martes, 29 de marzo de 2011

Tan cerca. Tan lejos

¡Qué triste es amarlo todo sin saber lo que se ama!
Lo que espero, ¡ay!, es mi pasado.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Solo es nuestro lo que perdimos
JORGE LUIS BORGES


Hay días en que cualquier detalle se convierte en una excusa que enciende el retrovisor. Sin saber cómo ni de dónde, la nostalgia ataca y miras tu ayer como si fuera de otra.... Los rostros que lo poblaron y las miradas silenciosas, fugaces y eternas que dejaron... Las mañanas de sol aquellas que amenazaban ya primavera, de camino tarde al instituto, intuyendo un encuentro azaroso que casi nunca lo era.,,, El despertar con la ilusión en la garganta, y la promesa de lo que vendría ríendo como un cascabel en la imaginación... Cuando la semana que viene era lo más importante de tu futuro, y tus incertidumbres más pesadas eran solo las del corazón.... Cuando no era demasiado pronto ni demasiado tarde para nada, cuando todo era primavera aunque tú te empeñaras en vestirla de otoño... Pero era primavera, aunque tenga que ser ahora esta otra, primavera, la que lo demuestre.

Y es tan fácil confundir nostalgias y premoniciones, ecos y anuncios, recuerdos y deseos. Y es tan fácil, a pesar de saber que están tan lejos, por cualquier excusa, tal vez por  un sol insolente y mañanero, sentirlos de pronto tan aquí. Tan cerca que sientes cómo te oprimen el pecho. Tan lejos, que la memoria de las tripas tiene que ponerse de puntillas para mirar por encima del tiempo.

Tan cerca. Tan lejos.


Más nostalgias en Robando Rosas (son tantas, que podría hacer un tratado):



viernes, 25 de marzo de 2011

... y 39.

"En el fondo de nosotros mismos 
siempre tenemos la misma edad"
GRAHAM GREENE


Me he levantado resacosa y contenta (combinación mágica y talismán).  He ido a trabajar cargada de tarta, gominolas y bombones, he repartido dulces y me han repartido besos, afecto y canciones. Me han enviado un libro con los mejores trucos para el sexo, el ordenador y los teléfonos rebosaban cariño y deseos de felicidad, me he regalado pereza, música y nostalgia mientras se escurría la tarde pensando en la cena con mi churri  en el sitio donde hace nada fuimos, se puede decir, felices, y dándonos cuenta ya en aquel momento de que lo éramos, que es tan raro y tan difícil y tan hermoso, aunque suene cursi, pero es que yo soy así.

Y me han acompañado nostalgias muy dulces, como si el tiempo no fuera una sucesión de instantes sino de espejos, uno que te lleva a otro, uno que te lleva a otro, y este a otro, y este a otro, y así, ahora mismo, rozando las ocho de la tarde de un día que ha sido primavera en esta ciudad de cielo inmenso,pienso en hace 39 años, en la madre que hoy piensa en mí desde lejos aunque esté siempre tan cerca, y en el padre que decidió mi nombre con anécdota ,y en mi hermana que como siempre nunca falla, y en  mi hermano, que siempre vuelve de lejos y siempre está en aquellas tardes de la carretera de Laza, y en mis padrinos, los dos solteros (cuántas vueltas le daba yo a eso de niña, y solteros todavía aunque los años no me dejen ya darle vueltas ni importancia), y en mis abuelos que como soy niña seguro me miran desde el cielo,  y en los amigos que se acuerdan y en los amigos de los que me acuerdo, y en aquellos que tal vez se acuerden pero no lo dirán, y en los que yo tal vez  recuerdo y no lo diré,  y en las tardes que se han ido y ya son mías para siempre,y en las mañanas tan distintas que no lo parecían,  y en las noches aquellas en que todo era luminoso, inevitable e importante. 

Y en ahora, en este momento en que quizás sea feliz, o quizás no, y quizás algún día me dé cuenta, en que sí, que son treinta y todos, y esto se acaba, y que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde, y ese es el único argumento de la obra...

Pero es que ahora no puedo pensar en eso. Estoy demasiado ocupada con tanto por celebrar.


Otros 25 de Marzo en Robando rosas:


miércoles, 23 de marzo de 2011

La gata


¿Con qué te quedas? Tienes donde elegir. 

Tienes sus ojos que dicen violetas, pura anécdota en un rostro lumnioso, deslumbrante de belleza perfecta y seria. 

Tienes su vida entera dedicada a la pantalla, tal vez cumpliendo el deseo y el designio y el peso de una frustración de su madre, a la que, qué ironía, tal vez tengamos mucho que agradecer. 

