sábado, 25 de junio de 2011

The best father you can ever imagine


Hace hoy dos años asistíamos estupefactos y apenados al último y definitivo acontecimiento que convertía al friky entre los frikys en mito con mayúsculas. El ídolo abandonaba los pies de barro y se convertía en deidad etérea  a la que ya se la podía reivindicar sin temor. Como Marylin, como Elvis, como Kurt Cobain, como Janis Joplin, incluso, fue uno de esos dioses cuyo crepúsculo precedió a la gloria que le otorgó el golpe final de una muerte prematura, seguramente evitable y extraña. Una muerte anunciada que llega como el´último eslabón en una cadena de pasos autodestructivos, el último peldaño con el que se asciende de la miseria a la genialidad. Una genialidad, surgida, como tantas, de un dolor, que fue aflorando desde su escondite del éxito y la sonrisa en las primeras portadas, en cada detalle estrafalario del genio y la figura que lo llevaron ala sepultura y al altar.
Nunca dejó de ser un niño. Nunca le dejaron ser persona. Y yo lloré realmente a la persona cuando vi esto:


Y sí, su figura fastuosa de rey del pop adolatrado, imitadísimo pero en realidad inimitable, tiene mucho de infancia y de imaginación. Porque seguramente él no tuvo infancia y se pasó el resto de su vida imaginándola. Cómo no iba a ser el mejor padre que tú nunca podrías imaginar....

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