martes, 3 de abril de 2012

Mi tripa y yo

La primera vez que le vi era una luz bajando por la oscuridad de un sueño...
La segunda, fue en el monitor de mi segunda ginecóloga. era un muñeco naif de perfil y barrigón, que movía incesantemente los brazos. "Parece el bombero torero", me diría Dei al salir de la consulta. Qué risa. Una risa con mucho de nervioso, que quería controlar para no interferir en la ecografía, pero que no podía evitar al ver al muñequito allí, dentro, moviéndose ajeno y conmigo todo el rato. Así que eso era lo que quería decir el análisis positivo. Qué él (o ella) estaba siempre allí dentro, ajeno y conmigo, todo el rato y adondequiera que yo fuera. Era muy gracioso.

La ginecóloga nos dijo que no se veía el sexo, que no compráramos nada todavía pero que tenía más pinta de niña que de niño. Supongo que Dei se llevó un pequeño chasco, pero yo sentí una ternura ilusionada pensando que era una niña, una chica. Oh, género femíneo encogido y frágile, que siempre me despiertas algo así como un instinto de protección...

Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido... Sin una náusea, sin un mareo, sin un malestar. Engordando despacio la tripa y deprisa toda yo. Adaptándome a prescindir del alcohol, el jamón, la limpieza de las bandejas de los gatos, la ropa que más me gustaba y los tacones. Luego vendría la incertidumbre angustiosa ante la amniocentesis que finalmente no me hice, la ciática efímera de mis navidades gallegos, los paseos diarios con Lúa que seguramente tienen mucho que ver en que hoy, a punto de cumplir la semana 39, siga igual de ágil y de normal y de en forma y de tranquila.

Hace meses que sabemos que es un chico, y hace unas semanas que nos decidimos -por fin- a pintar de naranja solo una de las paredes de lo que será su habitación y que hasta entonces era lo más parecido a un cajón desastre. Y una de las dos tardes que pasé pintándola fue en la que Dei llegó y me dijo que se iba a llamar Daniel (mi nombre preferido, que a él no le gustaba... porque lo del nombre fue una odisea que nos hizo incluso atravesar las´páginas de un libro con 50000 nombres para bebé para quedarnos al final Dei con los suyos, y yo con los míos). Luego llegaría el primer pijamita, comprado ya en las rebajas, de rayas blancas, azules oscuras, marrones y azules claras, que hizo de que Dei se diera de verdad cuenta de que venía un niño a vivir con nosotros.

Y luego montamos la cuna heredada ya de dos bebés, y la bañera, y la cómoda del Ikea con su cambiador encima, y las cestas para la estantería, y los cuadros infantiles que me hicieron retormar tras dos años la caja de pinturas que aquel cumpleaños me regaló Dei. Y las clases preparto, y la baja, y las incertidumbres y el vértigo que no deberíamos sentir y a veces sentimos al pensar que nuestra vida ya nunca podrá ser lo que era, sino que será algo... maravilloso, sí, dulce, sí, distinto, sí... pero también desconocido. Y a veces el miedo puede a la curiosidad e incluso, en algún momento, a la ilusión, y no debería ser así, pero somos unos futuros papás un poco raros, y un poco setas, que llegaron aquí por un deseo irracional y poderoso, tal vez instintivo y extraño cuyo origen no logro desentrañar siquiera. Una de esas razones que la razón no entiende, que surgen del corazón inconsciente... y luego es siempre la razón la que razona, y piensa, y teme. Que yo soy aquella que hace nada se preguntaba sorprendida por qué la gente quiere tener hijos. Y mírame ahora, aquí sentada, en plena Semana Santa, mirándome la tripa.

 Esta tripa que por fin ha crecido y parece ya realmente un embarazo (con seis meses seguía pareciendo simplemente gorda), y que se mueve suavemente para recordarme su presencia y ahuyentar alguno de esos otros temores que a veces una tampoco puede evitar. Y en estos días finales, sé que la voy a echar de menos, aunque estaré demasiado ocupada y nerviosa intentando cuidar de un niño (cuando a mí nunca me han interesado los bebés) como para darme cuenta.

Porque Daniel sigue por ahí dentro, moviéndose, claro, como cuando parecía el bombero torero, ajeno a los miedos de su mamá, y al mundo que le espera dentro solo de unos días. Un mundo poblado por dos papás nerviosos, un gato gordito y bonachón, una gata aristocrática de mucho carácter y una perrita canela de ojos negros que culebrea cuando está contenta. Un mundo que espera protegerle, todo lo que pueda y todo el tiempo que sea posible, de ese otro mundo al que da pereza y vértigo y hasta culpa traer a un niño. Un mundo que ya no disimula que el futuro es un abismo en el que el único sueño posible es una red.

Ojalá...

4 comentarios:

Josean dijo...

Queridisima Kamala y Dei.

Cada vez os prodigáis menos en el blog. Y vuestros seguidores echamos de menos vuestras rosas,pero la verdad es que esta rosa que has escrito esta vez es de las mas bonitas, supongo que pocas rosas son más selectas y hermosas.
Seguro que Daniel estará pronto con vosotros y seguro que a pesar de la crisis (no hablo de la económica) de valores, respeto, buenos ciudadanos, individualismo que nos azota, sé que Daniel va a nacer en un Oasis de valores,cariño, y se que sus padres y sus hermanos gatos y perruno le van a dar alegría.
Mi parienta y yo nos alegramos por vosotros.
Y Daniel es un nombre bonito, así que Dei has hecho muy bien en ceder con ese nombre, que Karl, fidel kim Jong il no son tan bonitos.

Un besazo a los dos, y si nos vemos pronto os lo damos personalmente y sino tranquila y al toro.

Say dijo...

Ay, me has emocionado :)

Espero que Daniel no se haga mucho de rogar.

Un beso.

kamala dijo...

Querido Josean: gracias por seguir atento a las ya rarísimas rosas que robamos, y por tus palabras, sobre todo por la parte que le toca al pequeño Daniel, que está demasiado ocupado en mamar (y mamar, y mamar, y mamar...) como para darse cuenta de dónde se ha metido. Un abrazo para ti y para tu parienta ;)

¡Say! ¡Qué sorpresa! Gracias por la lectura, por las palabras y por la emoción. Daniel, lejos de hacerse de rogar y contra todo pronóstico, decidió aparecer justo el día siguiente de que yo escribiera esta entrada... Un abrazo muy grande, guapa!!

Say dijo...

Ahora leo la entrada, jajajaja. Qué casualidad. Me alegro muchísimo por vosotros.

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