sábado, 25 de junio de 2011

The best father you can ever imagine


Hace hoy dos años asistíamos estupefactos y apenados al último y definitivo acontecimiento que convertía al friky entre los frikys en mito con mayúsculas. El ídolo abandonaba los pies de barro y se convertía en deidad etérea  a la que ya se la podía reivindicar sin temor. Como Marylin, como Elvis, como Kurt Cobain, como Janis Joplin, incluso, fue uno de esos dioses cuyo crepúsculo precedió a la gloria que le otorgó el golpe final de una muerte prematura, seguramente evitable y extraña. Una muerte anunciada que llega como el´último eslabón en una cadena de pasos autodestructivos, el último peldaño con el que se asciende de la miseria a la genialidad. Una genialidad, surgida, como tantas, de un dolor, que fue aflorando desde su escondite del éxito y la sonrisa en las primeras portadas, en cada detalle estrafalario del genio y la figura que lo llevaron ala sepultura y al altar.
Nunca dejó de ser un niño. Nunca le dejaron ser persona. Y yo lloré realmente a la persona cuando vi esto:


Y sí, su figura fastuosa de rey del pop adolatrado, imitadísimo pero en realidad inimitable, tiene mucho de infancia y de imaginación. Porque seguramente él no tuvo infancia y se pasó el resto de su vida imaginándola. Cómo no iba a ser el mejor padre que tú nunca podrías imaginar....

Más sobre Michael Jackson en Robando rosas:

domingo, 19 de junio de 2011

Por eso



Porque hay cosas que no nos dejan decir en las urnas, porque siquiera nos las preguntan.

Porque esas cosas son las más importantes, y en las urnas no hay nadie dispuesto a cambiarlas.

Porque no nos dejaron más opción que tomar la calle, que tampoco querían que fuera nuestra.

Porque nuestra fuerza ya no es el voto, porque ellos lo convertieron en mercancía, en secuestro, en trampa, en una cifra que legitimaba lo ilegítimo.

Porque nuestra fuerza es la palabra y el número, otro número que ya no es suyo, sino nuestro: el número de bocas gritando, el número de cabezas pensando, el número de oídos escuchando, el número de voces levantadas, el número de pancartas erguidas, el número de lemas imaginados, el número de ideas circulando, el número de manos alzadas, tendidas y unidas. El número de realistas pidiendo lo imposible.

Porque somos por fin nosotros, y esa es ya nuestra única esperanza. Porque estamos ya en ese momento bifronte en que SOLO nos queda la esperanza. Así que no podemos dejarla escapar.

Por eso, yo voy. Porque estamos aprendiendo a decir no, incluso cuando ellos ni nos preguntan.

martes, 14 de junio de 2011

...en su laberinto

Que el universo es un laberinto y que como todo laberinto es inútil y absurdo y peligroso creer que se le conoce desde dentro. Que el hombre cree que conoce la realidad, pero en realidad solo conoce su propia percepción y sus propios conceptos, que están en él mismo, y no en la realidad. Que todo conocimiento no es más, por tanto, que una forma de mirar en un espejo. Que nuestra forma de conocer no es más que poner un espejo delante de otro espejo.

Que un gato de frente es completamente diferente de un gato de perfil, pero nuestro lenguaje lo nombra igual, y por eso, el lenguaje miente: no habla de la realidad, habla de cómo nosotros (re)creamos la realidad a través de conceptos. Y que por eso no vemos con los ojos: vemos con los conceptos. Y por eso no vemos la relaidad: vemos nuestros conceptos. Y con los conceptos conocemos, así que no conocemos la realidad: conocemos solo nuestros conceptos. Que todo conocimiento es, por tanto, una forma de ficción, y toda ficción es, por tanto y con la misma legitimidad, una forma de conocimiento (y una forma de mirar en el espejo). Que nuestro conocimiento ficticio influye no solo en nuestra percepción de la realidad, sino en la propia realidad. Y que por tanto, la ficción (que no es más que otra forma de conocimiento), también, y las dos de forma igual de legítima.

Que nuestra visión del mundo está contenida en grandes volúmenes y pequeños volúmenes de palabras, y por eso nuestro universo es en realidad una biblioteca, y puede que en esos volúmenes haya errores, o incluso que todo sea una gran cadena de errores, pero nosotros no podemos ni queremos saberlo. Que lo que sabemos del mundo es, en realidad, mentira, y que las mentiras encierran también una forma de conocer el mundo. Que toda ciencia no es ni puede ser otra cosa que ciencia ficción. Que lo mismo dan y son lo mismo conocimiento e imaginación.

