domingo, 19 de junio de 2011

Por eso



Porque hay cosas que no nos dejan decir en las urnas, porque siquiera nos las preguntan.

Porque esas cosas son las más importantes, y en las urnas no hay nadie dispuesto a cambiarlas.

Porque no nos dejaron más opción que tomar la calle, que tampoco querían que fuera nuestra.

Porque nuestra fuerza ya no es el voto, porque ellos lo convertieron en mercancía, en secuestro, en trampa, en una cifra que legitimaba lo ilegítimo.

Porque nuestra fuerza es la palabra y el número, otro número que ya no es suyo, sino nuestro: el número de bocas gritando, el número de cabezas pensando, el número de oídos escuchando, el número de voces levantadas, el número de pancartas erguidas, el número de lemas imaginados, el número de ideas circulando, el número de manos alzadas, tendidas y unidas. El número de realistas pidiendo lo imposible.

Porque somos por fin nosotros, y esa es ya nuestra única esperanza. Porque estamos ya en ese momento bifronte en que SOLO nos queda la esperanza. Así que no podemos dejarla escapar.

Por eso, yo voy. Porque estamos aprendiendo a decir no, incluso cuando ellos ni nos preguntan.

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