jueves, 3 de marzo de 2016

Amantes y amados



Dice Antonio Gala en La pasión turca:

"Nacemos con el papel de amante o amado repartido, y ése es el que representaremos durante nuestra vida. (...) Claro que el amado es un poco amante, y el amante, algo correspondido; pero la actitud previa y esencial la tiene cada uno señalada. En cada relación amorosa hay, en último término, un devoto y un Dios, un amo y un esclavo; hay quien rompe a hablar y hay quien responde. Para opinar, habremos de tener en cuenta lo que sabemos y lo que intuimos: el primer golpe de vista es importante.
 
Aunque es difícil que se dé, una pareja formada por dos amantes es violenta, echa chispas y es improbable que dure mucho tiempo; en cuanto aparezca un amado, uno de los amantes se irá con él.La vida de una pareja de amados puede ser larga, en cambio, porque los dos son acomodaticios; pero será bastante sinsorga y más bien sosa.

[Si se juega a establecer quién es el amante y quién el amado de las parejas que conocemos, casi] nadie querrá que se le considere amado. El amante tiene mejor prensa: es el que más sufre, el que más pierde; en el tapete verde se juega entero contra unos cuantos duros: ganar unos duros a costa de la vida no es ganar. Es el agente, el provocador, el generoso... ¿Y si fuese también el exigente, el que, cuando se abre la apuesta, sólo aspira a los duros que el otro arriesga, y, una vez ganados, quiere más, más y más? ¿Y si, en un momento dado, el amante tuviese suficiente consigo mismo? El amado es el pretexto de lamor, su motivo; ya está en marcha el sentimiento, ya él no es imprescindible; bastan sus huellas. El dolor, el recuerdo, el temblor del recuerdo; él ya fue usado. El amante no necesita pruebas; le sobra con su amor, con su propio amor de amante. El amante llega, inviste y reviste al amado con las prendas que él trae: mantos, bordados, oros, velas, como a un paso de virgen andaluza. Cuando aquello se acaba, recoge sus riquezas y va en busca de otra imagen que enjoyar, que dorar, que adorar... El amante se repone a sí mismo, porque saca la fuerza de sí mismo. El amado, que la recibe del otro, la pierde si el otro se va, pierde su identidad, se deteriora su fe en el mundo y en las promesas infinitas. El amado es irremisible, porque es el reflejo de una luz, porque depende. ¿Quién es, por tanto, el dios y quién el idólatra? ¿Quién el verdugo y quién la víctima? "

Aunque supongo que esto es muy discutible (sobre todo yo creo que no es necesario hablar de "verdugos" y "víctimas", de buenos y malos) creo que no deja de tener cierto punto de razón. Yo puedo establecer quién es el amante y quién el amado, claramente, en muchas parejas que conozco. Conocí incluso una pareja de "amados", que duró mucho pero terminó en cuanto apareció un amante para uno de ellos. En otras parejas (pocas), no resulta fácil, la verdad...

Dice Gala en otro libro que él suele plantear como juego de sobremesa esta idea de establecer quién es el amante y quién el amado en parejas conocidas por la concurrencia, y que ahí se descubre que uno no es el más adecuado para asignarse el propio papel: él cuenta que se consideraba a sí mismo un amante clarísimo, casi el prototipo del amante, y sin embargo la mesa lo estableció unánimemente como amado, para disgusto y hasta cabreo suyo.

Yo misma soy -bueno, me considero, a lo mejor equivocadamente... que lo digan los que me conocen-, a mi pesar, amada. Aunque tengo algo de amante, no soy la que rompe a hablar, sino la que responde. Soy consciente de que espero, de que, como la luna (quítándole lo que de pretencioso pueda tener la comparación, de verdad) orbito esperando recibir esa luz que no tengo por mí misma, y que si se apagara, seguría orbitando en la oscuridad a la espera de que apareciera otro sol. Aunque amo mucho, busco, espero y necesito ser amada. Y si no lo soy, sólo tengo que dejar pasar el tiempo para dejar de amar. Así que sí: soy consciente de que dependo, y soy consciente de los peligros de esta "situación" (aunque ser consciente no hace que pueda evitarlos).

¿Y tú? ¿Qué actitud básica adoptas en tus relaciones amorosas? ¿Amante o amado? ¿Podrías reconocer esos papeles en parejas o personas que conozcas? Seguro que sí. Prueba. Y si quieres, nos lo cuentas.

2 comentarios:

Abraham dijo...

La posición de amado es inevitable. Uno no abandona la posición de amado por estar en posición de amante. En la acción somos amantes, pero en la expectativa somos amados (y la expectativa también es una acción). Por ejemplo, mientras te escribo, ejerzo de amante, pero mientras espero tu lectura ejerzo de amado.
Por otro lado, en una relación, la posición de amante provoca en el otro una posición de amado. Así que, paradójicamente, una de las maneras de ejercer de amante es posicionarse como amado para hacer del otro un amante; pues el mayor amante es el que ama la posición de amante del otro (provocando tu lectura te convierto en amante; por eso la literatura es una relación tan viva). Resumiendo, no es tan fácil esta dialéctica.
En una relación real, suele haber un toma y daca, y muchas pseudo-posiciones. Así que enlazo una serie de observaciones sobre seres mitológicos:
http://mitologiadeconstruida.blogspot.com.es/search?q=amantes+y+amados

kamala dijo...

Claro que hay matices, pero de lo que habla Gala es de la actitud básica e inicial que adptas: acción o expectativa. Y a mí me costaría horrores tomar la iniciativa (aunque no sé si en esto influye la educación que como mujer he recibido y mi inseguridad... que quizás es característica de los amados, pobres). Y ya sé que es simplista y más compleja de lo que parece (como aquello de los quijotes y los sanchos... aunque esa es otro tema y deberá ser tratado en otra ocasión... ojalá no nos falte la ocasión)

Gracias por la atención, el comentario y el enlace. Un abrazo.

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