domingo, 17 de julio de 2011

Calle Pensamiento

Todo empezó cuando yo, con premeditación y alevosía, me encontré esto.

Y entonces comenzó una de las cosas que menos me gusta del mundo: el dilema. La necesidad de tomar una decisión, a ser posible, racional y práctica (a mí se me da mejor el impulso). Así que nos damos un plazo para pensar y decidir, y hasta hacemos una lista de pros y contras.

Pros:
  • Por el mismo precio que pagamos ahora (si: eso pagamos ahora por 65 metros y diez de terraza, con un garaje y sin un mísero trastero con la falta que a mí me hace) tenemos una habitación más, una cocina más grande, un baño más, un trastero, otra plaza de garaje y dos -sobre todo una- estupendas terrazas).
  • La maravillosa terraza de 60 metros. Empezamos a soñar compulsivamente con cenitas veraniegas y con una caseta para un cachorro temeroso al que adaptar a los gatos...
  • Está en La Paz, muy cerquita de donde vivimos ahora, es decir, en La Paz-Torrero, que como su propio nombre indica y por aquí se pregona, es "el mejor barrio del mundo entero".
  • La calle es tranquilíiiiiiiisma. A pesar de las plazas de garaje, en la calle también se aparca con facilidad.
  • Nuestro piso se nos está quedando pequeño (cuatro seres vivos y tooooooodas mis cosas... en fin, no sé si comprenderéis, pero si lo vierais comprenderíais) y objetivamente tenemos que cambiarnos. Y ahora es el momento: yo estoy de vacaciones.
Contras:
  • Dei dice que las calidades son muy malas, Que el suelo es una patatilla. Que los enchufes también. Y la vitrocerámica (pero aclaro que el de ahora tiene un suelo bueno, pero el equipamiento de cocina y baño es también muy patatoide. Pero mucho mucho).
  • Es caro. Los alquileres están bajando. Quizás no sea este.
  • Para Mitch y Julieta la mudanza y el cambio de domicilio será, seguro, un grandísimo trauma (pero es que tenemos que cambiarnos, y tarde o temprano lo será)
  • Es un ático y con una escalera que sube a las terrazas: congelante en invierno y dicen que caluroso en verano. Aunque el "toldo" de piedra que tiene la terraza mitiga mucho esto.
Así las cosas, casi estamos decididos a sí (algunos contras, con las objeciones, pierden fuerza). Pero no sé, mi impulso no ha saltado (¿habrá decidido abandonarme?) y eso me hace desconfiar de mi propia decisión. No sé....
Eso sí: sería tan bonito luego eso de vivir en la Calle Pensamiento. Sin la tristeza de la Calle Melancolía pero con algo de su poesía.

Y con compañía.



Más sobre mudanzas, casas y traslados en Robando Rosas:

jueves, 14 de julio de 2011

Summer in the city


El mundo, en general, te compadece. ¿No te vas? ¿Cuándo te vas? ¡Qué haces todavía aquí! Y una pone cara de resignación para no entrar en detalles minúsculos que nadie parece dispuesto a scomprender.

Claro que me gustaría viajar a Londres, o a Argentina, o a Estambul, o a Galicia. Claro que me encantaría estar perdida en alguna casa rural cerca de alguna montaña llena de luz y de verde. Pero también me gustan los días veraniegos de calor y pereza en la ciudad donde nunca tienes tiempo para aburrirte (¡ojalá!). Me gusta posponer todo lo que tengo que hacer y todo lo que quiero hacer para no hacer nada. Me gusta sentir las horas discurrir, tan distintas, tan pegajosas, tan extrañas. Me gusta poner en orden por fin lo que durante el curso está inevitablemente desordenado. Me gusta pasear por pasear, andar por andar, divagar por divagar.

Quizás no vuelvan ya los tiempos de grandes viajes. Quizás ahora son más grandes las anclas y los obstáculos. Quizás los veranos ya no puedan ser los mismos. Quizás.

Pero yo estoy preparada. Porque me gutan muchas cosas, claro, que ahora mismo no puedo. Pero también me gusta el verano en la ciudad.

Y eso, hoy por hoy y con la que está cayendo, es una gran ventaja.

jueves, 7 de julio de 2011

La trampa


Se lo han montado muy bien, las cosas como son. Es que es genial. Realmente, genial.

