar) su nombre, sí recuerdan su rostro peculiar, que es de los que dejan huella, si lo han visto agonizar implacable frente a su hijo en Inception, o sufrir la injusticia, también con sus hijos, En el nombre del Padre, o hacer de abogado sucio en Sospechosos habituales, o de sensato sacerdote cómplice vencido por el destino en el Romeo y Julieta de Lurhamm... Y tantas que me quedan por ver. Porque me gusta verle y reconocerle, aunque hasta ayer mismo no supiera ni siquiera su nombre..

Y es que murió ayer y ayer me enteré también de que llevaba dos décadas luchando contra el cáncer. Y trabajando. Discreto y constante. Sin aspavientos. Como es propio de los caballeros ingleses y de los grandes de la segunda fila. Segunda, solo para entendernos.

2 comentarios:

NoSurrender dijo...

Me ha impresionado particularmente su muerte cuando hace apenas unas semanas abrí con un fascinante diálogo suyo un post.

En esa “segunda fila” hay cosas muy grandes, como Gene Hackman o Ed Harris. Y, a veces, esa segunda fila es la que más viste una película. Como en las buenas bandas de jazz, donde detrás del cantante hay un pianista que es el verdadero alma de la música. Y, desde luego, era el caso de Postlethwaite, a quien admiraban todos los “famosos” que trabajaron con él.

Besos y Feliz año!

kamala dijo...

Completamente de acuerdo. Ya digo que hablo de "segunda fila" para entendernos... pero son presencias absolutamente imprescindibles para que esas grandes películas sean lo que son (e incluso alguna película no demasiado grande aumenta con su sola presencia).

Por cierto, yo llevo años enamoradísima de Ed Harris, otra presencia magnética que convierte esa segunda fila en la primera... y hasta la única.

Un beso grande, y un feliz 2011, Dr. Lagarto

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