Que las piezas de ajedrez no saben cuál es el destino y la verdadera finalidad de sus movimientos. Que ni siquiera puden comprender su posición en el tablero. Que nosotros, piezas de la realidad, tampoco sabemos cuál es el destino ni la verdadera finalidad ni el verdadero sentido de nuestros movimientos, porque tampoco vemos todas las piezas del tablero.Que ni siquiera podemos percibir nuestra posición en el universo. Que nunca, jamás, conoceremos el universo y su sentido, porque para eso sería necesaria una perspectiva completa, total, de todo el universo, y en nuestra visión faltará siempre una pieza: yo. Que no puedes conocer de forma completa una realidad de la que tú formas parte. Que tal vez te crees el investigador de los crímenes, y en realidad esa investigación es un plan del asesino para que tú seas la próxima víctima.

Que la totalidad del universo comprende también la totalidad del tiempo (somos tiempo, el universo es tiempo), y que el tiempo total abarca lo sucedido y lo que hubiera podido ser, que abría a su vez millones de potencialidades más entre las cuales lo que realmente sucede es solo una más, quizás contingente, quízás necesaria (qué más da, si no podemos saberlo). Que entre esas posibilidades no realizadas están algunas nuestras, en alguna parte, perdidas o esperando, que existían en el momento en que eran posibles (y por tanto existen) igual que aquellas que se realizaron . 

Que para todo hay una última vez y quizás hoy mismo nos hayamos despedido de algo sin saberlo.

Que ya no es mágico el mundo cuando te han dejado, y que los sueños cesan cuando sabemos que soñamos.

Que creemos crear con el lenguaje, ignorando que crear con el lenguaje es crear una combinación con las piezas de un código, y que en todo código basado en la combinación, están previstas todas las combinaciones posibles.Por tanto, esto mismo que escribo pensando que nadie lo ha dicho nunca antes ni tiene por qué decirlo después, estaba en realidad previsto.

Que el tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río, es un tigre que me devora, pero yo soy el tigre... Que el mundo, desgraciadamente, es real, y yo también.

Que no hay mejor manera de hablar de algo, de destacar algo, que describirlo sin nombrarlo, liberando nuestra percepción del falseamiento del concepto previo.

Que ante el amor estamos todos indefensos, y de nada nos sirven la vaga erudición, los hábitos o el sabor del sueño, cuando estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo, y cuando me duele un persona en todo el cuerpo, y cuando esta habitación se convierte en irreal porque ella no la ha visto.

Que nuestra identidad se basa en nuestro conocimiento, y nuestro conocimiento se basa en nuestros conceptos, y por eso leer a alguien es ser ese alguien. Que yo tuve el lujo y la suerte y la revelación sonriente, entusiasmada y revulsiva de ser por muchos (benditos) momentos Borges, y en esos momentos descubrí, asombrada y deslumbrada por la genialidad que entonces y de repente se volvía evidente, cosas como estas. 

Borges, el gran Borges,que hoy hace 25 años, tal vez, pasó a ver el universo completo, sin él (con el Borges que él dejó en el Universo, porque él ahora si es, seguramente es otro, que nos mira con ojos de ciego clarividente y sonríe, desde el salón donde tiene por fin un Aleph en  el que ve todo el laberinto, todo el tablero, todas las piezas: el universo, este universo pequeño y perdido en que habitamos nosotros creyendo conocerlo.

Menos mal que lo tenemos a él, para enseñarnos a ver y paladear el conocimiento inútil pero hermoso del espejo, la ficción del conocimiento y el conocimiento imprescindible que solo nos da la ficción.

(Porque tal vez y por qué no, quizás Borges todavía no pueda ver todo el universo. Tal vez, y porqué no, el sigue inmerso en el laberinto. Estoy segura de que ese sería el final que él daría a su relato. Ficticio, por supuesto y como todos).

sábado, 11 de junio de 2011

Mucho por hacer



Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas.
Porque de ti volví a aprender lo necesario...


Y quedaba mucho por hacer...

Y nos queda todavía mucho por hacer.

Felicidades, Dei :)
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