Durante años (¿décadas, incluso?) hemos vividos convencidos de que estábamos en el mejor de los mundos posibles -y mejorando-,  y de que posible era una palabra clave e imprescindible. Mirábamos a la Historia como la senda tortuosa que nos había traído, con sangre, sudor y lágrimas -que, aunque recientes, parecían al fin ajenas y lejanas-, a este mundo de derechos, libertades, bienes y comodidades. Ya no había lucha ni  clases: todos éramos la misma clase (poco más o menos, o mucho más o menos, pero daba igual). Aspirábamos a los mismos sueños, que eran báscamente comprar lo mismo, al contado o a plazos, aunque fueran muchos, muchos plazos, eso daba igual. Vestíamos la misma ropa (de marca o de Zara, de seda o sintético, qué más dará), viajábamos a los mismos sitios (low o high cost, no importa), incluso alguna vez algún bono u oferta os permitía los mismos hoteles y el mimo ensueño. Comíamos lo mismo (que viva el mundo de la oferta y el sucedáneo encubierto), y teníamos también  móviles, ordenadores, unifamiliares en serie, muebles de diseño y conglomerado, coche nuevo cada cuatro años, criada rumana o ecuatoriana, y hasta segundo piso para invertir, que la vivienda nunca va a bajar. Incluso nos permitimos el lujo de mirar por encima del hombro a los que nos empeñábamos en señalar como "otros", equivocando ingenua y peligrosamente la otredad.

Su horizonte parecía también el nuestro. Pero ay, tanto confort nos hizo olvidar que el horiozonte no existe, y que  solo sirve para caminar. Y el que camina, es mejor que vaya mirando hacia dónde. Pero entonces, nadie parecía demasiado interesado en mirar, Algún loco aguafiestas al que no había que darle pábulo ni crédito, sacando rápida y hábilmente el terror antisistema,  quizás.

Estábamos tan contentos con nuestro trocito del pastel, que no nos dimos cuenta de que no era nás que el cebo de la trampa. Y justo cuando acabamos nuestro trocito (que no había más, ¿o qué pensabais?), la puerta del crédito. que tenía agazapadas sus fauces de jaula,  se cerró, de golpe, con el estruendo de la desolación sin salida.

Y nos convencieron entonces de que la culpa era nuestra, por querer comer del pastel ilegítimo. Teníamos que haber sabido que no era nuestro y que no nos correspondía. No teníamos que haber olvidado que siempre hubo clases, y que siempre las habrá,  porque otra cosa no es posible, y sería el caos y otras palabras peores. Nosotros teníamos que haber sabido  que lo que nos ofrecían (con insistencia, con publicidad, con sonrisas bancarias y tratos de "señor", con ideas circulando por el boca a boca, con leyes y beneficios fiscales, con ordenadas argumentaciones, incluso con noticias del telediario) era en realidad un cebo. Si nosotros no lo vimos, ellos no tienen la culpa. Así que tenemos que asumir que fue CULPA nuestra no saber reconocerlo. Mea culpa, mea culpa. Fue culpa nuestra el ser tan tontos y tan presuntuosos de pensar que éramos como ellos y que ellos no eran otros, sino los nuestros (¡pero qué  idea tan ridícula! Seguro que ellos todavía se están descojonando) Mea culpa, mea culpa. Tonto es el que hace tonterías. Y solo tú eres el responsable de haber hecho y creído la tontería. Mea culpa, mea culpa. En los timos la culpa siempre es del timado. Mea culpa, mea culpa. Y como tienes la culpa, a pagar.

El que tiene la culpa ha de soportar la penitencia. Cada uno tiene lo que se merece: ese es su lema, su bandera, su coartada, sostenida sobre aquello de la igualdad -teórica- de oportunidades (que fallara en la práctica, nos decían, era también culpa nuestra). Cada uno tiene lo que se merece: eso es lo que repite el ratoncito en su trampa, buscando angustiado aquel trocito de paste que creía suyo para siempre. 

Cada uno tiene lo que se merece. Y así, han convencido a millones de votantes, dispuestos a ver la culpa sobre todo en el vecino (y sentirse de este modo un poco mejor, aunque sea por falaz comparación), de que sí, de que el sacrificio, y la austeridad, y las bajadas de salarios, y el despido libre y barato, y el pagar por todo porque todo será privado (y lo privado funciona siempre mucho mejor, porque lo público no es más que un despilfrarro, y un sostén de vagos, maleantes y funcionarios aprovechados, así que hay que desmontarlo y venderlo también barato, para que empice a ser negocio, que solo lo que es negocio funciona bien), nos sacarán del pozo y nos llevarán otra vez a lo de antes. Al trocito de pastel, aunque sea más pequeño, que dicen podremos disfrutar de nuevo olvidando otra vez que es un cebo y que seguimos en la trampa. Sin querer saber siquiera que somos ratones y que existen, de verdad, aquellos que no lo son.

¿Es genial o no?

...................................................................................................................
Más sobre trampas en Robando Rosas:
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...