Eran geniales las cuatro: Blanche, sus afanes amorosos y su tozuda coquetería, Rose y su ingenuidad, Dorothy y su mordacidad, y en este fragmento falta Sophia, su eterno bolso hasta cuando iba en camisón, su expresión inalterable tras las gafas enormes y sus "Sicilia, mil novecientos no sé cuanto. Una bella campesina...". Otro día la pongo.
Por cierto, que a mí me pasó algo parecido con unos condones en el Mercadona de abajo de mi casa, porque tenían un antirrobo indesactivable que no me dejaba salir sin que la alarma empezara a pitar estrenduosa y laaaaaaaaaaaargamente, mientras todo el supermercado me miraba, a mí, cargada de bolsas, colorada como un tomate, confusa, azorada y más torpe que habitualmente, que ya es decir. Por suerte, la dependienta era pelín más discreta que el bigotudo del vídeo, e intentó salvar la situación lo menos dolorosamente para mí posible, aunque fue inevitable consultar con otros empleados y finalmente llamar al encargado. Embarazosa (aunque desembarazante... perdón por el chiste fácil y tonto), fue una situación muy embarazosa. Que ya sé que comprar condones es de lo más normal, y bla bla bla, pero en los pueblos mucha gente aún no se ha (o no nos hemos) enterado.
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