1 de Diciembre. Día Mundial del Sida.
Parece ser que llevamos 25 años temiendo y muriendo de SIDA.
Parece ser que llevamos 25 años confiando en que eso sea algo que les pase a otros.
Parece ser que el origen de esta enfermedad sigue siendo una oscura incógnita que a más de uno le huele a chamusquina.
Parece ser que sigue afrontándose el tema mezclado con absurdos, ridículos e inútiles prejuicios "morales", ecos bíblicos y vergüenzas.
Parece ser que en el 2030 moriremos sobre todo por el tabaco (como Allen Carr, víctima de la ironía trágica que palpitaba en las grandes tragedias griegas) y por el maldito virus del SIDA.
Parece ser que aún no llega el maná de la vacuna.
Parece ser que algo hemos hecho para merecernos este castigo divino o cósmico tan maquiavélicamente urdido.
Parece ser que seguimos tocando madera para que no nos toque, mientras adoptamos la estrategia del avestruz.
Parece ser que incluso la enfermedad sabe de clases, y de Mundos Primeros y Terceros.
Parece ser que todos lo sabemos, pero preferimos mirar hacia otro lado, o quejarnos abstractamente, o preocuparnos por cuestiones cínicamente superficiales.
Parece ser que unos tenemos la oportunidad de prevenir e intentar curar, mientras a otros solo les dejamos (junto con el hambre, las armas y los rencores para sus guerras, las moscas, los pies descalzos, las miradas viejas y resignadas de sus hijos, los vientres hinchados, la suciedad, las chozas, la caridad de las sobras y los avisos de los misioneros contra el pecado del preservativo) el único recurso de rezar a dios, a un dios, al que sea.
Esta moneda, como todas, tiene dos caras: la terrible y la vergonzosa.
Hoy es el día mundial del SIDA. Mañana, seguiremos preparando la Navidad.
Parece ser que llevamos 25 años temiendo y muriendo de SIDA.
Parece ser que llevamos 25 años confiando en que eso sea algo que les pase a otros.
Parece ser que el origen de esta enfermedad sigue siendo una oscura incógnita que a más de uno le huele a chamusquina.
Parece ser que sigue afrontándose el tema mezclado con absurdos, ridículos e inútiles prejuicios "morales", ecos bíblicos y vergüenzas.
Parece ser que en el 2030 moriremos sobre todo por el tabaco (como Allen Carr, víctima de la ironía trágica que palpitaba en las grandes tragedias griegas) y por el maldito virus del SIDA.
Parece ser que aún no llega el maná de la vacuna.
Parece ser que algo hemos hecho para merecernos este castigo divino o cósmico tan maquiavélicamente urdido.
Parece ser que seguimos tocando madera para que no nos toque, mientras adoptamos la estrategia del avestruz.
Parece ser que incluso la enfermedad sabe de clases, y de Mundos Primeros y Terceros.
Parece ser que todos lo sabemos, pero preferimos mirar hacia otro lado, o quejarnos abstractamente, o preocuparnos por cuestiones cínicamente superficiales.
Parece ser que unos tenemos la oportunidad de prevenir e intentar curar, mientras a otros solo les dejamos (junto con el hambre, las armas y los rencores para sus guerras, las moscas, los pies descalzos, las miradas viejas y resignadas de sus hijos, los vientres hinchados, la suciedad, las chozas, la caridad de las sobras y los avisos de los misioneros contra el pecado del preservativo) el único recurso de rezar a dios, a un dios, al que sea.
Esta moneda, como todas, tiene dos caras: la terrible y la vergonzosa.
Hoy es el día mundial del SIDA. Mañana, seguiremos preparando la Navidad.

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