miércoles, 31 de octubre de 2012

Miénteme

Todo es mentira. Los escaparates son mentira. Todo lo que sale por la tele es mentira. Todo lo que leemos en los periódicos es mentira. La publicidad miente. Los políticos mienten. Los bancos mienten. Todo es un decorado agrietado, y cuando, como un viento helado, por las rendijas se cuela la realidad, entonces...se nos parte el alma.

jueves, 18 de octubre de 2012

Tened presente el hambre: recordad su pasado.



Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos

donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.

Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.


Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera

hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.


Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,

los que entienden la vida por un botín sangriento.

M.Hernández



Tened presente el hambre.

lunes, 21 de mayo de 2012

El riesgo del olvidar. El deber de recordar.




Alemania debería recordar que tardó más de 90 años en pagar la deuda impuesta por la I Guerra Mundial. No fue hasta 2010 cuando Alemania pagó su deuda (unos 22.000 millones de Dólares). Es un tiempo mucho mayor del que se le exige a Grecia. Alemania tampoco debería olvidar que de la deuda que se le impuso al acabar la II Guerra Mundial, se le condonó (perdonó) la mitad de ella (50%), sin la que hubiera sido imposible el milagro alemán. De hecho, la condonación de la mitad de la deuda y la mora en el pago de intereses, "salvó la vida a alemania", según Albrecht Ritschl.

De hecho, Alemania no debería olvidar que Grecia fue uno de los países que condonó esa deuda a su país. Alemania no debería olvidar que desde 1990 suspendió el pago de su deuda (por compensaciones al resto de países europeos por la II Guerra Mundial). Alemania no debería olvidar que debe su prosperidad a otros países; no debería olvidar que usó masivamente esclavos judios en sus fábricas y que gracias a ello hoy tiene empresas punteras, ni debería olvidar que llevó al mundo al límite del desastre en dos ocasiones. El mismo país, dos veces. No, Alemania no debería olvidar muchas cosas, y si lo hace, algunos deberían recordárselo.
El peligro de olvidar puede llevarnos al desastre por tercera vez.

lunes, 9 de abril de 2012

Daniel


Ya tenemos con nosotros la rosa más bonita de todas las robadas hasta ahora: Daniel, el pequeño Mochuelo con todo un camino luminoso y seguramente serpeante por delante. El nuevo ladrón de rosas. Y de horas de sueño. Y de inquietudes.

Pero sobre todo, lo que sabe robar con la habilidad pasmosa de sus ojos ingenuos, abiertos con sorpresa desde su primer minuto, es el corazón.

Nuestro pequeño ladrón...


(Y que viva la epidural. No se recuerda ni se celebra lo suficiente a su inventor...)

martes, 3 de abril de 2012

Mi tripa y yo

La primera vez que le vi era una luz bajando por la oscuridad de un sueño...
La segunda, fue en el monitor de mi segunda ginecóloga. era un muñeco naif de perfil y barrigón, que movía incesantemente los brazos. "Parece el bombero torero", me diría Dei al salir de la consulta. Qué risa. Una risa con mucho de nervioso, que quería controlar para no interferir en la ecografía, pero que no podía evitar al ver al muñequito allí, dentro, moviéndose ajeno y conmigo todo el rato. Así que eso era lo que quería decir el análisis positivo. Qué él (o ella) estaba siempre allí dentro, ajeno y conmigo, todo el rato y adondequiera que yo fuera. Era muy gracioso.

La ginecóloga nos dijo que no se veía el sexo, que no compráramos nada todavía pero que tenía más pinta de niña que de niño. Supongo que Dei se llevó un pequeño chasco, pero yo sentí una ternura ilusionada pensando que era una niña, una chica. Oh, género femíneo encogido y frágile, que siempre me despiertas algo así como un instinto de protección...

Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido... Sin una náusea, sin un mareo, sin un malestar. Engordando despacio la tripa y deprisa toda yo. Adaptándome a prescindir del alcohol, el jamón, la limpieza de las bandejas de los gatos, la ropa que más me gustaba y los tacones. Luego vendría la incertidumbre angustiosa ante la amniocentesis que finalmente no me hice, la ciática efímera de mis navidades gallegos, los paseos diarios con Lúa que seguramente tienen mucho que ver en que hoy, a punto de cumplir la semana 39, siga igual de ágil y de normal y de en forma y de tranquila.

