
"He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
Mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.
Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.
Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.
La vida es un viaje en paracaídas y tù no lo quieres creer.
Vamos cayendo, cayendo de nuestro zénit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del zénit al nadir porque ese es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.
Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.
Ah, mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.
Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.
Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.
¿Qué esperas?
Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable."
Vicente Huidobro: Altazor o el viaje en paracaídas.
La vida es un viaje en paracaídas y tú no lo quieres creer.
Busca, elige, agarra, encuentra tu paracaídas
y disfruta del viaje
olvidando el vértigo
el abismo
la caída.
La vida es un viaje en paracaídas y tú no lo quieres creer.
¿Tienes ya tu paracaídas?
Yo he encontrado el mío, creo.
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