El fabuloso destino de Amelie Poulain



Maravillosa, entrañable, honesta y emotiva. Imprescindible. Desde el primer fotograma, todos, uno a uno... La música, los personajes, los colores, las luces, los ambientes, las situaciones, la historia. Esa historia, tan bien contada, que te reconcilia con el mundo, y con el raro que todos llevamos dentro, y te recuerda cosas tan importantes, tan evidentes y tan olvidadas como que todo lo que das termina por volver a ti, que uno mismo, por pequeño e insignificante que sea, es y puede ser fundamental para los que le rodean, y que la imaginación y el sentimiento pueden cambiar el mundo, si somos capaces de empezar por cambiar nuestro mundo. Y que cualquier detalle puede servir para empezar.

Que es verdad, que el sentido de todo esto termina por estar, precisamente, en los pequeños detalles, y en estar juntos, al fin y a la cabo, compartiendo el mundo y la vida, aquí, ahora, y mientras tanto.
Que tú puedes crear la casualidad imposible que traiga la felicidad a tu puerta, y que en cuanto llame, hay que cogerla con decisión y acallando miedos, y aferrarse a ella, y no dejarla escapar, y abrazarla muy fuerte y muy suave, cerrando los ojos para verla bien mientras nos lleva en moto por las calles de París o por cualquier otra calle...

Siempre que la veo, lloro. Y supongo que por asociación y evocación, cuando oigo la música, casi también.

Un día de estos, en cuanto tenga un ratito, me siento a volver a verla. Aunque ahora mismo no me haya peleado con el mundo... por si acaso.

Porque yo soy un poco Amelie Poulain. Y tú, seguro, también.

Porque tú y yo también tenemos un destino fabuloso esperando a que nos decidamos a crearlo. Y a veces, tenemos (o tienen) que recordárnoslo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
La publicidad pasará, y algún día la recordaremos como anéctoda o curiosidad.

Amelie quedará. Estoy segura (aunque sí, los publicistas cuando la cogen con algo son muy pesaos...).