Tienes una vida sentimental tormentosa, agitada y abigarrada, más intensa que la más intensa de sus películas -y eso es, de verdad, mucho-, llena de una sucesión de hombres y de amor, y de una sucesión de amores por un hombre, tal vez su hombre, Richard Burton (Tú eras el océano y yo la enhiesta roca... ¡No pudo ser!).

Tienes los testimonios de su amistad férrea, que se vuelve sorprendente, tierna e incondicional con el pobre niño rico sin elección que fue Michael Jackson. 

Tienes su lucha activa y constante desde una silla de ruedas para que el mundo levantara la memoria, las manos y el corazón contra el horror del SIDA que se llevó a algún otro de sus amigos. 

Tienes su presencia de apariencia serena sobreviviendo a excesos, a dolores, a tiempos y temporales, al mito y a la fama. A la lucha evidente. A ella misma.

Tienes su imagen como tecnicolora Cleopatra, su paso por el largo y cálido verano, su mirada elevada hacia un James Dean gigante., su dulzura como novia hija de Spencer Tracy. Tienes su faceta de mujer maldita, o su espejo del matrimonio atormentado a la sombra de Virginia Woolf.

Y tienes a la gata, que hizo suya, o quizás ella se hizo de la gata. Qué más da. Tenemos a esa Maggie maravillosa e inolvidable, haciéndose inmensa a base de tensiones tejidas con los férreos hilos sutiles sugeridos por la evidencia, por lo que gritan los silencios, por lo invisible y lo innombrable que se solidifica, y calienta hasta lo insoportable un tejado para que ella, la gata, nos haga vibrar de tanta emoción auténtica, de esa que toca las vísceras.

Sin elegir en realidad, yo no puedo evitar quedarme con la gata.


Se van yendo todos, poco a poco, es verdad. Pero es que hoy se ha ido ella. La Taylor, con sus ojos violetas que dicen que eran únicos, que ha puesto este 23 de marzo del 2011 en su biografía.

Y aún así, lo de sus ojos sigue siendo lo de menos.

domingo, 20 de marzo de 2011

Sí, quiero



Porque en días como hoy toca, inevitablemente, desempañar el retrovisor y mirar aquella dulce senda soleada que recorrimos hace nada y hace tanto. Y sonreír. Porque aquello estuvo lleno de sonrisas, qué bobada, si no queríamos que fuera para tanto, pero vete tú a saber por qué, lo fue.

Y por suerte, guardé las rosas en el recuerdo, y hoy las puedo desempolvar, si quiero.

Y sí, quiero...







domingo, 13 de marzo de 2011

Sin embargo

Por que gracias a vos he descubierto,
(dirás que ya era hora y con razón),
que el amor es una bahía linda y generosa,
que se ilumina y se oscurece,
según venga la vida,
una bahía donde los barcos llegan y se van,
llegan con pájaros y augurios,
y se van con sirenas y nubarrones.
Una bahía linda y generosa,
Donde los barcos llegan y se van
Pero vos,
Por favor,
No te vayas
MARIO BENEDETTI: "Mucho más grave"


Hace hoy seis años -seis, seis ya, increíble, imparable, pero cierto- la vida se paró y decidió torcer la esquina, y saltarse los rumbos previstos, las coordenadas, las instrucciones de vuelo. Una tarde de domingo como esta, pero tan distinta,  un momento casual, azaroso, tan leve que lo más probable es que nunca hubiera pasado, un instante pequeño que no estaba previsto ni lo incluía el menú que nos ofrecieron cuando nos sentamos a elegir, se convirtió en el primer paso de un viaje largo, que yo no sabía siqueira que queria hacer, hacia algo muy muy lejano que hoy es, sin embargo, mío..

Y yo, devota de fechas, de paladeo de memorias y de aniversarios, no puedo dejar de robar de nuevo la rosa más bella, la más íntima y más delicada que no quiero dejar de cuidar... Para que siga existiendo (crecer no sé si sería posible) fragante y de ese rojo indefinido que tal vez no sea pasíón, porque tampoco tengo -qué suerte- oporuntidad de saberlo, pero es rojo y es vida y es risa y es sonrisa y es aroma y es color. Y es algo parecido, muy parecido, todavía y también contra todo pronòstico, a eso que en los libros llaman amor y  que en la vida nunca sabemos cómo llamarlo. Y sin embargo, lo tenemos aquí,   aunque pasan los años y sobre todo los días, con sus sombras, sus chirridos y sus malos ratos cotidianos, más peligrosos que todas las desgracias.