Hace meses que sabemos que es un chico, y hace unas semanas que nos decidimos -por fin- a pintar de naranja solo una de las paredes de lo que será su habitación y que hasta entonces era lo más parecido a un cajón desastre. Y una de las dos tardes que pasé pintándola fue en la que Dei llegó y me dijo que se iba a llamar Daniel (mi nombre preferido, que a él no le gustaba... porque lo del nombre fue una odisea que nos hizo incluso atravesar las´páginas de un libro con 50000 nombres para bebé para quedarnos al final Dei con los suyos, y yo con los míos). Luego llegaría el primer pijamita, comprado ya en las rebajas, de rayas blancas, azules oscuras, marrones y azules claras, que hizo de que Dei se diera de verdad cuenta de que venía un niño a vivir con nosotros.

Y luego montamos la cuna heredada ya de dos bebés, y la bañera, y la cómoda del Ikea con su cambiador encima, y las cestas para la estantería, y los cuadros infantiles que me hicieron retormar tras dos años la caja de pinturas que aquel cumpleaños me regaló Dei. Y las clases preparto, y la baja, y las incertidumbres y el vértigo que no deberíamos sentir y a veces sentimos al pensar que nuestra vida ya nunca podrá ser lo que era, sino que será algo... maravilloso, sí, dulce, sí, distinto, sí... pero también desconocido. Y a veces el miedo puede a la curiosidad e incluso, en algún momento, a la ilusión, y no debería ser así, pero somos unos futuros papás un poco raros, y un poco setas, que llegaron aquí por un deseo irracional y poderoso, tal vez instintivo y extraño cuyo origen no logro desentrañar siquiera. Una de esas razones que la razón no entiende, que surgen del corazón inconsciente... y luego es siempre la razón la que razona, y piensa, y teme. Que yo soy aquella que hace nada se preguntaba sorprendida por qué la gente quiere tener hijos. Y mírame ahora, aquí sentada, en plena Semana Santa, mirándome la tripa.

 Esta tripa que por fin ha crecido y parece ya realmente un embarazo (con seis meses seguía pareciendo simplemente gorda), y que se mueve suavemente para recordarme su presencia y ahuyentar alguno de esos otros temores que a veces una tampoco puede evitar. Y en estos días finales, sé que la voy a echar de menos, aunque estaré demasiado ocupada y nerviosa intentando cuidar de un niño (cuando a mí nunca me han interesado los bebés) como para darme cuenta.

Porque Daniel sigue por ahí dentro, moviéndose, claro, como cuando parecía el bombero torero, ajeno a los miedos de su mamá, y al mundo que le espera dentro solo de unos días. Un mundo poblado por dos papás nerviosos, un gato gordito y bonachón, una gata aristocrática de mucho carácter y una perrita canela de ojos negros que culebrea cuando está contenta. Un mundo que espera protegerle, todo lo que pueda y todo el tiempo que sea posible, de ese otro mundo al que da pereza y vértigo y hasta culpa traer a un niño. Un mundo que ya no disimula que el futuro es un abismo en el que el único sueño posible es una red.

Ojalá...

martes, 20 de marzo de 2012

Que tres años no son nada...



Otro 20 de Marzo, pero en 2009 y con bastante mejor tiempo que hoy (lo cual me reafirma en la buena estrella que a pesar de pesares rodeó todo aquello) nos reunimos casi  a las 11 en el juzgado, aunque no teníamos pensado en nada parecido a volver a empezar... Y pocas cosas cambiaron después de aquella fecha y el viaje subsiguiente, porque para nosotros lo divertido era precisamente aquella fecha, y nada más. Es más, todo lo que ha cambiado, no ha cambiado por ella. Hubiera cambiado igual.
Tres años han pasado, en un soplo sorprendente que ni volviendo la vista logro asumir del todo. Como dicen los ingleses, "time flies when you're having fun", o lo que viene a ser lo mismo, pocas cosas evidencian tanto la insoportable levedad del ser como la felicidad.

Así que ahora, ¿para qué nos sirve todo aquello? Para tener otra cosa que celebrar. O para acordarnos de celebrar las que tenemos.
Todo sobre el 20 de Marzo en Robando Rosas (eso sí, empezando por el final, como mandan los blogs):
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