viernes, 1 de abril de 2016

Abriles robados

 Era una mañana y abril sonreía.
ANTONIO MACHADO 


En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando por la calle pasa
la vida como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo
y grita
"¿quién me ha robado el mes de abril?..."


(Yo no sé que etiqueta ponerle a esto... si canción o poema, porque no sé si es más lo uno o o otro, siendo entre ambas cosas de las mejores. Y por mucho que chirríe a veces el personaje, en Sabina están un músico y un poeta, y ambos son, también, de los mejores. Aunque yo creo que es, en el fondo, mucho mejor poeta que músico, y no sé si a su pesar.)

 La vida, las vidas, los años, están llenos de abriles robados, abriles fugitivos, posadas del fracaso, desamparos húmedos, trajes grises y gritos ahogados.

Aunque abril a veces no parece ni primavera, y se esconde como si no quisiera ser descubierto, no vaya a ser que le hagan ejercer un rato.

En este abril que empieza grisoscurocasinegro, en que el horror ruge sordo por debajo de lo cotidiano, abril tímido tras un invierno tan extraño  que quizás no le deje ser y que nadie puede cantar mejor que Sabina, yo sigo apostando por los abriles robados. Pero no los que nos roban, sino los que nosotros robamos. Los abriles robados a todos los pronósticos y a los destinos aciagos. Que se puede, aunque el traje gris y la falta de ascensores bajo el cartel luminoso de posada del fracaso no te dejen verlo.

Se puede robar un mes de abril, ese mes de abril que algo -vete tú a saber qué- parece empeñado en negarte.

De verdad, se puede.

Que por algo somos ladrones de rosas pululando por las avenidas de la muerte.

(Y al final, aunque crea que Sabina es mejor poeta, le voy a poner a la entrada la etiqueta de "Canciones". Pero sólo para entendernos, que conste.)

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