Porque sí, porque pasan los años, y sin embargo, aquí estamos. Así que me digo felicidades, y para mí hoy es algo así como un cumpleaños. Del momento en que sin querer salté por encima de pronósticos y candados, y lo improbable, por fin y sin embargo, llegó, e incluso decidió quedarse un rato.

Así que aunque tú no te acuerdes y no le des importancia, porque realmente no la tiene -pero ya sabes qué poco me importa a mí la realidad- hoy enciendo una a una las velas, y cierro despacio las ojos para soplarlas pidiendo un deseo al que no sé poner palabras. Y sin embargo, lo sé. 

Y hoy hay fiesta en la cocina , y bailes sin orquesta, y ramos de rosas con espinas. Y sin embargo, qué bien.


martes, 8 de marzo de 2011

Un cometa sin manto murièndose de frío.


Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
se hace más alto el cielo en tu presencia
la tierra se prolonga de rosa en rosa
y el aire se prolonga de paloma en paloma


Al irte dejas una estrella en tu sitio
dejas caer tus luces como el barco que pasa
como una serpiente fiel y melancólica
y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro


(...)


Heme aquí perdido entre mares desiertos
solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
heme aquí en una torre de frío
abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez


El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
en la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor


te hablan por mí las piedras aporreadas
te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
te habla por mí el color de los paisajes sin viento
te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
dormido en tu memoria
te habla por mí el arroyo descubierto
la yerba sobreviviente atada a la aventura
aventura de luz y sangre de horizonte
sin más abrigo que una flor que se apaga
si hay un poco de viento


Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
se pierde el mundo bajo tu andar visible
pues todo es artificio cuando tú te presentas
con tu luz peligrosa
inocente armonía sin fatiga ni olvido
elemento de lágrima que rueda hacia adentro
construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo
y al cielo con instintos de infinito
lejos de ti todo es mortal
lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad


He aquí tu estrella que pasa
con tu respiración de fatigas lejanas
con tus gestos y tu modo de andar
con el espacio magnetizado que te saluda
que nos separa con lenguas de noche


Sin embargo te advierto que estamos cosidos
a la misma estrella
estamos cosidos por la misma música tendida
de uno a otro
por la misma sombra gigante agitada como árbol
seamos ese pedazo de cielo
ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
la aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
y de saltar los muros de mis alabanzas
estamos cosidos por la misma estrella
estás atada al ruiseñor de las lunas
que tiene un ritual sagrado en la garganta
qué me importan los signos de la noche
y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
qué me importa el enigma luminoso
los emblemas que alumbran el azar
y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
qué me importa ese miedo de flor en el vacío
qué me importa el nombre de la nada
el nombre del desierto infinito
o de la voluntad o del azar que representan
y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
o banderas de presagio y de muerte


Tengo una atmósfera propia en tu aliento
la fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
con su propio lenguaje de semilla
tu frente luminosa como un anillo de Dios
más firme que todo en la flora del cielo
sin torbellinos de universo que se encabrita
como un caballo a causa de su sombra en el aire


Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?


Tengo esa voz tuya para toda defensa
esa voz que sale de ti en latidos de corazón
esa voz en que cae la eternidad
y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío


Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
de un Dios encontrado en alguna parte
y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
el pájaro de antaño en la clave del poeta


Sueño en un sueño sumergido
la cabellera que se ata hace el día
la cabellera al desatarse hace la noche
la vida se contempla en el olvido
sólo viven tus ojos en el mundo
el único sistema planetario sin fatiga
serena piel anclada en las alturas
ajena a toda red y estratagema
que su fuerza de luz ensimismada
detrás de ti la vida siente miedo
porque eres la profundidad de toda cosa
el mundo deviene majestuoso cuando pasas
se oyen caer lágrimas del cielo
y borras en el alma adormecida
la amargura de ser vivo
se hace liviano el orbe en las espaldas


Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(reconozco ese ruido desde lejos)
cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
eres una lámpara de carne en la tormenta
con los cabellos a todo viento
tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
como la mano de una princesa soñolienta
con tus ojos que evocan un piano de olores
una bebida de paroxismos
una flor que está dejando de perfumar
tus ojos hipnotizan la soledad
como la rueda que sigue girando después de la catástrofe


Mi alegría es mirarte cuando escuchas
ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
y te quedas suspensa largo rato
tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
nada tiene entonces semejante emoción
ni un mástil pidiendo viento
ni un aeroplano ciego palpando el infinito
ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
ni el arco-iris con las alas selladas
más bello que la parábola de un verso
la parábola tendida en puente nocturno de alma en alma


Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
con la cabeza levantada
y todo el cabello al viento
eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
que un faro en la neblina buscando a quien salvar
eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
eres el ruido del mar en verano
eres el ruido de una calle populosa llena de admiración


Mi gloria está en tus ojos
vestida del luto de tus ojos y de su brillo interno
estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
y un viento de océano ondula tus pupilas


Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
a esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
tu voz hace un imperio en el espacio
y esa mano que se levanta en ti como si fueras a colgar soles en el aire
y ese mirar que escribe mundos en el infinito
y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
y ese beso que hincha la proa de tus labios
y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
dormido a la sombra de tus senos


Si tú murieras
las estrellas a pesar de su lámpara encendida
perderían el camino
¿Qué sería del universo?


Vicente Huidobro: Altazor. (Canto II)


"El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses. Posee la segunda visión, las alas que le permiten volar hacia el infinito del deseo y de la imaginación...
Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer..."
Jules Michelet, epígrafe en Aura, de Carlos Fuentes


Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando mas, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos o llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta del pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.

Inútil. Condenado a ser absuelto. Vuélvase a casa y lea a Spinoza. La Maga no sabe quién es Spinoza. La Maga lee interminables novelas de rusos y alemanes y Pérez Galdós y las olvida en seguida. Nunca sospechará que me condena a leer a Spinoza. Juez inaudito, juez por sus manos, por su carrera en plena calle, juez por sólo mirarme y dejarme desnudo, juez por tonta e infeliz y desconcertada y roma y menos que nada. Por todo eso que sé desde mi amargo saber, con mi podrido rasero de universitario y hombre esclarecido, por todo eso, juez. Dejate caer, golondrina, con esas filosas tijeras que recortan el cielo de Saint-Germain-des-Prés, arrancá estos ojos que miran sin ver, estoy condenado sin apelación, pronto a ese cadalso azul al que me izan las manos de la mujer cuidando a su hijo, pronto la pena, pronto el orden mentido de estar solo y recobrar la su ficiencia, la egociencia, la conciencia. Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lástima de algo, de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas, sí, por fin a cosas vivas. (*)

Julio Cortázar "Rayuela"

Yo quiero la igualdad, pero amo la diferencia. Y nunca, ni  nadie, ni  nada que no sea una mala fortuna o un renglón torcido en lo que escribo, me va a hacer renunciar a lo que soy..

Porque quiero ser lo que soy sin tener que bajar la cabeza ni intentar ser otra cosa ni demostrar lo que no soy. Como tantos siglos tuvieron que hacer. Y tienen que hacer todavía, incluso convencidas de que la bajan porque quieren, o porque es su deber, o porque así son mejores, o porque asi son más guapas, o porque si no no van a quererlas, o porque es su naturaleza.

Porque no quiero ser un cometa sin manto muriéndomee de frío. 

Y porque sigue habiendo demasiado frío...

Hoy, como siempre pero más que nunca, va por nosotras. Felicidades por lo logrado, nos vemos en el camino, y que viva la igualdad, y que viva la diferencia.





Más sobre la mujer en Robando Rosas:


martes, 1 de marzo de 2011

El otro lado del espejo



Asistimos en estos últimos tiempos a un espectáculo de podredumbre, bajeza moral, demagogia y latrocinio, que ha sido elevado a los altares de lo cotidiano, haciendo el tránsito más insoportable si cabe.

Nuestros “chandalas” han copado los más altos estamentos públicos, nuestras tribunas, nuestros altares, nuestros púlpitos, infectando con su estulticia y miseria de espíritu todo cuanto tocan.

Mientras nosotros, ejército de monos amaestrados, vanguardia de la miseria moral, estómagos hinchados y agradecidos, seres serviles hasta la vergüenza, asistimos impertérritos desde nuestra ciénaga de podredumbre, al abismo al que nos conducen, no solo a la manada de la que formamos parte (manada culpable y cómplice) sino también a aquellos pobres desgraciados, los desarrapados del mundo, que nada tienen que ver con nuestra ridícula complicidad para con los necios que hoy se erigen en líderes bajo nuestra mirada aborregada y somnolienta.

Hoy, nuestros grandes caudillos -a los que censuramos, más que desde el valor, desde la envidia- son nuestro propio reflejo en el espejo, el reverso de la moneda con la que comerciamos diariamente en el corredor de la muerte. Las únicas dudas que quedan por resolver son: ¿hay esperanza de que alguien rompa ese espejo? ¿hay esperanza de que alguien arroje esa moneda al infierno?

No, no la hay.




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