martes, 8 de marzo de 2011

Un cometa sin manto murièndose de frío.


Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
se hace más alto el cielo en tu presencia
la tierra se prolonga de rosa en rosa
y el aire se prolonga de paloma en paloma


Al irte dejas una estrella en tu sitio
dejas caer tus luces como el barco que pasa
como una serpiente fiel y melancólica
y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro


(...)


Heme aquí perdido entre mares desiertos
solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
heme aquí en una torre de frío
abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez


El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
en la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor


te hablan por mí las piedras aporreadas
te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
te habla por mí el color de los paisajes sin viento
te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
dormido en tu memoria
te habla por mí el arroyo descubierto
la yerba sobreviviente atada a la aventura
aventura de luz y sangre de horizonte
sin más abrigo que una flor que se apaga
si hay un poco de viento


Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
se pierde el mundo bajo tu andar visible
pues todo es artificio cuando tú te presentas
con tu luz peligrosa
inocente armonía sin fatiga ni olvido
elemento de lágrima que rueda hacia adentro
construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo
y al cielo con instintos de infinito
lejos de ti todo es mortal
lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad


He aquí tu estrella que pasa
con tu respiración de fatigas lejanas
con tus gestos y tu modo de andar
con el espacio magnetizado que te saluda
que nos separa con lenguas de noche


Sin embargo te advierto que estamos cosidos
a la misma estrella
estamos cosidos por la misma música tendida
de uno a otro
por la misma sombra gigante agitada como árbol
seamos ese pedazo de cielo
ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
la aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
y de saltar los muros de mis alabanzas
estamos cosidos por la misma estrella
estás atada al ruiseñor de las lunas
que tiene un ritual sagrado en la garganta
qué me importan los signos de la noche
y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
qué me importa el enigma luminoso
los emblemas que alumbran el azar
y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
qué me importa ese miedo de flor en el vacío
qué me importa el nombre de la nada
el nombre del desierto infinito
o de la voluntad o del azar que representan
y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
o banderas de presagio y de muerte


Tengo una atmósfera propia en tu aliento
la fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
con su propio lenguaje de semilla
tu frente luminosa como un anillo de Dios
más firme que todo en la flora del cielo
sin torbellinos de universo que se encabrita
como un caballo a causa de su sombra en el aire


Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?


Tengo esa voz tuya para toda defensa
esa voz que sale de ti en latidos de corazón
esa voz en que cae la eternidad
y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío


Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
de un Dios encontrado en alguna parte
y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
el pájaro de antaño en la clave del poeta


Sueño en un sueño sumergido
la cabellera que se ata hace el día
la cabellera al desatarse hace la noche
la vida se contempla en el olvido
sólo viven tus ojos en el mundo
el único sistema planetario sin fatiga
serena piel anclada en las alturas
ajena a toda red y estratagema
que su fuerza de luz ensimismada
detrás de ti la vida siente miedo
porque eres la profundidad de toda cosa
el mundo deviene majestuoso cuando pasas
se oyen caer lágrimas del cielo
y borras en el alma adormecida
la amargura de ser vivo
se hace liviano el orbe en las espaldas


Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(reconozco ese ruido desde lejos)
cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
eres una lámpara de carne en la tormenta
con los cabellos a todo viento
tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
como la mano de una princesa soñolienta
con tus ojos que evocan un piano de olores
una bebida de paroxismos
una flor que está dejando de perfumar
tus ojos hipnotizan la soledad
como la rueda que sigue girando después de la catástrofe


Mi alegría es mirarte cuando escuchas
ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
y te quedas suspensa largo rato
tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
nada tiene entonces semejante emoción
ni un mástil pidiendo viento
ni un aeroplano ciego palpando el infinito
ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
ni el arco-iris con las alas selladas
más bello que la parábola de un verso
la parábola tendida en puente nocturno de alma en alma


Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
con la cabeza levantada
y todo el cabello al viento
eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
que un faro en la neblina buscando a quien salvar
eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
eres el ruido del mar en verano
eres el ruido de una calle populosa llena de admiración


Mi gloria está en tus ojos
vestida del luto de tus ojos y de su brillo interno
estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
y un viento de océano ondula tus pupilas


Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
a esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
tu voz hace un imperio en el espacio
y esa mano que se levanta en ti como si fueras a colgar soles en el aire
y ese mirar que escribe mundos en el infinito
y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
y ese beso que hincha la proa de tus labios
y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
dormido a la sombra de tus senos


Si tú murieras
las estrellas a pesar de su lámpara encendida
perderían el camino
¿Qué sería del universo?


Vicente Huidobro: Altazor. (Canto II)


"El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses. Posee la segunda visión, las alas que le permiten volar hacia el infinito del deseo y de la imaginación...
Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer..."
Jules Michelet, epígrafe en Aura, de Carlos Fuentes


Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando mas, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos o llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta del pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.

Inútil. Condenado a ser absuelto. Vuélvase a casa y lea a Spinoza. La Maga no sabe quién es Spinoza. La Maga lee interminables novelas de rusos y alemanes y Pérez Galdós y las olvida en seguida. Nunca sospechará que me condena a leer a Spinoza. Juez inaudito, juez por sus manos, por su carrera en plena calle, juez por sólo mirarme y dejarme desnudo, juez por tonta e infeliz y desconcertada y roma y menos que nada. Por todo eso que sé desde mi amargo saber, con mi podrido rasero de universitario y hombre esclarecido, por todo eso, juez. Dejate caer, golondrina, con esas filosas tijeras que recortan el cielo de Saint-Germain-des-Prés, arrancá estos ojos que miran sin ver, estoy condenado sin apelación, pronto a ese cadalso azul al que me izan las manos de la mujer cuidando a su hijo, pronto la pena, pronto el orden mentido de estar solo y recobrar la su ficiencia, la egociencia, la conciencia. Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lástima de algo, de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas, sí, por fin a cosas vivas. (*)

Julio Cortázar "Rayuela"

Yo quiero la igualdad, pero amo la diferencia. Y nunca, ni  nadie, ni  nada que no sea una mala fortuna o un renglón torcido en lo que escribo, me va a hacer renunciar a lo que soy..

Porque quiero ser lo que soy sin tener que bajar la cabeza ni intentar ser otra cosa ni demostrar lo que no soy. Como tantos siglos tuvieron que hacer. Y tienen que hacer todavía, incluso convencidas de que la bajan porque quieren, o porque es su deber, o porque así son mejores, o porque asi son más guapas, o porque si no no van a quererlas, o porque es su naturaleza.

Porque no quiero ser un cometa sin manto muriéndomee de frío. 

Y porque sigue habiendo demasiado frío...

Hoy, como siempre pero más que nunca, va por nosotras. Felicidades por lo logrado, nos vemos en el camino, y que viva la igualdad, y que viva la diferencia.





Más sobre la mujer en Robando Rosas:


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