miércoles, 23 de marzo de 2011

La gata


¿Con qué te quedas? Tienes donde elegir. 

Tienes sus ojos que dicen violetas, pura anécdota en un rostro lumnioso, deslumbrante de belleza perfecta y seria. 

Tienes su vida entera dedicada a la pantalla, tal vez cumpliendo el deseo y el designio y el peso de una frustración de su madre, a la que, qué ironía, tal vez tengamos mucho que agradecer. 

Tienes una vida sentimental tormentosa, agitada y abigarrada, más intensa que la más intensa de sus películas -y eso es, de verdad, mucho-, llena de una sucesión de hombres y de amor, y de una sucesión de amores por un hombre, tal vez su hombre, Richard Burton (Tú eras el océano y yo la enhiesta roca... ¡No pudo ser!).

Tienes los testimonios de su amistad férrea, que se vuelve sorprendente, tierna e incondicional con el pobre niño rico sin elección que fue Michael Jackson. 

Tienes su lucha activa y constante desde una silla de ruedas para que el mundo levantara la memoria, las manos y el corazón contra el horror del SIDA que se llevó a algún otro de sus amigos. 

Tienes su presencia de apariencia serena sobreviviendo a excesos, a dolores, a tiempos y temporales, al mito y a la fama. A la lucha evidente. A ella misma.

Tienes su imagen como tecnicolora Cleopatra, su paso por el largo y cálido verano, su mirada elevada hacia un James Dean gigante., su dulzura como novia hija de Spencer Tracy. Tienes su faceta de mujer maldita, o su espejo del matrimonio atormentado a la sombra de Virginia Woolf.

Y tienes a la gata, que hizo suya, o quizás ella se hizo de la gata. Qué más da. Tenemos a esa Maggie maravillosa e inolvidable, haciéndose inmensa a base de tensiones tejidas con los férreos hilos sutiles sugeridos por la evidencia, por lo que gritan los silencios, por lo invisible y lo innombrable que se solidifica, y calienta hasta lo insoportable un tejado para que ella, la gata, nos haga vibrar de tanta emoción auténtica, de esa que toca las vísceras.

Sin elegir en realidad, yo no puedo evitar quedarme con la gata.


Se van yendo todos, poco a poco, es verdad. Pero es que hoy se ha ido ella. La Taylor, con sus ojos violetas que dicen que eran únicos, que ha puesto este 23 de marzo del 2011 en su biografía.

Y aún así, lo de sus ojos sigue siendo lo de menos.

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