jueves, 14 de julio de 2011

Summer in the city


El mundo, en general, te compadece. ¿No te vas? ¿Cuándo te vas? ¡Qué haces todavía aquí! Y una pone cara de resignación para no entrar en detalles minúsculos que nadie parece dispuesto a scomprender.

Claro que me gustaría viajar a Londres, o a Argentina, o a Estambul, o a Galicia. Claro que me encantaría estar perdida en alguna casa rural cerca de alguna montaña llena de luz y de verde. Pero también me gustan los días veraniegos de calor y pereza en la ciudad donde nunca tienes tiempo para aburrirte (¡ojalá!). Me gusta posponer todo lo que tengo que hacer y todo lo que quiero hacer para no hacer nada. Me gusta sentir las horas discurrir, tan distintas, tan pegajosas, tan extrañas. Me gusta poner en orden por fin lo que durante el curso está inevitablemente desordenado. Me gusta pasear por pasear, andar por andar, divagar por divagar.

Quizás no vuelvan ya los tiempos de grandes viajes. Quizás ahora son más grandes las anclas y los obstáculos. Quizás los veranos ya no puedan ser los mismos. Quizás.

Pero yo estoy preparada. Porque me gutan muchas cosas, claro, que ahora mismo no puedo. Pero también me gusta el verano en la ciudad.

Y eso, hoy por hoy y con la que está cayendo, es una gran ventaja.

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